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Etiqueta: León Sandoval

¿Los Fotocomparendos, negocio de quién?

La implementación de cámaras que detectan la velocidad de los conductores, que sirven de elemento probatorio para imponer comparendos por exceso de velocidad, se volvió habitual en ciudades y carreteras de Colombia. En algunas ciudades hay una debida señalización sobre la existencia de dichas cámaras, en otros lugares, particularmente en las carreteras de varios municipios de la Costa Atlántica Colombiana, no existe una señalización apropiada sobre la existencia de dispositivos detectores de velocidad, simplemente se ubican en unas destartaladas y camufladas minivans que se van moviendo en forma solapada.

Los dispositivos para fotocomparendos son aceptados por la legislación colombiana y cuentan con el aval de la Corte Constitucional, Sentencia C-321/2022. En virtud del principio del imperio de la ley, deben ser aceptados. Desde el punto de vista económico, las fotomultas se convirtieron en fuentes de negocio para las secretarías distritales y municipales de tránsito por la cantidad de recursos que reciben de los infractores. Son miles de conductores los que caen en las imágenes de las cámaras, muchas veces por desconocimiento sobre su existencia ante la precaria señalización de las vías, otrosí de la pésima ubicación de los dispositivos de detección electrónica y los absurdos límites de velocidad de las vías urbanas y nacionales colombianas, que muchas veces, no superan los 30 km/h, o en otros casos los 60 km/h, pese a que el Código Nacional de Trasporte dispone otra cosa.

 

Las secretarías municipales y distritales de tránsito tienen “temporadas de cosecha de fotocomparendos”, especialmente, en épocas de vacaciones donde so pretexto de buscar climas cálidos, las familias viajan en sus vehículos particulares y son asechadas por esos dispositivos de comparendos ante la mirada voraz de quienes realmente se benefician con las multas. El problema detrás de los fotocomparendos no es su legitimidad: Es un asunto ético, es decir, se trata de un negocio antiético con asidero legal y reglamentario. Verbo y gracia, cada fotocomparendo tiene un valor de $572,520; si se paga dentro de los once días hábiles siguientes a su notificación, tiene un descuento del 50%, siempre y cuando se realice un curso de dos horas, que dictan empresas particulares de manera rotativa y permanente, los realizan hasta los domingos, dicho curso no es gratis, tiene un valor de $73.700, que se descuenta del 50% del valor que se debería pagar por el fotocomparendo. Lo curioso del asunto: Los cursos son impartidos por empresas privadas; en otras palabras, para tener derecho al descuento por el comparendo se debe pagar el curso al particular, y el saldo $214.695 a la autoridad encargada del recaudo. Es un típico negocio público-privado.

Resulta inmoral que esos $73,400 pesitos por curso, sólo aplican por comparendo, de tal manera, que un conductor que, en su paseo de vacaciones se haya hecho deudor de dos fotocomparendos, deberá pagar dos cursos para tener derecho al descuento del 50% para cada comparendo ¿Hasta cuándo va a continuar este negocio legal pero antiético porque que lucra también a particulares de las infracciones cometidas por los conductores?

Lo anterior, sin considerar otra perla de inmoralidad, los fotocomparendos no siempre son notificados en el acto, pueden pasar meses para su notificación, no obstante, su notificación tardía, se dejan constancias de notificación del día de la infracción, y ponen al conductor infractor a explicar que fue notificado tardíamente, para poder beneficiarse del descuento por el curso particular se ve en la necesidad a acudir a intermediarios. ¡Horror de horrores! Qué catedralicia corrupción.

Al parecer, no hay alternativa de cambio en las malas prácticas de tránsito, no se puede esperar mayor cosa del desgobierno donde la corrupción pulula. Se hace necesario crear la figura del defensor del conductor colombiano, al que veladamente, por vía de fotocomparendos, los corruptos le introducen las manitos en los bolsillos. No hay justificación para tamaña inmoralidad.

León Sandoval

Tranquilidad

En tiempos de pasiones desbordadas y de fragilidad emocional, vale la pena escribir sobre la tranquilidad. La palabra “Tranquilidad” tiene origen en el latín y está conformada por el prefijo “trans” que significa más allá y el verbo “quiescere” que significa calmar. En otras palabras, la tranquilidad es la capacidad de estar en calma, la habilidad para mantener la mente en reposo. La cultura de la tranquilidad en tiempos de hiperconectividad digital, de exceso de información con bajísimos niveles de comunicación, de odios y de rencores, de hiperdemocracia y supraderechos, debería ser un imperativo personal. La finalidad de la vida, hoy nutrida por la ética utilitarista, no debería ser la búsqueda de la felicidad a partir del placer como lo propusieron los antiguos epicureistas. El propósito de la vida debería ser el de obrar correctamente y tener la mente bajo control propio, y de esta forma mantenerse tranquilo pese lo adverso o lo propicio de las circunstancias.

Quien logre estar en calma no obstante las dificultades, está muy cerca de alcanzar su propio señorío, estará más cerca de las deseadas serenidad y paciencia, que el antiguo Kaliman recomendaba a su pequeño amigo Solín, rememorando la serie radiofónica mexicana que luego fue llevada al formato de historieta por Latinoamérica en los años sesenta del siglo pasado. La cultura de la tranquilidad invita a reflexionar sobre si la enfermedad mental es una constante de las sociedades contemporáneas, cada vez se diagnostican más personas con síndromes asociados a la hiperactividad, curiosamente en tiempos de hiperactividad, todos hablan de meditación, pero pocos logran silenciar sus mentes. En la búsqueda de la tranquilidad se acude a las más disímiles vías, “el mindfulness”, el yoga, el gimnasio, la espiritualidad, la fe religiosa, los medicamentos, hasta los opiáceos y el alcohol son utilizados para lograr la deseada tranquilidad. Valdría la pena plantear la construcción de una cultura de la tranquilidad a partir de la mente y su control, personas dotadas de herramientas para el sosiego y la paz interior.

 

¿Deberían las sociedades implementar una política pública para la construcción de una cultura generalizada de la tranquilidad a partir del trabajo interior de las personas en el conocimiento de si mismas?, el deseado conócete a ti mismo y hallarás la felicidad, que suele atribuirse a Sócrates (470-399 a.C.), no debería ser simplemente una máxima de filósofos si no un estado de vida permanente que redundará no sólo en la calma de la mente y del espíritu, también en la recuperación del tejido social con mejores prácticas de civilidad urbana, ciudades como espacios comunes en los que la seguridad, los buenos modales y prácticas deberían desplazar la inseguridad, el desorden, la suciedad, la contaminación visual y auditiva.

La cultura de la tranquilidad es también la cultura de la paz interior, que debería ser un tesoro para toda persona, y no simplemente un deseo o un estado transitorio del alma. Con toda seguridad quien está en paz para consigo mismo y ha expulsado sus demonios, no sólo será un mejor ciudadano, será un mejor miembro de familia, un mejor trabajador y una persona que aportará valor sólido a la sociedad.

