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Etiqueta: Germán Escobar Morales

El imaginario colectivo de la COP16

Con la primera semana de la COP16, Cali puede decir que escribió una página en su historia, y es que ciertamente, la ciudad se volcó a la celebración de esta conferencia.  Por las calles de Cali se observan los extranjeros, tan extraños en esta ciudad como lo puede ser un chontaduro para ellos, por eso, vale la pena revisar algunas cifras acerca de la realización de esta COP en la capital vallecaucana que, por estos días, es uno de los epicentros de la agenda global.

En primera medida, el aforo del centro de eventos Valle del Pacífico, conocido como la zona azul, ha ido incrementando con el paso de los días de la conferencia, llegando a superar las 9.000 personas.  Esto refleja que los países del mundo entero acudieron a la cita con sus delegaciones, sin vacilaciones, no se presentaron boicots, ni nada que se le parezca; sin trémulas, estas personas llegaron a discutir el cumplimiento de las 23 metas de biodiversidad, comprometiendo la voluntad futura de sus Estados para la conservación de nuestra riqueza planetaria natural.  He podido asistir en distintas oportunidades a la zona azul y he visto como se respira un aire tranquilo, multicultural, sencillo y enfocado en los cientos, sino miles, de conferencias acerca de las muchas dimensiones de la biodiversidad, por ejemplo, aquella relacionada con las comunidades rurales o las economías ilegales que la destruyen, entre muchas otras. 

 

Más allá de esta gran cantidad de gente que se reúne día a día en el Centro de Eventos Valle del Pacífico, se pueden contabilizar más de 20.000 personas que han llegado a Cali para los eventos complementarios a lo largo y ancho de Cali.  Para darles una idea, existen ponencias, talleres, encuentros en, prácticamente, todas las Universidades y centros culturales.  Allí, se discute y entrena sobre tal variedad de temáticas que es casi imposible llevarle el ritmo —hablando con algunos periodistas, me han narrado sus peripecias para poder cubrir tan solo las chivas que “más venden»-.

Ahora bien, más allá de los números, lo que hace a esta COP especial es la organización de la zona verde y el circuito de la biodiversidad, de una manera diferente.  Hay que reconocerlo, hace parte de nuestra idiosincrasia —y falta de contacto con el mundo— el organizar un encuentro tan festivo alrededor de una conferencia un tanto acartonada para nuestro gusto. Sin embargo, es precisamente esa la magia que tenemos los colombianos, aquella por la que muchos se enamoran de nuestro país, a pesar de los sabidos problemas que tenemos.  Desde hace varias COP se organiza una extensión de la misma abierta al público, conocida como la zona verde, en donde se discute de manera más amplia —democrática, tal vez— con participación de organizaciones y personas que no representan a los Estados miembros del Sistema de Naciones Unidas, pero que son fundamentales para la conservación de la biodiversidad.  En esta oportunidad, la zona verde va mucho más allá.

La zona verde se extiende por un área que contiene stands que combinan la representación de organizaciones académicas y civiles que trabajan en la preservación de la biodiversidad con nuestros emprendimientos, casi todos eco-sostenibles y, múltiples eventos culturales, atractivos para el público en general.  Al caminar por la zona verde —y su apéndice, el circuito de la biodiversidad— pulula la música, de todos los géneros, las exposiciones de creatividad y la gastronomía que, en Cali, alcanza su clímax.

En Cali no puede faltar el baile y la fiesta, por eso, la oferta cultural de estas áreas trae consigo cinco días de conciertos gratuitos para la gente, en donde era imposible que faltara la salsa, con la presentación de Rubén Blades —que aquí es casi un lugareño más— junto a nuestro grupo Niche. Por doquier se escucha la exaltación de estos conciertos, pero también, se vive otro tanto de música del pacífico y género urbano, entre otros.  Así, la zona verde y el circuito de la biodiversidad es una fulgurante explosión de activaciones culturales en donde las personas bailan, toman innumerables fotos para el recuerdo —e Instagram— y acceden a productos que, normalmente, no vemos en nuestras tiendas, además de conocer a fondo sobre la biodiversidad, incluso, aquella perdida por nuestra avaricia humana, también.

Pero esta narración no solo es para tratar de hacer una leve impresión de lo que está sucediendo en Cali, sino para reflexionar sobre algo que trasciende todo lo anterior.  Se trata del imaginario colectivo de Cali y sus gentes.  Cali, la misma que estuvo sitiada por un mes en el llamado estallido social hace tres años; Cali, aquella que tristemente se hizo célebre por los cárteles de la droga de los años 90 del siglo pasado; Cali, la ciudad que presenta una de las tasas de homicidio más altas del mundo; sí, esa misma Cali está cambiando, de pronto, sin darse cuenta, esta COP se ha convertido en uncatalizador poderosísimo de esa transformación.  Nuestra ciudad ha vuelto a creer que puede ser una ciudad cívica y que puede recibir al mundo —como lo hizo en 1971 con los únicos juegos Panamericanos organizados en territorio colombiano hasta ahora.  Al recorrer las calles de la zona verde y ver a las y los caleños caminando alegres, puedo sentir una “vibra” distinta.  Una energía positiva, diferente incluso, a la que se siente en la propia feria de fin de año porque, en esta oportunidad, estamos descubriendo nuevas fronteras, en el sentido literal y figurado de la expresión — ¿Acaso habíamos hablado tan profundamente de ser una ciudad boscosa líder mundial en avistamiento de aves? por ejemplo— estamos evidenciando que podemos hacer lo que otros no pueden y que podemos desafiar el pesimismo y la propia psiquis de años de frustración social.

Cali es hoy, la esquina del movimiento de la biodiversidad de todo el mundo, referenciada en todos —sí, en todos— los grandes medios de circulación planetaria, como el New York Times, pero, sobre todo, Cali hoy es una ciudad que está encontrando en la COP16 un camino para la reconciliación consigo misma, para cambiar su propio imaginario y renacer como una ciudad singular, electrizante, posiblemente indescriptible.  Confiemos en el camino que abre la COP16 se profundice, y la salud medioambiental, mental y física de Cali mejore a partir del autorreconocimiento de que hay un camino distinto al que hemos recorrido en los últimos años, uno donde todos cabemos, y donde se pueda convivir en paz, con la naturaleza y entre nosotros mismos.  

Germán Escobar Morales

La COP16, la Biodiversidad y la salud

Mucho dieron de qué hablar las palabras de Luis Carlos Vélez sobre la importancia de la COP16 en su programa de radio; ¿hasta qué punto eso determinó su salida de La FM, no lo sabremos?.  Lo que sí está claro, es que ese desatino permitió entender un poco más la relevancia de la COP16.  ¡Repasemos! COP significa “Conferencia de las Partes.” ¿Quiénes son las partes y de qué se trata la conferencia? Los primeros son los Estados miembros del Sistema de Naciones Unidas, es decir, prácticamente todos los países del mundo —salvo algunos que aún no han sido reconocidos así, por sus particularidades geopolíticas y la conferencia, es un tratado vinculante a que dichos Estados acuerdan y firman.  En términos generales, hay 23 metas a 2030 que el mundo ha acordado en la COP sobre biodiversidad —hay otras COP, como la del cambio climático, por ejemplo—, entre ellas, aumentar los recursos destinados a su conservación y prevenir el comercio ilegal de la fauna silvestre. 

Y es justamente esa meta, relacionada con la comercialización de la vida silvestre, una de las más ligadas a un concepto relativamente nuevo en el planeta: una salud. —one health—, el cual no es otra cosa que el reconocimiento de que la salud humana y animal, son interdependientes, por lo que el ecosistema en el que ambos habitan, debe ser gestionado adecuadamente.  En palabras mas sencillas, compartimos un mismo planeta y, por tanto, es obvio que lo que afecta a unos, también lo hace con otros.  El ejemplo más cercano —y uno de los más hollywodenses—, es justamente la Pandemia por Covid-19.  De nuevo, vale la pena recordar algunos aspectos de esa epidemia planetaria.  Los estudios más rigurosos —por supuesto que estaremos siempre rodeados por las teorías conspirativas— sobre la filogenética del coronavirus 19 que nos afectó a los humanos hace cuatro años, lo rastrean de un coronavirus de los pangolines —un mamífero parecido a lo que conocemos como un oso hormiguero—, el cual desafortunadamente está en vía de extinción, al ser muy apetecido por ciertas culturas asiáticas y africanas, para consumo gastronómico y uso textil de su particular piel de escamas.

 

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A pesar de estar en el planeta por millones de años, igual que nosotros, lo cierto es que no es un animal doméstico —como los perros y gatos—, y se trata de una especie silvestre y amenazada debido a la voracidad humana.  El problema, comienza aparecer cuando “hecha la Ley, hecha la trampa,” como decimos en Colombia.  Su comercio, ilegal en gran parte del mundo, termina haciéndose en escenarios clandestinos, sin condiciones mínimas de salubridad, sucios y pequeños, en donde el humano y aquellos animalitos conviven muy estrechamente. Así, lo más probable es que en algún momento de 2019, un coronavirus de un pangolín voló por los aires y se posó en el tracto respiratorio de un ser humano, sin muchas oportunidades de prosperar, pero lográndolo, mutando con cada reproducción en las células huésped y, finalmente donde todo cambió, adquiriendo la capacidad de transmisión de humano a humano —ya no, de pangolín a humano—. ¡El resto, es historia!

Existen otros casos así que han logrado cambiar radicalmente nuestra historia humana.  Otro dramático ejemplo, con un comportamiento epidemiológico distinto por su forma de transmisión, pero igualmente dramático es el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), descendiente evolutivo de un virus de primates africanos.  El VIH también es una pandemia —epidemia en los cinco continentes— y ha cobrado la vida de más de 30 millones de personas, además de incontables costos sociales y económicos. 

