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Etiqueta: Jorge Enrique Robledo

El verdadero objetivo del blablablá constituyente

A los cuatro meses de andar Gustavo Petro echando cuentos sobre montar una constituyente en su administración, cambió ese cañazo por otro. Ahora la constituyente será en el gobierno que empieza en 2026 y él no será el presidente porque no va por la reelección, según ratificó su nuevo ministro del Interior.

Aunque le sobren las ganas, Petro no pudo intentar reelegirse porque nunca ha tenido la fuerza suficiente en el Congreso para cambiar el artículo de la Constitución que prohíbe la reelección y nada dice que iba a ser tan zoquete de meterse en la aventura de promover un golpe de Estado para quedarse en la Casa de Nariño, porque por ese camino podía terminar hasta en la cárcel.

 

En la W Radio con la senadora Clara López, del Pacto Histórico, ella nos explicó que el “acuerdo nacional” que va con la nueva constituyente tiene el propósito de fortalecer a su partido para el Congreso y la Presidencia en 2026. Señaló que era un proyecto sin reelección y de “cara a las próximas elecciones, sin lugar a dudas, porque esto se decide es con votos y a lo que aspiramos es a que el proyecto del cambio continúe en los próximos cuatro años” (Ver enlace). Ya veremos cuántos incautos pescan con esta red. 

El mismo fin de hacer política tuvo el cañazo que Petro lanzó el 15 de marzo, cuando por primera vez habló de una asamblea constituyente, a pesar de que, en ceremonia pública, en 2018, había firmado en piedra –literalmente– que no haría nada en ese sentido. Hablé de cañazo porque, como ya señalé, nada me decía que Petro saliera bien librado de meterse en esa aventura, que sí podía devolverse en su contra.

Y también entendí como otro bluf –la palabra que en el diccionario mejor define a cañazo porque significa “fanfarronada, acción intimidatoria hecha por quien no cuenta con los medios para cumplir su amenaza”–, cuando Petro salió a dar coba hablando de “constituyente primario”, término que puede significar un alzamiento popular que, como el del 20 de julio de 1810, cambia la legalidad vigente por otra diferente. Palabras muy mayores en las que no veo a Petro, porque ese acto lo pondría en una muy profunda contradicción con muchos en el país y además con Biden, a quien tanto ha cortejado desde antes de ser presidente de Colombia.

Si sobre las verdaderas intenciones reeleccionistas de Petro ha habido confusión, es porque algunos se han empecinado en dotarlo del poder de convertirse en otro Chávez, para reelegirse en la Presidencia, haciendo caso omiso de dos diferencias determinantes: no son iguales la Venezuela de 1999 y la Colombia de 2024 ni haber sido coronel del ejército venezolano en vez de guerrillero colombiano.

La causa del parloteo de Petro sobre cambiar la Constitución, dirigido a tramar a sus seguidores, es más simple que su retórica ampulosa y vacua. Todo se reduce a que concluyó que en el “gobierno del cambio” los únicos cambios de importancia son los de los poquísimos petristas que pasaron a “vivir sabroso”, muy sabroso. Porque en cuanto a las gentes del común, poco o nada, más allá de oír discursos flojos y lo que les toque de asistencialismo clientelista.

Y entonces Petro, astuto, sale a decir que no ha hecho “el cambio” porque las normas constitucionales no se lo permitieron, con lo que mata dos pájaros de un tiro: que él no tiene la culpa de su mal gobierno y que hay que elegir a uno de los suyos en 2026 y cambiar la Constitución para, ahí sí, cumplir las promesas.

Jorge Enrique Robledo

Petro les dio la orden

A la controversia sobre la reforma pensional porque el petrismo les traspasó a los fondos privados de pensiones entre 2,1 y 2,8 billones de pesos, al imponerle a la Cámara de Representantes que respaldara el ciento por ciento del proyecto de ley aprobado en el Senado, hay que agregarle otros ingredientes regresivos y una verdad que se menciona muy poco.

Fue Gustavo Petro en persona quien les ordenó a los petristas de la Cámara –Pacto Histórico, liberales, conservadores y de la U– actuar como simples correveidiles de sus copartidarios del Senado, ratificándoles el articulado que habían aprobado. Con esa directriz les hizo un gran regalo a los Fondos de Pensiones y violó la dignidad del Congreso y la separación de los poderes, base del sistema democrático que ordena la Constitución.

 

De acuerdo con información de El Tiempo del 14 de junio pasado, en reunión de Petro con los congresistas del Pacto Histórico quince días atrás, en la Escuela de Caballería, les dijo que “debían acoger el texto del Senado”, como en efecto hicieron sus enmermelados de la Cámara de Representantes. Así les causaron un gran daño a los colombianos, con el agravante de que los Representantes tenían el tiempo suficiente para analizar el proyecto y decidir, cambiando lo que desearan cambiar, que es para lo que Colombia cuenta con un Congreso bicameral.

Ya Asofondos, la organización de los fondos de pensiones –Porvenir, Protección, Colfondos y Skandia– reconoció que lo que aprobaron en Senado y Cámara fue lo que esa asociación les indicó a decenas de congresistas, de acuerdo con los intereses de sus propietarios.

Por la imposición de Petro, tampoco se pudo modificar en la Cámara una aberración del sistema de pensiones colombiano, que admite algo que no está permitido en casi toda América. Que, por ejemplo, Porvenir financie las carreteras de Corficolombiana, cuando las dos son empresas del grupo financiero de Luis Carlos Sarmiento Ángulo. ¿Por qué ese compadrazgo es negativo para los trabajadores que cotizan para su pensión? Porque para ellos lo mejor es que Porvenir le preste a Corficolombiana con intereses altos, en tanto que a Corficolombiana le conviene que Porvenir le preste con tasas menores, contradicción que de seguro resuelven contra los ahorradores.

De otra parte, el objetivo principal de esta reforma –que es la del FMI– apunta a reducirles sus derechos de pensión –con cada persona en situación diferente– a los colombianos menores de entre 40 y 45 años. Y se los recorta también a los trabajadores más calificados, con sueldos por encima de 2,3 salarios mínimos, presionándolos a irse a vivir a otros países.