La tranquilidad se contagia, quien encuentra la calma interior está más cerca de lograr estados de felicidad insospechados, por ello, la tranquilidad no puede depender de otra persona, o de un empleo, o de un salario, o una mascota, la tranquilidad debe depender exclusivamente de cada uno, como amo y señor de su propia conciencia. Por las anteriores razones, la tranquilidad no es endosable a otras personas, ni a los gobiernos e instituciones. Sólo quien halla en su inconsciente los estados mentales suficientes para proceder en calma sin importar la dificultad que enfrenta, con toda seguridad estará más cerca del Cielo. Parece fácil escribirlo y repetirlo, pero una cultura de la tranquilidad además de un imperativo personal, debería ser un camino. ¡Qué jamás el afán del día perturben el estado mental de reposo y sosiego! No parece fácil, pero se puede y se debe.

León Sandoval

La feminización de la masculinidad

Algunos quieren presentar la masculinidad como disvalor. Académicos construyen argumentos contra la masculinidad que, a la postre, terminan implementadas en políticas públicas estatales que buscan la inclusión, la igualdad y la equidad. Merece mención especial, el hemisferio occidental donde la masculinidad es mal vista, por considerar que los problemas que agobian a la humanidad están relacionados con el hecho que, durante siglos los hombres tuvieron el control de las comunidades excluyeron al diferente, idea que permanentemente se divulga como verdad irrebatible.

Masculinidad y Femineidad entrañan fenómeno natural, no en vano, la vida entre los mamíferos y de la gran mayoría de especies emerge de la unión de una célula masculina junto a una célula femenina.  Ser masculino significa la fuerza, la provisión, la protección, el coraje y la capacidad de engendrar vida, que unido al Ser femenino que suma la dulzura, la belleza, la administración, el afecto, la comprensión, el cuidado y la capacidad de albergar vida, permiten que la vida fluya en armonía. No es posible concebir la humanidad sin la complementaria dualidad masculina-femenina.

 

Ejercer masculinidad es motivo de desaprobación. Los varones son inducidos a abstenerse de actuar masculinamente. En la medida que el hombre se feminiza, la mujer se masculiniza. La hibristofilia va en aumento, probablemente, ante la escasez de hombres masculinos, se busca al malandro, porque erróneamente se enseña que la masculinidad es la causa y origen de los males.  Hace carrera que es políticamente aceptable que, el hombre se comporte con femineidad bajo el argumento de prevenir que se repitan las faltas cometidas por la masculinidad del otrora. El rol masculino se desvanece. Cada vez hay menos hombres protectores y proveedores. Hombres y mujeres son iguales en derechos y deberes ¡De acuerdo! pero son también diferentes en muchos aspectos.

Feminizar la masculinidad es restar valor a la esencia del hombre, al igual que masculinizar la femineidad es restar valor a la esencia de la mujer. Cada vez más frecuente: Hombres comportándose como mujeres y mujeres comportándose como varones. Enseñarle al niño a cazar, a pescar, a comer carne, a jugar con rudeza, a reír con estridencia, a trepar árboles es inapropiado; lo apropiado es enseñarle otro tipo de menesteres, porque se ha propalado la idea falaz de que la masculinidad significa violencia, y ser masculino es sinónimo de Ser violento. Hoy van más hombres a ejercitarse al gimnasio que en cualquiera otra época, paradójicamente los hombres de hoy son menos masculinos y más débiles comparados con los hombres del ayer.

Feminizar lo masculino es de tajo romper con la naturaleza y con el entendimiento de que hombres y mujeres son un complemento y no una competencia. Los ladyboys silenciosamente anhelan hombres de aparente comportamiento masculino; aumenta la frecuencia de hombres que prefieren a aquellos sobre las mujeres.

Los estados con sus políticas han contribuido poderosamente con la feminización de la masculinidad. De hecho, hay estados que tienen normas que otorgan ventajas en los procesos de contratación a los proponentes que estén conformados por personas identificadas como diversas sexuales, como es el caso de España. La feminización de la masculinidad constituye una característica de la postmodernidad, al punto que personajes influyentes nombran a sus hijos X A E A_XII, Exa Dark Siderael y Techno Mechanicus, entre otros nombres que, por supuesto, no tienen por qué definir masculinidad o femineidad, pero sí pertenecen a una época en la que tener una identidad sexual definida no interesa.

La masculinidad y la femineidad obedecen al orden natural, como hay día y noche, oscuridad y claridad, arriba y abajo, frío y calor, existe la polaridad que es complemento. Estos tiempos de adalides negacionistas de la naturaleza humana son motivos de profunda preocupación. Llegará un momento donde orinar de pie estará prohibido y comportarse masculinamente será delito. La masculinidad será tratada como aquellas comunidades sofisticadas tratan a sus canes, aceptan su tenencia siempre y cuando les corten las cuerdas vocales para no molestar al vecino que no gusta de los ladridos. ¡Ojalá no sea tarde!

León Sandoval

Amor y ciencia de datos

David Vélez (1982), pese a su juventud el segundo colombiano más rico, fundador del banco brasileño Nubank (2013), el banco digital independiente más grande del mundo y de gran irrupción en Colombia; en entrevista dada a la Revista Semana, puso a pensar el País al manifestar que “Las oportunidades existen. En los próximos diez años vamos a ver una revolución histórica que va a cambiar las industrias en el mundo, incluyendo Colombia. Esos cambios tan drásticos, ese remolino que se viene, crean desafíos y oportunidades. Hay que ser estratégico en el lugar en el que los jóvenes tienen que posicionarse en el lado del mercado de tecnología, computación, programación y ciencia de datos”, igualmente, añadió que en Colombia se están formando y graduando diez veces más abogados que programadores. (Ver entrevista: https://www.semana.com/nacion/articulo/la-profesion-que-david-velez-el-segundo-hombre-mas-rico-de-colombia-cree-que-nunca-le-faltara-empleo-y-que-ganara-mucho-mas-que-otras/202243/). El algoritmo y la inteligencia artificial no sólo han invadido las diferentes esferas del quehacer humano, como el gobierno, las finanzas, la política, la educación, la salud, el entretenimiento, también ha llegado a otro escenario: La nueva manera como se relacionan hombres y mujeres en un mundo marcado por la soledad, en el que hay mucha información, menos comunicación y poca comunidad.

Es frecuente que los contactos iniciales con fines afectivos entre parejas se inicien por medio de portales de contacto electrónicos, bien sean páginas web o aplicaciones que, pueden ser tan variadas que, las hay exclusivamente para personas heterosexuales, para homosexuales, para militares, por etnias, por creencias religiosas, grupos etarios y hasta por roles en los que las mujeres las que toman la iniciativa. En suma, hay portales de citas para todo tipo de gusto y grupos de interés. El algoritmo hace rato superó al encuentro casual en un transporte público o un bar para que las personas entablen ese primer contacto. La virtualidad dejó de ser una simple eventualidad para volverse la realidad, el metaverso es también una nueva manera para hacer las cosas, y por supuesto, el enamoramiento no ha sido la excepción.

 

La mensajería digital es el nuevo canal del amor y también para el desamor. Se comparte mayormente en medios digitales que en persona física y muchas veces, la relación marcha muy bien en las redes digitales desde diferentes lugares, y jamás llegan a conocerse personalmente. Los seres humanos han adquirido habilidades excepcionales para la vida digital, pero también han perdido las habilidades interpersonales para con el otro, lo que algunos llaman la inteligencia social física. Los humanos de hoy son incapaces para gestionar su soledad de manera estoica y propositiva, requieren de una esperanza lejana, de un oído, de una imagen que en algún lugar del mundo les hace sentir vivos al contestar o simplemente dejar en visto un mensaje digital.