Lo más preocupante de todo es que, estas infecciones zoonóticas están haciéndose más frecuentes, fruto de nuestra expansión geográfica sin control, la globalización y, sí, el comercio ilegal de la fauna silvestre.  De nuevo, volvemos a la COP16 y a Cali, Colombia.  En esta narración, dimos la vuelta al mundo y regresamos a lo que se discutirá en la “sucursal del cielo” —quienes no conozcan Cali, cuando lo hagan verán que sí lo parece—.  La Conferencia de las Partes en Cali, reforzará el trabajo de todos los Estados por las metas de biodiversidad y les hará seguimiento, seguramente encontrando deficiencias en casi todas, sino todas.  Del compromiso concienzudo de los Estados y sus gobiernos dependerá, no solo el bienestar de las especies animales y vegetales del planeta Tierra, sino nuestro bienestar y salud, como especie cohabitante de este mundo, como lo pudimos ver en la narración de esta columna. De ahí la suprema importancia de la COP16.

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En últimas, su relevancia no radica en que vendrán más de 12.000 personas a visitar a Cali y ver que no solo se trata de una ciudad violenta, sino de una urbe boscosa tropical, alegre, con exquisita gastronomía y con una multiculturalidad que aflora en cada esquina. Su importancia no reside en que vendrán, al menos 12 jefes de Estado y el Secretario General de las Naciones Unidas, llevándose a sus países una imagen más amable y estratégica de Cali y Colombia. ¡No¡ su impotancia es porque lo que se va a tratar en Cali, es de interés planetario y definirá, para bien o para mal, el futuro nuestro, de las generaciones futuras y del planeta de compartimos.  Así que, cuando alguien quiera ganarse likes o audiencia con pequeñeces de política doméstica con la COP16, hablemosle de las enormes repercusiones que este evento tiene y tendrá para todos..

Germán Escobar Morales.

De la trasnochada reforma, a la evolución del sistema de salud

Mucho se ha escrito y dicho sobre la reforma a la salud en Colombia, y por lo visto, no habrá mucha calma al respecto en los meses por venir.  A estas alturas, la preguntas no gira alrededor de si se aprueba o no en el congreso; más bien en torno a si lograremos verdaderos consensos alrededor de lo que nos debe unir y no separar, saboteados por las pugnas políticas o ideológicas.  Y creo que ese ha sido el problema, no solo respecto a la salud, sino otros tantos temas nacionales en los que la falta de propósito común nos ha evitado consolidar los avances que hemos logrado —contra todo pronóstico, en muchos casos—.

En este sentido, podemos enforcarnos nuevamente en el disenso, en las diferencias sobre el 1% que no está acordado, profundizándolas y situándonos en extremos irreconciliables. Me gusta una frase del presidente norteamericano Kennedy: “si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas.” ¿Será que podemos construir un sistema de salud donde podamos coincidir entre las distintas visiones? Bueno, no por exceso de optimismo, sino por persistencia en él, espero y creo que sí, solo hay que iluminar el camino para no perderlo.

 

Y ¿cuál puede ser el camino? Bueno, hace unos años, cuando no tenia ni siquiera en mi imaginación ser secretario de salud, hablaba de la Tercera Vía, la cual era un grupo de cambios estructurales de nuestro sistema, partiendo de sus elementos más nucleares —desde su propio diseño y los fundamentos teóricos de los incentivos originales—. Hoy, la tercera vía, ya no es una propuesta, sino, en gran medida una realidad que empieza a construirse —imperfecta pero decididamente—, desde Cali, con nuestro nuevo modelo de atención y que, estoy completamente convencido, es una ruta que le permitirá al país salir del atolladero al que hemos llegado con la convulsionada reforma.

Empecemos por uno de los puntos en los que el sector salud parece tener un consenso de discurso, la atención primaria en salud. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), la atención primaria en salud “tiene por objeto garantizar el mayor nivel posible de salud y bienestar y su distribución equitativa mediante la atención centrada en las necesidades de la gente tan pronto como sea posible a lo largo del proceso continuo que va desde la promoción de la salud y la prevención de enfermedades hasta el tratamiento, la rehabilitación y los cuidados paliativos, y tan próximo como sea posible del entorno cotidiano de las personas.”  Esto quiere decir que, necesitamos desplegar estrategias y programas que generen mayor acceso a servicios de salud —y sociales— y logren superar, de una parte, la atomización y falta de resolutivas de las redes de atención y, por la otra, la falta de integralidad y armonización de las diferentes ofertas sociales de los sectores que concurren al abordaje de los determinantes sociales de la salud. En palabras más sencillas, necesitamos llegarle al ciudadano a los lugares donde vive, se educa y trabaja resolviendo sus problemas y necesidades de forma integral y no separada, ineficiente, reducida y limitadamente.  Por ejemplo, ¿Qué caso tiene colocar un puesto de salud con médico 24 horas en una población apartada que no tiene agua potable, internet, electricidad, seguridad,y educación? Ampliemos más la discusión del sistema de salud ¿Qué se logra cuando una EPS tiene la ruta de atención integral de promoción y mantenimiento de la salud definida y establecida, si solo tiene 7 puestos primarios de salud en una ciudad de 2,5 millones de habitantes como Cali? —es una realidad—. ¿Por dónde es la salida entonces?

Pues, todo debería comenzar por reconocer que tenemos un reto que no hemos logrado superar, a pesar de un amplio espectro legal y normativo —comenzando por la propia Ley Estatutaria de la Salud—. El Gobierno Nacional ha comenzado a implementar un modelo de equipos básicos de salud, buscando que estos se encarguen de un micro territorio —un puñado de barrios o manzanas— y que intervengan los riesgos de esa población por fuera de los muros de los centros hospitalarios, muy en línea con la definición de la OMS de la atención primaria, en los entornos de las personas.  Aquí hay un elemento de política pública interesante, razón por la cual, en Cali le estamos apostando a ello. Ahora bien, creemos que existen puntos de mejora sustanciales en su conformación, la cual debería estar enfocada justamente en promotores de salud y bienestar, más que médicos y enfermeras(os), y hacer conexiones reales y operativas con los otros sectores sociales —en algunos de los textos “apócrifos” de la reforma pude plantear esto en varios de sus artículos—.  Esto lo pude presenciar, en la vida real, espontáneamente, en uno de mis acompañamientos a la labor de estos equipos casa a casa, cuando identificamos a una persona con sobrepeso y, no solo se le indicó que debía hacer actividad física —algo que parece más un cliché trasnochado de nosotros, los salubristas públicos—, sino que se le dirigió hacia los monitores deportivos de la zona, a pocas cuadras de allí.  Yo creo que estas pequeñas acciones sí cambian la vida de las personas, nuestra tarea ahora es darle método, consistencia y eficiencia a esta estrategia y, por supuesto, masificarla.

Hablemos ahora de otro elemento determinante y que debería ser parte de un acuerdo fundamental sobre cualquier reforma de salud: las capacidades institucionales del Estado para la Gestión del Riesgo en Salud de las personas y comunidades.  Esto no es otra cosa que contar con un Ministerio y Secretarías de salud con mayores instrumentos para ejercer, no solo su función rectora, sino una función más pragmática de coordinación de los agentes del sistema.  Aquí si debe existir un cambio de paradigma de lo que hemos hecho en los últimos 30 años, en donde el Estado se convirtió en una cosa amorfa y difusa, un espectador pasivo frente a la gestión del riesgo en salud por parte del resto de los agentes —la administración de la probabilidad de que un suceso de salud nos ocurra— que solo actúa cuando el paciente se queja o interpone una tutela.  Ésta si es una verdadera tercera vía, una forma distinta de hacer las cosas, un punto medio de encuentro entre los extremos que se confrontan ideológica y dicotómicamente —como si el mundo fuera realmente así—, “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario,” como lo dijo Willy Brandt.  Sí, el mercado no llega a algunos sitios socio-geográficos y, sí, el Estado es ineficiente en ciertas dimensiones.  Nuevamente, nuestro modelo de atención en Cali está construyendo esas capacidades en la Secretaría de Salud, pero eso, se los cuento en otra columna con mayor detalle.

Existen otros elementos que, como los anteriores, pueden ser materia de consenso en el debate que nos ocupará durante el trámite legislativo del proyecto de Ley de reforma a la salud presentado esta semana al Congreso, y que seguramente, trascenderá y ocupará parte de la agenda electoral en poco más de un año, como la sostenibilidad financiera del sistema, la política pública de innovación —la terapia génica ya es una realidad, para dar un ejemplo—, entre otros que tienen tanto de ancho, como de fondo. Sin embargo, si seguimos enfrascados en unas visiones limitadas del sistema de salud, aprisionadas por modelos del siglo XX —sin sesgo, tanto aquellos que buscan la estatalización, como los que piensan en el aseguramiento convencional, basados en teorías de seguros inaplicables a nuestro contexto actual—, no solo vamos a obtener leyes o regulaciones de letra muerta, al vaivén del espectro político, sino que, lo más grave, las personas sufrirán por falta de respuesta a sus necesidades de salud y dignidad humana. Así que, tal y como lo hicimos el día que jugó nuestra selección femenina de fútbol —con un Pascual Guerrero que demuestra por qué Cali es la capital deportiva de Colombia—, pongámonos la camiseta en esto, y no desaprovechemos la oportunidad histórica de llevar El sistema de salud que tanto esfuerzo nos ha costado construir, al siglo XXI, pensando fuera de la caja; la caja de viejas corrientes de pensamiento que podemos desafiar con innovación.

Germán Escobar Morales

Y ¿a dónde quedaron las enseñanzas de la pandemia?

Pareciera que nunca hubiera ocurrido y, sin embargo, sí que pasó.  La pandemia por Covid-19, no solo dejó más de 140 mil compatriotas fallecidos, sino que aún vemos sus consecuencias en múltiples dimensiones de nuestra realidad cotidiana, por ejemplo, en la recuperación de las coberturas de vacunación del Plan Ampliado de Inmunizaciones (PAI) o, el menor crecimiento económico del 80% de los países en la Tierra, comparado con el periodo pre-pandémico, según lo ha dicho el Banco Mundial.

Casi como un síndrome postraumático, nos resistimos a recordar aquellos días aciagos, de encierro, incertidumbre, miedo y desesperanza. Pero, lo queramos o no, es necesario aprender y recordar algunas lecciones de ese episodio de nuestra historia reciente, máxime cuando aparecen brotes infectocontagiosos como el actual por MPox —antes, conocida como viruela símica—, declarado en semanas recientes, como emergencia de salud pública de importancia internacional.

