Crónica de Doris Santa Fe
John Frank Pinchao conoce el valor de la libertad porque le fue arrebatada durante ocho años y medio. Subintendente de la Policía Nacional, fue secuestrado por las FARC tras la toma de Mitú, uno de los episodios más crudos del conflicto armado colombiano. Desde entonces, su vida quedó marcada por esa experiencia límite, que años después lo llevaría, casi sin proponérselo, a la política. Hoy es director del Partido Oxígeno y candidato al Senado de la República, intentando traducir su historia personal en una propuesta pública.
Pinchao nunca pensó en la política como un destino posible. Creció en condiciones de pobreza extrema, en los márgenes de Bogotá, donde la prioridad diaria era sobrevivir. “Cuando uno vive así, no sueña con el Congreso”, dice. La idea de representar a otros no hacía parte de sus planes. El giro definitivo llegó con el secuestro. Tras la toma guerrillera, fue llevado junto a otros policías a la zona de distensión despejada durante el gobierno Pastrana. Allí permaneció ocho años y medio en cautiverio, en lo que describe como campos de concentración, compartiendo encierro con figuras como Ingrid Betancourt, Clara Rojas y Alan Jara, y presenciando la muerte de varios de sus compañeros. En 2007 logró escapar, tras caminar durante días por la selva, hasta recuperar la libertad.
Salir no significó cerrar la herida. Significó empezar a entenderla. Tras recuperar su libertad, Pinchao fue enviado en misiones diplomáticas por la Policía Nacional y, posteriormente, comisionado a la Embajada de Colombia en Chile, donde trabajó en la agregaduría policial. Más tarde, gracias a unas becas impulsadas para beneficiar a los exsecuestrados que entregó el gobierno Sarkozy en Francia, realizó estudios políticos y gestión y resolución de conflictos. Ese proceso académico, le permitió darle forma política a lo que había vivido: comprender cómo se construyen los conflictos, cómo se perpetúan y cómo el poder puede convertirse en un instrumento de sometimiento.
Desde ahí se explica la manera en que Pinchao observa el país y su presente. Su mirada está atravesada por la experiencia del encierro, la violencia y la fragilidad de las instituciones en contextos de conflicto. Habla con insistencia sobre la importancia de preservar la memoria histórica, evitar la repetición de la violencia y fortalecer el Estado de derecho como garantía mínima de convivencia.
En el terreno de la comunicación, advierte que hoy las redes sociales han desplazado a los medios tradicionales y se han convertido en espacios donde operan dinámicas de desinformación. Según él, allí se construyen narrativas que terminan borrando episodios clave de la historia reciente, lo que dificulta que las nuevas generaciones comprendan la dimensión del conflicto armado, los secuestros, los atentados, las tomas armadas y otras expresiones de violencia que marcaron al país.
Desde esa lectura del país se entiende su ingreso a la política. Tras su regreso a la vida civil y su formación académica, aceptó la invitación de Ingrid Betancourt para integrar el Partido Oxígeno, que había recuperado su personería jurídica. Su candidatura actual hace parte de una lista encabezada por Sofía Gaviria, integrada -según explica-, por exfuncionarios, periodistas, economistas y víctimas del conflicto armado. Para él, se trata de un proyecto colectivo más que personal.
Sus propuestas se concentran en varios ejes. Uno de ellos es la lucha contra la corrupción, a través de un estatuto que cierre los vacíos legales por donde, afirma, se pierden grandes cantidades de recursos públicos. Otro eje es una reforma profunda a la política de víctimas, que garantice verdad, justicia y reparación, sin relativizar responsabilidades ni equiparar a víctimas con victimarios. También plantea la protección de los recursos estratégicos, en especial el agua, que considera un bien fundamental para el futuro del país.
En materia de seguridad, su postura se centra en el fortalecimiento institucional. Cree que las Fuerzas Militares deben contar con respaldo jurídico claro y con herramientas suficientes para cumplir su función constitucional. Desde el Congreso, plantea revisar el alcance del fuero militar y los mecanismos de juzgamiento, con el fin de equilibrar garantías procesales y responsabilidad legal, en un contexto marcado por décadas de conflicto.
Su visión de país también abarca la educación y la salud. Aspira a un sistema educativo donde la formación en la infancia sea prioritaria, inspirado en modelos que privilegian la calidad docente en las primeras etapas. Cree que la raíz de la educación define el rumbo de una sociedad. En salud, sueña con un sistema digno, donde los adultos mayores no tengan que hacer filas desde la madrugada para recibir medicamentos básicos.
Pinchao imagina un país con trabajo para todos, donde se incentive la exportación, se apoye a las empresas y se eliminen los trámites burocráticos que frenan el deseo de construir y producir. Para él, esas trabas son una talanquera que debe desaparecer si se quiere progreso real.
En su campaña, explica que divide su tiempo entre reuniones con la comunidad, volanteo, entrevistas, redes sociales y cualquier espacio que le permita llegar a la gente. “Es un conjunto de todos los elementos que se puedan emplear”, resume.
En lo personal, reconoce que la política no está exenta de riesgos. Su familia lo apoya, aunque con temor. Tiene dos hijos; el mayor participa activamente en la campaña. Su madre, testigo de una infancia marcada por la pobreza y de un hijo que regresó de la selva, ve en esta etapa una forma de cerrar un ciclo.
Pinchao, como le gusta que lo llamen, no promete un país perfecto. Promete uno más consciente de su historia y de sus heridas. Después de haber pasado ocho años y medio encadenado, está convencido de que la memoria, la dignidad y la libertad no pueden darse por sentadas. Por eso volvió. No por poder, sino por memoria.
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