Ir al contenido principal

Horarios de atención

De lunes a viernes:
8:00 AM – 5:00 PM

Whatsapp: (+57) 317 599 0862
Teléfono: (+57) 313 7845820
Email: [email protected]

Confidencial Noticias 2025

Etiqueta: Alejandro Toro

Federico Gutiérrez llama dictadura a la voz del pueblo

El pasado 11 de junio, el Gobierno Nacional dio un paso histórico al convocar, mediante decreto una consulta popular para el próximo 7 de agosto de 2025. Con esta decisión, el presidente Gustavo Petro y su gabinete disponen que sea el pueblo colombiano quien defina de forma directa y democrática aspectos esenciales de la reforma laboral. En un país donde durante décadas las decisiones trascendentales han estado en manos de élites políticas y económicas, esta consulta representa una apuesta valiente por devolverle al pueblo su papel protagónico. No es un atajo, es la ruta constitucional hacia una democracia más participativa.

Sin embargo, desde algunos sectores conservadores, la reacción no se hizo esperar. Uno de los más ruidosos ha sido el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien no dudó en calificar al presidente de “dictador” por atreverse a recurrir a un mecanismo legítimo y plenamente constitucional de participación ciudadana. Resulta paradójico que esa acusación provenga precisamente de quien representa al partido Creemos, una colectividad que nació para prolongar un modelo político sustentado en el miedo, la represión y los privilegios y que ha hecho de la oposición sistemática su única bandera.

 

Pero más allá del ruido mediático, lo que verdaderamente incomoda a Gutiérrez no es la consulta en sí, sino lo que representa, la pérdida del control absoluto sobre las decisiones del país. Le incomoda que las políticas públicas ya no se definan entre élites empresariales, comités cerrados y pactos entre poderosos. Le molesta que este Gobierno escuche a los trabajadores, a las mujeres cabeza de hogar, a los jóvenes aprendices y a los millones de colombianos que históricamente han sido excluidos del debate. Lo que está en juego no es solo una reforma laboral sino es el principio de que las grandes transformaciones ya no dependen de los de siempre, sino del pueblo y eso para quienes han tenido el poder como herencia, es insoportable.

Desde su curul como alcalde, Federico Gutiérrez ha decidido ejercer un liderazgo nacional de oposición. No gobierna para Medellín, gobierna para los titulares. En vez de enfocar sus esfuerzos en resolver los problemas estructurales de la ciudad como la desigualdad, la inseguridad, la precarización laboral y la desconfianza institucional, ha optado por lanzar ataques infundados contra el Gobierno Nacional.

Decir que el presidente está rompiendo el orden institucional por convocar una consulta popular no solo es falso, es peligroso. Es sembrar miedo en la ciudadanía y desconocer que estamos actuando bajo el marco de la Constitución. La Corte Constitucional será quien determine la validez del decreto, como corresponde en un Estado de Derecho. Además, el propio Gobierno ha sido claro al señalar que si el Congreso aprueba la reforma laboral antes del 20 de junio, el decreto quedará sin efecto. Aquí no hay ruptura, hay respeto. No hay imposición, hay democracia. No hay dictadura, hay soberanía popular.

Desde Antioquia, con la legitimidad que nos otorga el mandato popular y con el compromiso firme con la justicia social, respaldamos con convicción esta consulta popular. Lejos de ser una amenaza al orden institucional, el 7 de agosto será una demostración profunda de democracia real, porque cuando la ciudadanía participa y decide, ningún poder puede imponer el silencio. Colombia no avanza hacia el autoritarismo, sino hacia una democracia que se construye con inclusión, participación y sentido colectivo. Una democracia donde las decisiones no se concentran en élites, sino que reflejan la voluntad de las mayorías. Una democracia que no teme al pueblo, porque nace de él.

El cambio ya no es un discurso, es una transformación que se vive en los territorios, en las calles, en las comunidades y también en las instituciones que hoy se abren al control ciudadano. Esta transformación no se detendrá por quienes, aferrados a sus privilegios intentan frenar el avance popular con discursos de miedo. A la democracia se le respeta y respetarla implica escuchar, consultar y actuar con el pueblo. Eso es lo que está haciendo este Gobierno, devolverle a la gente su voz, su poder y su dignidad.

Alejandro Toro

Nueva investigación al gobernador de Antioquia por detrimento de 26 mil millones de pesos

Mientras el gobernador Andrés Julián Rendón repite en medios y tarimas que su prioridad es la austeridad, que llegó a «poner la casa en orden» y que los antioqueños deben aguantarse recortes sociales en nombre del buen uso de los recursos, lo cierto es que su historial como administrador público demuestra lo contrario: un legado de contratos cuestionables, obras inconclusas, sobrecostos injustificados y una larga fila de investigaciones abiertas por los organismos de control. Hoy, como Representante a la Cámara por Antioquia y como voz crítica frente a este gobierno departamental, es mi deber denunciar con claridad que el supuesto «gerente eficiente» que hoy ocupa la Gobernación, tiene más explicaciones pendientes con la justicia que resultados efectivos para mostrar.

Empecemos por el caso más reciente: la ciclorruta del Oriente. Una obra anunciada con bombos y platillos en 2017, pero que para 2022 —cinco años después— apenas tenía un 37,2 % de avance. Hoy está completamente abandonada. ¿La consecuencia? Un proceso de responsabilidad fiscal abierto por la Contraloría General de la República bajo el número 145-22 por un posible detrimento patrimonial de más de 26.000 millones de pesos, en el que Andrés Julián Rendón fue vinculado en calidad de exalcalde de Rionegro. ¿Austeridad? ¿Eficiencia? ¿Gestión? Lo que hay es abandono, despilfarro e ineficiencia.

 

Pero la ciclorruta es solo una muestra del desastre. Durante su alcaldía también promovió la implementación de los famosos CAI Inteligentes. En papel, la idea era innovadora: dotar a Rionegro con centros de monitoreo policial con tecnología de punta. En la práctica, fue un despilfarro que superó los 13.000 millones de pesos, con CAI que nunca contaron con el aval de la Policía Nacional, sin personal, sin conexión operativa y que hoy son estructuras inservibles. La Contraloría y la Procuraduría han abierto investigaciones por posibles irregularidades en la planeación, contratación y ejecución de ese contrato. Lo que Rendón vendió como seguridad, terminó siendo cemento sin utilidad.

Y no para ahí. Una de las joyas de su cuestionada gestión en Rionegro fue la creación de la empresa SOMOS y el subsecuente sistema SITIRIO, el cual fue presentado como la solución definitiva para articular el sistema de transporte del Oriente antioqueño. Sin embargo, ocho años después y tras inversiones que superan los 36.000 millones de pesos, la empresa no ha cumplido con la construcción del supuesto tren ligero de Rionegro para el cual Andrés Julián viajó hasta Brasil para traerlo al municipio ni ha logrado poner en marcha un sistema integrado de transporte funcional.