 

Pero, ¿qué tipo de lecciones de la pandemia son las que debemos tener presentes, más allá del coloquial uso o no del tapabocas? —recuerdo con cierta jocosidad la obsesión que llegamos a tener sobre su obligatoriedad por esos momentos en los que estuve en el Gobierno Nacional participando en la regulación del tema—. Bueno, una de las más importantes es que la globalización es un hecho inexorable, que interconecta a los seres humanos más que nunca y dificulta aún más la tarea de lograr la contención de brotes epidémicos.  Hagamos una suerte de comparación rápida sobre el cierre de fronteras durante el Covid, en donde creo que, como sucede en casi todo en la vida, los extremos siempre terminan siendo perjudiciales. Mientras que hubo países con una política de frontera abiertas desde muy temprano como Estados Unidos, aún estando en una fase de crecimiento de casos muy acelerada, hubo otros que tomaron la postura de “Covid cero,” como China.

Para el caso de Estados Unidos, las consecuencias fueron muy severas en número de casos y muertes, provocando el desborde de servicios de salud en ciudades como Nueva York.  Por el otro lado, la política de China también provocó el desborde la capacidad hospitalaria pero casi dos años después; mientras que el resto de la población mundial tenía un alto grado de inmunidad natural —porque “les dio Covid” — o por la masiva vacunación, en ese país, ni lo uno, ni lo otro, así que cuando el Covid terminó retornando al país en donde comenzó —paradójico ¿no? — y fue evidente el fracaso de dicha política, existía una enorme población en la cual el virus pudo diseminarse.  Para hacer la situación todavía más compleja, el brote tardío de China generó millones de replicaciones virales que pudieron terminar en alguna de las famosas variantes que agregaban complejidad al abordaje de la enfermedad.  Finalmente, éste último episodio del gigante asiático, cerró sus enormes y estratégicos puertos, causando traumatismos en la economía global, justamente cuando el mundo comenzaba a consolidar una leve recuperación.

Entonces, ¿cuál fue la verdadera lección de todo esto? La respuesta —como casi todo en salud— es un poco compleja. De una parte, es necesario reforzar los sistemas de vigilancia epidemiológica y respuesta ante epidemias locales que deben tratarse de contener de manera inmediata; por el otro, debe mejorar la coordinación de una respuesta internacional ante aquellos que se van a salir de ese primer momento, a ejemplo el de MPox que estamos viviendo.  En otras palabras, tenemos que prepararnos para los dos escenarios, uno donde sea imperativo el control oportuno, muy exhaustivo y una repuesta dura local —como sucede en los brotes de Ébola— y, otro, donde sabemos que las medidas domésticas no serán suficientes y nos preparemos para la internacionalización de la epidemia.

¡Ojo! El segundo escenario no significa no hacer nada, todo lo contrario.  Implica afinar y reforzar la vigilancia epidemiológica, entrenar y reentrenar al personal de salud y hacer mucha, pero mucha comunicación del riesgo, entre otros. Como me gusta la Historia, quiero hacer un símil a uno de los momentos más decisivos de la Segunda Guerra Mundial, el día D. Los alemanes sabían que la creación de un segundo frente por Europa occidental era inminente —una invasión anfibia—, lo que no sabían era, desde dónde llegaría, así que afinaron su red de espionaje y cayeron “redonditos” en la trampa de los aliados —por fortuna—, quienes les hicieron pensar que ésta se daría por el Paso de Calais y no en Normandía, donde finalmente ocurrió —valga decir que esto no quiere decir que la tuvieran fácil los aliados, pues sigue siendo el desembarco anfibio más grande de la historia y uno de los más sangrientos—.  Utilizando, pues, este ejemplo, debemos afinar nuestra red de inteligencia en salud —los sistemas de vigilancia epidemiológica— y colocar todas las baterías antiaéreas y fuerzas —instituciones prestadoras de salud, tecnologías, medicamentos, vacunas, talento humano— lo más estratégicamente posible para cuando llegue el “enemigo” —virus, bacteria, hongo—.

Ahora bien, existe otra gran lección que, al parecer; no la hemos aprendido del todo bien: la responsabilidad con nosotros mismos —autocuidado— y con los demás.  Para salirnos del trillado tema —aunque, no menor— del tapabocas, aventurémonos al terreno de la conducta humana, esta vez, en lo relacionado al brote presente de dengue —el más grande en la historia de las Américas—. En los países tropicales, es virtualmente imposible eliminar el zancudo transmisor pues, al final, estamos rodeados de selvas y bosques; sin embargo, algo que sí podemos hacer, es modular su reproducción en los sitios cercanos a donde vivimos.  En mis visitas a campo con nuestros equipos comunitarios —hemos hecho más de 14 mil inspecciones a hogares, una cifra que no deja de sorprenderme y por la cual me siento muy orgullo de los funcionarios de la Secretaría Distrital de Salud de Cali—, he presenciado en una gran proporción de ellos, la existencia de recipientes con agua almacenada y o estancada en patios, lavaderos, baldes, materas, etc., a pesar del trabajo de pedagogía que se ha hecho desde hace décadas para evitar que esto suceda.  Las razones para que siga pasando son múltiples y enredadas —sociológicas, socioeconómicas, culturales, en fin—, pero llegamos al mismo punto: el cuidado y la responsabilidad con nosotros mismos, las personas que viven en ese hogar y los que nos rodean.

Con el cambio climático, la mayor demanda y producción agropecuaria, y la globalización como catalizadores de más infecciones zoonóticas y humanas, los ciclos entre pandemias serán, con seguridad, más cortos. Si no logramos transformarnos, veremos mucho sufrimiento traducido en carga de la enfermedad, muertes, inestabilidad socioeconómica y política, hambre.  Queda en todos poderlo hacer. Desde los gobiernos, con mayores capacidades institucionales de sus sistemas sanitarios, portuarios y de protección social; desde las personas, con el cambio de los comportamientos propios, enfocados en la responsabilidad que nos asiste hacia nuestra vida y la de los demás; y desde la academia, con conocimiento útil para la toma de decisiones informadas.

Germán Escobar Morales

Ángel Barajas va por alcanzar el Olimpo

Los Juegos Olímpicos de verano, sin duda, el fenómeno global que moviliza e inspira masas con la grandeza forjada a través del esfuerzo, la disciplina y la tenacidad; que nos reúne alrededor de las delegaciones nacionales, inundando nuestro pecho con patriotismo y orgullo por los triunfos y reconocimientos que, a nombre de nuestra tricolor, obtienen los deportistas colombianos. Como si fuera poco, de tanto en tanto los juegos nos recuerdan su espíritu de hermandad y solidaridad, cuando un corredor ayuda a otro a terminar la maratón o un vencedor abraza al vencido, y hasta nos hace olvidar por un instante de las fronteras, como con la histórica foto entre las delegaciones de Corea del Norte y Corea del Sur; elevando el espíritu humano a sus valores más puros y sublimes.  También nos recuerda una de nuestras cualidades más interesantes, la búsqueda por ser mejores como especie, por superar los límites y transformarlos en barreras imaginarias que podemos vencer por “alcanzar el olimpo”.

Hablemos de Ángel Barajas, viva representación de lo anterior, escribiendo una página más en nuestra historia deportiva, con su paso a la final de gimnasia artística.  Aquel niño inspirado por un programa de televisión que buscaba incentivar la actividad física y la alimentación sana en niños, hoy es la cara de toda Colombia, poco acostumbrada a logros en este escenario.  Y también, nos deja un par de reflexiones sobre ¿Cómo podemos resaltar este hecho, más allá del registro en la página —digital— de los diarios y las redes sociales? Por supuesto que podemos empezar por la ponderación de la dupla de valores que anteriormente mencioné, dedicación y constancia, pero debemos ir mucho más allá. Les propongo que elaboremos un marco para ella un poco más complejo, profundizando sobre el vínculo que existe con las múltiples dimensiones de la salud.

 

La historia de Ángel nos invita a reflexionar sobre la salud mental, pero desde una perspectiva positiva, más que patológica. ¿Con qué habilidades psíquicas cuenta Ángel para éxitos tan altos y tempranos en su vida? Sin temor a equivocarme, me aventuro a hablar del manejo de las emociones, algunas de ellas tan difíciles de administrar como la frustración o la ansiedad —no por nada, la última terminó siendo la gran protagonista de Disney y la neocultura de los divertidos memes—. Hablemos de ellas, y es que precisamente, los olímpicos pueden llevarnos a su mala interpretación, asociada a la búsqueda del puntaje perfecto, olvidando la premisa de su refundador moderno, el barón de Coubertin:

 “lo más importante del deporte no es ganar, sino participar, porque lo esencial en la vida no es el éxito, sino esforzarse por conseguirlo.”

Lo que está de fondo, es que en la vida pocas veces, rarísimas veces, podemos alcanzar esa meta perfecta, por lo que la obsesión por ella puede llevarnos a un tornado psicológico en contra de nuestra autoestima. Ahora bien, la frustración y la ansiedad ligada a ésta, en pequeñas dosis y bien canalizadas, son combustible para la resiliencia, para sacudirnos e impulsarnos de nuevo, para la autodeterminación a mejorar y sobreponernos a la adversidad y a las derrotas.

De esta manera, la clave para éxito no está en suprimir estas emociones, sino en todo lo contrario, reconocerlas de forma consciente, transitar por ellas asertivamente, desarrollar mecanismos para gestionarlas y usarlas a favor para sobreponernos a los retos y fracasos y, así, la recompensa estará garantizada con, y sin el puntaje perfecto. 

Esta gran lección, es de especial relevancia en nuestros tiempos y sociedades, llena de frustraciones ante la desigualdad social, machacada aun más por las vidas aparentes —aparentosas— en unas redes sociales y acentuada por la hostilidad de otras. No es extraño, pues, que, en una ciudad como Cali, de la cual ahora soy Secretario de Salud, existan 120 mil personas con diagnóstico de algún trastorno de salud mental y que, para el caso específico de los jóvenes, el trastorno de ansiedad sea el más prevalente, con un 27% del total. ¿Qué hacer ante este panorama? Bueno, al igual que nuestro gimnasta olímpico, necesitamos producir mecanismos que permitan canalizar la frustración social hacia la construcción colectiva de equidad, prosperidad y garantía de derechos, sobreponiéndonos al pesimismo, los sobrediagnósticos, la fracasomanía Hirschmaniana, la inercia del “piloto automático” de cómo se han hecho las cosas por décadas. 