El amor lentamente está dejando de ser un sentimiento para abrigarse con el ropaje del dato. El amor terminará por ser medible, cuantificable, visible y comprensible por medio de la inteligencia artificial. Los algoritmos conducirán a la persona precisa, a su media naranja para algunos, dejando de lado ese bello y delicioso arte del conocimiento por medio de la mirada frente a frente. Contactar al otro se volvió un tema de formatos digitales como si se tratase de aplicaciones para empleos o productos al detal de las plataformas de contacto; lo atractivo viene por medio de una imagen digital en la que se observa un “producto-persona” que tiene una buena escenografía y un cuerpo moldeado en algunos casos, los más atractivos, o en otros, los avatares y memes que llenan el firmamento digital. Si no hay fotografías y videos, es muy difícil atraer al otro, aplica aquello de que una imagen vale más que mil palabras, el éxito de Instagram está en mostrar vidas “mejoradas y exitosas”.

Los datos marcarán el futuro de la humanidad durante la próxima centuria. La minería de datos será más importante que la minería extractiva. Preocupa de sobre manera el ser humano, cada vez más subhumano y cercano a un zombi con la facultad de pensar por sí mismo sujeta al modelamiento algorítmico. No se amará a quien se quiere, si no a quien se pueda siempre y cuando, el algoritmo lo permita. El amor fati, o amor al destino de los estoicos, dejará de ser hado para ser un sino marcado por el algoritmo y su falso dios: La Inteligencia Artificial. Volver a lo natural será siempre una opción, ojalá no sea tarde.

León Sandoval

Momentos

Una de las grandes preocupaciones de los seres humanos cuyo ego les abate, es la trascendencia. Permanecer más allá de la muerte, ¿Cómo permanecer en este plano cuando el cuerpo haya sucumbido y degradado?, ¿Qué será de quien fuimos? Trascender, así sea en el nombre de una edificación, en una estatua, una pintura, un legado artístico o benéfico, o por medio de la recreación de la conciencia al través de la inteligencia artificial, o de la prole en la mayoría de los casos. Algunos trascienden en objetos que terminan siendo carga sin interés para los descendientes de la tercera y siguientes generaciones; los objetos más afortunados terminan en el olvido en un museo o una biblioteca, e incluso, en una librería o tienda de artículos usados.

Trascender es la memoria, la memoria de los amados en tanto aquellos existen. Razón tenía Borges, “Ya somos el olvido que seremos”, no en vano, la vida también es memoria, momentos y sucesos. La vida no es más que una sucesión de momentos plasmados en el presente eterno que será memoria. No hay pasado, no hay futuro: Tan sólo el ahora. El aquí y el ahora. Preocupaciones siempre las habrá y la hubo, así como hubo y habrá compañía y soledad que marchan de la mano al vaivén de los tiempos. Momento es lo que hay, lo que se valora y curiosamente siempre se atesora.

 

¿Por qué afanarse por el mañana si siempre se está en el presente? El mañana no existe y, menos para quien deja de ser. Las necesidades se satisfacen en el ahora. Nadie puede satisfacer el hambre, ni la sed, ni el frío o el calor del mañana. El problema del mañana aún no llega y no siempre llegará. ¿Por qué ha de ocuparse por algo que no se sabe si sucederá? o por algo que probablemente no suceda jamás. Preocuparse es ocuparse de algo que no ha llegado y probablemente jamás llegará.

La vida es como un hilo que va de a poco uniendo entretelas del corazón; cada entretela es un momento, al final, la cadena que forma el hilo es la vida. La existencia humana es una sucesión de momentos. Algunos a penas inician a hilar momentos, otros ya están por cerrar la hilada de momentos. Al final, sólo al final, el corazón termina por atesorar momentos, momentos avenidos en recuerdos sollozantes o alegrantes: La memoria. Al fin y al cabo, se trata de momentos, nada más que momentos.
Se pasa por alto que, siempre se estará en el momento indicado, oportuno y justo para cada quien. Lo que ha de ser, será y es.

El momento llega siempre en presente, al punto que muchas veces se deja de estar y ser en el momento, por quedarse en algo que ya sucedió y se esfumó: La nada. No importa la hilada total, sino el momento, la cuenta que se hila. De hecho, se va la vida en el pasado, y por pensar en el mañana se olvida el presente. El momento es el presente, lo que se hace ahora y no lo que se hizo o se hará.

No se trata de vivir el momento por el momento. Se trata de ser plenamente consciente del momento. Se es plenamente consiente cuando los ciento y pico de sentidos están allí en el momento. No es sólo el oler, el ver, el sentir, el saborear o el escuchar, es también sentirse y ser consciente con el ahora. Muchas veces se cree estar pero, no es así, porque se está absorto en otros menesteres, en tanto la mente divaga. Oye pero no escucha, prueba pero no saborea, toca pero no siente, mira pero no ve, desea pero no ama, come pero no nutre, anhela pero no valora.

Momentos. La vida está pletórica de momentos, aciagos o felices, cálidos o fríos, oscuros o diáfanos, geniales y vanales. El humano y sus momentos, por eso el humano es momentáneo y temporal. Este es un momento. El humano es pasajero del momento. Solo El Eterno es quien es antes, ahora y después, permanente.

León Sandoval

El Padre

El abrazo del Padre es la posibilidad de reencontrarse con la energía creadora y vital, es el aliento que llega hasta el alma. El Padre da la vida, la fecunda; la Madre la conserva, la cuida. El abrazo del Padre inspira la adoración por la Divinidad y sana del resquebrajamiento de la depresión, hace mejores personas y muestra que en el camino por difícil que sea aún aguarda la esperanza de la sanidad espiritual y material. El Padre abraza hasta lo más profundo, conduce por el camino con la esperanza que alivia del dolor infectante que impide ver con precisión en la penumbra de la noche. Gracias al Padre se es quien se anhela ser, en esta vida de vicisitudes y caídas que no dejan otra alternativa diferente de ponerse sobre los pies y retomar la faena. Un abrazo, tan sólo un abrazo del Padre, redime, sana y salva.

El Padre es fecunda energía creadora que se transmite de célula en célula y de mente en mente. Vibración cósmica, energía total, el abrazo del Padre estremece y hace vibrar. El abrazo del Padre es la mente universal inmersa en la humanidad que señala el camino para cada brote del Ser. El abrazo del Padre es un abrigo para el alma, la expresión de la seguridad en el presente y la confianza en el futuro. Padre es la palabra más poderosa que hay, es un mantra que invoca al Creador omnipotente, no en vano en el monte Sinai, El Eterno promulgó su primer mandato, “Yo soy tu Di-s”. Procedemos del Padre y retornaremos al Padre. El Padre es el inicio y es el fin para el humano, cual ouroboros que se crea y se recrea en su infinito devenir, la mente humana no alcanzará jamás a entender la dimensión del Padre.

 

Con el abrazo del Padre son posibles las maravillas del cosmos, como expresiones del ser: Se posibilita ver la luz que encandila, pero muestra el camino con la confianza de llegar hasta el final; escuchar para auscultar su voz cálida y poderosa que musita la palabra que tanto se desea; tocar la materia y cada fibra del Ser. Probar del agua de vida que mana de su copa; sentir en lo más hondo del Ser la sustancia infinita de la generosidad y la bondad; la sonrisa que precede a la risa, la carcajada que aflora en su esplendor; y el amor, de tal manera ama el Padre que hizo pacto con su pueblo y lo sacó de Egipto para llevarle a la tierra prometida.

