2023, grandes desafíos para Colombia

Luego del maravilloso final del mundial de futbol, lo mejor es clausurar ya el 2022 y de esa manera el 31 de diciembre no será más que una fecha del calendario que debemos vivir.

El 24 de diciembre poco nos dice a quienes no somos adictos al compulsivo consumismo del siglo XXI, donde ya no solo son los centros comerciales las nuevas catedrales de los últimos treinta años, sino que todas las ciudades se han convertido en una mega tienda, donde los Black Friday son los viernes santos del fanatismo capitalista, y los black days los festivos del mercado.

Con el triunfo por primera vez de una fuerza progresista, una energumena ultraderecha está haciendo una irracional oposición.

2022 fue un año de hechos políticos que tuvieron en tensión al país y porque las reformas del 2023 tocarán importantes y gigantescos intereses torcidos o abusivos.

En 2023 se elegirán nuevos alcaldes y gobernadores y volveremos a las mismas de siempre: más y más corrupción electoral, y promesas superficiales que únicamente sirven para ganar votos en un dudoso ejercicio electoral disfrazado de democracia.

Las elecciones del 23 se convertirán en el pan de cada día de la contaminación visual de ciudades y autopistas, con caras sonrientes detrás de las cuales se esconde la mentira con la que manipulan a una sociedad sin cultura política porque carece de cultura general puesto que le falta educación por lo tanto conocimiento, pero con muchas  necesidades económicas que la conducen a vender su voto.

Entonces, las elecciones locales, una especie de obra del ridículo y la corrupción, le quitan oxígeno a temas mucho más importantes como las reformas que emprenderá el gobierno en 2023, y que son realmente trascendentes para el futuro de la nación: reforma al sistema de salud, reforma laboral, reforma pensional, y el impulso de la política de reestructuración productiva con la cual se hará la transición a una economía avanzada y sostenible. Todas están articuladas, aunque primero, cada sector debe hacer su plan de cambio conversando con la política de reestructuración porque a donde vaya la economía será posible unas mejores reformas a la salud, al trabajo y las jubilaciones.

Estas no se pueden adelantar por fuera de un marco de largo plazo de la producción, dado que esta determina las características y tamaño de las acciones de la salud preventiva, de las patologías y de los recursos para tratarlas, también considerando que el estado debe recuperar los 48 billones que se han robado las EPS.

La reforma a la ley que regula el trabajo no puede perfeccionarse sin mirar como la reestructuración le sustrae gradualmente informalidad a la economía popular y a su vez como esta se convierte en un sistema más productivo e innovador, para ello tiene que haber gradualidad en la formalización de ciertos empleos mientras la economía deriva en mayores ingresos para la gente a través de un desarrollo productivo y tecnológico avanzado. Por ejemplo, los salarios en una economía popular no se tasan igual que en un sistema productivo formal. Llevar a la brava a la formalización sin una transición determinada por la velocidad del cambio estructural y del cambio tecnológico que Colombia debe impulsar como factor endógeno, incrementaría la economía popular y dificultaría su conocimiento, organización y desarrollo. Si se tensiona la formalización, habrán más economías ilegales y más informales que formales. En conjunto, ambas economías son poco competitivas, productivas e innovadoras, configurando un sistema productivo disfuncional.

Asimismo, la reforma de las pensiones y su unificación en torno a un modelo público, debe corresponder a una economía reestructurada para que el estado no tenga que pagar eternamente un subsidio a millones de ciudadanos considerando que únicamente se jubila el 25% de personas mayores. Esta cifra que ya a nadie espanta, es otro fracaso del neoliberalismo de los fondos privados de pensiones, cifra que no está desafectada de las políticas de salud y laboral. A más gente en condiciones de pobreza, más caros le resultan al estado los servicios y recursos de los no contribuyentes o de los que contribuyen poco, y a más economía informal menos sirven las leyes laborales para impulsar el trabajo formal. Adicionalmente, a más informalidad menos pensionados por culpa de un sistema productivo importador, no exportador.

El presidente Petro tiene algo de razón cuando con cierto extremismo dice que las autopistas 4G son para los ricos y para la economía de los ricos, en el sentido de que por puertos y autopistas se movilizan las enormes importaciones de bienes, y las escasas exportaciones de productos nacionales, porque la mayoría de exportaciones van por tren (carbón) y por un tubo (petróleo). Entonces, Colombia paga impuestos para generar condiciones a los productores de otros países y para los consumidores de más altos ingresos. Es decir, el descuadre en las cuentas internacionales producto de unas malas políticas de competitividad, desarrollo productivo e innovación, también presiona el déficit fiscal y alimenta los descuadres macroeconómicos porque las políticas son malas en consecuencia no logran corregir fallas estructurales.  Sin embargo, el proceso de reestructuración productiva necesitará de autopistas, trenes, puertos y aeropuertos.

Ahora bien, los medios, llenos de periodistas obedientes a los trimillonarios que les pagan, miran de manera parcelada los problemas, porque no tienen una visión integral – causa efecto cruzado – de los problemas de base y sus interrelaciones, entonces, se preocupan por reformas fragmentadas sin conexión entre ellas, y dejan a un lado la información y el debate de la más importante: la reestructuración productiva, de la cual solo hablan académicos, gremios y tecnócratas. Al mercado poco le interesa que la gente poco entienda pues la prefieren como rebaños de obedientes ovejas compradoras.

La reestructuración productiva está a cargo del ministerio de comercio industria y turismo, conjuntamente con los ministerios de hacienda, agricultura, minas y energía, salud, transporte, defensa, y la participación complementaria de los ministerios de trabajo y educación, y planeación nacional, como elementos transversales.

Las fábricas de vacunas y medicamentos que se construyen en Bogotá y en Medellín, son elementos de una política de restructuración productiva de un programa de industrias de salud que vincula a los ministerios de industria, salud y de ciencia y tecnología.

El sector de defensa aeroespacial con los aviones que reemplazarán a los Kafir, vinculan a los ministerios de defensa, industria y de ciencia.

El desarrollo del tren y de todo el sistema de movilidad,  incluido el naval, convoca a los ministerios de industria, transporte, defensa y de ciencia y tecnología.

Las energías alternativas, asocia a los ministerios de industria, minas y energía, y de ciencia y tecnología.

No se diga la agricultura y la producción de insumos y de bienes de capital para la producción primaria y agroindustrial, y cuya competencia es de los ministerios de agricultura, industria, transporte y de ciencia y tecnología.

Los servicios avanzados de conocimiento son producto de la reestructuración de sectores existentes y de nuevos sectores que son el núcleo principal del cambio estructural y tecnológico. Para ello los nuevos y mejores incentivos de ciencia y tecnología serán importantes para incrementar la productividad por actividades de investigación y desarrollo (I+D) sobre todo en sectores como los arriba mencionados.

Estas son el tipo de acciones de la política de restructuración productiva con la cual será posible la paz total, reemplazar el narcotráfico, y atraer inversión nacional para invertir en nuevas industrias como las nuevas plantas de Tecnoglass y Bavaria.

P.D.: Presidente Petro, por favor, haga el propósito de que en  2023 pensará muy bien las ideas antes de anunciarlas.

Jaime Acosta Puertas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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