Volviendo a Cali, desde el sector salud estamos, no solo generando propuestas, sino pasando de la retórica o la teoría, a la práctica, no del 10 perfecto olímpico, sino del esfuerzo —entusiasta— de la compleja realidad social.  Primero, estamos implementando una estrategia con enfoque comunitario, para potenciar los factores protectores en salud mental, como las redes de apoyo e intervenciones de escucha activa, además de una caja de herramientas holística que utiliza actividades con evidencia, pero alternativas, como el mindfulnes o la terapia de contacto afectivo —abrazoterapia—, entre otros. En segunda medida, estamos cambiando el paradigma del Estado como agente pasivo frente a la gestión de los riesgos individuales, en este caso en salud mental, para crear puentes operativos concretos entre dichos entornos comunitarios y el institucional, triangulando la información asociada con los agentes del aseguramiento y la prestación de servicios de salud. Dicho de otra manera, estamos creando capacidades institucionales en la Secretaría de Salud para ir más allá de la función rectora clásica en el modelo del Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) hacia una de coordinación y facilitación de relaciones de valor entre agentes —en lo que hemos llamado, una gobernanza renovada—. Tercero y, como factor dinamizador y muy asociado con la meta ambiciosa del alcalde Alejandro Eder de convertir a Cali en un hub de las américas en inteligencia artificial —IA—, estamos promoviendo la interoperabilidad de datos para llegar al tiempo real en la gestión de la información de las personas y la aplicación de algoritmos de IA que aprendan de nuestros aciertos y, también, desaciertos.

sabemos que el reto es mayúsculo, los presupuestos limitados y las complejidades profundas; sabemos que ir en contra de la corriente es duro y que hacer algo por primera vez es más difícil que construir un camino, más arduo que seguir uno ya trazado. Sabemos que la meta se ve lejana y tal vez muchos nos desean el fracaso, paro también sabemos que podemos y deberemos superar muchas pruebas antes de llegar a este objetivo, pero ¿acaso no es ese el mensaje de los Juegos Olímpicos?

En definitiva, siguiendo la proeza de Ángel Barajas, en Cali no nos pensamos rendir ante la frustración que puede provocar la complejísima situación de salud mental que padece la población, por el contrario, ésta nos impulsa a la innovación y la exploración de nuevos paradigmas de gestión de la salud.  Esto se traduce en dos niveles de relato e intervención: el primero, el poblacional, en el cual le apuntamos al desarrollo de capacidades institucionales y comunitarias.  El segundo, el individual, el cual se soporta en el inicial, con el objetivo de entregar instrumentos para la gestión de las emociones o riesgos en salud mental, y su gestión oportuna, a través de la provisión de servicios de salud coordinada y facilitada por la propia Secretaría Distrital de Salud.

Germán Escobar Morales

Inmune a las elecciones

Bueno, por fin hemos salido de otro periodo más de campañas electorales.  Al tiempo que hacen parte de ese preciado mundo de la democracia, nos confrontan con sus “lugares comunes” La mezquindad de algunos candidatos, las propuestas vacías e irreales —¡sí! Como la piscina del colegio prometida por el personero—. Sin embargo, y pese a todo lo anterior, estas elecciones locales tuvieron su particularidad, al tratarse de las primeras que se dan en medio de un Gobierno Nacional de izquierda, contextualizadas en el marco del fenómeno de jóvenes y comunidades más activas políticamente desde las protestas sociales de hace dos años.

Ahora, más allá del debate —casi morboso— de ganadores y perdedores del “día después,” queda un mensaje contundente de gran parte del país: hay un creciente electorado cada vez más informado y exigente, que busca un modelo de desarrollo de oportunidades y no meros subsidios desordenados y sin generación de capacidad humana; además, de la distribución inteligente y “visible” de los recursos públicos al servicio de todos.  Por otro lado, es evidente que el problema creciente de seguridad, en prácticamente todo el territorio nacional, ha sido un factor determinante en la decisión de las urnas del pasado domingo, pues se percibe como un fracaso del enfoque social de varios gobiernos departamentales y municipales, junto con un ejercicio negligente de la legítima autoridad del Estado.  Esto refleja que muchos de los jóvenes que protestaron en 2021 de manera pacífica, en el fondo, no están de acuerdo con generar un statu quo de desorden social, pues “una cosa es una cosa, y otra es otra.”

 

Dicho todo lo anterior, el país político entrará, entonces, en una dinámica distinta, pero de lenta consolidación, pues durante los primeros meses de los nuevos gobernantes locales, estos necesitan del Gobierno Nacional para contar con preciados recursos para sus nacientes planes territoriales y éste, a su vez, los necesita para mantener cierta gobernabilidad. Podemos anticipar que en el 2024, todos “se hagan pasito,” en una tensa calma, muy al estilo de las costumbres y buenos modales que caracterizan a los cachacos o políticos avezados.  Y es precisamente, este panorama el que siga permitiendo que la reforma a la salud avance en el Congreso de la República.

El proyecto de Ley 339 —que tiene más parches que la carrera 7 en Bogotá— con seguridad, será aprobada en plenaria de la Cámara, más aún, considerando que los Representantes de esta Corporación, han tenido ya suficiente tiempo para solidificarse como un puente entre sus regiones y el Ejecutivo, siendo ahora una pieza valiosa de esa relación de co-dependencia de la que hablé arriba.  El problema de este juego institucional, que en abstracto pudiera, incluso, dar la sensación de un arreglo funcional, es que está al servicio de agendas personales —pequeños caudillismos— y no de grandes idearios programáticos de Partidos, al haber inconsistencias profundas y frecuentes entre lo que expresan sus direcciones y el quehacer de las bancadas en el Capitolio Nacional, como todos hemos podido ver por los distintos medios de comunicación.

Aprovecho aquí para, no solo reiterar mi posición, sino insistir en ella. La agudización de la crisis del sistema de salud que estamos viendo en los últimos meses, producto de la deliberada acción y omisión del Gobierno sobre las EPS —llegando al problemón de Sanitas y Cruz Verde—, también viene de fallas estructurales acumuladas a lo largo de los años que no han sido corregidas.  Por eso, creo que el país sí requiere de una reforma al Sistema General de Seguridad Social en Salud, no obstante, la que está en trámite en el Congreso tiene errores de diseño crasos, fórmulas provenientes de arquetipos ideológicos totalmente fallidos —con abundante evidencia que lo demuestra— y, para rematar, un texto legal tan incoherente, que su reglamentación será más un rompecabezas sin forma que algo realmente ordenado. Por eso, he venido exponiendo mi Tercera Vía, que permite que el Estado asuma un papel protagónico en la gestión del riesgo en salud de las personas y poblaciones y no sea solo un espectador —casi inútil e inoportuno— de la misma, por parte de agentes modulados por las fuerzas de un mercado altamente imperfecto. 

Sin embargo, a pesar de que los llamados que muchos han hecho en las tarimas y plazas públicas, redes sociales y en los medios tradicionales sobre los malos planteamientos de esta reforma, y que posiblemente hayan tenido también un efecto en el reciente resultado electoral; por ahora, no parece haber un impacto real en su recorrido legislativo, en medio de la yuxtaposición de intereses políticos, la desfiguración de los Partidos y la persistencia de algunos en refundar nuestra construcción socio-económica reciente. ¿Qué nos espera entonces? Posiblemente la sensatez de la Corte Constitucional, el vació de un sistema implosionado y la deriva de cientos de miles de pacientes, hasta que podamos reconstruir las ruinas que están quedando.

Germán Escobar Morales.

Petro y el espejo de Allende

Este pasado 11 de septiembre se conmemoraron cincuenta años del horroroso golpe de Estado al Gobierno de Salvador Allende, en Chile. Este hecho, no solo significó la muerte del presidente de los chilenos —oficialmente, un “digno” suicidio, en medio de teorías alternas de asesinato—, sino, el comienzo de un terror inimaginable para miles de personas y familias que sucumbieron ante la dictadura de Pinochet, que padecieron sus torturas, cuyas vidas fueron tomadas sin el más mínimo respeto por los derechos humanos. Por supuesto, además de lo anterior, se perdió el valor fundamental de la democracia para el país austral y, como si fuera poco esta tragedia, fue pieza estructural de la macabra ‘Operación Cóndor’, que creó un bloque en el cono sur de nuestro continente, en donde nadie que tuviera ideas distintas al régimen imperante, pudiera escapar.

Bueno, esta pequeña narración de ese episodio tan difícil de nuestra historia latinoamericana debería dejarnos lecciones que no permitan que algo semejante pueda pasar de nuevo, algo tan lesivo para la dignidad y existencia humana.  Creo que los actos conmemorativos y la presencia de varios jefes de Estado en Santiago de Chile, recordando el golpe, es un statment político que debe ir más allá de la actual coyuntura de Gobiernos de izquierda, y perseverar en el empeño de la región de no olvidar semejante tragedia. Desafortunadamente, en nuestro propio vecindario existen aún ejemplos en donde la democracia y sus derechos están seriamente amenazada, si es que no perdida por completo, lo que nos deja en un escenario contradictorio y —hay que decirlo—, frustrante e indignante.

 

Ahora, luego del incuestionable deploro que merece el golpe militar a Allende —sin ningún atenuante— parece singular encontrar algunas semejanzas entre las intenciones del gobierno Petro —es difícil darles la connotación de políticas, aún— y el programa de gobierno del inmolado Allende.  Empecemos por el agro. La Unidad Popular —coalición política que llevó a Allende, y la izquierda, al poder por medio de las urnas— profundizó con gran ahínco la repartición de tierras mediante expropiaciones forzadas, con y sin compensación de los otrora latifundistas; sin embargo, más allá de la legalidad de las acciones gubernamentales, en algunas regiones, este proyecto político fue tomado por mano propia por ciertos grupos campesinos y civiles, invadiendo predios, lo que dio lugar a un conflicto social violento, esto es, micro guerras civiles entre ciudadanos que defendían sus intereses por la tierra, sea heredada o sea reclamada —¿suena familiar para nosotros por estos días? —. Por su parte, el gobierno Petro comenzó por un acuerdo histórico —sin ironías ni histrionismos— con los ganaderos para la compra de más de tres millones de hectáreas —que se ha diluido en la operativización luego del anuncio—, entregado una pequeña cantidad de tierras confiscadas a los narcos y ha coqueteado con la figura de la expropiación.

