El poder es capital simbólico que se transforma en capital político, pero ¿qué sucede cuando no hay capital simbólico? ¿cuándo no hay significado? ¿Qué sucede cuando en la política se instala el vacío de sentido? En primer lugar, que tal cosa como el vacío de sentido no existe, un símbolo es siempre reemplazado por otro, pero el plazo para que eso suceda es indeterminado y no hay, aun, algo como una trazabilidad de la transformación simbólica. No sabemos determinar el momento en que un mito es reemplazado por otro mito.
La política es un sistema complejo, por eso es falso que exista algo como la “mecánica política”. No se trata de mecánica, en política no se puede reemplazar una pieza dañada por otra como en una máquina, en política lo que se daña se pierde para siempre y al igual que todos los sistemas complejos, no permite regresiones. No se desanda el camino del poder. El sistema democrático es en realidad una alternancia de elites, o de oligarquías, que se legitiman mediante el mito de la soberanía popular y su legitimidad, su capital simbólico, dura mientras agotan la creencia en ese mito fundacional y son reemplazadas por otra elite en formación. Puede ser que una determinada elite acabe por destruir el sistema y es por eso por lo que la democracia está casi siempre a punto de dejar de serlo. Casi siempre el sistema está en lo que podríamos denominar un momento Weimar.
La irrelevancia significativa, o la insignificancia, es al parecer el momento en que una elite empieza a ser reemplazada porque ha perdido su capital simbólico y carece de relato. No es que pierda credibilidad, es que no tiene nada que decir, o lo que dice no tiene interés para la gente. Eso está sucediendo en el escenario político en Colombia y es por eso por lo que lo político es ahora una especie de ruido de fondo, una interferencia espectral sin sustancia producida por personas que ya no significan nada para la sociedad. Su narrativa es el pasado y su limitada vigencia obedece a remanentes emocionales que permanecen como señas de identidad, como el sentimiento revanchista que impulsa el Pacto Histórico, pero su relato igualitarista, identitario y colectivista, no tiene audiencia política. La gente sabe lo que el Pacto no, que el capitalismo es como una inteligencia artificial tan compleja y poderosa que contiene y determina a todos los demás sistemas y que el socialismo es solo un fallo del programa fácilmente reparable.
El principal problema estratégico del vacío de sentido en política es que este vacío sea ocupado por la violencia y como la violencia es en el fondo un aumento generalizado de la cantidad de azar el resultado político se hace imprevisible para todas las partes que disputan el poder. El relato violento solo tiene sentido narrativo cuando la violencia termina porque alguno de los actores se impone. El símbolo final de la violencia es la victoria. En Colombia el énfasis moral en la negación de la victoria ha generado la persistencia de la violencia y esto ha sido en gran parte la razón por la cual estamos viendo en directo el fracaso y reemplazo de unas elites que no ganaron la guerra.
Estas elecciones no suponen un momento de quiebre de sustitución de las elites, las elites ya fueron sustituidas. El gobierno del Pacto Histórico es el ultimo de ese tipo de oligarquía reaccionaria y colectivista que estableció la justificación de la violencia como capital simbólico para ejercer el poder. Ese relato llegó a su final y estamos frente a los argumentos de una narrativa diferente impulsada al poder en medio del vacío de sentido. Como decía Pareto, “la historia es un cementerio de aristocracias”.
Jaime Arango
Jaime Arango
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