Es notorio que casi todos los que están aprobando o aplaudiendo esta reforma, es decir, la alta burocracia del gobierno de Petro, los congresistas petristas y la cúpula petrista del sindicalismo que hizo de esquirol, no perderán nada porque quedaron protegidos por el período de transición, calculado en su beneficio y para hacerles daño a los trabajadores más jóvenes.

Y señalar que los escasos pesos que les darán a los ancianos –con los que estoy de acuerdo– no demuestran la generosidad de Petro y sus enmermelados de todos los partidos, empezando por los de César Gaviria, porque esos recursos pueden recaudarse de otra manera. Su verdadero fin es usarlos para ocultar el recorte de los derechos pensionales de los colombianos y convertir a esos pobres en clientela política del petrismo.

Es tan atrabiliaria la forma como los petristas de la Cámara sabotearon el principio de publicidad al impedir el debate de la ley, que la Corte Constitucional tiene razones para declarar inconstitucional ese trámite.

Jorge Enrique Robledo

No sumarle un error a otro error

El 7 de agosto de 2022, en su acto de posesión como presidente de la República de Colombia, con la plaza llena y con trasmisión de todos los medios a todo el país, Gustavo Petro le rindió homenaje a la espada de Simón Bolívar. Unos meses después, el ministro de Cultura, con el respaldo de Petro, celebró los 50 años de la creación del M-19. Luego, en un colegio de Zipaquirá, Gustavo Petro encumbró a esa organización y esta semana convirtió el sombrero de Carlos Pizarro, quien fuera jefe del M-19, en un símbolo nacional.

Quien no sepa que el M-19 se robó la espada de Bolívar para anunciar que con violencia se tomarían el poder, pensará que esa organización y sus dirigentes le hicieron grandes y positivos aportes al progreso de Colombia en el campo de la ciencia, la educación, la salud, las artes, el deporte, el sindicalismo, la economía o la política, razón por la cual el presidente Petro decidió convertirlos en ejemplo a seguir para todos los colombianos.

 

Pero el M-19 fue una organización armada que durante 16 años robó, secuestró y mató, les hizo un daño enorme a las ideas democráticas y afectó negativamente el empleo y la generación de riqueza en Colombia. Y Pizarro fue comandante en jefe de esa guerrilla y responsable de incontables actuaciones repudiables.

Por razones obvias, si el Presidente de Colombia encumbra a la guerrilla del M-19, por qué no hacerlo con las otras organizaciones que se alzaron en armas con los mismos fines, incluidas las que siguen disparando. Y alguien podría proponer tomar igual decisión con las organizaciones que se enfrentan a bala con los guerrilleros, con las unas y la otras haciendo “justicia por su propia mano”, aunque de justicia no tenga nada. 

Aunque los registros son incompletos, el horror de estas violencias ha sido inconmensurable. Sumaron 700 mil las víctimas mortales entre 1964 y 2019. Entre 1985 y 2016 hubo 450 mil homicidios y 121 mil desapariciones forzadas, 50.770 secuestros entre 1990 y 2018 y más de ocho millones de desplazados entre 1985 y 2013 (1). Cuán dolorosos han sido los dramas de madres, padres, hijos y amigos sobrevivientes que provocaron con estos excesos.

Unas violencias que unos pocos justifican, pero que el país sabe que han sido por completo estériles, como bien lo resumió el padre Francisco De Roux, profundo conocedor de esta tragedia, cuando dijo que ese horror “no arregló nada y lo empeoró todo”, según puede demostrarse hasta la saciedad.

Acertó el M-19, vencido por los hechos, al entregar las armas y renunciar a la violencia. Pero ha sido un gran error de Gustavo Petro no haber reconocido públicamente la equivocación que cometieron ni haberles pedido perdón a Colombia y a las familias de las víctimas por las desgracias que provocaron. Y es el colmo que ahora, abusando de su poder, intente imponernos a los colombianos aplaudir una historia que es un ejemplo de lo que no debe hacerse.

Y por otras razones, es repudiable que el presidente de Colombia ande ensalzando al M-19. Porque así no estimula a las organizaciones armadas que actúan en el país con fines políticos a ponerse en modo de firmar un acuerdo paz, desmovilizarse y renunciar a la violencia. Porque su desatino puede estimular nuevas declaratorias de guerra al Estado colombiano, pensando que ahora sí van a tomarse el poder a bala. Y porque es un dislate notable, además contrario a la Constitución, utilizar las violencias de Colombia, las peores de América Latina, para envenenar el ambiente político nacional y profundizar la división entre los colombianos.

Jorge Enrique Robledo

Pensiones contra los jóvenes y la clase media

Con el respaldo de César Gaviria y el partido liberal –más otros enmermelados de los mismos con las mismas que eligieron a Gustavo Petro– avanza en el Congreso la reforma que les reduce los derechos pensionales a los jóvenes colombianos y en especial a los que ganen más de 2,4 salarios mínimos, unos tres millones de pesos.
 
Es obvio que muchos jóvenes no habrían votado por Petro si hubieran sabido que sería él quien tramitaría esta reforma retardataria, la misma que el FMI y el Banco Mundial no lograron coronar con los anteriores presidentes de la República. Cuántos de los jefes del petrismo se convirtieron en líderes de los trabajadores por oponerse a esa idea que, con razón, durante muchos años, tildaron de neoliberal.
 
Esto además sucede en medio del espectáculo bochornoso de tener que ver el entusiasta respaldo a esta reforma de la alta burocracia sindical petrista, encabezada por la ministra de Trabajo, quien llegó a ese cargo por su activismo sindical y promueve este engendro con una realidad poco conocida: por su edad y semanas cotizadas, ella no perderá ninguno de sus derechos pensionales.
 
En mi caso debo decir que esta reforma no me hace ningún mal. Porque adquirí el derecho a pensionarme con las normas de 2005, luego de ser, durante 26 años, profesor de tiempo completo en la Universidad Nacional de Colombia. Pero no seré yo quien, por alguna prebenda del gobierno, asuma la conducta del esquirol que respalda el maltrato a los trabajadores que lo eligieron y dice representar, porque a él no lo toca.
 
El umbral de los 2,4 salarios de ingreso significa que de esa suma en adelante se reducirán los derechos pensionales de los trabajadores, incluido obligarlos a afiliarse a los fondos de privados de pensiones, lo que hoy no es así, donde tendrán derechos inferiores a los de Colpensiones. Garrote por punta y punta a quienes tratan como si ganaran en exceso.
 