Pasemos a la educación.  Allende pretendía darle vida a la ´Escuela Nacional Unificada (ENU)´, como un gran instituto de educación Estatal, a través del cual se educara a la mayoría de la población, por supuesto, haciendo énfasis en las áreas vulnerables. Por su parte, en medio del debate que comienza sobre la reforma Estatutaria a la educación presentada al Congreso por el Presidente Petro, su gobierno busca una expansión de la educación posmedia y superior, a través del Estado, soslayando en cierta medida el papel de la educación privada. Hay que decirlo, el programa del ENU estaba enfocado en educación básica-media y el de Petro, en educación superior.

Otro punto compartido por ambos, algo más sutil — y que, creo, debe manejarse con mucho cuidado— es el relacionado con las fuerzas militares. Para simplificar esto, ambos coinciden en la “democratización” de la carrera militar, flexibilizando el proceso para el ascenso en la cadena de mando, buscando que haya una rápida sucesión de las cúpulas formadas por entre la doctrina burocrática militar, en favor de personas con una formación más “fresca” y libre de esto.

Hablemos ahora de un ámbito algo más abstracto: el llamado “poder popular”, algo que está en directa relación con la materialización democrática. Aquí, las similitudes son mucho más evidentes. El programa de Allende contemplaba los Comités de Unidad Popular y los Consejos Comunales Campesinos, como mecanismos de acción directa de las comunidades sobre la gobernanza de sus territorios, sin embargo, su implementación real fue poco efectiva y la retórica le ganó a la gerencia, una vez más.  Por estos lados, el Presidente Petro ha hablado varias veces sobre la creación de “Asambleas Populares”, aparatos extraños a nuestro orden jurídico.

Finalmente, en la dimensión económica, Allende impulsaba la transición hacia un modelo francamente socialista, con la instauración de “áreas económicas”, comenzando por una grande Estatal —área de prosperidad social—, catalizando la expropiación de múltiples empresas privadas, lo que, junto con todo lo anterior, incrementó enormemente el gasto social más allá de las capacidades fiscales de Chile, compensado con una espantosa emisión de dinero que, por supuesto, llevaría a una hiperinflación y sería uno de los gatillos de su trágico final.  Si bien es cierto, el Presidente Petro juega dentro del capitalismo —deja una extraña sensación su confusa disertación en meses pasados, en Alemania, sobre la caída del Muro de Berlín—, comparte la visión de un aparato del Estado cada vez más grande, que jalone el crecimiento económico, presionando fuertemente a la regla fiscal.

Así pues, más allá de esta corta radiografía, encuentro pertinente hacer algunas reflexiones.  Por un lado, es cierto que el o los modelos económicos neoliberales, no han podido dar completa respuesta a la pobreza y desigualdades de nuestros países latinoamericanos, sin embargo, es igualmente cierto que la vía chilena al socialismo parecía haber sido un estruendoso fracaso ya antes del estruendo de las bombas sobre la Moneda.  Por otro lado, el mundo de hoy es mucho más dinámico, interconectado, diverso de pensamiento y expresiones individuales y colectivas.  Hay que reconocer que Colombia necesita —y lo expresó en las pasadas elecciones— transformaciones sociales, al campo, a la educación, a la salud; hay que admitir, también, que es imperativo ser un país más justo y equitativo. Sin embargo, me cuesta trabajo imaginar que fórmulas de hace medio siglo puedan simplemente aterrizar al año 2023.  Yo prefiero imaginar una tercera vía para impulsar la innovación social, en donde el Estado tenga un rol modulador, coordinador e impulsor del sector privado, garantizando plenamente los derechos fundamentales y superando las necesidades básicas insatisfechas con extrema eficiencia en el gasto, fomentando la prosperidad a través de una explosión de iniciativas diversas, productivas, de valor.  Para ello, hay que superar la visión asistencialista de subsidios sin generación de capacidad humana y movernos hacia un nuevo tejido social, que promueva la diversidad de emprendimientos individuales y colectivos.  Espero que Colombia encuentre esa tercera vía y no se deje llevar por paradigmas fracasados, tanto de derecha, como de izquierda.  Queda, pues, el llamado de estas líneas para que el debate nacional sobre las reformas logre diseñar esas alternativas. Queda la esperanza de una Colombia moderna, que por fin entre al siglo XXI y supere su violencia, que encuentre un proyecto común de largo plazo en el que todos quepamos y podamos desarrollar nuestro máximo potencial, sin depender exclusivamente de “la mano dadivosa de un gran hermano Estado.”

Germán Escobar Morales

La hora de las propuestas

Por: Germán Escobar Morales

Como se suele decir, la política es dinámica y ¡sí que lo ha sido en este año de reforma a la salud! En otro capítulo, algo inesperado por muchos, esta semana la Cámara de Representantes votó por crear una subcomisión con el propósito de re-escribir el proyecto de Ley de reforma del sistema de salud, buscando el tan ansiado y esquivo consenso nacional. Comencemos por el principio, ¿Cómo puede explicarse esto desde el punto de vista político?

 

Bueno, desde el pasado 20 de julio en la instalación del Congreso, el Presidente Petro ha anunciado la búsqueda de un “acuerdo nacional,” lo que en palabras sencillas podría traducirse en la conformación de una coalición de Gobierno, sin el compromisorio nombre.  Sin embargo, desde aquel discurso, hemos visto posiciones erráticas, tanto del Presidente, como de su Gabinete, las cuales no han dejado ver una ruta de acción consistente y concreta para lograr acuerdos políticos en torno a las reformas sociales que pretende esta Administración, no solo con las bancadas de los diferentes partidos, sino con actores determinantes de la sociedad civil, muy especialmente, los gremios económicos.  En este orden de ideas, este hecho, pareciera responder, de forma pragmática, a ese propósito de unión frente a la que fue, hasta hace unos meses, la reforma priorizada por el Presidente.  Ahora, en un sentido un poco más cotidiano, este hecho también es un síntoma del ecosistema político del país, el cual, en medio de las campañas para las elecciones regionales generales y el desgaste en la opinión de la Presidencia Petro, parece evidente que el Gobierno no cuenta con las mayorías para desempantanar un texto de reforma que desde el comienzo ha causado tanto debate y que, luego de múltiples remiendos, parece más bien dejar descontento a todo el mundo —incluidos a sus propios autores intelectuales—.

Bueno, una vez analizado el contexto de la naciente subcomisión, la pregunta del millón es ¿Qué resultará de ella? Volvamos al comienzo de la columna: la política es dinámica —y difícilmente predecible—. Todo dependerá de la verdadera voluntad de acuerdo, en particular, de los extremos ideológicos que participan en el proceso.  Durante las discusiones que se dieron en el primer trimestre del año, pude presenciar de primera mano el espectro de pensamiento en la entonces “coalición de Gobierno” y, ciertamente, el famoso 1% que faltó por conciliarse —y que era la esencia de la reforma—efectivamente no pudo salir adelante por los paradigmas ideológicos inmodificables de algunas personas que participaron del proceso. En esta ocasión, el resultado dependerá de si se llega a la mesa con dichas posiciones o existe apertura honesta a co-construir un proyecto alternativo.  Aquí, quiero ser claro sobre algo; los paradigmas a los que me refiero están, tanto en la línea más fuerte de la derecha —el establecimiento—, como en la de la izquierda, en palabras sencillas, en quienes pretenden conservar el estatu quo sin mayores cambios y quienes buscan una re-fundación de todo nuestro modelo de salud —económico y social—.

Aquí entro yo, nuevamente, a llamar por una “tercera vía” para reformar nuestro sistema de salud; misma que he planteado tanto en un pequeño libro, como en distintas propuestas desde la sociedad civil, de diversas formas.  La tercera vía, es flexible, es decir, puede implementarse en una versión “fuerte” o en otra “blanda.” Dicho lo anterior, quiero rescatar sus principios o filosofía, comenzando el desarrollo de un rol del Estado protagónico en la gestión del riesgo de las personas y poblaciones, coordinando debidamente a los agentes y no, simplemente, un ejercicio rector expectante y casi de testigo mudo frente a múltiples circunstancias diarias de millones de personas.  Además de lo anterior, modula las fuerzas de mercado en la propia conformación de las redes de atención, reconociendo que el mercado es importante pero que éste por sí solo si puede llegar a soluciones que no necesariamente estén totalmente coherentes con la garantía plena del derecho fundamental a la salud. Finalmente, en una dimensión más técnica, la tercera vía, impulsa una idea que no es mía, pero que creo de vital importancia para el futuro de nuestro sistema de salud, con o sin reforma: el cálculo de la UPC —que determina el presupuesto— mucho más ajustado a las concentraciones de riesgos, pero, sobre todo, con incentivos al desempeño y los resultados en salud de los agentes.

Como he venido comentando en esta misma columna, en estos meses de debate de la reforma, he visto con cierta tristeza la ausencia de propuestas concretas más allá de la dicotomía planteada por los extremos paradigmáticos; sin embargo, la coyuntura nuevamente nos da la oportunidad de generarlas, “pensar fuera de la caja” y encontrar soluciones nuestras y no importadas de líneas de pensamiento muy ajenas a nuestra realidad como un país emergente, del siglo XXI, con grandes capacidades y logros sociales, al tiempo que oscuros y terribles problemas en nuestro tejido social.

¿Colombia sin reforma a la Salud?

Ciertamente, este primer año del Gobierno del Presidente Petro estuvo lleno de agitación política y de la opinión pública, siendo especialmente relevante lo acontecido en el sector salud con el proyecto de reforma liderado, en buena parte, por la ya exministra Carolina Corcho.  Sobre tal efervescencia, creo que se puede decir que no se ha tratado solo de forma, sino de fondo.  La Dra. Corcho provocó un debate sin precedentes recientes en el ecosistema de salud, dejando de lado los argumentos sobre mecanismos de ajuste de riesgo o incentivos a la competencia y el mercado en salud, por aquellos relacionados con la visión ideológica acerca del neoliberalismo y sus efectos nocivos sobre la garantía plena del derecho fundamental a la salud —¡ojo! No califico la jerarquía de unos sobre otros; luego de estos meses de arduo enfrentamiento de ideas, creo que el experimento social de generar una discusión nacional sobre el sistema de salud, a partir de paradigmas de pensamiento distintos ha resultado, por lo menos, interesante—.

