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Etiqueta: León Sandoval

El temor de DI-S

A propósito del inicio de la Semana Santa, semana en la que muchas personas toman un tiempo para descansar de sus actividades diarias y otras conmemoran la tradición cristiana en atención del padecimiento del Mesías en la Cruz y su posterior resurrección, bien vale la pena trazar unas líneas sobre lo que, en mi opinión, fundamenta la relación con el Creador del Universo a partir de las enseñanzas judaicas. El Buen Libro como también se le conoce a La Biblia, se centra en la enseñanza talmúdica y el Torah, que es el libro de la ley del pueblo de Di-s, reproducido en el Pentateuco que, corresponde a los cinco primeros libros de la Biblia, y narran el origen del Universo y la historia del pueblo de Israel. La cosmovisión hebrea, el pueblo de Di-s y en efecto, los personajes más relevantes de esta gran epopeya son judíos, etnia que también se hace presente en el Nuevo Testamento, porque el Mesías y sus discípulos, como también sus ancestros fueron judíos.

Israel es el pueblo elegido por Di-s, al menos así lo siento en mi corazón y en mi ser, y también es una opinión muy personal. Al desentrañar el sentido de las escrituras, siempre me ha llamado la atención particular el temor a Di-s como la base de toda relación con el Creador. En otras palabras, la reverencia y el respeto que se deben profesar a ese ser superior, por el hecho de ser el principio universal y la fuente de todo.

 

El Di-s al que temo no es mi amigo, no es mi hermano, no es mi jefe, no es mi presidente, ni es mi propietario, ni es un ser humanado. Di-s es TODO. Es Principio y Fin. Es Causa inicial y última. Es la Energía Superior que está por encima de Todo y de Todos; es tanto su poder que no es posible estar frente a Él y mucho menos mirarle, so pena de perecer. La Santidad del Creador pocas veces un humano la puede soportar, porque en Di-s está la perfección. Di-s es justo. En Él sólo hay verdad y justicia.

Entender a Di-s es imposible así como explicarlo desde la razón. Lo posible es relacionarse con Él a partir del temor como lo enseña La Torah, porque el temor implica también ser consecuente con las consecuencias del acto. La Biblia está llena de cientos de referencias sobre el Temor a Di-s y la bendición para quienes le temen. El Di-s del Antiguo Testamento es un Dios benigno y sanador, que cuando tuvo que castigar lo hizo porque es su derecho como Padre.

¿Qué demanda Di-s de quienes le reconocen como su Padre? La respuesta está en Deuteronomio 10: 12-13, lo que El Creador pide a su pueblo Israel es en primer lugar, que le tema, que ande en todos sus caminos, que le ame y que le sirva con todo el corazón y el alma, y que guarde todos sus estatutos y mandamientos. Muchos piensan que demandar ésto de sus hijos, es egolatría patriarcal, pero no entienden que en tiempos de vida ligth, el amor no puede ser también light. A Di-s sólo se le puede amar en la obediencia, en la reverencia y en el respeto, eso es el Temor. Los judíos bien lo entienden con el uso de la kipá, mi humanidad tiene un límite por encima de mi cabeza que no puedo superar y por encima está Di-s. ¿Cómo se puede decir que se ama sino se está dispuesto a hacer todo por el amado?

El Di-os del Antiguo Testamento, el Dios del pueblo de Israel, no sólo es el más grande, es también el Único Di-s, y no es una opinión personal, cuando empiezas a temerle es porque le has hallado realmente. Es muy difícil describir con palabras lo que se siente cuando empiezas a vivir en el temor del Creador, en ese momento has percibido su esencia.

León Sandoval

Alimentar Vs nutrir

En los años ochenta del Siglo pasado, la preocupación global giraba en torno a la crisis provocada por el hambre, en muchos países africanos, los niños morían por desnutrición ante la escasez de alimentos que había en ese continente, o por lo menos, así lo informaban los medios de comunicación de la época. Ingenuamente se pensaba que la solución a la hambruna era enviar toneladas de comida; aparentemente, la hambruna desapareció y los niños dejaron de morir por desnutrición, no obstante, África no ha superado los deficientes niveles de atención nutricional de sus habitantes. ¿Sería esa misma la solución para la aguda situación de los niños de las comunidades étnicas de la Guajira afectados por desnutrición? En tiempos donde se produce tanto alimento y comida como jamás antes se ha producido, no debería haber desnutrición o al menos mala nutrición.