No hay hijo sin Padre, no hay Padre sin hijo. Los hijos son de las Madres y las Madres son de los hijos, pero el hijo viene por el Padre. De la relación con el Padre dependerán el éxito o el fracaso de las relaciones futuras de los hijos y en especial de las hijas para con sus parejas. Mucho del odio, del resentimiento social, de la enfermedad mental y de las troneras afectivas parten de la pésima o nula relación para con el Padre, por ello la imperiosa necesidad del abrazo del Padre. Si los humanos fuesen conscientes de ello, saldrían presurosos a abrazar al Padre. Dicen que Madre no hay sino una y es verdad, pero también es verdad que el Padre es único porque suministra el aliento vital que fecunda el óvulo.

Sanar la relación con el Padre es sanar la vida, sanar la existencia y sanar el mundo. Reconciliarse con el Padre, no importa quién sea Él, es una obligación personal. No le corresponde al hijo juzgar al Padre, si es o ha obrado correcta o incorrectamente, simplemente es el Padre la célula que se requería para forjar la vida. Es un privilegio proceder del Padre, al hijo le corresponde sólo agradecer por la energía vital, con ello basta. Honrar al Padre, hallar el tórrido abrazo del Padre es encontrar el sentido de la vida, jamás habrá depresión alguna.

Nunca se amará bastante, pero como el abrazo del Padre no hay. ¿Aún sigues sin reconciliarte para con el Padre? Es una pregunta oportuna cuando el Occidente comercial conmemora el día del Padre. Feliz día Padre mío Eterno, que has sido desde antes y lo seguirás siendo después.

León Sandoval

Colombia según Ripley

LeRoy Robert Ripley (1890-1949) fue un célebre comunicador social estadounidense que se hizo mundialmente reconocido por su original columna escrita, luego programa radial y televisivo: Ripley, ¡Aunque Usted no lo crea!, espacios en los que documentó hechos curiosos y extraños de todo el mundo. Si Ripley viviese estaría desternillado con la noticia publicada en el tradicional periódico bogotano El Tiempo, en su edición digital del 22 de junio de 2022, en la que se narra que un ciudadano se defendió de un atraco con un arma fabricada en la Alemania Nazi, avaluada entre treinta y cincuenta millones de pesos.

La nota periodística se centra en las características del arma, Pistola Walther P39 calibre 9 milímetros, que los hechos ocurrieron en el barrio Villa Mayor de la localidad de Antonio Nariño de Bogotá, y que el ilustre atracador de autopartes como el ciudadano que se defendió fueron capturados por las autoridades.

 

El primero por delito de hurto y el segundo por delito de porte ilegal de armas, dado que no tenía documentación legal que amparase el arma en cuestión, no obstante, aducir que tenía la pistola hace 20 años en su poder y que se vio obligado a emplearla para defender su propiedad. (Ver nota periodística, https://www.eltiempo.com/bogota/ciudadano-se-defendio-de-atraco-con-arma-de-la-segunda-guerra-mundial-682004)

El ciudadano que impidió su atraco es la verdadera víctima de esta historia, terminó judicializado y victimizado por las autoridades, por no tener documentos que amparasen la tenencia del arma. Por su parte, el atracador, avezado delincuente, probablemente salió libre a las pocas horas. Le imputarían hurto en grado de tentativa, e iría a la calle con descarada sonrisa para continuar la labor que dejo pendiente. El ciudadano que se defendió será detenido y expuesto a la gravedad con la que se tipifica y se investiga el porte ilegal de armas en Colombia. Otrosí, deberá también contratar los servicios de un abogado, asumir costes propios del proceso judicial y le será decomisada el arma; y probablemente será denunciado por tentativa de homicidio. Por lo visto, Colombia es un país donde son los pájaros los que les tiran a las escopetas, y los victimarios son tratados como víctimas.

La legítima defensa de la vida y de la propiedad tanto ajena como privada es un derecho fundamental y correlativo que forma parte del derecho natural a la vida, a la libertad y a la propiedad privada, cimientos del estado democrático liberal de derecho. El exceso de garantismo jurídico ha llevado a la existencia de casos que rayan con lo absurdo, como el aquí referido. ¿Qué hubiese sucedido si el ciudadano no usa su arma en defensa de su vida y de sus bienes? ¿Se hubiera cometido el crimen? ¿Sería otra cifra más de criminalidad? ¿En Colombia es tal la normalización del delito que, lo importante es “que lo roben pero que no lo maten”? ¿Cuáles son las teorías jurídicas predominantes detrás del sistema judicial colombiano? ¿Dónde quedan los eximentes de antijuridicidad y de responsabilidad penal?

No hay derecho para que un ciudadano que ha sido víctima de atraco sea judicializado por tener un arma clásica para su defensa personal. Se ha construido un relato falaz y hasta mojigato sobre el porte de armas, achacando la criminalidad a éstas como si fuesen las armas las que delinquiesen. Las armas son vistas con escrupulosa vigilancia como males mayores de la sociedad, y se cree que los índices de criminalidad descenderán desarmando a los buenos ciudadanos, empero, son los delincuentes los que siempre están armados; hasta una perversa industria criminal existe: alquilar armas por horas para la comisión de delitos.

El porte y tenencia de armas cortas de defensa personal debería ser un derecho de todo ciudadano apto para usarlas, y no estigmatizar a quienes defienden el uso de éstas. Las Patria y las civilizaciones se construyen y se defienden sobre uso natural de las armas que, sirven a su vez, de fundamento para el cabal respeto de la ley. Si el Estado es incapaz de proporcionar orden y seguridad a sus ciudadanos, deben éstos recurrir al uso de las armas para su defensa y protección. El sistema judicial no puede seguir judicializando al ciudadano que usa las armas para defensa de su vida y propiedad.

León Sandoval

Respetar lo acordado

Si tuviese que dar una característica muy frecuente entre la población colombiana sería la falta de valor de la palabra dada y empeñada. El colombiano puede cambiar de opinión, de parecer y de gusto como por arte de magia, esa es quizá la razón por la cual, pese a doscientos años de historia republicana Colombia no ha podido consolidarse como una nación pujante y trascendente en temas diferentes a violencia y narcotráfico. La moda en Colombia es un tema que va más allá de la vestimenta y el glamour, forma parte del modo de ser del colombiano promedio. No en vano, es el ejemplo que viene desde las cabezas dirigenciales del País en todos los escenarios. Encontrar colombianos de palabra, así cueste decirlo, no es frecuente.

Justamente, las disputas de la primera república que conllevaron al debate entre Bolívar y Santander, tuvo como escenario la falta de valor de las palabras y el irrespeto por los acuerdos, que condujeron finalmente a la muerte miserable y carente de gloria que tuvo que afrontar el libertador de cinco estados, y degeneró con la disolución de lo que los historiadores llamaron La Gran Colombia.