Ahora, también debo decir que este debate sobre la reforma a la salud ha dejado ver cierta esterilidad en escenario de propuestas concretas, al tiempo que estructurales, para abordar los problemas que tiene nuestro sistema de salud y evolucionar hacia uno que pueda cumplir con nuestro contrato social —garantista— y superar sus bolsillos de ineficiencia y desigualdad. Atestigüé en algunos momentos, con algo de tristeza, cómo el propio sector cayó en una espiral de pugnacidad que lo llevó a una falsa dualidad de reforma sí o no, contraponiendo los bandos que defendían a una u otra posibilidad y obviando —con recelo—a quienes buscáramos alternativas distintas a ese esquema binario de pensamiento, anticuado y poco congruente con una realidad llena de complejidad.  No puedo evitar pensar que, este ambiente dicotómico es casi una copia del esquema histórico de la Guerra Fría, donde no cabían ideas o líneas de pensamiento, más allá de las dos formas de ver el mundo imperantes —e impuestas—desde el norte para todo el sur global.

 

Así pues, en este entorno enrarecido y lleno de ceños fruncidos, se le sumó el hecho de la política electoral, pura y dura, y no solo por las elecciones locales que están cada vez más próximas, sino por los acontecimientos relacionados con la pasada campaña presidencial.  Sin duda, hay que esperar el avance de las investigaciones y el eventual juicio sobre Nicolás Petro, en el marco de la institucionalidad, pero sus primeras declaraciones y el hecho de que esté vinculado a tan truculento escándalo, siendo el hijo del Presidente —aún sin ser criado por él, como lo expresó en aquella resonante entrevista—claro que tiene y tendrá repercusiones políticas.  Específicamente, es muy probable que la reforma a la salud, que ya venía cojeando en su trámite en la Cámara de Representantes, no logre su primera prueba de fuego en la plenaria de dicha Corporación. Ya se ha dicho como el proyecto de Ley se ha vuelto una colcha de retazos que, no dice ni lo que el Gobierno quisiera escuchar, ni lo que gran parte del establecimiento desea preservar.  Para ser sinceros, ya no me parece un Frankenstein, como coloquialmente se le ha denominado, sino más bien un Minotauro, que está encerrado en el laberinto del Congreso, devorándonos en discusiones desgastantes.

Entonces ¿qué salida le queda al Gobierno —y al país— para poder reformar el sistema de salud? Bueno, la salida de la vía administrativa.  Por supuesto, pendiente del pronunciamiento sobre su exequebilidad por parte de la Corte Constitucional, el Gobierno se ha propuesto la intervención intersectorial sobre la Guajira, en el marco de la declaratoria de una emergencia social y económica, que lo faculta a emitir Decretos Ley.  Queda claro que esta ruta abre una ruta de generar una reforma a la salud de facto en este territorio, sin la tortura del proceso legislativo.  Desde luego, muchos miran con inquietud y desconfianza estas facultades extraordinarias; otros, como yo, poseídos por ese optimismo que a pesar de la crudeza de la realidad evita irse, pensamos que es una oportunidad.

¡Sí! La vía administrativa representa una oportunidad en varias dimensiones para todos.  En primera medida, le permite al Gobierno y más concretamente al Ministro de Salud, implementar algunas de sus ideas en un territorio en donde el mercado en salud más fallas presenta lo que, a mi juicio, hace cierto sentido técnico y, desde la perspectiva política, podría ser el comienzo de logros concretos que representen una mejor percepción ciudadana. En segunda instancia, esto podría ser un laboratorio o piloto, el cual generaría para el país lecciones valiosísimas de política pública, mismas que eventualmente pudieran plasmarse en una reforma mucho más exhaustiva y soportada en evidencia empírica. Tercero y, tal vez lo que veo como lo más significativo, es que abre una posibilidad de construcción conjunta: lejos del debate político del Congreso, el Ministro Jaramillo tiene el chance aquí de convocar a distintas fuerzas civiles —pacientes, academia, gremios, etc—para diseñar en conjunto un microsistema que pueda operativizar la Atención Primaria en Salud con enfoque diferencial, articular debidamente a los distintos agentes tanto de salud como de otros sectores, conformar unas redes de atención sanitaria que modulen debidamente las fuerzas de mercado, al tiempo que se incentiva su calidad y eficiencia, entre otros aspectos, todo bajo unas capacidades reforzadas de coordinación por parte del Estado —lo que yo he llamado la tercera vía para reformar al sistema de salud—, cambiando así el ambiente confrontacional que hemos tenido en los meses pasados.

Ciertamente, el balón está en la cancha del Gobierno y el Ministro Jaramillo para poder hacer un segundo tiempo de la reforma a la salud con un solo equipo: Colombia. Y es que, hablando de fútbol, creo que podemos rescatar ese espíritu de trabajo colectivo de nuestra poderosa selección femenina de fútbol que nos mostró que podemos hacer cosas grandes si estamos unidas(os) en un solo propósito nacional.  En este caso, como muchas y muchos, creo que nuestro sistema de salud necesita reformas para responder mejor a sus objetivos sociales, pero también persisto en mi invitación a salir de los arquetipos ideológicos y pensar en fórmulas distintas, concretas, innovadoras y, sobre todo, nuestras y construidas colectivamente —con las y los nadies, los grupos étnicos, los académicos y profesionales de la salud, los pacientes, etcétera, etcétera—­ para tan grande y ambiciosa meta.

Germán Escobar Morales

La reconstrucción del sector salud

Como si se tratase de la bomba de Hiroshima, luego de ocho meses de la administración de la exministra Carolina Corcho, el sector salud queda en un estado donde, prácticamente, solo quedan ruinas que reconstruir.  Más aún, la reforma a la salud de la ex ministra fue una bomba al interior del propio Gobierno, que desencadenó una crisis ministerial antes de haberse cumplido su primer año y otros cismas dentro de los partidos políticos más grandes de la otrora coalición. Existen pocos precedentes recientes de semejante inestabilidad política en nuestra democracia, a tan corto tiempo de haberse posesionado un presidente.

Volviendo al sector salud, la crisis que la ex ministra anticipó muy tempranamente en su administración, sin duda llegó, y dejó desolación en un ministerio y un ecosistema que, aunque está acostumbrado a éstas, no había vivido un escenario así en sus treinta años de creado, luego de la Ley 100 de 1993.  Comencemos por las EPS; claramente, el anuncio de la intención de su desaparición y luego, las distintas versiones del texto de proyecto de Ley que, con eufemismos, buscaban lo mismo, sumado al hecho del retraso de giros por parte de la ADRES, ha sido un cataclismo para sus estados financieros, sin ninguna condición para que algún inversionista piense siquiera en capitalizar alguna de ellas —creo que ni el propio Elon Musk haría una locura semejante, en este contexto—.

 

Por su parte, los prestadores de salud quedaron igualmente afectados. En general, todos con carteras —como es costumbre— que no se subsanan, en parte, por la situación arriba descrita del aseguramiento.  El vigoroso sector privado de la prestación, está prácticamente paralizado, igualmente, ante la ausencia de cualquier inversión significativa frente al escenario de una reforma incierta y el sector público, esperanzado en la estatización del sistema de salud, viendo un chispero de promesas incumplidas y jugado por una reforma que hoy, sigue estando tan embolatada como hace tres semanas.

Pasemos al grupo más importante de todos, la razón de ser del sistema de salud: los pacientes. Sin duda, han sido los más afectados. Todo el contexto descrito —además del irresuelto, y yo diría, no gestionado desabastecimiento de medicamentos— ha afectado fuertemente su atención rutinaria.  Según la Procuraduría General de la Nación, las quejas por deficiencias en la atención han aumentado y, en el día a día, es notorio esto.  En este punto, me parece absolutamente inaceptable, desde el punto de vista ético, que la discusión de la reforma a la salud haya sido llevada de tal manera que se provocara esta crisis, sin considerar los efectos inmediatos en la vida, la dignidad y la salud de tantas y tantos.

Otro aspecto de esta Hiroshima de la salud, que no aparece en los titulares de prensa pero que es muy importante, es el desempeño misional del Ministerio de Salud y Protección Social, el cual ha quedado devastado en este tiempo.   Ocho meses después, no se sabe absolutamente nada de la implementación del Plan Decenal de Salud Pública 2022-2023, el cual es la hoja de ruta para el trabajo intersectorial en busca del bienestar de la población.  Luego del Plan Nacional de Desarrollo, diría que es el instrumento de política pública más poderoso del Gobierno para transformar al país.  Tampoco existe el más mínimo avance en la política farmacéutica, por ejemplo, en lo relacionado con el reconocimiento del valor terapéutico de la innovación.  Por otro lado, no se explica cómo no se ha avanzado en la implementación de la historia clínica interoperable, algo que prácticamente estaba listo a final del anterior Gobierno —y que, con algo de olfato político, esta administración hubiera podido alzarse con un logro temprano, así no fuera totalmente suyo—; lo mismo sucede con el Plan Nacional de Enfermedades Huérfanas, el Plan de Salud Rural —compromiso del acuerdo de paz con las FARC—, entre muchos otros temas.

Como lo apuntaba al comienzo de esta columna y como efecto colateral —tal vez más importante que el efecto sobre el propio sector salud—, la forma en que esta propuesta de reforma se ha dado, terminó por destruir políticamente la coalición de partidos con el Gobierno, algo que las bases ideológicas del petrismo celebran, pero que, analizado sin la pasión de estos temas, conduce al Presidente Petro a un escenario de retos importantes en su gobernabilidad que, según sus propios anuncios, tratará de superar por medio de la gente en la calle, lo que sin duda, lesiona la institucionalidad del país y, eventualmente, la democracia bajo un orden constitucional definido.  Más aún, la fractura evidente al interior de los partidos políticos de la U, Liberal y Conservador, no es en sí mimo un triunfo sobre el Establecimiento, sino el camino hacia la política de intereses individuales, sin una visión más grande que el de un puñado de electores representados por cada político por separado. ¡Por algo, las democracias más consolidadas, tienen partidos igualmente sólidos!