La reforma además hace daño porque reduce la capacidad de compra y de venta de la economía nacional, generando más desempleo, lo que también lesiona al país de otras maneras. Porque reducirá el interés de los jóvenes por educarse a más altos niveles y por hacer carreras más exitosas en las empresas donde laboran o como trabajadores por cuenta propia. Y los presionará más a abandonar a Colombia y a irse a vivir a países que les remuneren mejor sus trabajos, una de las peores tendencias contra el progreso del país, así haya un pacto neoliberal para restarle gravedad a esta verdad.
 
Y no hay que dejarse confundir con la demagogia de Petro de que este golpe a los asalariados se justifica porque con esa plata de les dará un auxilio de menor cuantía a unos colombianos. Porque esa transferencia puede financiarse de otra manera, como pagarla de los 2,1 billones de pesos anuales que su reforma tributaria –también aupada por el FMI– les impuso a los alimentos de los colombianos, recaudo que además no se usa para financiar campañas educativas por una mejor alimentación y tratar la obesidad.
 
Coletilla: constituye un ridículo de talla universal que Gustavo Petro abuse de su poder presidencial para declarar día cívico nacional la fecha de su nacimiento. Cuánto narcisismo y cuánto lo disfrutarán los creadores de humor. Pero lo peor de este disparate de descarado falso ambientalismo es que así glorificó un alzamiento armado que absolutamente nada bueno le ha dejado ni le dejará a Colombia y que sí le ha provocado inmensos e irreparables daños.
 
Jorge Enrique Robledo

Petradas

1.- Entre lo mucho que se ha dicho sobre la reforma a la salud, reforma que se hundió porque Petro perdió el respaldo de Santos, Samper y César Gaviria y de los partidos Liberal, Conservador y de la U –claves para que ganara la Presidencia–, deben explicar: ¿Quién faltoneó a quién? ¿Petro a sus grandes electores o sus grandes electores a Petro?

¿O no hubo acuerdos sobre el programa de gobierno –que nunca publicaron–, porque solo se acordaron en el reparto de los puestos y los contratos? Todos ellos, empezando por Petro, tienen la obligación moral de informar cuál es la historia. Y deben responder otra pregunta: siguiendo al FMI, ¿César Gaviria y demás grandes electores van a acordarse con Petro para reducirles sus derechos en pensiones a millones de compatriotas que ganan poco más del salario mínimo, así como en la reforma tributaria se unieron para aumentarles los impuestos a Ecopetrol y a la comida de los pobres?

 

2.- El colmo que Susana Muhammad y Gustavo Petro no les hubieran consultado a las comunidades afros lesionadas la conversión en base militar del parque natural Isla Gorgona, irresponsabilidad que llevó al Tribunal Superior de Bogotá –por tutela– a detener las obras de la base (ver enlace). ¿Y se dicen los voceros de los chocoanos, a quienes también maltrató Petro al no incluir el acueducto de Quibdó en su Plan de Desarrollo, negligencia que convirtió en demagogia de supuesta indignación?

3.- Avergüenza a los colombianos que el Presidente de Colombia sea capaz de decir que extraer petróleo y demás minerales “no es producto del trabajo humano, no es producción” y que, para extraerlos, “prácticamente, no se necesita ni el cerebro”. Cuánta soberbia, cuánta majadería (ver enlace).

Porque sin el trabajo de extraer y transformar minerales, no existirían la agricultura y la industria, las edificaciones y los transportes, las energías y los hospitales, los libros y la música, avances que, para orgullo de sus productores directos, demuestran el gran progreso civilizatorio de la humanidad. Y Petro no puede ser tan ignorante para no saber que en toda actividad petrolera, en especial en las refinerías de Ecopetrol, se concentra buena parte de los mayores avances científico-técnicos logrados en Colombia, avances que nos hacen cada vez más diestros en el cuidado ambiental. Cuánto irrespeta Petro el trabajo nacional. Debería pedir excusas públicas.

4.- Entre 1989 y 2002 fui uno de los dirigentes de una vigorosa organización de campesinos, indígenas y empresarios cafeteros, originada por diferencias con la Federación de Cafeteros. Y estuve 20 años en el Senado opinando con independencia sobre los asuntos del café y respaldando los reclamos de sus productores.

Hoy, por razones de principios, rechazo que Gustavo Petro insista en convertir a la Federación de Cafeteros en su organización de bolsillo, para hacer más clientelismo y lo que se le antoje con los recursos de los caficultores depositados en el Fondo Nacional del Café. Otra vez Petro, con su autoritarismo, decidido a someter a productores y trabajadores.

Y soy solidario con los reclamos democráticos de distintas organizaciones de caficultores al gobierno nacional el próximo 17 de abril.

5.- Como se demostró el jueves, crece y crece la unidad de la Costa Caribe contra las muy altas tarifas de la luz y demás abusos de Air-e y Afinia, producto de un negocio tan torcido, que llevan cuatro años manteniéndole sus secretos (ver enlace). Y crece porque los costeños entienden cada día mejor que deben unirse sin distingos, luego de concluir que Petro-Presidente tiene el propósito de no cumplir las promesas de Petro-Candidato. “Prometer para conseguir y una vez conseguido olvidar lo prometido”, dice la sabiduría popular.

Jorge Robledo

La Constituyente sí es un cañazo

Aunque sea algo tardío opinar con algún detalle al respecto porque debí atender el caso Ecopetrol, toca hacerlo. Hace 12 días, escribí: “La constituyente de @petrogustavo no pasa de ser un cañazo. Porque no tiene los votos suficientes para aprobarla en el Congreso ni para aprobarla entre la ciudadanía. Que la mencione, más que probar su fuerza política en Colombia, lo que demuestra es su debilidad. Desesperación. No comer cuento”.

No le fue mal en X –antes tweeter– a ese comentario: 1.800 reenvíos y 223 mil visualizaciones. A las bodegas petristas, voluntarias o pagas: “Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

 

Al otro día de su anuncio, Petro dijo que no buscaba cambiar la Constitución sino desarrollarla con unas leyes, lo que podría inmortalizarlo. Porque sería el primero en la historia que haría una asamblea constituyente para no cambiar la Constitución. Y explicó que solo modificaría la ley en seis aspectos, que no incluyen crear más trabajo y más riqueza, bases insustituibles del progreso de Colombia y del mundo. Pero sí fue capaz de prometer “garantizar en el corto plazo condiciones básicas de vida para todos los colombianos”. Demagogia.