Como si fuera poco, también se han presentado cuestionamientos sobre el manejo de contratos de infraestructura en su paso por la Alcaldía de Rionegro. Proyectos de adecuación vial y obras complementarias muestran inconsistencias en los pliegos, sobrecostos de hasta el 30 %, y fragmentación contractual para evadir licitaciones públicas. Y mientras esto ocurría, Rendón vendía la imagen de un alcalde “técnico”, mientras tejía redes de contratación que hoy están bajo revisión de los entes de control.

Entonces, ¿cómo es posible que este personaje tenga hoy el control del segundo departamento más importante del país? ¿Cómo puede hablar de recortes a la inversión social con una mano, mientras con la otra aparece involucrado en escándalos por millonarios detrimentos al erario?

La ciudadanía debe saber quién es realmente Andrés Julián Rendón: no un gerente austero, sino un administrador cuestionado, señalado por negligencia e investigado por posibles actos de corrupción. Su imagen de eficiencia se desmorona frente a los hechos, y Antioquia no puede seguir pagando los platos rotos de su pésima gestión.

Alejandro Toro

Emiratos Árabes unidos nos muestra el camino para convertir a Colombia en potencia mundial en IA

En un mundo marcado por los cambios vertiginosos de la tecnología pocas naciones han logrado avanzar con tanta rapidez, claridad y determinación como Emiratos Árabes Unidos. En apenas unas décadas este país ha pasado de ser una economía basada en el petróleo a convertirse en un referente global en innovación, sostenibilidad y sobre todo en inteligencia artificial. Su historia reciente nos demuestra que cuando hay visión política, voluntad institucional y capacidad de articulación, los cambios profundos sí son posibles.

Emiratos entendió temprano que el desarrollo del siglo XXI ya no dependería únicamente de los recursos naturales, sino del conocimiento, la digitalización y la capacidad de anticiparse a los desafíos del futuro. En 2017 se convirtió en el primer país del mundo en crear un Ministerio de Estado para la Inteligencia Artificial, una acción profundamente estratégica, pues a través de esta cartera se ha diseñado una política pública nacional de inteligencia artificial que incluye formación de talento, infraestructura digital, normas éticas y uso transversal de tecnologías en todos los sectores del Estado.

 

Lo más notable del enfoque emiratí es su coherencia, teniendo en cuenta que las ideas no se quedan en el papel. Han creado la Universidad Mohamed Bin Zayed de Inteligencia Artificial, un centro académico de excelencia dedicado exclusivamente a la investigación y formación en este campo. Allí no solo se forman emiratíes, llegan jóvenes de todo el mundo, incluidos estudiantes latinoamericanos, atraídos por un modelo educativo de alto nivel y visión global. Este esfuerzo académico demuestra que Emiratos no quiere ser solo consumidor de tecnología, sino generador de conocimiento.

Además, han convertido a ciudades como Dubái y Abu Dabi en verdaderos ecosistemas tecnológicos, donde la inteligencia artificial no es un concepto abstracto, sino una herramienta cotidiana, pues se usa para optimizar el tránsito, gestionar hospitales, mejorar la atención en las entidades públicas y anticipar soluciones en temas de seguridad, medio ambiente y educación. Las decisiones de política pública se apoyan en datos, modelos predictivos y sistemas inteligentes que ayudan a aumentar la eficiencia y la transparencia.

Todo este avance ha sido posible gracias a una gobernanza que articula al sector público con el privado, que promueve la inversión extranjera y que entiende que la tecnología debe estar al servicio de la gente. El Ministerio de Inteligencia Artificial, Economía Digital y Trabajo Remoto ha sido el eje articulador de esta transformación. No actúa de manera aislada, trabaja con otras carteras, con universidades, con organismos multilaterales y con empresas de base tecnológica para garantizar que la innovación llegue a cada rincón del país.

Pero lo que más debe destacarse es que Emiratos no ha cerrado sus puertas. Por el contrario, ha hecho de la cooperación internacional un pilar de su modelo. La inteligencia artificial, bien lo saben, no se desarrolla en soledad. Por eso han firmado acuerdos de investigación, han participado en foros globales y han establecido alianzas estratégicas con países de todos los continentes.

En ese contexto, la relación entre Colombia y los Emiratos Árabes Unidos se ha fortalecido notablemente. En 2024, ambos países firmaron dos acuerdos orientados a promover el desarrollo de la inteligencia artificial y la educación digital en Colombia mediante el intercambio de personal, estudios conjuntos y consultoría en políticas públicas. Además, en 2025 en el marco de la Cumbre Mundial de Gobiernos reafirmaron su compromiso de seguir fortaleciendo las relaciones bilaterales, con un énfasis especial en la inteligencia artificial.

Buena parte de este impulso ha sido posible gracias al trabajo diplomático de alto nivel de ambas embajadas. El embajador de Colombia en Emiratos, Luis Miguel Merlano Hoyos, ha facilitado alianzas clave entre universidades, emprendedores e instituciones, mientras que el embajador emiratí en Colombia, Su Excelencia Mohamed Abdulla Ali Binkhater Alshamsi, ha sido un interlocutor activo y comprometido, promoviendo una relación estratégica centrada en la educación, la transformación digital y el desarrollo sostenible.

Hoy más que nunca, tenemos una oportunidad de oro para aprender, cooperar y crecer junto a naciones que ya están recorriendo ese camino. Emiratos Árabes Unidos nos extiende la mano con generosidad y nosotros debemos responder con visión y compromiso. Siendo esta una oportunidad para reconocer el papel fundamental que han desempeñado nuestros embajadores, el impulso institucional de Emiratos y el poder transformador de la inteligencia bien aplicada. Colombia tiene talento, tiene potencial y lo que nos corresponde ahora es conectar ese potencial con una estrategia de futuro.

Alejandro Toro

Por primera vez en varios años sube la cifra de homicidios en Medellín ¿y la Alcaldía?

Medellín está sangrando, y el alcalde parece estar demasiado ocupado haciendo política para darse cuenta. Los números no mienten, aunque la administración insista en maquillarlos con ruedas de prensa y shows mediáticos: los homicidios han aumentado un 9% en lo que va del año. Ya van 130 personas asesinadas entre enero y mayo. ¿Cuántas más necesita esta Alcaldía para entender que su estrategia de seguridad fracasó?

En lo que va del año 2025, los homicidios han aumentado un 9% frente al mismo período del 2024. Van 130 asesinatos en solo cinco meses. Es decir, casi una persona asesinada cada día en nuestra ciudad. Y lo peor es que el 30% de esos crímenes no tienen una causa identificada. ¿Qué tipo de administración permite que haya decenas de muertes sin explicación, sin responsables y sin consecuencias?

 

Lo de Manrique es escandaloso: 16 homicidios en lo que va del año, lo que representa un aumento del 400% respecto al mismo periodo del año anterior. Cuatro veces más muertos. Cuatro veces más familias destrozadas. Y, sin embargo, el alcalde sigue actuando como si nada pasara. ¿Dónde está la estrategia de seguridad? ¿Dónde están las intervenciones integrales? ¿Dónde está el liderazgo?