 

He tenido la oportunidad de visitar otros países y por ello puedo comparar, aspecto que resulta maluco y hasta malevo, hablar de comparaciones, pero es necesario hacerlo. El no respeto por los acuerdos es una constante colombiana, contratar para incumplir o modificar lo acordado pareciera estar en la agenda tácita. No en vano, Colombia tiene uno de los mayores índices de corrupción administrativa, empero todo servidor público al posesionarse en el cargo jura defender la constitución y la ley, constitución y ley que paradójicamente terminarán desacatando de manera repetida. Colombia también posee uno de los mayores índices de infidelidad entre parejas o los famosos “cachos” que llaman los colombianos, que hacen de los colombianos unos de los más infieles del orbe. No obstante, haberse jurado solemnemente la fidelidad conyugal y en otros casos, con menos formalismos, la fidelidad entre la pareja. Igual, hay quien pudiese argumentar que la fidelidad es antinatura, aspecto que no se discute aquí, porque lo que se discute es la firmeza de la palabra dada.

Alguien puede argumentar que la falta de valor de la palabra es un mal generalizado a lo largo y ancho de las fronteras nacionales de otros hemisferios, lo que no es del todo cierto. Aún subsisten sociedades donde la palabra pesa más que el texto escrito y se honran los acuerdos verbales. Colombia es un País donde la palabra vale lo que valen tres tiras de caucho quemado. Empezando por los políticos cuya palabra carece de credibilidad, y dicen unas cosas en campaña, y luego otras en el gobierno, y por supuesto, también cambian de parecer de lo antedicho, y como el célebre candidato presidencial van cambiando de opinión, porque sólo los imbéciles no cambian de opinión cuando cambian las circunstancias, lo que sucede en Colombia: Son los mismos políticos los que primero cambian de opinión para luego pretender cambiar las circunstancias.

Respetar lo acordado implica respetar la institucionalidad y sus leyes, otrosí de la palabra dada; caso curioso colombiano que político en el poder quiera cambiar la constitución, las leyes y hasta la manera de caminar de la gente, empero, han jurado defender la Constitución y las leyes que siempre quieren cambiar. ¿Para qué juran por lo que van a cambiar? Signo elevado de colombianidad. Cómo si el problema fuera la constitución y la ley, como si fueran éstas las que empeñan su palabra.
En suma, por arte de birlibirloque, atendiendo al signo elevado de la colombianidad, les da por decir que la solución al problema está en cambiar la constitución, es muy del colombiano buscar aguas arriba, y vender el sillón en caso de infidelidad.

El respeto por lo acordado, al parecer no tiene valor en Colombia. La sociedad colombiana será una mejor sociedad el día que recupere el valor de la palabra y por ende el valor de lo acordado. Donde se respeten, honren y cumplan los acuerdos. Se debe eliminar de tajo la mentalidad marrullera de que los acuerdos como las leyes son para incumplirlos y modificarlos. El problema de la sociedad colombiana no es la Constitución política, ni sus leyes, es más profundo, son los colombianos que deben hacerlas cumplir, ejecutarlas y acatarlas, y los colombianos encargados de elegir a los primeros. Ese es el problema.

León Sandoval – Ferreira

El resentimiento

La violencia se ha enquistado como modelo de expresión en las sociedades humanas. No es posible afirmar con precisión que la violencia está presente en los animales no humanos como en los humanos. Los animales no humanos pocas veces acuden a la violencia, la fuerza en ellos es el florecimiento de un instinto de supervivencia que les conduce a atacar en rechazo de una agresión o por la necesidad de alimentarse. En los animales humanos el uso de la fuerza acompañado por la violencia es visceral, como si para el animal humano la violencia fuese necesaria para expresar su rabia, su ira, su crueldad y su maldad. La violencia es el común denominador en diversos lugares, campos, ciudades y también en el universo digital; ciudadanos que hacen de la violencia un vehículo para su rabia, su ira, su crueldad y su maldad, o todo junto quizás. Es como si en muchas personas el sentimiento de humanidad se hubiere resentido.

Para el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) el ser humano era salvaje por naturaleza y necesitaba de un ser superior, el Leviatán que le administrara para que pusiera orden a la violencia emanada de los hombres, de esta forma se colocan las bases de las teorías contractualistas sobre el origen del estado. Por su parte, el polímata ginebrino Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) argumentó que el ser humano es bueno por naturaleza, es un buen salvaje que la sociedad corrompe y le conduce a la violencia. Para el primero la violencia podría ser una condición propia del estado de naturaleza humano, para el segundo era el resultado de un proceso de descomposición social. Debate que aún continúa sin esclarecer y que podría ser explicado desde la psicología, la economía, la ciencia política, el derecho y la sociología, incluso desde las ciencias de la nutrición, el hambre como generador de violencia.

 

En el fondo, la violencia puede explicarse desde el resentimiento, entendido éste como un sentimiento prolongado en el tiempo que entraña rabia, ira, enfado, disgusto hacía alguien o hacía algo, ese alguien puede ser otro sujeto moral, y ese algo puede tener la más diversa connotación una cosa o un conjunto de cosas, como por ejemplo una clase social, una organización o la misma sociedad. El resentido alberga deseos de venganza y de autosatisfacción que van alimentados por el permanente rumiar de odios, envidias y malquerencias. El resentimiento puede ser colectivo por compartir los mismos odios, envidias y malquerencias, o por el sembradío de inquinas en mentes ajenas que terminan cosechando cual océano, borrascas.

En el resentimiento se puede hallar la causa de todas las formas de violencia, entre otras, violencia de género, violencia política, violencia religiosa, violencia deportiva, violencia digital, violencia delincuencial, como si el violento per se no fuese un delincuente, o simplemente la violencia por la violencia, la violencia del que actúa por el simple placer de sentir la adrenalina que fluye mientras infringe dolor a otro.

El cenit de la violencia contemporánea está marcado por altas cifras de individuos resentidos que ven en otros a privilegiados sin merecimientos. El resentido apela a la violencia para convertirse en un superhombre que está dispuesto a todo por el simple prurito de equilibrar el sentimiento o al menos aminorar su enfado para con la injusticia de la que se cree víctima. Lo que ha generado un gran inconveniente en tiempos contemporáneos donde la cifra de seres humanos resentidos aumenta. A mayor conexión digital, mayor información, pero también mayor resentimiento, lo que se traduce en mayores niveles de violencia. Es importante que padres y maestros desde la tierna infancia presten especial atención al desarrollo socio-afectivo de niños y niñas. Se requiere humanos con mejores sentimientos, que odien menos, que envidien menos, que juzguen menos, para que amen, cuiden y agradezcan más.

León Sandoval

Con las buenas vibras

En la vida, como en todo, es muy importante tener una actitud positiva. Probablemente mantener una actitud positiva, por sí misma, no resuelva las circunstancias adversas, ni disuelva los problemas, pero no hay duda alguna que, una buena actitud frente a todo, un pensamiento bonito, un buen sentir, contribuirá muy favorablemente para mejorar la vida y tener un buen momento. Aún en los momentos más aciagos, una actitud positiva hará más llevadera la situación por penosa que esta fuere. Hoy día se dice con mayor frecuencia, “Buenas vibras”, “Le deseo buenas vibras”, “Reciba buenas vibras”, lo que en claro sentido no es otra cosa diferente a una buena actitud.