La respuesta está en la dicotomía entre alimentar y nutrir: Sobreabunda el alimento, o por lo menos los anuncios publicitaros y las góndolas de los supermercados así lo permiten percibir, alimento entendido como comida hiperprocesada, los famosos paquetes, enlatados, combos, cajita alegres, etcétera que, aparentemente, hacen la vida más fácil, al evitar la preparación de los alimentos y permitir más tiempo para trabajar y otros menesteres como la recreación y el descanso, muy acorde con una sociedad que quiere fórmulas instantáneas e inmediatas para satisfacer las necesidades y ser feliz.

 

En consonancia, los huevos desyemados y sin cáscara, las papas tajadas, sazonadas y precocidas, el café sin cafeína y el chocolate sin cacao, los vegetales lavados y procesados, el sabor en cajitas de colores, cuya consecuencia es la vida más sencilla y fácil, además de los puestos de trabajo que requiere mano de obra para procesarlos. La gastroquímica hace de las suyas; la magia del sabor ya no está en el alimento ni en la habilidad del cocinero, reposa en la sustancia mágica que se añade a la cacerola. Todo sabe mejor.

¿Realmente, es cierta tanta provisión? Ha crecido la industria de los alimentos mas no en las mismas proporciones la nutrición. Las personas se alimentan más, mientras se nutren menos. Nutrir es el acto de proveer los nutrientes adecuados para cada quien, cede frente al alimento que llena el estómago y calma el hambre. Suprema sabiduría contiene la expresión “Somos lo que comemos”. A mayor acceso a los alimentos y a mayor variedad, la nutrición escasea. La salud alimentaria hoy día es deficiente, al punto que el sobrepeso se ha normalizado, elevados índices de marcadores sanguíneos negativos son la constante, y un variopinto diagnóstico de múltiples enfermedades que tienen origen en lo que las personas llevan a sus bocas.

Es hora de hacer un alto en los procesos nutricionales e invitar a reflexionar a productores como procesadores de alimentos, a los gobiernos y por supuesto a la ciudadanía en general sobre la calidad y beneficios nutricionales de los alimentos y la relación costo-beneficio nutricional. Es increíble como los carbohidratos, las harinas refinadas, los azúcares y las bebidas saborizadas están en la carta de la mayoría de los restaurantes y expendedores de alimentos, sin importar el lugar, bien sea un centro comercial, una institución educativa o un hospital, sin que el consumidor pueda ejercer el derecho a nutrirse en lugar de alimentarse.

No significa que en épocas pretéritas la gente se nutriera mejor y se alimentara peor, simplemente se apelaba a comer lo que había como base de su dieta y lo complementaba con una vida nómada. Es imperativo cambiar los hábitos individuales y colectivos, entender que el modelo del ejecutivo exitoso que consume sanduches, papas fritas y gaseosas porque su tiempo debe priorizarse para producir debe ser modificado. Es un deber humano retomar la comida sana, saludable y sanadora preparada en el hogar con tiempo, amor y dedicación para cuidar a la familia. Se requiere mejor y mayor nutrición. En tiempos donde alimentarse es relativamente fácil nutrirse se torna difícil, fallan la solidaridad y la conciencia.

León Sandoval

Memento moris

El estoicismo es una corriente filosófica que se originó en Atenas (Grecia), hacía el año 300 a. C con el fenicio Zenón de Citio (336-264 a.C.), Citio estaba localizada en la actual Ciudad de Lárnaca en la costa sur de Chipre. Zenón era un próspero mercader que inició un periplo desde Fenicia a El Pireo (Grecia) con un cargamento de púrpura, naufragó y perdió su capital. Arruinado llegó a Atenas y se convirtió en discípulo del filósofo cínico Crates (368-288 a.C.), luego de madurar intelectual y moralmente, Zenón decidió abrir su propia escuela y sus seguidores fueron llamados “estoicos” en razón a que se reunían en la Stoa Pikilé o Pórtico Pintado, un antiguo monumento ubicado al norte del ágora de Atenas.

El sistema estoicista de filosofía aplicada o práctica para la vida tiene por propósito reconocer las emociones, racionalizarlas y transmutarlas para el bienestar propio. En otras palabras, definir qué está bajo el control personal y qué eventos no pueden ser controlados. El estoicista se concentrará en lo que esté bajo su control y no sobre lo que no puede controlar. Lo exterior no debería generar sufrimiento porque no se puede sufrir por aquellas situaciones que se escapan del control propio y que tienen fuente ajena al sujeto. Sobre lo que sí se puede ejercer control es sobre lo que viene de adentro, lo propio, lo interno. El sufrimiento sería una decisión propia. La condición moral del acto humano está mediada por la capacidad racional de autocontrol de los individuos.