La respuesta es dolorosamente clara: no hay nada. No hay estrategia, no hay presencia efectiva de la Alcaldía y, lo más grave, no hay voluntad política para asumir la magnitud del problema. El gobierno local está más enfocado en la propaganda que en gobernar, más preocupado por su imagen que por la vida de los ciudadanos.

Pero lo más indignante de todo es lo que está pasando con los delitos sexuales. Entre enero y abril de este año, los delitos sexuales aumentaron un 379.4% respecto al mismo periodo del 2024. Esta cifra debería haber generado una reacción inmediata del alcalde y su gabinete. Pero no. Silencio. Indiferencia. Inacción.

Pasamos de 11 a 125 casos de acceso carnal violento. ¡Un aumento del 1.036%! ¿Cómo es posible que esta barbaridad no haya sido motivo de alerta roja institucional? ¿Dónde están las campañas de prevención? ¿Dónde están los refuerzos en atención a víctimas? ¿Dónde están las autoridades garantizando entornos seguros para nuestras mujeres, niñas y niños?

En delitos sexuales contra menores de edad, los casos pasaron de 78 en 2024 a 332 en lo que va del 2025. Un aumento del 325.6%. Si esto no es una emergencia, ¿entonces qué lo es? ¿Qué más tiene que pasar para que esta Alcaldía deje de mirar para otro lado?

Esto no es una exageración ni una manipulación de datos. Es una emergencia. Y mientras tanto, la administración sigue enfocada en la publicidad, en el espectáculo político y en desviar la atención de lo que de verdad importa: la vida y la seguridad de nuestra gente.

El llamado que hago desde el Congreso no es nuevo. Lo hemos hecho una y otra vez, desde todas las instancias posibles. Pero ya es hora de hablar con claridad: esta Alcaldía le quedó grande a Medellín. Su política de seguridad no funciona. Su narrativa está desconectada de la realidad. Y mientras tanto, las víctimas siguen aumentando.

No es admisible que quienes gobiernan actúen como si estos datos fueran simples estadísticas de rutina. Aquí estamos hablando de personas, de vidas, de barrios enteros que sienten que han sido abandonados. Y eso, en una ciudad como Medellín —que ha luchado tanto por superar su pasado violento— es imperdonable.

La ciudadanía ya no cree en promesas, y con razón. Medellín necesita recuperar el rumbo, y eso solo será posible con decisiones firmes, con políticas públicas reales y con un liderazgo que ponga la vida por encima de la propaganda.

Porque Medellín no aguanta un día más con esta indiferencia. Porque esta ciudad merece vivir sin miedo. Porque no vamos a quedarnos de brazos cruzados mientras nos matan, nos violan y nos ignoran.

Alejandro Toro

La Ruta de la Seda es el primer paso para que Colombia sea potencia mundial de la IA

Mientras acompaño a la delegación del Gobierno colombiano en este viaje histórico a China, donde formalizamos el ingreso de nuestro país a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (la conocida Nueva Ruta de la Seda) y al Nuevo Banco de Desarrollo, me convenzo cada vez más de una idea que hasta hace poco parecía ambiciosa: Colombia puede convertirse en la potencia en inteligencia artificial de América Latina.

¿Por qué? Porque estamos empezando a tomar decisiones estructurales que nos conectan, literalmente, con el futuro.

 

Nuestra adhesión no se limita a acuerdos comerciales o proyectos de infraestructura tradicionales. Uno de los ejes más prometedores de esta nueva relación es la Ruta de la Seda Digital, una plataforma de cooperación lanzada por China en 2015, que busca fortalecer la conectividad global mediante tecnologías de punta: fibra óptica, 5G, centros de datos, satélites y plataformas inteligentes.

Ya hay antecedentes concretos en América Latina. En 2021, China y Chile avanzaron en el diseño de un cable submarino de más de 13.000 kilómetros que conectará el Pacífico Sur con Asia. Este proyecto, liderado por la estatal chilena Desarrollo País y la empresa China Mobile International, busca establecer una conexión directa entre ambos continentes, reduciendo la latencia, abaratando costos y posicionando a Chile como un hub digital regional.

En ese contexto, el presidente Gustavo Petro ha propuesto que Colombia impulse un proyecto similar, que nos conecte directamente con Asia a través de un cable submarino de fibra óptica desde nuestras costas del Pacífico. Esta idea no es futurista: es urgente, factible y estratégica.

¿Por qué es tan importante este cable? Porque hoy la inteligencia artificial (IA) depende, más que de cualquier otro recurso, de la infraestructura de datos. Cada vez que usamos un modelo de lenguaje, un sistema de diagnóstico médico automatizado o una plataforma educativa personalizada, hay una operación de procesamiento masivo de datos detrás. Y para que esa operación funcione con eficiencia, se necesita una red de transmisión robusta, segura y de alta capacidad.

Un cable de estas características podría ofrecer velocidades de transmisión de más de 60 terabits por segundo, con una latencia sustancialmente menor que las rutas actuales que atraviesan Norteamérica o Europa. Además, permitiría a Colombia acceder de manera directa a servidores, centros de datos y ecosistemas tecnológicos en Asia, disminuyendo su dependencia de intermediarios.

Y lo más importante: nos abriría la posibilidad de desarrollar IA desde el sur global, con nuestros propios datos, nuestras lenguas, nuestras realidades.

Colombia tiene talento científico, emprendedor y académico de alto nivel. Lo que muchas veces nos ha faltado es la infraestructura para escalar ese conocimiento y ponerlo a competir a nivel global. La fibra óptica no es solo una cuestión de conectividad. Es una condición habilitante para la equidad digital, la soberanía tecnológica y la transformación productiva.

Pero, una iniciativa de esta magnitud requiere de una financiación adecuada. Con la situación geopolítica actual, queda en duda la disposición o incluso capacidad financiera de entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional de apalancar este proyecto.

Aquí entra en juego nuestra reciente adhesión al Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), creado por los BRICS como alternativa al modelo financiero tradicional. El NDB ya ha financiado más de 90 proyectos en infraestructura y sostenibilidad, muchos de ellos en conectividad digital. Con este nuevo acceso, Colombia puede estructurar propuestas técnicas con respaldo público-privado, en condiciones financieras más flexibles, sin condicionamientos políticos y con enfoque en el desarrollo a largo plazo.

No se trata de reemplazar unas alianzas por otras. Se trata de diversificar nuestros socios, de actuar con autonomía estratégica y visión de futuro. China no solo ofrece financiamiento: ofrece una visión de mundo basada en la conectividad, la cooperación y la infraestructura compartida.

Este viaje a China me deja una convicción: Colombia puede ser la potencia latinoamericana en inteligencia artificial. Pero solo si tomamos las decisiones estructurales que lo hagan posible. Conectarnos es una de ellas.