Las buenas vibras tienen que ver con la energía, el buen ambiente y la intención crear y pensar en el bienestar, en la sanidad y en la forma tranquila y esperanzadora de enfrentar la adversidad. Una buena actitud es una carga favorable de energía sanadora, reparadora y recuperadora que constituye en gran medida el inicio del éxito; éxito que se manifiesta en un triunfo que se consigue al superar la adversidad y el inconveniente como quien vadea un obstáculo en el camino. Ya se trate de una decepción amorosa, de enfermedad, de una crisis emocional, la ruina económica, la pérdida de una competencia, la partida de un ser querido, la violencia doméstica, la privación de la libertad, la inseguridad exterior, el terrorismo, o el miedo en todas sus manifestaciones, con una buena vibración seguramente la pena será menos tortuosa.

 

En tiempos de pesimismo, las buenas vibras son oleadas de fresco en el calor, y abrigo seguro en la tormenta. Como el árbol del Líbano, la buena actitud es como una raíz que debe crecer directamente proporcional al tamaño de la copa, en otras palabras, entre mayor sea el problema del mismo tamaño debería ser la vibración energética positiva, ante mayor dificultad, de igual tamaño la buena vibra. Que la buena vibra enraíce hasta lo más profundo para llegar hasta lo alto del cielo.
Sea cual fuere el problema: adversidad, enfermedad, pobreza, soledad, herida de abandono, dificultad, enfermedad, una buena actitud marcará un sendero para ir hacia adelante, para triunfar y arribar a la meta propuesta, así no haya más camino, siempre será posible imaginarlo, idearlos y soñarlo.

Frente a la enfermedad que, tanto sufrimiento le acompaña, la buena actitud, es parte de la ganancia y del éxito. Por supuesto que es fácil escribirlo, un poco más difícil leerlo, pero cada quien a su ritmo y sentido de lo bonito que se llene de buenas vibras y se atreva a desafiar a la enfermedad y el dolor que ésta provoca. ¿Y si no se da el resultado deseado?, por lo menos es mejor afrontar la pena con buena actitud, en últimas, ya se sabe que la vida, es el único juego del que no se saldrá vivo, y juego es juego, por ende, disfrutarlo de la mejor manera bajo la bandera que no todo se vale, debería ser siempre la consigna.
Por estos días una persona amiga atraviesa una situación de salud de cuidado especial, y como ella, hay cientos de miles de personas en iguales y peores condiciones, y pese a la congoja que este proceso produce entre sus seres queridos, es admirable la manera tan valerosa, jovial y con buenas vibras como esta persona amiga enfrenta su situación de salud.

No cabe la más mínima duda que, este obstáculo lo superará con creces como su crespa cabellera ondea en el viento. Saldrá airosa de esta situación de vida para recuperar sus fuerzas y brillar como lo ha hecho siempre. Las buenas vibras empiezan con el buen Di-s, el único Di-s. Que la alegría infinita colme la existencia toda.

León Sandoval

La chabacanería

La llamada industria del entretenimiento, por cierto, muy industriosa, mueve billones de dólares alrededor del mundo, se ha convertido en uno de los sectores más importantes de la sociedad; al punto que, la educación ha decaído frente a esta industria. Se estima que en Colombia por cada $100 pesos, los colombianos destinan el 20,8% para entretenimiento y bienestar, muy por encima de la educación, al cual destinan sólo el 4,5%, (Fuente: El Colombiano, 24VI2023). Entretener no es otra cosa diferente a mantener a alguien ocupado mientras pasa el tiempo, sin tener ningún beneficio a cambio. El entretenimiento va de la mano con lo que en esta época de hiperderechos se ha denominado derecho al ocio, en otras palabras, derecho a no hacer nada y a no estar obligado a hacer algo. El individuo se entretiene mientras llega el tiempo para hacer algo necesario o productivo. El entretenimiento, per se es innecesario, pero los actores económicos lo han vuelto necesario.

Si entretenerse es necesario, bien valdría la pena que en ese acto hubiese arte, gusto y mérito estimable. Preocupa el hecho de que hoy por hoy, el entretenimiento ha caído en la chabacanería, término definido por la RAE en su diccionario como “Falta de arte, gusto y mérito estimable”. Ser chabacán vende, factura, como diría la famosa cantante barranquillera, es motivo de halago y de exaltación. Para el caso colombiano, destaca un programa televisivo nacional, si bien es cierto, el emprendimiento privado es libre, al menos debería haber un mínimo de respeto por la inteligencia del televidente. Espectáculo horario triple A, en el que todas las noches desde hace un par de meses, por dos horas diarias, exhiben a un grupo de famosos, según el nombre del programa, mejor aún “famosos” a quienes sólo conocían unas cuantas personas en su parroquia, y su mayor mérito social es ser declarados “famosos” por un canal de televisión.

 

Estos “famosos” durante 24 horas diarias exhiben lo más chabacán, desde su conducta poco apropiada, sus valores, donde todo se vale, la ordinariez, lo ruin y lo vulgar como regla a expensas de publicidad y rating. Honestamente, ¿Qué responsabilidad ética recae sobre las directivas de la casa productora por la emisión de ese show televisivo? tan parecido a la antigua televisión peruana de antena parabólica de finales de los ochenta.

Alarma no sólo lo chabacán del contenido del programa que nada positivo aporta al televidente, también las decisiones del público que mediante votos define qué participante debe permanecer en el concurso según el nivel del morbo o de escándalo, o por lo menos, eso hacen pensar los realizadores del programa, empero, no se conoce certificado oficial de una firma auditora sobre la veracidad de los resultados de las votaciones que hacen los seguidores. Entre más grosero, vulgar, ordinario, mal hablado y soez sea el participante, tendrá más oportunidades de permanecer en el juego porque la chabacanería se ha malinterpretado como originalidad y autenticidad. No resulta difícil pronosticar quiénes llegarán a la final en ese concurso. Alarma también que ese contenido sea emitido todo el día vía streaming por la teleproductora, lo que permite pensar que hay consumo permanente de ese producto.

La iniciativa privada es un derecho, pero debe haber un límite ético, o al menos, debería exigirse que en la industria del entretenimiento hubiere un estándar mínimo educativo y ético. La ordinariez, el mal gusto y la chabacanería no pueden ser piedras de toque y modelos a seguir en una sociedad ávida de justicia y educación. No existe justificante válido para que personas sin formación para la convivencia pudieran ser referentes de “famosos” y modelo a seguir en la sociedad y, sobre todo, colocar a su servicio los medios de comunicación y hordas de televidentes con limitadas opciones televisivas. Mañana serán los likes que hoy eligen “famosos” los que mal elijan gobernantes y avalen políticas públicas. ¡Que la chabacanería no sea la regla y el patrón social, será mucho pedir, por favor!

León Sandoval

El carácter

Se ha vuelto norma social, mentir sobre lo que se piensa respecto de algún tema, materia o persona, simplemente por el hecho de quedar bien y no resultar molesto para los demás. Lo que conduce a que la hipocresía sea la reina de la sociedad. Hipocresía que se volvió constante en todos los escenarios, el hogar, la escuela, la iglesia, el trabajo y por supuesto, en los medios de comunicación. Se prefiere ser hipócrita con el ánimo de recibir beneficios antes que expresar la opinión real. Lo que ha conducido a la falta de carácter como regla general, en otras palabras, es mejor quedar bien con todo el mundo, a costa de la propia opinión y de la verdad.