Al preguntarle cómo la haría, no mencionó convocar al Congreso para tramitarla –paso obligatorio según ordena la Constitución que Petro ha endiosado–, sino al “pueblo”. Como si la ciudadanía pudiera dejar de contarse en las urnas para decidir si se aprueba o no el proceso y para elegir a los constituyentes. Cuánto manipula a los colombianos.

Es obvio que si Petro tuviera en sus cálculos poder ganar esta constituyente, ya la estaría tramitando en el Congreso, aun si le creyeran que no es para reelegirse en 2026, lo que no sucede por su autoritarismo y porque en las elecciones de 2018 grabó en piedra que como Presidente no tramitaría una constituyente. Sin duda, ese engaño empeora su minoría entre los actuales congresistas y su ninguna posibilidad de lograr mayorías si se llegara a elecciones generales.

Que la constituyente de Petro es un cañazo lo confirmó nada menos que su ministro del Interior, Luis Fernando Velasco, quien contestó con un rotundo “no” a la pregunta del periodista de si “es partidario de una Asamblea Constituyente en este momento”. Y explicó que Petro dijo que “no significa que tengamos que hacerla ahora”, porque pueden dejarse “unas bases para que se haga en 2026 o en el 2028” (Ver enlace). Otro bluf, porque quién va a creer que desea heredarle una constituyente en trámite a un muy probable gobierno de sus contradictores.

Muy equivocado que Germán Vargas le hiciera el juego a la demagogia de esta Constituyente.

De otra parte, Petro volvió a insistir en la Constitución de 1991 como lo mejor para Colombia, y por ello inmodificable, insinuando además un papel protagónico que no tuvo en ella, porque: 1. Como presidentes de la República, Virgilio Barco y César Gaviria controlaron el ciento por ciento del proceso constituyente y de sus decisiones. 2. Su viabilidad política –que incluyó un golpe de Estado a la Constitución vigente– la aportaron los jefes máximos del liberalismo y el conservatismo, las fuerzas responsables del desastre nacional en ese momento y que eligieron el 66 por ciento de los constituyentes. 3. De los 19 electos por la AD-M19 –entre los que no estuvo Petro–, 13 eran de origen liberal-conservador.

Así fue como la Constitución de 1991, sin oposición, sentó las bases para aplicar en Colombia la economía del Consenso de Washington (ver enlace) y dejar en ridículo la retórica antineoliberal de Petro.

Coletilla: La próxima semana no aparecerá esta columna.

Jorge Enrique Robledo

Petro debe pedir la renuncia de Roa

Jorge Espinosa publicó las conclusiones y recomendaciones del estudio de Control Risks (Control de Riegos), en las que le fue pésimo a Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol, quien ya ha debido salir de ese cargo. Estos son apartes del texto:

“El entorno de riesgos de Ecopetrol en las condiciones actuales es más complejo y de mayor impacto para la empresa de lo que posiblemente se había presumido anteriormente (…) El entorno político inmediato alrededor de los cuestionamientos al presidente de Ecopetrol y su probable evolución en las próximas semanas y meses ya implica un nivel de riesgo elevado” para la petrolera. “En todos los escenarios de Control Risks, Ecopetrol se expone a una pluralidad de riesgos de nivel ALTO Y MUY ALTO”. “El escenario más inminente de riesgos es las imputaciones de cargos al presidente de Ecopetrol por irregularidades en el financiamiento de la campaña presidencial”. Y, “dada la información públicamente disponible a la fecha, consideramos que es creíble la apertura de investigaciones administrativas, disciplinarias y/o penales” contra Roa, por gerenciar la plata con la que ganó Gustavo Petro, con graves efectos “reputacionales y de gobernanza para Ecopetrol, así como los impactos comerciales y regulatorios”.

 

Control Risks también señala que Ecopetrol debe “considerar el escenario de investigaciones regulatorias y penales por parte de las autoridades norteamericanas contra” Roa, advertencia que tiene sentido que resalte porque esas investigaciones serían de un impacto desastroso para Ecopetrol y para Colombia.

De otra parte, fue otro atentado contra la reputación de Ecopetrol –que también le desvaloriza sus acciones– que el gobierno hubiera impuesto en la nueva junta directiva a dos viceministros de Gustavo Petro. Porque violaron los criterios de la OCDE, organización a la que pertenece Colombia según decisión que se aprobó con el voto positivo del senador Gustavo Petro –y el negativo mío–, quien ese día votó en el senado como le recomendó Carrasquilla. Y las normas y los acuerdos deben cumplirse, así no se compartan.

Si el presidente Gustavo Petro tuviera como prioridad el interés nacional, ya habría sacado de la presidencia de Ecopetrol a Ricardo Roa, porque es lo único que le sirve a Ecopetrol para paliar en algo el gran daño a su reputación, el cual puede agravarse, y también ha podido sacarlo Ricardo Bonilla, el ministro de Hacienda. O Roa ha debido renunciar apenas conoció este informe –incluso así se considere inocente–, porque su salida es lo único que puede reducir un daño a Colombia de grandes proporciones. Y cada uno de ellos ha debido publicar completo el informe de Control Risks –de 164 páginas–, porque sus conclusiones apenas ocupan un par. A Publicarlo.

Pero no lo han hecho porque son del tipo de políticos y burócratas que no llegan al Estado a servirle a Colombia, sino a ponerla al servicio de sus objetivos subalternos.

A cuidar a Ecopetrol. Porque el cambio de ayer de su Junta Directiva, así como su muy equivocado cambio de naturaleza de empresa petrolera, tiene como fin, según piensa Petro, imponerle a esa empresa y al país un incremento absurdo –ridículo, incluso– de decisiones contra el petróleo y el gas, al igual que un conjunto de políticas clientelistas, todas ellas de descarado disfraz ambientalista.

Coletilla: La Silla Vacía ha publicado informes según los cuales Euclides Torres –financista ilegal de la campaña de Gustavo Petro, según lo ha dicho y ratificado Nicolás Petro– ya firmó contratos por 180 mil millones de pesos con este gobierno (ver enlace), contratos que, llamativamente, suelen ser para negocios de energías alternativas, las que tanto le gustan a este gobierno.

