“Therian” es la abreviatura inglesa de “therianthrope”, deviene del griego “therion” cuyo significado es bestia, animal salvaje y, “ánthropos” que significa humano. El significado de la palabra “therian” o teriano en Castellano, sería animal salvaje de la especie humana; en otras palabras, un humano que se considera una bestia salvaje y como tal se comporta. Encontrar el origen de los terianos fácilmente podría hallarse en los mitos antiguos. En la mitología grecolatina es frecuente hallar referencias a humanos bestializados, al igual que entre las mitologías egipcia e hindú, por mencionar algunos referentes.
En la edad media europea aparecen referencias a licántropos u hombres lobos, ursántropos u hombres osos y a vampiros. Luego, la cultura “pop” de los años ochenta del siglo pasado, reinterpretaría ese tipo de mitos a través de series audiovisuales, como el programa televisivo Manimal, producido por la cadena NBC en 1983, trata sobre un científico que tenía la capacidad de convertirse en cualquier animal para resolver casos policiales. Serie que, por cierto, fue cancelada luego de 8 capítulos dada su baja audiencia. En Colombia, por el contrario, fue exitosa.
Recientemente se ha publicitado en redes sociales y medios de comunicación, el fenómeno teriano, el cual, data de finales del siglo pasado, consistente en grupos de personas menores de cuarenta años que utilizan máscaras de animales y efectúan encuentros para comportarse como cuadrúpedos y llamar la atención pública bajo el entendido de que se autoperciben así mismos animales, bien sea, perros, gatos, zorros, lobos, caballos e incluso, hasta serpientes. Esta práctica, por denominarla de alguna manera, se ha vuelto frecuente en ciudades como Tokio, Buenos Aires, México, Bogotá y Montevideo, en esta última, hace un par de semanas, se presentaron disturbios callejeros protagonizados por “manadas” de terianos que se disputaban calles, haciendo eco de la territorialidad que exhiben ciertos animales.
El terianismo sin lugar a dudas, atenta contra natura, es una más de las licencias que los humanos se han concedido en virtud de la famosa “autopercepción” que hace carrera desde hace algunos años en las sociedades progresistas. En suma, no basta el acto natural del nacimiento para determinar si una persona es persona, muchas veces deberán pasar hasta 25 o 30 años para saber si esa persona es grúa, carro, tractor, mueble o teriana. Para algunos psiquiatras, detrás del terianismo como en muchas autopercepciones, hay distorsiones y sesgos cognitivos, que llevan a las personas a comportarse de manera irracional. Para algunos pedagogos, se trata simplemente de desadaptados sociales que buscan llamar la atención en una sociedad donde el exceso de libertades concede ese tipo de licencias conductuales.
El terianismo es una conducta ridícula que habla muy mal de quienes lo realizan y lo promueven. Lo preocupante del tema es que, por vía del reconocimiento de la autopercepción, mañana jueces y legisladores reconocerán derechos, como defecar en vía pública, ladrar o maullar en teatros, exigir menú de croquetas para perro en restaurantes, guacales especiales en transportes masivos, y por qué no, un sistema de salud especial para terianos, atendido por veterinarios y zootecnistas, con derecho a procedimientos particulares de esterilización y, a uniones interespecies que terminarán por legalizar la zoofilia ¿Habrá detrás de cada teriano hay un potencial bestialista?
Sin lugar a dudas, la estupidez humana está servida a la carta y no tiene límites. Cuando se cree que la humanidad no puede car más bajo, siempre termina por sorprender. No basta con el escándalo más reciente de pedofilia conocido con la divulgación de los archivos del caso Epstein que, involucra a celebridades mundiales en actos de perversión. Ahora se promueve otra forma de perversión: El terianismo, a lo mejor, es un placebo para idiotas y una distracción para desviar la atención sobre los horrores cometidos en el “Lolita Express”.
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