 

Entre los primeros cultores de esta disciplina filosófica destacan Gayo Musonio Rufo (25-95 d.C.) de quien se dice que no dejó obras escritas; Lucio Anneo Séneca (4 a.C.- 65 d.C.) rico, político y filósofo que fue muy célebre por su influencia en Roma autor de diálogos morales sobre la brevedad de la vida, la ira y la serenidad del alma; el discípulo de Musonio Rufo, Epicteto (55-135 d.C.) sobre quien se afirma que en Roma fue esclavo la mayor parte de su vida, autor del Enquiridión; y el célebre emperador romano Marco Aurelio Antonino (121-180 d.C.) de quien se afirma fue uno de los mejores gobernantes romanos y autor de un diario personal publicado luego bajo el título de Meditaciones en el cual se recoge en gran medida postulados estoicistas que el sabio emperador aplicaba para su vida personal y su gobierno.

Se dice que también fueron estoicistas el filósofo neerlandés Baruch Spinoza (1632-1677), su colega escocés David Hume (1711-1776). Del Siglo XX destacan el psiquiatra austriaco Viktor Frankl (1905-1997) creador de la logoterapia y reconocido por ser autor de uno de los libros más bellos de su tiempo: El hombre en busca de sentido donde refiere su experiencia personal en los campos de concentración nazis y fija las bases de la logoterapia; y los psicoterapeutas cognitivos estadounidenses Albert Ellis (1913-2007) y Aaron T. Beck (1921-2021). Hoy incursionan como autores estoicistas, el italiano, profesor de filosofía, Massimo Pigliucci con su texto Cómo ser un estoico y el coach español Marcos Vázquez, autor de Invicto, logra más, sufre menos.

Para los estoicos el sentido de la vida se relaciona con tomar decisiones correctas y mantener la calma mental a pesar de los problemas, a ésta última la denominaban ataraxia. En suma, el estoicismo plantea que el propósito de la vida es el empleo de la razón para construir mejores vidas y entornos sociales dentro de las mismas limitaciones de los humanos. Para lo cual, caben preguntas como: ¿Dependen las adversidades de mí? ¿Yo puedo cambiar lo externo? ¿Deseo lo que no puedo controlar? ¿Gasto mi tiempo deseando y no agradeciendo lo que tengo? ¿Estoy sobredimensionado los problemas y preocupado por lo que no sucederá?

En el ejercicio estoicista la virtud es un valor fundamental, porque requiere altísimas dosis de sabiduría, disciplina, coraje y justicia. Realmente no se es estoico, se busca ser estoico como propósito de vida. El estoicismo se vive, no se escribe. El estoicismo se hace en el camino, es el disfrute del camino lo que construye al estoicista y no el destino; se trata del carácter para afrontar la existencia, como lo repetían los antiguos romanos y especialmente los estoicos: “Memento moris” (Recuerda, morirás); al fin y al cabo, con justa razón, nadie sale vivo de la Vida.

León Sandoval

El Sentido de la Vida

Desentrañar el sentido de la vida es una de las grandes acciones que un humano puede emprender. Más allá de la existencia humana en general, es la propia existencia la que merece ser vivida y entendida. La vida sencilla y simple que a cada quién corresponde, comprender el sentido de la vida bien puede tomar toda una vida, toda una existencia, incluso, puede tomar varías existencias. El sentido de la vida bien podría consistir en hacer lo correcto y mantener la calma en aquellos momentos de apremio.

El sentido de la vida es algo individual y personal, no es un proceso colectivo de diálogos de saberes, se forja en lo más íntimo de los individuos, en el alma misma donde se cuecen las entretelas de lo interno. No hay un manual para hallar el sentido de la vida, para muchas personas bien puede ser un oficio, un arte, un pasatiempo, una obra benéfica dentro del espíritu inmenso de darlo todo por todos, o simplemente: La nada, entendida como la reflexión profunda que permite la iluminación superior mediante estados alterados de conciencia, o la nada como el reposo constante en el vacío.