Es hora de dejar de ver la tecnología como un lujo o una herramienta para otros. Es tiempo de verla como una estrategia de desarrollo nacional, como una manera de que el conocimiento y la innovación broten también desde el sur global. La Ruta de la Seda ya no es solo una historia del pasado. Hoy, puede ser también el camino para que nuestros sueños viajen, se multipliquen y regresen convertidos en oportunidades para todos.

Alejandro Toro

¿Malas cifras de EPM en la alcaldía de Fico?

Los resultados financieros del Grupo EPM y su casa matriz, Empresas Públicas de Medellín (EPM), correspondientes al primer trimestre de 2025, representan mucho más que una simple pérdida contable. Revelan una tendencia estructural que pone en riesgo la sostenibilidad de una de las instituciones más importantes del patrimonio público paisa. El Grupo EPM reportó ingresos por $9,4 billones, lo que representa una disminución del 7% frente al mismo periodo del año anterior. En el caso de EPM, la caída fue del 11%, cerrando con ingresos por $4,3 billones. Pero lo más grave: la utilidad neta del Grupo cayó un 16% (hasta $1,4 billones), y la de EPM un 23% (hasta $1,2 billones). Esta no es una situación menor.

¿Cómo se explica que una empresa históricamente eficiente, ejemplo de buena gestión pública, esté viendo reducidos sus ingresos y utilidades de forma tan drástica? La respuesta es evidente: porque la actual administración municipal, encabezada por el alcalde Federico Gutiérrez, ha demostrado un desinterés intencionado y sistemático por el cuidado de lo público. Bajo su mandato, EPM ha sido sometida a una serie de decisiones equivocadas que debilitan su autonomía, comprometen su estabilidad financiera y la alejan de su misión social.

 

Nombramientos por conveniencia política, directivas técnicamente débiles, y un desdén constante por los principios de planeación a largo plazo han convertido a EPM en una caja menor del ejecutivo municipal. La política ha reemplazado a la técnica. El resultado está a la vista: una empresa menos rentable, con menor margen de maniobra y, lo que es más preocupante, con menor capacidad para sostener su rol como motor de desarrollo regional.

A esto se suma un contexto de presiones financieras crecientes. Durante el primer trimestre de 2025, el Grupo EPM realizó inversiones por $928.000 millones, y EPM destinó $201.000 millones para la culminación de Hidroituango, el eterno boquete de recursos. Estas inversiones son necesarias, pero cuando se realizan sin una estrategia clara de sostenibilidad financiera, pueden comprometer la estabilidad a futuro. Más preocupante aún es que el EBITDA del Grupo cayó 16% y la rentabilidad operativa está en descenso. Esto afecta la capacidad de EPM para sostener su crecimiento, atender emergencias o responder a las nuevas condiciones del mercado energético.

Y, sin embargo, en medio de esta tormenta financiera, la Alcaldía de Medellín recibió $483.000 millones como parte de las transferencias por excedentes de EPM. Esa cifra representa el 55% de las utilidades de 2024. Es decir, incluso cuando la empresa muestra signos de debilitamiento, se la sigue exprimiendo para financiar el funcionamiento del municipio.

Esa realidad obliga a una exigencia contundente: si el Distrito está recibiendo recursos de una empresa que empieza a mostrar fatiga financiera, está obligado a invertirlos en el bienestar de la gente. Federico Gutiérrez no puede seguir beneficiándose del prestigio de EPM mientras su administración la descuida. Esos recursos deben verse reflejados en más colegios, más acueductos rurales, más seguridad barrial, más oportunidades para los jóvenes. De lo contrario, habremos pasado de tener una empresa modelo de desarrollo a una fuente de caja vacía.

Desde el Congreso seguiremos ejerciendo control político. Medellín merece una administración que defienda su patrimonio, que entienda que lo público no se administra con retórica sino con resultados, con responsabilidad y con una visión de largo plazo. Si el alcalde Gutiérrez no está dispuesto a asumir esa tarea, que lo diga. Porque nosotros sí estamos dispuestos a dar la pelea por EPM.

Alejandro Toro

La alcaldía de Fico le da la espalda a los ediles?

Desde hace varias semanas he recibido con profunda preocupación los reiterados reclamos de varios ediles de Medellín que hoy se sienten abandonados por la actual administración municipal. ¿La razón? La Alcaldía no ha gestionado ni entregado, como corresponde, el bono mensual de transporte que históricamente ha sido un apoyo fundamental para el ejercicio de sus funciones.

Este bono no es un regalo. Es un reconocimiento básico a la labor comunitaria, territorial y cívica de los ediles, quienes recorren veredas, barrios y comunas para acercar el Estado a las necesidades reales de la gente. Su trabajo no tiene horarios ni garantías, pero sí un profundo compromiso con la ciudadanía.

 

Negarles este recurso es, en la práctica, ponerles trabas a su labor, dificultar la representación y
cercenar el ejercicio pleno de sus derechos políticos.

Y es importante que la ciudadanía entienda qué hacen los ediles. Muchos los ven solo como figuras menores de la política, cuando en realidad son fundamentales en la construcción de ciudad desde lo más local. Los 146 ediles son elegidos popularmente para conformar las Juntas Administradoras Locales (JAL) en cada una de las 16 comunas y 5 corregimientos de Medellín. Ellos no legislan, pero sí planean, proponen, vigilan y representan.

Son quienes conocen de primera mano los problemas de su comunidad, quienes reciben las quejas sobre el mal estado de una vía, la falta de iluminación, el abandono de un parque, o la necesidad de un programa social. Son ellos quienes dialogan con la comunidad y canalizan esas demandas a la Alcaldía, quienes evalúan y proponen ajustes a los Planes de Desarrollo Locales de las comunas, quienes promueven la participación de las comunidades en las priorizaciones del presupuesto participativo, quienes ejercen control político sobre los recursos públicos invertidos en sus territorios.

En pocas palabras: sin ediles no hay democracia barrial. No hay interlocución real entre la ciudadanía y el gobierno municipal. Por eso su debilitamiento —a través del recorte o el incumplimiento en apoyos básicos como el bono de transporte— es también un debilitamiento de la participación ciudadana.

Medellín fue pionera en dignificar este rol. En la administración anterior, bajo el liderazgo del exalcalde Daniel Quintero, se dio un paso histórico: nuestra ciudad se convirtió en la primera capital del país en reconocer honorarios mensuales a los ediles, gracias al Acuerdo 053 de 2021. Además, se fortalecieron sus capacidades con procesos de formación política, entrega de herramientas tecnológicas como un computador por edil, espacios de participación activa, entre otros.

Cuando la Alcaldía anterior encontró dificultades para el pago del bono de combustible no fue por falta de voluntad política, fue por el ahogo de las cuentas de la ciudad que hicieron quienes hoy ostentan el poder al imposibilitar a la administración la recuperación de los recursos de UNE disminuyendo así el monto de transferencia de EPM a la administración. Hoy, con la mayoría de las fuerzas políticas cumpliendo cada capricho de Fico no hay justificación válida para negar el apoyo a los ediles.