Carácter es lo que escasea entre los individuos hoy día, cada vez decir “sí” tiene diversos matices, y decir “no” otros tantos. No se trabaja en construir carácter porque todo está bien y para que nadie se ofenda, se debe ser empático y resiliente, por lo tanto, decir lo que cada quien quiera escuchar es una forma de conducta, así lo que se diga carezca de verdad; como la historia del Traje nuevo del emperador escrita por el danés, Hans Christian Andersen (1805-1875), donde todo el mundo con tal de agradar al emperador mentía sobre su desnudez, hasta que, una niña en su inocencia, expresa “El emperador está desnudo”.

 

El carácter se demuestra o no se demuestra, no hay términos medios. El carácter no se vende en medicaciones, no se aprende, no se adquiere, se forja. Forjar carácter es un proceso que inicia desde la más tierna infancia acorde al medio y al entorno del sujeto. Forjar carácter es algo por lo que padres, docentes y en general, la sociedad debería preocuparse. La verdad claudica para ante lo políticamente correcto. Decir las cosas de tal manera que, nadie se moleste, es imperativo. La ciudadanía es de cristal y de fácil fractura, por ende, al ladrón no se le puede llamar ladrón, ni al asesino, asesino, o al corrupto, corrupto, ni al mediocre, mediocre, porque es denigrante, es preferible llamarlos presunto apropiador de lo ajeno, presunto arrebatador de la vida, cuestionado administrador de recursos, y sujeto en proceso de crecimiento y búsqueda del estereotipo exitoso, respectivamente.

Pareciera que es más relevante quedar bien con el otro que decir la vedad. La verdad sucumbe para ante lo social, y hoy lo que debe primar, ante todo, “Lo políticamente correcto”. Obrar y actuar de tal forma, que todos queden contentos. Las redes sociales cumplen un importante rol en esta dinámica, donde los “likes” son indicadores de aprobación social y medidas de influencia. Vale más quedar bien con la galería que consume contenidos digitales, así se sacrifique la verdad.

En ese orden de ideas, no es necesario empecinarse en llamar por su nombre a las cosas, al gato, gato, o al perro, perro, es mejor decirles seres sintientes domesticados de la especie felina o cánida, por ejemplo. Ante la ausencia de carácter cualquiera cosa está bien, porque en aras de los hiperderechos humanos y el libre desarrollo de la personalidad, hasta ser mentiroso y bribón es un valor; le va mejor al victimario que a la víctima, lo reflejan los encapuchados que vandalizan propiedad ajena con total impunidad.

Cuán importante sería que la forja de carácter fuese un asunto fundamental de familias y de la escuela, preocupados hoy por dejar un mejor mundo para las personas que, mejores personas para el mundo. Para aquellos interesados en el carácter, no obstante, leer a los filósofos estoicos, hoy de moda, sería interesante redescubrir un clásico de la literatura suramericana: El hombre mediocre, publicado en 1913 por el italoargentino José Ingenieros (1877-1925), interesante texto para reflexionar sobre la forja de carácter, ajeno al debate sobre las ideas políticas de Ingenieros. El carácter conlleva implícitos objetividad de pensamiento e independencia de criterio, lo demás es ornamento.

León Sandoval

El soldado colombiano

El soldado español de los tercios es un poema del español Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), que refiere el talante ético del soldado de los tercios españoles de la época de la Casa de Austria, dinastía de los Habsburgo en los Siglos XVI y XVII, inaugurada por el Emperador del Sacro Imperio Germánico y Rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, Carlos I de España (1500-1558). El tercio era una unidad militar compuesta por tres tipos de soldados de infantería: Los piqueros, los arcabuceros y los mosqueteros. Eran la élite de la soldadesca española, su referente podría ser los espartanos de Leónidas (540-480 a.C.) y las falanges romanas, constituyeron el cuerpo pletórico del arrojo y honor del Imperio Español.

Calderón de la Barca en su poema exalta las virtudes del soldado, donde la sangre excede el lugar que se nace, y sin mirar cómo se nace, se mira cómo se procede. El soldado honrado, pobre y desnudo tiene más cualidad que el más galán y lúcido, canta el poeta. El soldado colombiano encarna al soldado no sólo de los tercios, sino de todos los tiempos: El prehispánico, de la conquista y de la colonia, también al soldado de la independencia que vertió su plasma aún contra las tropas de la Madre Patria. La cortesía, el buen trato, la verdad, la firmeza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito, la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad, la obediencia, la fama, el honor y la vida son créditos del soldado, remata el poeta.

 

En Colombia, muchos ciudadanos se creen con el derecho de pisotear la Institución Militar, al punto que los soldados colombianos, como el buen Jesús, no sólo deben poner la otra mejilla, sino que los indígenas los desarman, los jueces los condenan, los políticos los crucifican, los académicos los desprecian, y los guerrilleros o exguerrilleros que antes los combatían, ahora desde dan cátedra espuria sobre la moralidad del soldado colombiano, y lo combaten cínicamente en medios de comunicación y tribunales. Las Fuerzas Militares de Colombia son la más preclara institución del País, está conformadas por hombres y mujeres que entregan su vida, su tranquilidad y su honra por el bien de la Patria. Un País que reniega de sus soldados y los desprecia no puede ser un buen País.

En Colombia minusvalorar al soldado está de moda, da votos y buenos réditos. Una de las consecuencias del acuerdo de Paz Santos-Farc fue el desmonte paulatino del pie de fuerza, el desconocimiento de la gloriosa historia del soldado colombiano y su claudicación para ante la Subversión que, cubierta con piel de oveja disimula su fiereza. Sólo quien ha vestido los colores de la Patria sabe lo que significa el espíritu de cuerpo, la lealtad, el honor militar, la entrega, la fatiga, el orden cerrado, las largas vigilias, el padecimiento, en defensa de los bienes, honra y vida de sus conciudadanos. Qué equivocados están los enemigos de las Fuerzas Militares si creen que lograron derrotar y amilanar al soldado colombiano, el primer bastión moral de la Patria.

¿Será que se está vivo y la que ha perecido es la vida? Porque no es el vestido el que adorna el pecho, sino que es el pecho el que adorna el vestido, dice el verso. El honor del soldado colombiano insufla el alma del uniforme. Bien lo dijo Calderón de la Barca, en buena o mala fortuna, la milicia no es más que una religión de hombres honrados. Pese a unos pocos que mancillan el honor militar, hay más de 220.000 hombres y mujeres que con arrojo, pundonor, honradez, compromiso, ética y lealtad derraman cada gota de su sangre y sudor por el sostenimiento de la Patria. Al Soldado Colombiano, ¡Gloria y Honor!, porque una vez soldado, por siempre soldado.

León Sandoval

Padres e hijos

Los adultos, en gran medida, son la obra de sus padres, no es una aseveración inmutable. Los padres juegan un papel decisivo en el desarrollo psicológico, la salud mental y el equilibrio emocional de los hijos. En la interesante película Hillbilly, una elegía rural, (2020), dirigida por Ron Howard (1954), elenco de lujo, encabezado por Amy Adams (1974), Glenn Close (1947) y Gabriel Basso (1994), inspirada en la historia autobiográfica de J.D. Vance es posible analizar esta hipótesis e incluso confirmarla.