Jorge Enrique Robledo

La asamblea de Ecopetrol es de alto riesgo

El próximo viernes 22, se reunirá la asamblea de accionistas de Ecopetrol, la empresa más importante de Colombia por el tamaño de sus operaciones y sus grandes transferencias al Estado y porque el petróleo es el producto que mayores ingresos en dólares le aporta al país. Su importancia también obedece a que en Ecopetrol tienen sus ahorros 260 mil accionistas y los fondos de pensiones, todos colombianos con pleno derecho a exigir que sus recursos se administren en forma responsable.

Ese día, mediante la reforma de sus estatutos, Gustavo Petro se propone modificarle a Ecopetrol su naturaleza de empresa petrolera, cambio que puede hasta quebrarla, lo que le generaría a Colombia un daño incalculable.

 

Porque Ecopetrol, por primera vez en su historia, está sometida a lo que se le antoje a un presidente de la República que ha probado decidir guiado por un odio irracional al petróleo, capaz de llevarlo a las más garrafales equivocaciones. Tanto, que ha determinado que en Colombia no se firmen nuevos contratos para buscar petróleo y gas, lo que llevaría importarlos, porque el consumo del petróleo y el gas no desaparecerán en Colombia y el mundo en el mediano plazo.

En su fobia antipetrolera, en las elecciones de 2018, Petro fue capaz de prometer el ridículo de reemplazar el petróleo por aguacates. Y ahora es por turistas, disparates que además de falaces son innecesarios. Porque Estados Unidos, China, México y Brasil y los demás países petroleros desarrollan sus otras economías y a la par aumentan la producción de hidrocarburos (ver enlace).

De lo peor de la conducta de Petro es que nunca ha publicado un estudio que intente sustentar sus dislates antipetroleros, que él impone con un par de frases. Y no lo hace, porque él sabe que en un debate a fondo sobre su falso ambientalismo quedaría muy mal –pues ni siquiera contribuye en serio con la necesaria transición energética global– y reduciría su capacidad de engañar a quienes no tienen la suficiente información.

La única vez que este gobierno intentó sustentar su infantilismo contra el petróleo y el gas, recordémoslo, condujo a que su ministra de Minas falseara las reservas de hidrocarburos de Colombia.

Prueba también la irresponsable posición antipetrolera de Gustavo Petro que haya puesto en la presidencia de Ecopetrol a Ricardo Roa, quien no tiene hoja de vida para ese cargo (ver enlace), como tampoco varios de los miembros que propone para la nueva junta directiva, más allá de ser compadres políticos suyos y de ser incapaces de contradecirle sus absurdos.

El cambio de los estatutos consiste en agregarle a Ecopetrol un conjunto de deberes en energías renovables que no tiene capacidad económica de asumir (ver enlace), salvo estrangulándole su actividad petrolera y gasífera, como preferir importar gas de Venezuela, recortarle todavía más al presupuesto de exploración y producción de Ecopetrol y no promover la necesaria modernización de la refinería de Barrancabermeja. Y este cambio también facilitará el uso de Ecopetrol como caja menor del Estado para financiar el clientelismo y la demagogia de falso ambientalismo de Gustavo Petro.

Ante los disparates de Gustavo Petro, los accionistas privados de Ecopetrol –entre los que me encuentro, con pocas acciones–, y todos los colombianos, debemos unirnos en la exigencia de que la asamblea no modifique sus estatutos, para que una decisión tan riesgosa como esa solo se tome luego de que el gobierno presente un estudio de fondo, con todas las cifras y los detalles, sobre por qué y cómo cambiarle la naturaleza a Ecopetrol para meterla en negocios que pueden ser muy malos.

Jorge Enrique Robledo

Es un gran error la fobia antipetrolera

Sumando papayas con aguacates –suma que en matemáticas se considera equivocada–, el gobierno de Petro exageró el aumento de los turistas extranjeros a Colombia en 2023. Pero lo peor fue que de esas cifras, como suele hacerlo, sacó conclusiones erradas, dirigidas contra la economía del petróleo y el carbón, que aportaron el 50 por ciento de las exportaciones nacionales de 2023, y contra Ecopetrol, la principal empresa del país, economías que en el corto y mediano plazo es imposible reemplazar por otras.

En su desproporción, Petro fue capaz de decir que “el gobierno ha logrado nuestra meta, que tiene que mantenerse y profundizar, que es reemplazar dólares petroleros y carboneros por dólares de turismo” (ver enlace), sustitución absurda –delirante, incluso– que no promueve ningún otro presidente de país productor de combustibles fósiles en el mundo. ¡En el mundo! Y en el colmo de los colmos, esto lo dice mientras hace demagogia sobre la “reindustrialización” de Colombia, a la par que ataca las dos principales industrias nacionales y anuncia –a través del presidente de Ecopetrol– que prefiere importar gas de Venezuela que promover que se produzca más en Colombia.

 

Las cifras demuestran que un país puede tener, al mismo tiempo, turismo y dólares por exportaciones de petróleo. Colombia: 5,5 millones de turistas y 15.610 millones de dólares, México: 20,3 millones de turistas y 21.870 millones de dólares, Estados Unidos: 30,2 millones de turistas y 67.800 millones de dólares y Emiratos Árabes Unidos más Arabia Saudita: 44 millones de turistas y 196.500 millones de dólares. Y los gobiernos de esos países no se proponen dejar de producir, consumir y exportar petróleo, gas y carbón en el corto plazo.

Petro además engaña cuando le atribuye el aumento de los turistas a realizaciones de su gobierno, que no puede mostrar. ¿O les será muy atractiva la mucha violencia en Colombia en 2023? (ver enlace). Además, CNN en español relacionó el incremento de los visitantes extranjeros con el aumento del “turismo sexual y de consumo de drogas”, corrupción por pobreza que nos avergüenza a los colombianos y que Petro ni mencionó. Y la embajada de Estados Unidos les advirtió a sus nacionales sobre los peligros de ese turismo (ver enlace).

Si Petro lograra su despropósito contra el petróleo, el gas y el carbón, inevitablemente, aumentaría la pobreza en Colombia y, con ella, el turismo extranjero de prostitución, en mucho originado en que las niñas y las jóvenes colombianas se prostituyen muy barato acosadas por la pobreza y el hambre.