 

Para algunos otros, el sentido de la vida podría ser hallado en lo material, un bien susceptible de precio, o una suma de dinero depositada en una cuenta bancaria, o podría ser su semejante, amado u odiado, los hijos, los padres, la pareja o hasta un animal no humano. Cuando se halla el sentido de la vida, todo fluye, todo es mejor y la vida torna en instantes y dimensiones incalculables de éxtasis. Encontrar el sentido de la vida acerca al Creador y enruta a la misión en la vida.

El sentido de la vida no consiste en el éxito que a tantos les es esquivo, el sentido de la vida se acerca al fuego interno que una vez conocido, es sentido y entendido como la gran materia de la existencia. Gracias al sentido de la vida se conquista lo inconquistable, los obstáculos una vez superados se convierten en experiencia. El sentido de la vida no tiene edad, ni etapa, no se requiere requisito previo de juventud, de madurez o de educación formal para hallarlo, no corresponde a un ahora determinado, es quizá el memento mori, ese también morirás que a todos acecha.

Un día le preguntaron a un hombre por el sentido de la vida, en su sencillez, respondió que es como recomendar un libro para su lectura, se pueden hacer cientos de listados de libros según diferentes criterios, pero siempre, responde el hombre, el libro más importante que debe ser leído, es el libro de la propia existencia que se escribe día a día.  

Hallar el sentido de la vida es encontrar el leitmotiv, la razón recurrente de ser, aquello que cuando se encuentra, se encuentra a sí mismo, bien puede ser el encuentro entre los claroscuros que llenan las almas humanas, el bien y el mal en un mismo continente, el amor que todo lo puede y todo lo soporta, o el desamor que todo olvida y refuta.

El sentido de la vida no tiene nada que ver con los aires de una cabalgadura, la monta se puede disfrutar al paso, al trote o al galope extendido, lo importante es el avance, y aún el reposo podría ser el sentido de la vida para algunos. El sentido de la vida no es un formato que aplica para todos por igual, hay quienes en la adolescencia ya lo han detectado y a otros hacerlo les tomará muchas noches de insomnio, en todo caso, no hay garantía de nada. Se puede dejar la existencia sin encontrarlo.

Cuando se descubre ya sea por serendipia o por ejercicio racional, reflexivo o programado el sentido de la vida, se logra conocerse a sí mismo, ese conocimiento indefectiblemente marcará un hito entre el pasado y el futuro, que no es otra cosa, que el presente eterno. El sentido de la vida dará la eternidad, la inmanencia y la trascendencia.  Entre tanto, hacer lo correcto y mantener la claridad mental son indicios de que la búsqueda va por buen sendero, y probablemente, lo que es buscado, anhelado y querido para la vida, está pasando el siguiente recodo. Que el Todopoderoso permita a cada quien hallar el sentido de la vida.

León Sandoval

El ego

El ego es el gran opositor de la condición humana y es también su mejor amigo. El ego se nutre de la debilidad humana, se forja y permanece en la psique humana. El ego que viste de gala con su pompa, su vana sabiduría profana, su inteligencia vacua, sus efímeras habilidades atléticas, sus galones, medallas, mandiles y charreteras, y también sus títulos académicos, diplomas y certificados, y en otros casos, fajos de billetes, propiedades, glamur y profana ostentación.

El ego es como ese parasito interno que inconscientemente anida en el anfitrión, empero, el parasito es consciente de su parasitismo y del daño que realiza, mientras el anfitrión es víctima del ego, que cree que todo es perfecto y que todo lo merece. El ego tiene mirada insidiosa y su alma es reemplazada por cientos de méritos artificiales que le acompañan, méritos que no están realmente allí, en el interior, sino en lo que sobra y no importa. No es el ego el que se salva del naufragio sino la simpleza en la destreza para sobrevivir.

 

El ego debería nacer exacerbado para ir menguando hasta finalmente desaparecer. La mayoría de edad del ego debería ser su muerte, la muerte del ego, y si no logra vencerlo la muerte, al menos sujetarlo, pero la tendencia del ego es ir aumentando peso a medida que pasan los años cual voraz proporción. El ego hace que quien habla, sólo hable de sí y de sus logros, y de cuánto ha acumulado, como si el acumulador de títulos pudiese trastearlos todos en una bolsa, o como si el lector ávido pudiese cargar la biblioteca al hombro por doquier, el ego es los libros que ha tenido o los que ha leído, pero no los que ha logrado atesorar dentro de sí y poner en práctica por pocas sean las líneas que haya leído.