La Alcaldía actual no solo ha descuidado el pago del bono, sino que tampoco ha explicado con claridad por qué se suspendió ni cuándo se restablecerá. Esta omisión es inaceptable y atenta contra el funcionamiento mismo de la democracia local. Quienes están en el poder no pueden hablar de participación ciudadana mientras castigan, por acción u omisión, a quienes la hacen posible todos los días.}

Hago un llamado público al alcalde de Medellín para que rectifique con urgencia. Que entienda que respetar a los ediles no es un favor político, sino una obligación legal y ética. Y a los ediles, mi respaldo y admiración. No están solos. Desde el Congreso seguiremos denunciando estos atropellos y trabajando por restituir lo que en justicia les corresponde.

Porque cuando se debilita la voz de los ediles, se debilita la voz del pueblo.

Alejandro Toro

Brics, la puerta de entrada de Colombia a India

En un mundo cada vez más interdependiente, la política exterior no puede estar desligada de las oportunidades de desarrollo económico y social de los países. Las relaciones entre Colombia e India, aunque históricamente cordiales, hoy tienen el potencial de convertirse en un eje estratégico para el crecimiento de nuestra nación y una vía hacia una mayor inserción en el escenario internacional, es hora de mirar hacia Asia con pragmatismo, visión y ambición.

India con más de 1.438 millones de habitantes y una economía que ya es la quinta más grande del mundo en términos de PIB nominal, representa una oportunidad inmensa para Colombia y aunque nuestra balanza comercial con ese país aún está en proceso de maduración, pues en 2023 exportamos hacia India cerca de USD 1.400 millones, principalmente en carbón, petróleo y café, mientras que importamos alrededor de USD 700 millones en productos farmacéuticos, maquinaria y vehículos. Esto significa que, a pesar de tener una balanza comercial favorable, estamos lejos de explotar todo el potencial de complementariedad entre nuestras economías.

 

Por otro lado, es importante resaltar que India necesita energía y alimentos y nuestro país tiene ambos. Pero también tiene servicios, innovación, tecnología agroindustrial y talento humano. Además, hoy los mercados indios ofrecen oportunidades reales para productos colombianos con valor agregado como el aguacate hass, las flores, el cacao, las frutas exóticas, los textiles y los servicios basados en conocimiento y teniendo en cuenta el crecimiento de la clase media en India y su apertura gradual al comercio internacional es el momento para consolidar un relacionamiento comercial robusto y diversificado.

Existen ya mecanismos de cooperación bilateral que debemos potenciar como el Acuerdo de Cooperación en Ciencia y Tecnología firmado en 2005, que ha permitido el desarrollo de proyectos conjuntos en áreas como biotecnología y energías renovables. Además, desde 2018, India y Colombia cuentan con un mecanismo de consultas políticas que ha facilitado el diálogo bilateral y la exploración de nuevas áreas de colaboración. Sin embargo, estos espacios aún no se traducen en acciones ambiciosas y sostenidas, al país le urge materializar estas alianzas.  

Un camino claro para fortalecer esta relación es avanzar hacia un acuerdo comercial preferencial que reduzca aranceles y barreras no arancelarias para productos estratégicos a través del ingreso de Colombia a los BRICS, este bloque representa más del 40% de la población mundial y más del 30% del PIB global. Hacer parte de los BRICS no solo nos permitiría diversificar nuestras alianzas internacionales, sino acceder a nuevas fuentes de financiación, transferencia tecnológica y mercados estratégicos como el indio.

India es un actor clave dentro de los BRICS, su influencia en la definición de prioridades dentro del bloque, en especial en temas de cooperación Sur-Sur, tecnología y salud pública, es creciente. Si Colombia quiere aprovechar al máximo su acercamiento a India, hacerlo desde el marco de los BRICS podría facilitar sinergias políticas y económicas que hoy resultan más difíciles de alcanzar de manera bilateral. Por ejemplo, la creación de cadenas regionales de valor en biotecnología o energías limpias con participación de India y América Latina puede ser una realidad si contamos con espacios de integración más ambiciosos.

Es claro que la relación con india no puede seguir siendo marginal ni limitada a lo comercial, tiene que ser un pilar de nuestra estrategia de inserción internacional, no estamos hablando solo de exportaciones e importaciones, estamos hablando de construir un eje de cooperación sur-sur que redefina nuestra posición en el nuevo orden global. Colombia debe entender que la política exterior no es un lujo diplomático, sino una herramienta de transformación nacional, alianzas como la que podemos consolidar con india no solo amplían nuestras fronteras comerciales, sino también nuestras capacidades tecnológicas, científicas y productivas y si queremos insertarnos en las grandes discusiones del siglo XXI, energías limpias, salud global, innovación, seguridad alimentaria, necesitamos estar en la mesa donde se toman las decisiones.

La oportunidad está sobre la mesa, lo que falta es que Colombia dé el paso con decisión y construya una agenda común de desarrollo económico, cooperación tecnológica y liderazgo compartido. En un mundo donde el crecimiento depende de la integración, las alianzas estratégicas no son un privilegio son la diferencia entre quedarse al margen o impulsar la innovación, la inversión y la competitividad para convertirse en protagonista.

Alejandro Toro

Puerto Antioquia avanza imparable y pone a Urabá en el mapa del mundo

Esta semana, tres gigantes metálicos surcaron los mares desde China hasta Turbo, Antioquia. No son cualquier maquinaria: son grúas tipo Ship to Shore, entre las más modernas del continente, y su llegada marca un momento histórico para el país. Son el corazón tecnológico de Puerto Antioquia, el nuevo puerto que transformará no sólo la región del Urabá, sino también la forma en que Colombia se conecta con el mundo.

Estas grúas, fabricadas por la empresa Qingdao Haixi Heavy-duty Machinery Co., Ltda, pueden levantar hasta 65 toneladas en un solo movimiento y operar embarcaciones de gran calado, con capacidad para más de 14.000 contenedores. Son máquinas que respiran eficiencia, precisión y velocidad. Pero más allá de su tamaño y sofisticación, lo que traen consigo es una promesa: la de un futuro más próspero, más cercano, más justo.

 

Puerto Antioquia, cuya entrada en operación está prevista para 2025, será la primera gran terminal marítima del país con acceso directo desde el corazón productivo del interior. A menos de 400 kilómetros de Medellín, permitirá reducir en casi un 50 % la distancia que hoy deben recorrer nuestras exportaciones hacia los puertos tradicionales. Eso se traduce en menos tiempo, menos costos y más oportunidades.

Y esa oportunidad no es solo para las grandes empresas. Es también para los agricultores, los caficultores, los floricultores, los transportadores, los emprendedores. Para las familias del Urabá que, por generaciones, han estado al margen de las grandes autopistas del desarrollo. Ahora, el mar no queda lejos. Ahora, la economía global sí pasa por su puerta.