Aumenta el rechazo a que Ricardo Roa continue en la presidencia de Ecopetrol, pues lo único que puede mostrar para estar en ese cargo es ser incondicional de Gustavo Petro, a cuyo servicio, en dos ocasiones, fracasó como administrador: como gerente de la Empresa de Energía de Bogotá (ver enlace) y de las cuentas de su campaña presidencial. Y porque son inaceptables los cruces de Roa con el petrolero Serafino Giácono, además de haberse demostrado que no tiene el carácter para defender a esa empresa de la fobia antipetrolera de Petro, quien además pretende convertirla en caja menor de su clientelismo político y de sus demagógicas e irresponsables aventuras con otras fuentes de energía.

Coletilla. Repito: sí hay un problema de cambio climático y Colombia debe hacer su transición energética. Pero un proceso inteligente, que no destruya al país, porque además el aporte nacional al CO2 por quema de combustibles fósiles es de apenas el 0,2 por ciento del total del mundo, luego los colombianos no somos la causa de un lío global ni podemos resolverlo solos.

Jorge Enrique Robledo

Coincidencias poco conocidas

Se sabe de la animadversión, resistencia o como quiera llamarse de Gustavo Petro y los dirigentes petristas a la economía empresarial. Y no se trata de contradicciones con algún empresario por alguna razón particular, sino en contra del conjunto de ese sector de la sociedad. Es decir, contra la acumulación de recursos económicos, humanos, organizativos y científico-técnicos que multiplican por muchas veces la productividad del trabajo de las personas, que es lo que es una empresa, sea privada o pública.

Se entiende entonces lo dañino del desenfoque de Petro para el progreso de Colombia, porque sin esa forma de concentración y organización del trabajo no habrían podido utilizarse la máquina de vapor y los demás motores ni los combustibles fósiles, bases de la Revolución Industrial, el mayor salto en la capacidad de crear de riqueza de la historia. Y con ese cambio vino también un gran avance del progreso social y político, incluido el de los trabajadores, aun cuando ese nuevo mundo, llamado capitalismo o economía de mercado, no resuelva todos los problemas de la humanidad.

 

Que Petro y los petristas no acepten estas realidades no solo los pone en contra de los empresarios sino también de los trabajadores, como los dirigentes sindicales deben entender y explicar. Porque a los sectores populares, en vez de vivir en la escasez del rebusque, les conviene trabajar en empresas capaces de ofrecerles los mínimos de ley, y todavía más, en salarios, estabilidad laboral, derechos democráticos, prestaciones sociales, salud y pensiones.

Pensando en mis contradictores, agrego: defender la economía empresarial no significa no valorar otras formas de crear trabajo y riqueza. Por ejemplo, hay que seguir promoviendo un modelo agrario de tipo dual: con empresarios y obreros agrícolas, por un lado, y con campesinos e indígenas prósperos, por el otro, con todos ellos respaldados y protegidos por el Estado.

Pero el problema no es solo que a Petro y a sus compañeros no le gusten las empresas, sino que tampoco les han gustado a los anteriores presidentes y gobiernos, como lo prueban los millones de colombianos yéndose a otros países a buscar trabajo por los altos índices del desempleo nacional, la informalidad y la pobreza, problemas todos anteriores a 2022 y que son consecuencias del subdesarrollo de la economía empresarial y del país. Porque nadie, sin engañar, puede decir que antes de Petro funcionaba bien la economía nacional, pues había numerosas y fuertes empresas, producto de que los partidos políticos tradicionales respaldaron esos avances, conocidos desde hace siglos y de comprobada eficacia en los países que los han aplicado.

En Colombia no ha habido Presidente, ministro, jefe político de partido tradicional ni formador de opinión en medios que no haya tenido su discurso a favor de los empresarios y las empresas. Pero también han sido omnipresentes las políticas oficiales contrarias a ese respaldo, hasta quebrarlas y entrabarles su desarrollo. ¿O nos van a decir que la culpa del subdesarrollo nacional la tienen los empresarios colombianos porque han sido incapaces de utilizar a su favor los serios apoyos gubernamentales? Somos muchos los que jamás afirmaremos eso. Porque no ha habido esos soportes y porque a Petro lo eligieron las fracasadas políticas económicas y sociales de los gobiernos anteriores.

Políticas en especial empeoradas desde 1990, cuando los neoliberales decidieron gobernar todavía más a favor de un mundo en economía de mercado con países ganadores y países perdedores –con mayores y menores desarrollos empresariales–, con los primeros con productos por habitante ocho, diez y más veces que los escasos 6.500 dólares de Colombia, debilidad que está en la base de todas las carencias nacionales.

Jorge Enrique Robledo

Por una reforma necesaria y posible a la salud

El último informe de la Contraloría sobre el inmenso déficit de las EPS, de 25 billones de pesos, y sus graves implicaciones para la salud de los colombianos me llevó a este comentario:

En la campaña presidencial de 2022, un médico amigo me preguntó: “Si sus debates en el Senado denunciaron fallas tan graves de las EPS Saludcoop, Café Salud y Medimás, ¿por qué en su programa no propone acabarlas, como sí lo plantea Petro?”. Le expliqué que no estaba pensando solo en los votos del sector de la salud –donde esa idea podía producir bastantes–, sino en gobernar bien, haciendo propuestas realizables, capaces de unir al país para poder sacarlas adelante, y que esa de Petro no era viable porque lo dividiría profundamente.

 

Debo reconocer que pocos me entendieron y que Petro sacó muchos votos en el sector con su propuesta, a la que tuvieron que renunciar el mismo día en que renunció, vencida por la falta de respaldo, Carolina Corcho, su ministra de Salud, verdad que muchos ignoran.

¿En qué va entonces la reforma de Petro? En que las EPS no se acaban sino que cambian de nombre a Gestoras de Salud y Vida, que harán ganancias de integración vertical sobre sus propias CAPS (IPS) entre las 2.500 que se crearán y los 80 billones de pesos del total de la UPC. Y en que la red pública hospitalaria y las EPS oficiales continuarán controladas por los clientelistas, con un solo cambio: los petristas también tendrán derecho a una parte de ese botín.

Como el momento es propicio para insistir en una propuesta que unifique a los colombianos en una reforma a la salud que el país necesita –porque sin unir a la opinión pública no es posible sacar adelante una buena reforma–, menciono otros aspectos que señalé en 2022.