El ego tiene una mirada que no provoca confianza, una mirada que, en lugar de transmitir la tranquilidad del alma, transmite la desconfianza porque sólo piensa en engrandecerse a sí mismo, a costa de la hipocresía y del querer quedar bien con los demás. En la mayoría de los casos el ego es un diplomático mal representado en donde siempre habrá un doble y hasta múltiple cariz.

El ego quiere tener el control de todo y de todos, por ende, es experto en trasladar la responsabilidad y la carga a los demás para evadir las propias. El ego se erige sobre los hombros de los otros. Existe una delgada línea entre el ego y la infracción de la norma. El ego gusta del halago, más del propio que del ajeno, es zalamero porque cree que dar halagos a otro, le será retribuido de la misma manera. El ego no acepta la ausencia de reconocimiento, tampoco acepta, que el más diminuto podría ser el mayor.

El ego cree que nació para mandar y gobernar, no sólo lo expresa, lo siente y engañado cree que eso lo hace superior a los demás. El ego cree que no es ego, pero no tiene necesidad de negarlo o afirmarlo, simplemente es ego que hace la vida miserable de todos aquellos que le rodean, incluidos sus seres queridos, y por supuesto, la de los tampoco queridos.

El ego detesta la imperfección del otro, que no es otra cosa, que un reflejo propio, lo del otro siempre le será despreciable, el ego cree que es armonioso y perfecto. El otro es un espejo en el que el ego se refleja, pero niega reconocerse.

El ego cree que hace todo bien y perfecto, que está llamado a los más altos ministerios y que la cabecera de la mesa es su lugar, porque es indigno de ser segundón, por ello siempre se presentará como lo excelso, lo diferente, lo magnánimo, lo generoso y lo magnífico, pese a ser un rutilante cascarón que encubre podredumbre.

El ego cree será amado e idolatrado, cuando realmente es odiado, tan sólo que sus amadores e idólatras son como el ego: Son también el ego que espera a pararse sobre su propia altura para caer al vacío. No en vano, el ego es el satán interior que espera devorarse a sí mismo porque ha olvidado de dónde ha venido y quién ha sido. Hay dos cosas por hacer con el ego, matarlo o controlarlo, lo demás es perder el sentido de la vida.

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Memoria, amor y existencia

El gran escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) en su cuento de 1942, Funes, el memorioso, narra la historia de Ireneo Funes un joven campechano habitante de la localidad de Fray Bento ubicado en la frontera entre Argentina y Uruguay. La principal destreza de Funes era la de tener siempre la hora exacta sin tener reloj, extraña rareza para un joven sencillo, hijo de una planchadora y un padre incierto. Funes acostumbrado a las faenas de la caballada que, un día sufre un accidente al caer de un corcel, queda inconsciente y al volver en sí además de estar tullido, desarrolló una extraña habilidad, una memoria asombrosa que le permitía recordar cientos de datos y palabras, al punto que puede recordar todos los detalles de un día, como si permaneciese en el presente congelado en el pasado. Con esa habilidad Funes aprende idiomas, detalles, formas, contexturas y datos que jamás hubiese logrado retener. Era una especie de algoritmo charrúa. Funes no escribía nada de lo que memorizaba porque tenía la certeza de que nada podría olvidar, por lo tanto, no tenía sentido escribirlo. No obstante, su memoria elefantina, Funes no era capaz de pensar.

Los seres humanos son y existen gracias a su memoria. La memoria en gran medida nos hace ser quienes somos. Una persona que pierde la memoria se despersonaliza, al abandonar su pasado se va el quién fue y olvida de paso quién es. No es posible ser sin memoria. Existe una profusa relación entre la memoria y los sentimientos. Se recuerdan como impronta en los seres humanos los hechos más catastróficos y los hechos más dulces; la memoria, el amor y el odio son relación azarosa. Quien odia no pierde la memoria, por que dejar de odiar implica perder la memoria. Con el amor sucede algo diferente, quien ama conserva la memoria vívida de los hechos que el amor el llevaron a protagonizar. Lamentablemente, cuando el amor se va, se va también con él la memoria. Quien no ama pierde la memoria, o mejor aún, quien pierde la memoria deja de amar. No se sabe cuál es exactamente el orden, si lo primero o lo segundo.