La historia de Puerto Antioquia es también la de un modelo distinto: una alianza entre lo público y lo privado, entre inversionistas internacionales, autoridades locales y comunidades. Más de 700 millones de dólares se están invirtiendo para que este sueño sea una realidad. Y no se trata solo de infraestructura: se trata de dignidad, empleo, educación, movilidad y progreso.

En su fase operativa, el puerto generará más de 1.500 empleos directos y unos 6.000 indirectos. Ya hay programas de formación para que los jóvenes del Urabá sean los primeros en ocupar esos cargos. Ya hay dinamismo comercial, nuevas vías, nuevos negocios. Fueron pilotos urabeños los encargados del atraque del buque con las grúas. La transformación no es promesa futura: es presente en movimiento.

Además, el proyecto avanza con un compromiso serio con el medioambiente. Las grúas operarán con sistemas eléctricos de bajo consumo, y se han implementado planes de conservación para los manglares, de monitoreo de biodiversidad y de gestión responsable de residuos. Desarrollo sí, pero no a cualquier costo. Desarrollo con conciencia.

Hoy, frente a las costas del Caribe, se levantan tres grúas que son más que estructuras metálicas. Son el símbolo de un país que decide apostar por la equidad territorial, por la eficiencia logística, por el futuro. Puerto Antioquia será una nueva puerta al mundo. Una puerta que, por fin, se abre para todos.

Alejandro Toro

Lideramos la CELAC, no podemos seguir pensando como colonia de Estados Unidos

Colombia hoy tiene una oportunidad histórica que no puede desaprovechar. Por primera vez, ocupa la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), un espacio clave para la concertación política y la integración regional sin tutelajes externos. Pero esta presidencia debe ser más que simbólica. Debe ser estratégica.

Mientras tanto, del otro lado del continente, Estados Unidos —nuestro socio comercial tradicional— ha encendido una guerra de tarifas contra nuestras exportaciones, violando las condiciones del TLC que los sectores políticos tradicionales tanto defienden. Productos clave como el acero y el aluminio han sido golpeados con aranceles de hasta el 25%, además de los aranceles al 10% al resto de nuestras exportaciones, afectando nuestra industria, el empleo y nuestra balanza comercial. No es la primera vez que ocurre, y probablemente no será la última.

 

Ante este nuevo escenario, Colombia tiene dos opciones: esperar pasivamente a que Washington cambie de parecer o ejercer liderazgo desde la CELAC para abrir caminos nuevos, más dignos y más equilibrados.

La CELAC no es un foro ornamental. Es el único espacio que reúne a toda América Latina y el Caribe sin la presencia de Estados Unidos ni Canadá. Y si queremos que esa comunidad sea una fuerza real en el mundo multipolar que emerge, debemos actuar en consecuencia. Por eso, el momento exige que Colombia impulse desde la CELAC una agenda concreta de acercamiento a los BRICS y a los países que ya están en proceso de adhesión o asociados como Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

Los BRICS representan una alternativa real al modelo de relaciones internacionales dominado por Occidente. Ya concentran más del 40% de la población mundial, cerca del 30% del PIB global y han iniciado procesos de desdolarización que desafían la arquitectura financiera tradicional. Con ellos, América Latina podría negociar en condiciones más simétricas, con mayores márgenes de soberanía y cooperación tecnológica, energética, comercial y financiera.

Este no es un llamado a romper con nadie. Es un llamado a diversificar. A no seguir siendo una economía dependiente, ni un apéndice subordinado del comercio estadounidense. Es, también, un acto de realismo geopolítico: si el mundo está girando hacia un nuevo equilibrio de poderes, América Latina no puede seguir esperando sentada.

Colombia tiene hoy la voz y el lugar para poner ese debate sobre la mesa regional. Puede convocar, articular e impulsar un grupo de países dentro de la CELAC que esté dispuesto a explorar una relación más profunda y estructural con los BRICS. No como una ocurrencia coyuntural, sino como una apuesta estratégica de largo plazo.

La presidencia pro tempore de la CELAC debe ser, entonces, el punto de partida para este viraje. Tenemos los instrumentos, el contexto y el respaldo político para hacerlo. Lo que necesitamos ahora es la voluntad.

Es hora de mirar al sur global. Porque el futuro no nos va a esperar.

Alejandro Toro

El presunto negocio político del gobernador con el Área Metropolitana del Oriente Antioqueño

La conformación del Área Metropolitana del Oriente Antioqueño no es solo un debate administrativo, sino una maniobra política disfrazada de planeación. La propuesta de integrar municipios como Rionegro, La Ceja, El Retiro, La Unión, El Carmen de Viboral, El Santuario, Guarne y San Vicente Ferrer bajo una única autoridad se presenta como una solución a problemas de movilidad, ordenamiento territorial y servicios públicos. Sin embargo, en la práctica parece responder a intereses particulares que buscan concentrar poder y recursos en unos pocos actores políticos y económicos, entre ellos el actual gobernador.

Ahora, esta no es una idea nueva. En 2019, cuando Andrés Julián Rendón era alcalde de Rionegro, ya había intentado imponer esta figura en alianza con la bancada uribista del Congreso y el entonces gobernador Luis Pérez. Desde entonces, el objetivo ha sido claro y persistente, convertir a Rionegro en un centro de poder regional, subordinando al resto del Oriente Antioqueño a una lógica centralista.

 

Se argumenta que esta integración optimizaría la asignación de recursos y mejoraría la planificación territorial. No obstante, a diferencia del Valle de Aburrá, donde la conurbación es evidente, los municipios del Oriente Antioqueño conservan dinámicas autónomas y realidades socioeconómicas diversas, por lo que forzar una estructura metropolitana artificial ignora estas diferencias y pone en riesgo la identidad y el desarrollo propio de cada municipio.

Además, esta figura metropolitana abriría una puerta de consecuencias a Municipios como Corconá y San Francisco quienes dependen de Rionegro para acceder a servicios básicos, desataría un conflicto para definir competencias y articular la gestión en el borde urbano-rural de los nueve municipios, tal como ocurre en el Valle de Aburrá con el AMVA y Corantioquia.

Sumado a lo anterior, el impacto fiscal de esta decisión tampoco ha sido discutido con suficiente transparencia, teniendo en cuenta que la creación del Área Metropolitana implicaría nuevas cargas tributarias, como la sobretasa ambiental, afectando a una población que no ha sido consultada de manera efectiva. A demás, la exclusión de Marinilla del proyecto demuestra la falta de consenso, incluso entre los municipios más cercanos y desarrollados.

Por otro lado, la autonomía municipal también está en juego, pues bajo dicha figura, decisiones clave sobre ordenamiento territorial, movilidad y planeación quedarían en manos de una entidad supramunicipal, reduciendo la capacidad de gestión de las administraciones locales y aunque Rionegro ha renunciado al derecho de veto, su peso demográfico y fiscal lo convertiría en la autoridad predominante, generando una relación desigual con los demás municipios.