Lo primero es reconocer que los recursos del sistema de salud de Colombia son escasos. Porque por los 6.600 dólares de riqueza que se crea por habitante todo es escaso para muchos –salud, educación, vías, etc.–, así los neoliberales viejos y nuevos se hagan los locos. ¿Gasto en dólares por habitante en salud? Colombia: 495, aproximadamente, 11 y 9 veces menos que los de Alemania y Francia, por ejemplo.

Reducir entonces los costos del sistema de salud es imprescindible y urgente para que más plata vaya a donde debe ir, es decir, a mejorar el cubrimiento y la calidad de los regímenes contributivo y subsidiado y del sistema público hospitalario.

Para poder controlar los altos costos que debilitan el cubrimiento y la calidad del sistema –en un sector donde los monopolios los facilitan–, el Estado debe crear un eficaz sistema de vigilancia y control. De manera que las EPS e IPS privadas no caigan en corrupción ni en ganancias lícitas pero exageradas y que las instituciones públicas también tengan un comportamiento ejemplar.

Además, debemos unirnos para acabar con la integración vertical en todos los niveles de atención, controlar los costos de los medicamentos y demás insumos, mejorar las condiciones laborales de los estudiantes y trabajadores de la salud y fortalecer la prevención de la enfermedad, al igual que en otros aspectos que deben acordarse, siempre orientados por lo que sea mejor para el sistema de salud y las condiciones de vida de los colombianos.

Es evidente que en torno a propuestas como estas sí cabe unir a casi todo el país, para así poder sacar adelante una reforma capaz de controlar a los que se nieguen a actuar correctamente en beneficio de la salud de Colombia.

Jorge Enrique Robledo

Convirtieron a Ecopetrol en una tienda

En su último Reporte en W Radio, Daniel Coronell informó que Serafino Iácono –magnate venezolano nacionalizado italiano y colombiano– fue nombrado Cónsul Honorario de la República de San Marino en Colombia, un país de 33 mil habitantes, lo que en principio no es problema. Los líos aparecen con el resto de la historia

Porque el mismo consulado lo usufructuó Carlos Mattos, condenado a cárcel por corrupto. Y Coronell también contó que otros dos cónsules honorarios en Colombia terminaron en corruptelas y usaron sus cargos para no rendirle cuentas a la Justicia.

 

Serafino Iácono tiene además grandes intereses en empresas petroleras que operan en Colombia, incluso en negocios con Ecopetrol. ¿Para qué necesitará ser Cónsul Honorario de la República de San Marino?

Mientras se descubre, se sabe que Serafino le vendió, y muy barato, un magnífico apartamento en Bogotá a Ricardo Roa, el presidente de Ecopetrol. Y cada uno de ellos dijo que no se conocían ni conocieron en ese negocio, lo que no impidió que unas semanas después se encontraran en República Dominicana, donde Serafino posee una tremenda mansión (Ver enlace).

También actuó mal Gustavo Petro al imponer a Ricardo Roa, y con un muy dudoso concurso, de presidente de Ecopetrol. Porque como funcionario suyo en su alcaldía de Bogotá, Roa fue muy tolerante con un empleado que por corrupto terminó en la cárcel, a la par que les mintió a los medios sobre ese caso (Ver enlace). Y porque Roa está además enredado, por notables ilegalidades, como gerente de la campaña presidencial de Petro.

De otra parte, la Junta Directiva del sindicato de trabajadores de Ecopetrol rechazó “el recorte drástico de la inversión en exploración y producción” de petróleo de la empresa, de 4.500 a 2.500 millones de dólares de 2023 a 2024 (Ver enlace). Ese recorte significa que la perforación de pozos para desarrollo y exploración caerá en 37 y 40 por ciento, respectivamente (Ver enlace), atentando contra su naturaleza de empresa petrolera y contra su economía, principal fuente de transferencias al gobierno nacional.

Ese recorte absurdo e irresponsable pretende que Ecopetrol aumente sus inversiones en energías renovables, negocios en los que no tiene experiencia y que no son rentables o lo son en porcentajes bastante inferiores a los del petróleo. Y Petro y los petristas toman la decisión sin que hayan publicado un estudio que demuestre que aciertan, porque están manejando a Ecopetrol como si fuera una tienda de su propiedad, es decir, haciendo con ella lo que se les da la gana.

Petro además ha dicho que en Colombia no se firmarán nuevos contratos para buscar hidrocarburos –el único país petrolero del mundo en esa chifladura–, posición que en 2023 ya redujo en 30 por ciento la exploración, con pérdida de 19.500 empleos (Ver enlace). Y en Bucaramanga dijo que meterá a Ecopetrol en la producción de hidrógeno verde, negocio que la empresa no conoce y que es de alto riesgo y utilidades menores que las del petróleo.

Que Saúl Kattan, presidente de la Junta directiva de Ecopetrol y quien se ganó ese cargo, como Roa, por su cercanía con Gustavo Petro y sus charlatanerías, nos demuestre a los colombianos, con datos y cifras y no con la carreta de falso ambientalismo de su jefe, que esas decisiones no son contrarias al interés nacional. ¿Y qué opina la junta directiva de Ecopetrol de estas aventuras?

Es un crimen no promover la búsqueda y producción de más hidrocarburos –que se seguirán consumiendo en Colombia y en el mundo por décadas–, dañando a Ecopetrol, maltrato que puede terminar entregándosela a las trasnacionales. ¿O no, Gustavo Petro?

Jorge Enrique Robledo

No más engaños con los trenes

Empiezo por decir que me gustan los trenes. Mientras pueda me subo en uno y he viajado bastante en ellos. Y en mi esfuerzo por comprenderles sus posibilidades y limitacionesconcluí algo clave que suele olvidarse: cada medio de locomoción debe ser el mejor para cada necesidad: gatear, caminar o correr, ir en triciclo, en bicicleta o en moto, en automóvil, buseta, bus o BRT (transmilenio), en tren, en tranvía o en metro ligero o pesado y de superficie o subterráneo, dependiendo de las circunstancias. Cero dogmatismos.