 

Cuando el amor marcha, la memoria de lo que hubo se esfuma como el humo que se desvanece en el aire. No importan los hechos, el sacrificio del padre por su hijo infante, el esfuerzo de la madre para llevar el pan a sus hijos, la entrega de la amante tras su amado. Nada importa ya. Es como si el pasado jamás hubiese sido presente, porque al irse el amor, la memoria también se va: Sólo queda la Nada acompañada de la impotencia de quien sufre el desamor. Su existencia quedo fulminada porque el amor desapareció y ya no tiene sentido ser, se es y se será Olvido. El Olvido es la ausencia de Todo y, la presencia de la Nada.

El mismo Borges, el argentino universal, en un soneto titulado “Aquí.Hoy” escribió: “Ya somos el olvido que seremos/El polvo elemental que nos ignora (…) /Ya somos en la tumba las dos fechas (…)”.

El ser humano vive en cuanto es memoria y recuerdo en sus semejantes. Se puede morir muchas veces, en este sentido el desamor es una ellas, la otra, al desencarnar.

Así la carne y los huesos desciendan a la tumba más profunda, mientras haya un humano que en su memoria aún albergue recuerdo, habrá existencia. La Inteligencia Artificial servirá para llevar a la eternidad a quien inició su viaje al Oriente Eterno. Ireneo Funes, memorizó todo, pero era incapaz de pensar, porque pensar es olvidar, generalizar, abstraer como lo escribiera Borges. Funes sólo tenía un umundo de detalles, fue la única excepción que dejó de amar y aún conservó la memoria. Funes moriría de congestión pulmonar.

León Sandoval

Tiempos difíciles para ser varón

Es deber reconocer que históricamente las mujeres han estado en situación de desventaja frente al hombre en los diferentes ámbitos de la sociedad, como bien lo argumentó el Consejo de Estado en una reciente providencia por medio de la cual negó una acción de tutela que pretendía que en la terna de candidatas a la Fiscalía General de la Nación se incluyese un hombre, entre otras razones la alta corte expresó que, se trata de una afirmación positiva por parte del legislador a favor de las mujeres, en el sentido que, en toda terna con único origen a un cargo público debe haber por lo menos una mujer.

El Siglo XXI ha sido el tiempo de la necesaria y justa reivindicación de los derechos de las mujeres, pero simultáneamente se constituye en uno de los momentos más difíciles de la historia de la humanidad para ser varón. Ser hombre es visto como una distorsión y sinónimo de maldad por parte de algunos grupos de interés. La virilidad como condición del sexo masculino que representa per se la fortaleza, la energía, la protección, la seguridad, el instinto cazador y la supervivencia, es vista como aspecto indebido bajo la luz de la nueva construcción que se erige sobre el concepto de varón. El empleo de discursos ideológicos que, cada vez toman más fuerza desde los centros de pensamiento y las redes sociales, han llevado a que, si antaño nacer varón era un hado gratificante de los dioses, hoy nacer varón es casi una desgracia. La construcción social del nuevo concepto de varón tiene un altísimo componente ideológico que redefine el concepto de virilidad para arrebatarlo al varón y asignarlo a la mujer por vía del argumento central de la reivindicación de los derechos de ésta en atención de su marginación histórica.

 

Los varones de este tiempo son juzgados y hallados responsables, sin fórmula de juicio, de los vejámenes y abusos que cometieron los hombres del pasado y que aún algunos miserables delincuentes cometen contra las mujeres. Es indiscutible y reprochable la atávica discriminación hacia la mujer por su condición de mujer, aspecto que por fortuna la ley y la sociedad enmiendan. Sin lugar a dudas, hombres y mujeres, varón y varona, son iguales frente a la ley, tiene los mismos derechos, y es obligación de los hombres reconocer a las mujeres como sus semejantes en igualdad de derechos políticos, civiles, económicos, sociales, reproductivos y en general en toda la esfera de libertades, derechos y garantías ciudadanas. Las mujeres tienen el derecho y el deber de gobernar y regir destinos de sociedades, pero no tienen derecho a pretender que por la vía del odio y del resentimiento, la ley y los fallos de los jueces sean usados para erradicar la masculinidad como un atributo masculino y anular al hombre de su condición, como si la masculinidad fuese la causa de la segregación femenina.

Llega a tal punto el discurso ideológico de odio que, por vía legal y jurisprudencial, ha pretendido en algunas latitudes, equiparar biológicamente a mujeres y hombres. Cada día se defenestra más y más de la condición del hombre para exaltar la condición de la mujer, bajo el riesgo de ordenar por vía legal que las mujeres son superiores a los hombres. Es de tal tamaño el nivel de desespero que algunos colectivos de ideología de género abogan para que los hombres se comporten de manera afeminada, asuman ambigüedad sexual e incluso orinen sentados, cuando está comprobado que el hombre al orinar sentado no vacía completamente la vejiga.