Más allá de los argumentos técnicos, la integración metropolitana profundizaría las desigualdades territoriales en el Oriente Antioqueño, mientras Rionegro y La Ceja continuarían acaparando inversión en infraestructura y servicios, municipios como Argelia, Nariño y Granada seguirían rezagados, lidiando con la falta de desarrollo y las secuelas del conflicto armado.

La imposición de nuevos tributos metropolitanos encarecería el costo de vida en municipios con menor capacidad económica, dificultando el acceso a servicios básicos y frenando su crecimiento. A esto se suma el riesgo de subordinación de los municipios más pequeños a las decisiones de Rionegro, consolidando un modelo de gobernanza desigual que beneficiaría a unos pocos en detrimento del equilibrio regional.

El Oriente Antioqueño no necesita una integración forzada, sino una planificación territorial que respete sus particularidades y garantice un desarrollo equilibrado, es fundamental abrir un debate técnico serio, escuchar todas las voces y priorizar el bienestar de la ciudadanía sobre los intereses políticos y económicos de unos pocos. Esperamos que la Comisión de Ordenamiento Territorial de la Cámara de Representantes analice esta propuesta con rigor y evite que la supuesta integración termine siendo una imposición perjudicial para la región.

Alejandro Toro

Brasil podría ser nuestro principal socio comercial

Las relaciones entre Colombia y Brasil han sido tradicionalmente cordiales, pero insuficientemente aprovechadas. Como las dos economías más grandes de América del Sur después de Argentina, existe un enorme potencial para una mayor cooperación en comercio, infraestructura y políticas ambientales. Brasil, como miembro prominente de los BRICS, juega un papel clave en el equilibrio geopolítico global y podría convertirse en un socio estratégico fundamental para Colombia en un mundo multipolar.

Uno de los ejes de mayor interés es el comercial. Brasil ha sido históricamente el primer socio comercial de Colombia en América del Sur, pero los niveles de intercambio siguen siendo menores de lo esperado. En 2024, la balanza comercial entre ambos países registró un déficit para Colombia, con importaciones desde Brasil por un valor de $3,359 mil millones, mientras que las exportaciones colombianas sumaron $1,927 mil millones.

 

Fortalecer los lazos comerciales mediante una política de reducción de barreras arancelarias y logísticas podría generar mayores oportunidades para sectores como la agroindustria, la energía y la tecnología, aprovechando mecanismos ya existentes como el Acuerdo de Complementación Económica de Mercosur con el cual el 97% del universo arancelario está libre de arancel.

Nota recomendada: Lula Da Silva pide América Latina no mezclarse en los problemas entre EEUU y China

A nivel de infraestructura, el desarrollo de corredores viales y fluviales que mejoren la conexión entre ambos países es una tarea pendiente. Iniciativas como la navegabilidad del río Putumayo podrían impulsar el comercio binacional y fomentar el desarrollo de zonas históricamente relegadas.

Otro punto clave en la relación es la cooperación ambiental. Como naciones con extensas zonas de la Amazonía, Brasil y Colombia tienen el deber de liderar iniciativas de conservación, lucha contra la deforestación y desarrollo sostenible. Un acuerdo más ambicioso en esta materia podría posicionar a ambas naciones como referentes en la protección ambiental a nivel global.

La cooperación en seguridad y lucha contra el crimen transnacional también es un tema prioritario en la relación bilateral. La extensa frontera compartida entre ambos países presenta desafíos en el combate al narcotráfico, el contrabando y otras economías ilegales. El fortalecimiento de estrategias conjuntas en inteligencia, control fronterizo y operaciones coordinadas podría mejorar la estabilidad en la región amazónica, beneficiando tanto a Brasil como a Colombia.

Además, la generación de estrategias conjuntas para potenciar la bioeconomía podría fortalecer sectores como la biotecnología, la farmacéutica basada en biodiversidad y el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, fomentando la innovación y el desarrollo en ambos países. No se puede desaprovechar el que Colombia y Brasil hayan sido el año pasado las sedes de las dos cumbres más importantes sobre biodiversidad – la COP16 en Colombia – y cambio climático – COP30 en Brasil – gracias a un esfuerzo conjunto de los países para lograr la realización de tan importantes escenarios en la región.

Uno de los mecanismos más eficaces para consolidar esta alianza podría ser una posible adhesión de Colombia a los BRICS, lo que facilitaría una mayor cooperación en comercio, infraestructura y desarrollo sostenible bajo un marco institucional fortalecido.

El desafío principal para profundizar la relación es la falta de estrategias claras y de voluntad política para convertir a Brasil en un socio prioritario de Colombia. En un mundo donde la diplomacia económica es clave, Colombia debe mirar más allá de sus socios tradicionales y fortalecer su relación con Brasil no solo como vecino, sino como aliado estratégico en la integración regional.

Alejandro Toro

Consulta popular: ¿vamos a proteger a los trabajadores colombianos o a seguir explotándolos?

El anuncio de una consulta popular por parte del Gobierno Nacional ha abierto un debate trascendental para el futuro laboral de los colombianos. Esta iniciativa no solo busca recoger la voz del pueblo, sino también garantizar que los derechos fundamentales de los trabajadores sean respetados y protegidos. Quienes apoyamos esta consulta lo hacemos con la convicción de que es el camino para consolidar una sociedad más justa y equitativa.

Uno de los temas centrales de la consulta es la estabilidad laboral. En nuestro país, es común que los trabajadores sean contratados bajo figuras que no les garantizan seguridad ni continuidad en sus empleos. La reforma laboral propuesta pretende corregir esta práctica, asegurando contratos estables que brinden tranquilidad a las familias colombianas. No se trata solo de un beneficio individual, sino de un paso hacia la reducción de la informalidad y el fortalecimiento de la economía.

 

El reconocimiento del trabajo nocturno y dominical es otro punto clave. ¿Es justo que una persona que sacrifica sus noches y sus domingos para trabajar no reciba un pago adecuado por ello? Actualmente, el recargo nocturno solo aplica a partir de las 9:00 p.m., afectando a miles de empleados que trabajan desde mucho antes en condiciones desventajosas. La reforma busca cambiar esta realidad y garantizar un pago justo para todos.

Asimismo, es inaceptable que muchas empresas abusen de la figura de prestación de servicios para evadir responsabilidades laborales. Esta práctica priva a los trabajadores de estabilidad, prestaciones y derechos básicos como el pago de seguridad social por parte del empleador. La consulta popular permitirá que los ciudadanos decidan si quieren poner fin a estos abusos y exigir un marco laboral más equitativo.

Otro aspecto fundamental es el derecho a la seguridad social completa. Hoy en día, muchos trabajadores deben cubrir estos costos de su propio bolsillo, lo que disminuye su capacidad adquisitiva y los deja en una situación de vulnerabilidad. Con la reforma, los empleadores asumirían su responsabilidad en el pago de la seguridad social, garantizando una mayor protección para los trabajadores.