Lamento, querida lectora o lector, no ofrecer hoy una columna más motivadora; pero prometo hacerlo en un futuro venidero. Esperemos que el nuevo ministro Jaramillo, un político recorrido, logre reconstruir este sector, luego de la bomba que le cayó, solo que ésta no fue enviada por un poder externo desde el aire, sino por un poder interno, al seno del Gabinete del propio Gobierno.

Germán Escobar Morales

“El monopolio de la salud por parte del Estado no es lo mejor”: Germán Escobar

El exviceministro de Salud, Germán Escobar Morales, en entrevista para Confidencial Colombia explica sus razones para considerar la idea de diseñar un sistema de salud estatal, como inconveniente.

¿Cuáles son los puntos del proyecto de reforma a la salud en los que usted como conocedor del tema no comparte?

 

Germán Escobar: Lo primero que hay que decir es que cualquier sistema de salud no importa si su es naturaleza publica, estatal, privada o mixta, necesita una revisión constante, arreglos, esto para ejecutar un diseño institucional muy robusto. La propuesta del gobierno rompe la gestión  integral del riesgo y la de las instituciones y entidades convirtiéndolas en  consejos, en unidades zonales de planeación, entonces esa desagregación  de funciones no garantiza la adecuada gestión; por otro lado durante  las conversaciones se ha pedido construir sobre lo construido,   eso quiere decir precisamente que hay que preservar lo que está funcionado y corregir las fallas pero  en los últimos días  la posición  del gobierno fue contraria a las propuestas, y se habló nuevamente de un aseguramiento monopólico exclusivo por parte del Estado con ese diseño institucional que reitero, no es el mejor.

¿Lo que ustedes proponen es que sea un sistema mixto donde haya participación del Estado pero que no les cierre la puerta a los privados?

Germán Escobar:  Si, esa es la base, que pueda existir un aseguramiento por parte de privados, entidades mixtas y de entidades públicas, con rol de aseguradoras como se ha venido dando, con mejoras, con mayores controles por parte del Estado.

¿Este sistema mixto de salud sería mayoritariamente estatal o mayoritariamente privado?

Germán Escobar:  en un periodo de transición sería mayoritariamente privado como lo tenemos en estos momentos. Seguramente con el paso del tiempo el sistema estatal podría ir creciendo ganando cobertura, ganando afiliados a medida que logren también mantener los objetivos, y esa sería la apuesta que el sistema estatal progresivamente pudiera ir adquiriendo mayores capacidades

¿Qué se debe hacer para solucionar las insatisfacciones que tienen los usuarios por el mal servicio de algunas EPSs?, porque si llegamos a ese punto en que se consideran necesariamente reformar la salud es porque hay unas fallas y esas fallas tienen que ver con las EPS.

Germán Escobar:  Se necesitan mayores controles por parte del Estado, se necesita un mayor nivel de intervención oportuno incluso antes que se materialice la vulneración del derecho de salud y para hacerlo, se requieren mayores capacidades de información, acompañamiento y coordinación, gestión de riesgo, tener mayor injerencia en la confirmación de redes integrales.

Uno de los argumentos que da el gobierno para querer un sistema mayoritariamente estatal, es que, en los territorios, no existe el suficiente cubrimiento de las EPS, ¿Qué proponen ustedes?

Germán Escobar:  Desde hace mucho tiempo el sistema de salud está en mora en implementar un modelo diferencial para la población rural, en eso no hay discusión. Hay que examinar planes pilotos que se hicieron en el pasado y revisar que puntos pueden servir para garantizar la atención en estos territorios.

 

 

¿Cómo recuperar el tiempo perdido para la reforma?

Hemos perdido mucho tiempo, tiempo valioso para encontrar “tierra común” para nuestras posiciones, tiempo para co-crear y no simplemente amalgamar, tiempo para intercambiar ideas y construir un mejor sistema de salud entre todos.  Lo hemos perdido por la defensa extrema de ideas sin haber generado los espacios de diálogo constructivo y respetuoso que el sector necesitaba.  Sin embargo ¡ya estamos aquí! Y no se puede volver atrás.

En las semanas recientes y, con algo de presión política en diversos frentes y temas, el Presidente Petro ha abierto la posibilidad real de introducir propuestas —no menores—en el proyecto de reforma a la salud presentado por la Ministra Corcho, las cuales se fundamentan en la preservación del modelo de aseguramiento que hemos tenido en los últimos 30 años en el país.  No obstante, tampoco ha claudicado en su idea de generar un modelo de aseguramiento gestionado directamente por el Estado —algo que es coherente con su pensamiento político y, por supuesto, sus promesas de campaña—.  El reto, entonces, se hace evidente: ¿cómo formular un nuevo sistema de salud, que sea coherente técnicamente y progresivo en el goce del derecho fundamental a la salud, con ideas tan disímiles?

 

Para responder esa pegunta, empecemos por recordar que desde la Ley 100 de 1993, el Estado puede gestionar la salud de la población, por medio de Empresas Promotoras de Salud (EPS) públicas.  Los resultados no han sido los mejores, desafortunadamente.  Ahora, en un ejercicio de entendimiento ideológico —despojado de cualquier calificación—, este modelo no se ajusta a la visión política del Gobierno Petro, pues, al final, una EPS es una expresión corporativa, actuando en y por las condiciones de mercado. De ahí que su planteamiento sea el de un modelo de aseguramiento Estatal distinto.

Por otro lado, un modelo de gestión Estatal o público de salud no es, ni extraño, ni bueno o malo.  Por regla general, tiende a ser menos eficiente, aunque más garantista.  Debido a esto, requiere de un esfuerzo fiscal importante y un servicio civil transparente y consolidado para lograr los objetivos de cualquier sistema de salud.  Latinoamérica está plagada de fracaso tras fracaso de éstos, explicados por las evidentes limitaciones presupuestales y la debilidad institucional.  Sin embargo, a mi modo de ver, esto no significa que debamos renunciar a la aspiración de poder contar con un modelo público, transparente, efectivo, eficiente y técnico.  Incluso, tal y como el Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) ha sido un vehículo para generar equidad en un país como Colombia, tremendamente inequitativo, un modelo de estas características pueda ser otro para catalizar un servicio público tecnocrático, sin corrupción y enfocado en resultados —recomiendo una pausa en la lectura en este punto y escuchar “Imagine” del apoteósico John Lennon—.

Sobre la base de lo anterior están las claves para, por fin, responder la pregunta que quedó en el tintero.  Nuestro sistema de salud es atípico y es lo que le ha permitido obtener logros que, para un país de nuestras características, hubiera sido muy difícil de alcanzar de otra forma. En ese sentido, no debemos temer a soluciones igualmente atípicas, innovadoras ¡Cúanto daño nos hace enfrentándonos por ideas de público versus privado! Lo que si debemos discutir es el diseño institucional y funcional de los modelos de aseguramiento, tanto corporativos, como Estatales —especialmente, el segundo—.

Durante este intenso debate de reforma, he tratado de tender puentes entre ideas, exponer argumentos que buscan una tercera vía para transformar nuestro sistema de salud, lo que no significa una renuncia a los principios que me han movido a trabajar por la salud y la dignidad de las personas y, menos aún, a mi naturaleza de técnico y no de político.  Creo que es un gran avance el hecho de que los partidos políticos Liberal, de la U y Conservador hayan podido lograr defender el modelo de aseguramiento actual, generando el compromiso del Gobierno de mantenerlo en su propuesta de reforma. Al tiempo, comparto las alarmas sobre el modelo de aseguramiento Estatal que propone el Gobierno, pero —como lo he tratado de explicar— no por su naturaleza pública, sino por su diseño.  La gestión integral del riesgo de salud, tiene dos componentes intrínsecamente relacionados, como lo he explicado en otras columnas: el de salud (técnico) y el financiero.  Es un error desarticularlos, como pareciera suceder en la propuesta del Minsalud.  También, es imperativo reconocer que la operación de los sistemas de salud —en el mundo de hoy— es tremendamente compleja, por lo que requiere de robustas estructuras operativas que van mucho más allá de lo que hasta ahora hemos visto.

Como lo dije al comienzo, hemos perdido mucho tiempo, pero en aras de recuperarlo, pensemos con cabeza fría y no dejemos que el afán nos consuma; tal vez necesitamos una pequeña pausa para “construir sobre lo construido,” que en este caso no lo menciono pensando en las capacidades del sistema de salud, sino sobre los acuerdos políticos que pueden traerle estabilidad al país y el sector y, de esta manera, promover la formulación de un esquema público progresivo, con suficientes capacidades, transparente y eficiente, en el marco de la libre elección de las personas, de tal manera que no haya regresividad en el derecho.  Sigo confiando en el debate democrático e invito a que lo alimentemos con respeto, desde todas las aristas ideológicas, para posibilitar al país de una buena reforma, de la cual salgamos esperanzados y no polarizados.

Germán Escobar Morales

¿Y ahora que sigue para la reforma a la salud?

Como se preveía, con la presentación del proyecto de Ley del Gobierno de la reforma a la salud, comenzó en serio el debate y, en escasas tres semanas, como si fuera un huracán, ha dejado un ministro fuera del gabinete, la unión de tres partidos políticos en torno a propuestas alternativas, un sector caldeado y el Presidente que, aunque jugado con su iniciativa, dispuesto a modularla, en contra de lo que venía pasando desde su Cartera de salud. —Un balance bastante florido—.

El producto de esta tormenta perfecta —que estaba anunciada desde hacía meses— es que el Presidente Petro parece haber llegado a un acuerdo con tres partidos políticos que son imprescindibles para lograr las mayorías necesarias en el Congreso.  Sin embargo, el camino no está totalmente despejado.  Queda el enorme reto de traducir el acuerdo político en un articulado con sustento técnico, bajo el principio de progresividad del derecho y nunca regresividad.  Esta tarea sigue siendo difícil, considerando que persisten formas distintas de pensar entre los equipos técnicos de todos los lados y que “el diablo está en los detalles.”

 

Nuevamente, desde la esfera política, el Presidente Cesar Gaviria fue muy claro en decir que esperaba que se llegara a un consenso, pero manteniendo las líneas rojas que él ha establecido claramente y que, de no mantenerse tales líneas, se presentaría un proyecto distinto.  En una posición similar está el propio Presidente de la República, quien aboga por sus líneas —¿multicolores? —. Como lo he dicho en otros espacios, existe una posibilidad real de armonizar todas esas líneas, sin embargo, hay que reconocer que es un equilibrio bastante frágil, el tema muy complejo, las posiciones originales muy distantes y que cualquier elemento de disenso puede romper el principio de acuerdo.