La vindicación de los derechos de las mujeres, sin lugar a dudas es necesaria pero no puede convertirse en acto de odio contra los varones, como si los varones de este tiempo fuesen los responsables de la exclusión histórica de las mujeres. Se empieza a acuñar términos como “vulvandalismo” para referirse a los actos violentos y de odio cometidos por grupos de mujeres contra el mobiliario público e incluso contra mujeres policías que en cumplimiento de su deber son agredidas por otras mujeres. La anulación del varón se volvió una práctica habitual; bajo el argumento de la discriminación positiva se sacralizan formas que lo que hacen es relativizar el concepto de lo justo e injusto según las condiciones del individuo y no según la naturaleza del hecho. La discriminación positiva se ha convertido en una forma velada e inmoral de discriminación.

Es innegable que desde campos como la biología, la naturaleza sensorial, la química hormonal y la espiritualidad hay marcadas diferencias entre hombres y mujeres, diferencias que jamás podrán ser redimidas por la ley, la jurisprudencia o por ideologías radicales de odio. Los jueces, aún los más sabios de las altas cortes, también se equivocan, no obstante, es deber acatar y obedecer sus fallos. Al final puede haber muchos géneros o sentires sexuales, pero el dictamen diferenciador desde la fisiología se reducirá al diagnóstico citológico y prostático. Que el sentimiento de odio de algunos grupos de interés, no hagan de las mujeres, vengadoras de su género, llevándolas a cometer los abusos de las que fueron o son víctimas. Nada justifica la violencia, ni la discriminación contra las mujeres o contra cualquier otro ser vivo.

Las nuevas tendencias tienen mucha calle, mucha teoría y poco o nada de sentido común. Las mujeres son inteligentes, capaces, maravillosas, sanadoras, victoriosas, poderosas, hacendosas, bellas, facturadoras, mágicas y cien mil y un adjetivos positivos más. En lugar de pretender que los varones se vuelvan féminas y las mujeres, varones, por qué no valorar la diferencia para que cada quien en su naturaleza continúe en el ejercicio respetuoso de sus derechos y deberes. Se trata de complementos, no de competencias. Son tiempos difíciles para ser varón.

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¿El periodismo, poder o contrapoder?

Durante el Siglo XX el periodismo se catapultó como un agente activo en las transformaciones políticas, sociales y económicas. Los mass media son considerados el cuarto poder con su omnímoda influencia, presente en el destino de los pueblos mediante su vínculo estrecho con los gobiernos. No obstante, valdría la pena analizar si el periodismo es realmente un poder, o si se trata por el contrario de un contrapoder como ampulosamente lo predican los gurúes del periodismo contemporáneo, cuyas expresiones son verdad sabida y buena fe guardada en facultades de comunicación social y en redes sociales.

Para el filósofo francés Louis Althusser (1918-1990) seguidor de la tesis del poder hegemónico del periodista italiano Antonio Gramsci (1891-1937), el periodismo y en general los medios de comunicación eran instrumentos ideológicos del estado por medio de los cuales se podría direccionar la opinión ciudadana y la voluntad popular en favor de quien ostentaba el poder o de quien pretendía hacerse del mismo. Verbo y gracia, el alemán Joseph Goebbles (1897-1945) ministro para la Ilustración Pública y Propaganda durante el Tercer Reich, maestro siniestro en crear falsas noticias para azuzar el terror y lograr el fervor popular de sus conciudadanos durante la Segunda Guerra Mundial.

 

El sociólogo alemán Max Weber (1864-1920) definió el poder como “Cualquiera oportunidad en una relación social para imponer la voluntad de uno frente a la resistencia de otros, independientemente de qué dé origen a esa oportunidad”; en ese orden de ideas, a la tridivisión tradicional de las ramas del poder público se le podría agregar el poder de los medios periodísticos como instrumentos de control social y debilitamiento de las masas. Razón que sirve para justificar el hecho, que grupos de interés económico y tecnológico se preocupen por adquirir conglomerados de medios, y a su vez, éstos se ocupan en contribuir a mantener, o a buscar el poder político, según el caso.