La película discurre en la técnica del flasback y narra la historia de J.D. Vance, un brillante estudiante de leyes de la Universidad de Yale, cercano a cumplir sus sueños, debe atender una crisis de su heroinómana madre. Situación que le lleva a confrontar su ciclo vital en una comunidad rural del estado de Ohio en los Estados Unidos y su difícil relación con Bew, madre desde temprana edad, rebelde hacía sus padres y al sistema, promiscua y consumidora habitual de sustancias tóxicas. La película también permite entrever la difícil relación de pareja entre los abuelos del protagonista, que en su juventud huyen de sus casas paternas.

 

La película muestra los ciclos de la violencia intrafamiliar, las diferentes formas de abuso físico y psicológico de una madre a su hijo. Una madre inestable emocionalmente y drogodependiente que con su toxicidad puede arruinar la vida de su hijo por muy brillante que éste fuere. La película permite arribar a la temprana conclusión que las personas no nacen buenas, ni malas: Simplemente nacen y son las circunstancias bio-psico-socioculturales las que influyen en su desarrollo. Los valores y principios se decantan a partir del entorno.

La Familia, y en particular el papel de los padres viene a ser fundamental en el desarrollo de los hijos. Padres emocionalmente inestables, con problemas de conducta, con dependencia psicoafectiva, difícilmente podrán ser buen ejemplo y garantizarán un espacio benigno para la crianza de los hijos, y éstos a su vez, reproducirán esas maneras maltratadoras sobre sus hijos, no obstante, el amor o la percepción de ese amor insano que les proveen. La película reproduce el ciclo que va de abuelos a hijos, y de hijos a nietos.

Bew no sólo es una mujer emocionalmente inestable, que requiere del amante de turno para sentirse segura, lo que refuerza con el consumo adictivo de medicinas que sustrae de sus pacientes en el hospital en el que trabaja. Tiene una vida fracturada desde la infancia, que en su adultez repite el patrón para con sus propios hijos, al punto que, termina por ser una hija más y un yunque para sus propios hijos.

La salud mental es fundamental en el proceso de educación de los hijos. Un niño cuyos padres no gocen de buena salud mental, difícilmente podrán tener entornos saludables. El protagonista de la película estaba irredimiblemente condenado a repetir el ciclo vital de su madre y sus abuelos, pero en un acto de grandeza, su abuela, Mammaw, protagonizada por la estelar Glenn Close, hace cuentas retroactivas y enmienda los yerros cometidos para con su hija, al hacerse a cargo del hijo de ésta, su nieto adolescente.

J.D. hace las paces con el pasado, decide ir por su futuro, valorar su propia vida, sin descuidar a su madre en problemas, mas no se entierra con ella, antepone sus estudios y su proyecto de vida. Lo que seguramente debió ser auspicioso, la película no lo exhibe; hoy, James David Vance, es un flamante senador de los Estados Unidos.

No es fácil ser padre, no hay cursos para ello. La mayoría aprende a ser hijo el día que empieza a ser padre. Los padres biológicos no eligen a sus hijos, son los hijos los que los eligen. Esa es una asignatura que cuesta sudor, dinero, trasnochos, lágrimas y hasta sangre. Cuando hay diálogo, equilibrio mental, perdón, reconciliación, disciplina y, sobre todo, mucho amor los niños se convertirán en adultos sanos y equilibrados. Un niño roto, emocionalmente fracturado, será un adulto que, difícilmente se podrá reparar.

León Sandoval

Cómo curarse de odio

En Semana Santa bien vale la pena escribir sobre el odio. En últimas, fue el odio lo que llevó a la crucifixión del Mesías. El problema del odio o la enfermedad del odio, por denominarlo de esa manera, no es de quien es destinatario o receptor de ese sentimiento de aversión o de esa emoción negativa que busca su destrucción, si no de quien realmente lo padece, en otras palabras: El problema del odio es de quien supura odio y destila la hiel de destrucción hacia el sujeto u objeto del odio. Quien odia, no sólo odia lo que está fuera, odia finalmente lo que está afuera porque allí recae su propio reflejo. Es decir, quien odia a otro, se odia a sí mismo porque ve reflejado en el otro lo que tanto detesta y le incita a querer autodestruirse por medio de la destrucción del otro. Este breve artículo sin pretender ser un tratado de ciencia psicológica, porque definitivamente no lo es, sí es una diminuta reflexión personal sobre como curarse de odio, o al menos, intentar tomar conciencia sobre el padecimiento del odio.

El odio es catalogado como un sentimiento de aversión hacía alguien o hacia algo, se dice también que es una emoción negativa que provoca el más profundo rechazo hacia el destinatario de dicha emoción que, muchas veces puede ser la misma persona que la padece. Según algunos diccionarios de psicología definen el odio como una pasión de un sujeto que busca la destrucción de su objetivo, para el psiquiatra de nacionalidad alemana Sigmund Freud (1856-1939) el odio era un hecho clínico esencial que produce serias consecuencias psíquicas y sociales. Para el psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Lacan (1901-1981) el odio se manifestaba como el odio celoso y el odio del ser; el primero se dirige hacia aquello que se considera digno de rivalidad, y el segundo, que es más vehemente, es el odio hacía otro por el hecho de saber más o de conocer más o incluso el odio hacía Dios por el hecho de ser Dios, “El odio del ser puede también apuntar al ser de una persona a la que le es supuesto un saber más perfecto y cuyas conductas o proposiciones son entonces execradas”, en términos de Lacan, fueron víctimas de este odio del ser, el astrónomo pisano Galileo Galilei (1564-1642) y el matemático alemán, inventor de la teoría de conjuntos, George Cantor (1845-1918).

 

El que odia lo hace porque le ha dado la capacidad al destinatario de esa aversión para provocarle ese sentimiento de repulsión. Quien odia lo hace porque sufre, es débil, su inteligencia emocional no le permite gestionar adecuadamente las emociones, entendiendo que el dolor provocado puede ser digerido por medio del diálogo y la introspección. Los seres humanos cargamos con dolor, con resentimiento, con desprecio por el que es diferente ya sea por que se ve diferente, porque vive diferente o simplemente porque piensa o ama diferente. ¿A dónde irá a parar el mundo si todos los seres humanos tuviéramos que concebirnos, vivir, pensar o amar de la misma manera?

Curarse de odio no es fácil, ni consiste en una receta mágica que se toma en dosis de comprimidos cada ocho horas, pero en mi experiencia, más como receptor o recibidor de odios fundados e infundados y menos como odiador, lo que creo trance superado, es posible proponer desde una mirada holística algunos ejercicios terapéuticos a saber: Primero, aceptación y amor propio. Segundo, entender que todos los seres humanos somos diferentes y que la tolerancia es un acto de amor. Tercero, el sentido de la consideración moral para con el otro. Cuarto, tener la capacidad de hacer un ejercicio de alteridad desde el lugar del otro, y luego desde un lugar ajeno al otro y al propio para determinar qué es lo que provoca ese sentimiento aversivo. Quinto, meditar con la mirada hacia dentro, introspección para hallar la causa del odio dentro del propio ser y no fuera. Sexto, perdonar lo odiado, sin perdón no es posible sanarse de odio.

El camino del odio viene de afuera hacia dentro, y no al contrario. Dado el caso, pido perdón a quienes me han odiado y a especialmente a quienes me odian, y a quiénes en algún momento he odiado, no ha sido jamás mi deseo despertar tan vil sentimiento. El odio enceguese. Abandonar el odio es retomar la claridad. Que la Semana Santa haya sido tiempo de refrigerio y reflexión.

León Sandoval