Además, es imperativo que se respeten derechos como las vacaciones pagadas y la imposibilidad de despidos sin justificación. Nadie debería perder su empleo de manera arbitraria ni ser privado de un merecido descanso después de meses de trabajo. La consulta popular nos permitirá decidir si queremos vivir en un país donde estos derechos sean inquebrantables.

El salario digno también está en juego. No es un secreto que millones de colombianos perciben ingresos que no les permiten cubrir sus necesidades básicas. Garantizar un salario justo no solo beneficia a los trabajadores, sino que fortalece el consumo interno y dinamiza la economía. Es una cuestión de justicia y desarrollo sostenible.

Asimismo, es crucial asegurar que madres y padres trabajadores tengan estabilidad y beneficios que les permitan cuidar de sus hijos sin poner en riesgo su sustento. La consulta nos dará la oportunidad de decidir si queremos que las familias colombianas puedan conciliar su vida laboral y personal sin temor a represalias.

Finalmente, debemos reflexionar sobre la importancia de un sistema de pensiones digno. No es aceptable que una persona que ha trabajado por 10 o 15 años en la misma empresa no tenga asegurado su derecho a una pensión debido a contratos temporales que evaden las cotizaciones a la seguridad social. La consulta será el escenario en el que podremos decidir si exigimos un retiro digno para todos.

En definitiva, esta consulta popular representa una oportunidad histórica para que los colombianos decidamos el tipo de país en el que queremos vivir. No se trata de ideologías ni de intereses políticos, sino de derechos fundamentales. La pregunta es clara: ¿queremos un sistema laboral que proteja a los trabajadores o seguimos permitiendo abusos e inequidades? La respuesta está en nuestras manos.

Alejandro Toro

Consulta popular: el grito del pueblo ante el bloqueo legislativo

Con la Comisión Séptima del Senado de la República, toda Colombia está sujeta a la tiranía de unos pocos. Ocho senadores han considerado que están por encima de la voluntad popular y le han cerrado la puerta al país de poder dar las discusiones que este ha reclamado. Ocho senadores que han actuado en línea con los grandes poderes económicos para bloquear en vez de construir, para negar el rol fundamental que tiene el Congreso como espacio de deliberación mediante la radicación de una propuesta de archivo que busca acabar de tajo con la esperanza de las trabajadoras y trabajadores de Colombia de unas condiciones laborales justas.

En este complejo escenario es que aparece la consulta popular como el mecanismo constitucional y legal con el cual se pronunciará el mandato popular frente a qué es lo que desea para el pueblo, o sea, para sí mismo. Si ocho personas creen estar por encima de los 14 millones que en las urnas exigieron a sus gobernantes un cambio,

 

está en la obligación el poder popular de volver a dejar claras sus exigencias, de manifestar que el voto de ocho no está por encima del voto de millones.

Se les olvida a los Senadores que con la Constitución Política de 1991 pasamos de una democracia representativa a una democracia participativa, tal como lo ha dejado claro en múltiples pronunciamientos la Corte Constitucional. En una democracia participativa el rol de la ciudadanía no se reduce a depositar un voto para elegir a un candidato, ni se vuelven los candidatos electos los dueños absolutos del ejercicio democrático, sino que se espera que los ciudadanos tengan una injerencia directa en su destino.

Esta es la consulta popular, uno de los mecanismos de participación del pueblo en ejercicio de su soberanía previsto por nuestra Carta Magna en su artículo 103 y reglamentada mediante la Ley 134 de 1994 y la Ley 1757 de 2015. El marco normativo establece que la consulta popular sobre asuntos de carácter nacional podrá ser convocada por el Presidente de la República, en la cual se deben hacer preguntas redactadas de forma clara cuya respuesta pueda ser “SÍ” o “NO”.

O sea, el Presidente le preguntará a las colombianas y los colombianos si quieren o no que la noche empiece a las siete y no a las nueve en lo referente al pago de horas extras, si quieren o no que quienes sean padres tengan derecho a una licencia que les permita poder pasar un poco más de tiempo con sus hijos, si quieren o no que los jóvenes del SENA que están trabajando en una empresa se les pueda pagar mejor.

Para que la consulta sea una realidad se necesita que participen más de 13 millones de personas y que la mitad más uno de los participantes respondan afirmativamente las preguntas realizadas. Si esto se da, la Ley determina que la decisión tomada por el pueblo mediante la consulta es obligatoria y el órgano correspondiente deberá adoptar las medidas necesarias para hacerla efectiva. Si esto requiere una Ley, el Congreso deberá tramitarla en el mismo período de sesiones de la consulta o el siguiente.

Con la consulta se previene que por la postura antidemocrática de ocho se le niegue al resto de congresistas la posibilidad del debate. Se le recuerda además al Congreso que la democracia no se agota el día que los eligen, que el pueblo tiene mecanismos varios para presionarnos a cumplir con nuestra principal obligación, que es la de debatir. Y, se valida que la agenda de discusión no es manejada por los congresistas o por el Gobierno, sino que es el mismo pueblo el que decide qué es lo que quiere que sus gobernantes definan.

Alejandro Toro

Así reaccionaron los sectores políticos al llamado a una Consulta Popular

El anuncio del presidente de la república, Gustavo Petro, de convocar a una consulta popular para que los colombianos del común decidan la suerte de las reforma a la salud y la laboral, desde ya levantó la polémica entre los diferentes sectores políticos del país.

El primero en pronunciarse fue el representante a la cámara por el Pacto Histórico, Alejandro Toro, quien apoyo la idea del primer mandatario:

 

“La consulta popular es un instrumento legítimo. El pueblo será el que se pronuncie ante lo que una comisión le negó un trabajo digno a los colombianos al tumbar una reforma laboral”, afirmó.

Nota recomendada: Reforma laboral, la nueva manzana de la discordia entre Efraín Cepeda y Gustavo Petro

Para el senador del Centro Democrático, Miguel Uribe Turbay, con la consulta popular se acaba el gobierno del presidente Gustavo Petro. Según el, en adelante el primer mandatario se dedicará a hacer política.

«Con la consulta popular se acaba el gobierno. Petro renuncia a ser Presidente y se dedica a la politiquería. Vamos a defender la democracia y vamos a enfrentar un gobierno dañino para el país», dijo el senador.

El senador liberal, Alejandro Carlos Chacón pidió no tener miedo al debate e invitó a los diferentes sectores políticos a dar el debate si la consulta es aprobada, «que sea el pueblo el que decida», escribió en su cuenta de la red social X.

Por su parte la representante a la cámara del Partido Alianza Verde, Catherine Juvinao, invitó al presidente de la república a abrir un diálogo nacional.

«Presidente, Ud. tiene herramientas para abrir un diálogo nacional e incluyente en el Congreso sobre la reforma laboral. Hágalo. Llamar a la violencia no puede ser el camino ni un mensaje que provenga de usted. El objetivo no puede ser incendiar sino lograr de verdad las cosas», escribió la congresista.