Los vehículos que usan rieles exigen pendientes muy menores y amplios radios de giro –que en montaña les imponen costosos viaductos y túneles– y cargas grandes y numerosos pasajeros, condiciones que les restaron competitividad a los trenes cuando aparecieron automóviles, buses y camiones, que también les sacaron ventaja por podergirar en curvas cerradas y detenerse para cargue y descargue con mucha más frecuencia. Así se entiende mejor por qué en el siglo XX, entre otras razones, los trenes perdieron con los automotores el monopolio sobre gran parte del transporte de carga y pasajeros, aunque lo mantienen en los volúmenes mayores (ver enlace).

 

De ahí que sea absurdo que Gustavo Petro hable de construirtrenes por todas partes. Transcribo la última de sus ocurrencias: “hemos dado la orden al ejército de Colombiade construir una línea férrea entre Villavicencio y Pto Gaitán para abrir la altillanura a la producción de alimentos. En PtoGaitán, el río Meta es navegable y por el Orinoco se llega al mar. La producción de Bogotá y de los Llanos también pueden salir al mar por aquí”.

Difícil un absurdo mayor. Porque esos ríos necesitan inmensas inversiones para volverse navegables para grandescargas, con productos que además hoy no existen. Y por la competencia con otras vías, dadas las distancias. Bogotá está 1.979 kilómetros del Océano Atlántico por el río Meta y el Orinoco, en tanto queda a 503 de Buenaventura. Son 598 kilómetros Villavicencio-Buenaventura y 1.869 al Atlántico por Venezuela. ¿Sacrificar al Ejército metiéndolo en esa chifladura?

Petro también habló de un tren de Santiago de Chile al Caribe colombiano y venezolano, puntos que, en línea recta, están a 4.700 kilómetros, y no existe un flujo importante de carga y pasajeros entre ellos. En la campaña electoral además prometió trenes entre Buenaventura y Tumaco y Puerto Carreño –1.390 kilómetros– y Buenaventura y Barranquilla –1.200 kilómetros–, para con este intentar el imposible de competirle al Canal de Panamá, que mideapenas 80 kilómetros y por agua, el medio de transporte más barato.

En el colmo de los colmos de la viveza de Petro, estos proyectos no aparecen en el Plan Maestro de Transporte Intermodal de Planeación Nacional y el Ministerio de Transporte de este gobierno, que habla de invertir $240 billones en 30 años en todos los medios de transporte, suma bastante escasa (ver enlace).

Lo que Petro no quiere entender, porque pierde un bla-bla-bla, es que no son las vías las que crean los desarrollos económicos entre los puntos que comunican, sino la pujanza económica de cada sitio la que exige comunicarse entre ellos. Los metros son de las grandes ciudades y los millones de pasajeros. No se fabrica el tubo del oleoducto y luego se sale a buscar el pozo de petróleo y sus compradores para conectarlos. Y primero hubo café y compradores y luego mejores vías para transportarlo.

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A respetar a los afros

No se recuerda en Colombia una vaciada semejante a la que Gustavo Petro le metió a su ministra de Vivienda, Catalina Velazco, acusándola de no haber hecho nada para dotar a Quibdó del acueducto que necesita con urgencia. Y ese regaño, utilizando su habilidad retórica para tocarles las fibras a pobres y negros, como él los llamó, lo calculó para sacarle aplausos a una comunidad que lleva décadas luchando por un acueducto decente (enlace 1). Porque al actual apenas están conectados la mitad de los habitantes de la ciudad y esos solo reciben unas cuatro horas de agua al día. Una vergüenza mundial.

Lo que Petro no explicó –o mejor, que ocultó–, porque se le dañaba el discurso efectista que tenía preparado, fue por qué, en los 17 meses que lleva de Presidente, él nunca le dijo a la ministra que arrancara a construir el acueducto por el que lucha Quibdó desde hace décadas, como lo confirman los tres grandes paros cívicos de 2000, 2016 y 2017 con los que los gobiernos nacionales se comprometieron a construir un acueducto por gravedad –el actual opera por bombeo–, para poder garantizarles agua a todos los quibdoseños, 24 horas al día y a precios bajos.

 

Petro además no puede decir que ignoraba tan grave problema de salud pública. Porque en la pasada campaña electoral se reunió con voceros de la comunidad de Quibdó que le explicaron, documentos en mano, la urgencia del acueducto, las características técnicas que debía tener y los compromisos que asumieron y violaron los gobiernos nacionales en los paros realizados, proyecto al que Petro como presidente no le gastó ni un minuto, mientras le sobró tiempo para sus cuarenta viajes al exterior, innecesarios en casi todos los casos.

Existen más pruebas del desinterés de Gustavo Petro por las necesidades insatisfechas de los chocoanos, uno de los departamentos más atrasados y pobres del país y que por razones obvias más recursos necesita del gobierno nacional: la palabra Quibdó no aparece en su Plan de Desarrollo y la asignación presupuestal para el Chocó (2023-2026) la disminuyó en 24% sobre la del gobierno anterior, al reducirla en $3,6 billones, de 15,6 a 11,6 billones.

Se necesita cara dura para lavarse las manos cómo se las lavó Gustavo Petro en Quibdó, engañando e irrespetando así a los afros del Chocó y de toda Colombia, que tantos votos le pusieron para su presidencia.

En su paso por la costa Pacífica, además, Petro volvió a pelar el cobre. Cuando en Guapi le rechazaron y preguntaron sobre el radar de guerra de Estados Unidos en el Parque Natural Isla Gorgona, se escabulló y los dejó plantados sin darles ninguna respuesta (enlace 2). Y no dio la cara porque él tiene que saber que a un parque natural se le hace un daño intolerable con esas instalaciones y porque, una vez puestas a funcionar, la última palabra de lo que pase en esa isla al respecto no lo dirá el gobierno colombiano. Otro irrespeto a las comunidades afro de esa región y a los colombianos.

Coletilla 1: lo que faltaba. Petro terminó de jefe de la oposición a los gobiernos anteriores y a su propio gobierno, convirtiéndose en el ser único en Colombia.

Coletilla 2: hasta septiembre de 2023, en 30,5% disminuyeron los pozos exploratorios de petróleo en Colombia, la sísmica se redujo en 49% y se perdieron 19.500 empleos (enlace 3). Todo por el autoritarismo antipetrolero de Petro, quien ni explica sus absurdas decisiones más allá de un par de frases huecas que ningún país petrolero del mundo comparte.

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