Las horas y días que vienen son críticas para redactar una ponencia que permita darle luz a todo lo anterior, pero sobre todo, estabilidad al sistema de salud, el cual afronta hoy una crisis por la misma incertidumbre del debate, lo que ha deteriorado la atención en salud de las personas.  Por otro lado, otra amenaza que se cierne sobre esta reforma de la reforma es el estatus quo de crítica constante, atizado por varios expertos que no fueron llamados a este proyecto en particular; un hijo de la fracasomanía de Hirchman que Alejandro Gaviria suele recordar, también, de tanto en tanto.

Precisamente, sobre esto último se concentra el mayor riesgo para la reforma, sea cual sea, el cual surge del hecho de que que ya queda claro que no podrá ser la imposición de una sola visión sobre el sistema de salud, sino la armonización de varias en un ejercicio de economía política y como nos cuesta tanto llegar a consensos sociales en nuestro país, seguramente habrá muchos descontentos al final —de todas las orillas—, lo que puede terminar en una falta de implementación real y, al final, una nueva oportunidad perdida.  Estamos, entonces, ante un nuevo experimento social nuestro, una prueba más para saber si podemos superar las diferencias, generar una visión conjunta de país o seguiremos prefiriendo la polarización, la crítica a toda costa y el auto-sabotaje de nuestro futuro y el de nuestros hijos.

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¿Construir sobre lo construido?

Por estos días escuchamos, prácticamente a diario, decir “construir sobre lo construido.”  Lo cierto, es que parece más una frase de cajón que una realidad, sobre todo en lo que concierne a la reforma a la salud. Como lo he dicho en otras columnas, para el Gobierno —en especial, el Presidente— es difícil conciliar el modelo competitivo de nuestro sistema de salud, frente a la garantía de un derecho fundamental y un servicio público esencial.  Sin embargo, más allá de lo anterior, lo que pareciera estar depreciando cada vez más esa frase, es el hecho de que la reforma formulada por la Ministra de Salud trae recetas que no solo no permiten construir sobre lo construido, sino que, además, no parecieran estar acorde con la evolución de los tiempos y los sistemas de salud.

Todo lo anterior se agudiza ante la falta de diálogo sectorial, ampliamente evidenciado por distintos agentes, y no solo aquellos del “establecimiento,” sino los propios pacientes y organizaciones de profesionales de la salud.  Esta situación, crea un coctel peligroso de enfrentamiento y no conciliación, de contraposición y no de construcción social.  Más aún, parece ir en contra de la narrativa de la propia Casa de Nariño, por ejemplo, las palabras del ministro del Interior, Alfonso Prada, durante el flamante lanzamiento del partido político del Presidente —del Congreso, por ahora— Roy Barreras, recordando que los ministros y sus reformas debían estar despojadas de soberbia y abrirse al diálogo amplio y plural. Bueno ¡ojalá lo oigan!

 

Ahora, existe una alternativa, no solo benéfica para el país, sino que permitiría avanzar en la generación de las reformas que el Gobierno reclama como el mandato popular expresado en las urnas el año pasado, evitando así —esperemos que sí—más polarización.  Se trata de algo en lo que todo el sector salud tiene un acuerdo, “un acuerdo sobre lo fundamental,” esto es, la implementación de un modelo verdadero de Atención Primaria en Salud, el mejoramiento del acceso efectivo a servicios sanitarios en las regiones apartadas, por parte grupos de la población vulnerables y en los bolsillos de inequidad presentes —y escondidos— en las grandes ciudades y el fortalecimiento del rol del Estado para el control y coordinación de los agentes del sistema de salud, incrementando sus capacidades técnicas para ello.

Este núcleo común tiene el poder de aglutinar a los distintos agentes del sector, a sus fuerzas sociales y, también, al Gobierno, alrededor a un objetivo difícilmente debatible.  Para ello, se requiere de un trabajo que planifique sistemáticamente la expansión de la infraestructura para la atención de baja complejidad en aquellos lugares donde más se necesita, ordene adecuadamente las competencias de los agentes para su operación a mediano y largo plazo, genere los incentivos adecuados a los resultados en salud y, en algunos casos, establezca un subsidio a la oferta condicionado a estos; además, es imperativo replantearse a forma cómo las intervenciones colectivas e individuales de salud pública están siendo desplegadas, para lograr su articulación —o unificación— en los territorios, de la mano de la Entidad Territorial y, de esta manera lograr, no solo mayores eficiencias, sino mejores resultados. De manera adicional, es necesario que el país fortalezca las competencias y capacidades del Ministerio de Salud y las Secretarías de Salud para controlar y coordinar a los distintos agentes del sistema, bajo una lógica desde la planeación misma del sistema y sus redes de atención tanto públicas como privadas.

Lo que está arriba, no solo tiene el poder de poner de acuerdo a actores que a veces parecen irreconciliables, también permite contar con un sistema de salud más cohesionado, enfocado en el principio de gestionar los riesgos de salud de las personas y las comunidades para evitar su materialización —promoción y prevención— y, sin duda alguna, más eficiente y equitativo.  Tenemos enfrente nuestro ese “eslabón perdido” que puede movilizar las mejores propuestas de los distintos actores sobre una reforma técnicamente bien construida, pero sobre cualquier otra consideración, con amplia aceptación y legitimidad, favoreciendo su consolidación en el futuro.  Estamos en manos, entonces, de que el Congreso logre convocar al sector salud y a la Minsalud entorno a este propósito común para diseñar una reforma viable, innovadora pero sensata y que, realmente, construya sobre lo construido.

Germán Escobar Morales.

O se endereza, o se enreda la reforma

Entrando ya de lleno en el debate de la reforma a la salud, que hoy la Minsalud anuncia que presentará al Congreso sobre mediados de febrero y por fin conoceremos el texto —así vamos desde noviembre del año pasado—, no podemos escapar a la discusión ideológica que éste contiene.  Cómo bien me lo expresó un buen amigo epidemiólogo hace unos meses ¡todo tiene ideología, hasta la ciencia!

Lo cierto es que para el presidente Petro, es difícil hacer compatible un modelo de salud en donde organizaciones privadas intervienen fuertemente e, incluso, pueden obtener lucro por esta actividad, con la financiación pública del 85% del gasto total en salud en Colombia y un marco Estatuario y jurisprudencial amplio y progresista. Ahora, el Presidente es un político y es natural que fundamente su proyecto en su ideología y oriente su Gobierno por el camino que democráticamente consiguió.  El sano contrapeso a esto se encuentra en el Gabinete, el cual debe alinear los objetivos políticos del Presidente con los objetivos técnicos de sus carteras y, a partir de ahí, construir una política pública sostenible y con legitimidad.

 

Lastimosamente, no hemos visto algo así en el sector salud en lo que llevamos de esta administración.  Empecemos por la gobernanza, la cual ha estudiado a profundidad la Profesora ‪Cristina Zurbriggen y la define, en el contexto latinoamericano, como ese ejercicio de convocatoria a un diálogo con todas las partes, conducente a dar soluciones integrales a problemas complejos.  No obstante, en las últimas semanas hemos visto cada vez más voces denunciando su exclusión de los espacios de sensibilización de la anunciada reforma, por ejemplo, la organización Pacientes Colombia, que tuvo que sacar su propia propuesta ante la negativa de la Ministra de convocarlos o ACEMI, el gremio de las EPS del Régimen Contributivo, cuya directora ejecutiva hizo público el veto de la Ministra Corcho hasta dentro de un año, entre otros. ¡no, ese no es el talante de una estadista o de una hacedora de política pública, que sabe que, en dicho arte, se debe lograr la amalgama perfecta de muchas visiones y conocimientos!

Pasemos ahora a lo puramente técnico.  El presidente Petro ha protagonizado varias “salidas en falso” sobre el sector salud, producto de un equipo técnico en esta Cartera que confunde la tasa de mortalidad materna con el número absoluto de muertes o que no le explicó al Presidente que los datos del 2022 son parciales o que los datos de 2020 y 2021 deben ajustarse por las muertes Covid —y que no lo hicieron—; que llevó al Presidente al lanzamiento del grandilocuente Programa Preventivo Predictivo sin un documento técnico o una Resolución que permita saber mínimamente como se implementa, más allá de un discurso, y hacer veeduría —aún no existe—; que anuncia una deuda del sector de más del doble de lo que en realidad es y luego tiene que corregir, entre muchas otras cosas.  Ese mismo equipo y la propia Ministra que, en lo que se ha socializado hasta la fecha, no parece entender la diferencia entre el proceso de referencia y contra-referencia y la gestión del riesgo técnico y financiero de salud.  Ese equipo que no ha podido cerrar los cálculos sobre el costo de la reforma con el Ministerio de Hacienda, y ese mismo equipo que no ha podido alinear el objetivo del Presidente con una reforma viable.

Y ¡no! no se trata de un asunto personal en contra de la Ministra. Creo que es válido reconocer su gran capacidad de oratoria, su consistencia en el discurso y su perseverancia. Se trata de hacer un llamado, una vez más, al Presidente para que comprenda que, si su reforma de salud sigue avanzando tal y como va, habrá dos escenarios: o termina siendo su primera gran derrota política o se aprueba una reestructuración al sistema mal diseñada, que manchará su legado en la historia.  Un “tip” para el Presidente: se puede generar una estructura Estatal en salud pública, “desencarretando” al aseguramiento de esto; configurar un sistema de subsidio a la oferta en hospitales públicos, condicionado a resultados y calidad; crear un esquema de coordinación del agenciamiento que sea público en la baja complejidad; diseñar una política de innovación y desarrollo que incentive la industria nacional y mejorar el sistema de información, el cálculo y la modulación de la UPC y los presupuestos máximos; entre otros ajustes estructurales, para traer al sistema de salud al siglo XXI, con una visión más social, darle un rol más protagónico e incidente al Estado desde la ideología política del Presidente y, así, sobre cualquier otra consideración, aportar a la garantía plena del derecho fundamental a la salud.

Germán Escobar Morales.