Afirmar que el periodismo no es un poder sino un contrapoder, sería asignarle erróneamente un rol que no le corresponde, en desmedro de la imparcialidad y objetivad que se le exige a la labor periodística. El periodismo no puede ser concebido para controlar el poder, ni para ponerle cortapisas al poder; se correría el riesgo de terminar por ser lo que tanto se pretende contrarrestar: Un instrumento de poder. Informar debería ser una actividad libre, independiente, objetiva e imparcial. Cuando el periodismo se ejerce con fines de control político inmediatamente pierde la objetividad e independencia y se parcializa; deja de informar lo que es, para informar lo que considera que debería ser.

La razón de ser del periodismo es la de informar con imparcialidad, no con agenda justiciera, característica ésta que en el presente se ha vuelto permanente en la labor periodística. Los jueces han sido desplazados por medios de comunicación que en sus micrófonos, impresos y portales digitales actúan como fiscales, jueces y censores de la moral pública y privada, a tal punto que los jueces dejaron de pronunciarse en sentencias para informar el sentido de un fallo en una rueda o en un comunicado de prensa sin aún haber redactado y menos notificado la respectiva sentencia. Pareciera que los jueces aspiraran a ser periodistas y éstos, aquellos.

Ha caído en tal marasmo el ejercicio periodístico que los periodistas sustituyeron la objetividad e independencia por odios y amores. Qué mediocre favor le hacen al periodismo los comunicadores que de cien columnas periodística dedican ciento una a sentenciar a quien los jueces no han logrado condenar, o a absolver a quienes los jueces han sentenciado. Honestamente, ¿Se puede ser objetivo, imparcial e independiente cuando se ostenta la condición de periodista, de presidente de medio periodístico y de empresario de medios y se afirma a los cuatro vientos que el periodismo es contrapoder? Bien valdría la pena reformular la pregunta del expresidente colombiano Darío Echandía (1897-1989)

¿El contrapoder para qué?

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La vida buena

En las sociedades contemporáneas se prioriza la felicidad como un fin sin importar lo que se deba hacer para hallar la felicidad, al punto que, la educación en general fija como meta la felicidad signada por el placer, y el mensaje que a diario se propala por los medios de comunicación, hoy día copados por las redes sociales mediadas por los influenciadores de la opinión pública en sus diferentes apelativos, “instagramers”, “tiktokeros”, “tuiteros” etcétera, es la búsqueda de la felicidad, el asunto de fondo pasa por qué no se sabe a ciencia cierta: 1. Qué es la felicidad, 2. Cómo ser feliz, y 3. Cómo vivir feliz.

A menudo se confunde la felicidad con aspectos como la risa, el ocio, el placer, la acumulación de bienes y servicios, o simplemente con el hecho de tener bienes suntuosos y deseables, bienes cuya necesidad es cuestionable, sin que la mayoría de las veces, por no decirlo, casi siempre, no son necesarios, verbo y gracia, los zapatos de la marca tal, el vehículo de X cilindraje, o el reloj de la marca de zutano. Así las cosas, la felicidad termina siendo una satisfacción de necesidades que muchas veces no son necesarias, entonces, la felicidad termina siendo un símbolo de estatus social mercantilizado susceptible de cuantificación.

 

Si se pudiese medir la existencia de un ser humano en momentos de felicidad, se notaría que, aquello que se denomina felicidad es fugaz, breve e instantáneo, cual camino cíclico le sigue a menudo la infelicidad, no puede haber felicidad sin infelicidad; negar la existencia de la segunda sería desconocer la primera. La felicidad es algo tan relativo, cuyo concepto depende de la química del cuerpo, endorfinas, oxitocina, serotonina, aunadas a la sumatoria de valores socio culturales, por ejemplo, para un adicto a los juegos de computador la última versión de un juego puede resultarle felicísima, y para alguien que no le interesan los videojuegos le resulta irrelevante un nuevo software.

Se está confundiendo la felicidad, que no es otra cosa que, una consecuencia de la vida buena, con la vida buena en sí misma. La prioridad humana no ha de ser la felicidad, ya que la felicidad es el resultado de la prioridad humana, manifiesta en lo que lo que los antiguos griegos, entre ellos, Aristóteles (384-322 a.C.), denominaron como La vida buena, aquella basada en una ética que conduce a obrar correctamente. De allí el yerro que hoy se comete, en la medida que se quiere ser feliz a como dé lugar sin importar la ética, como si la felicidad pudiese ser justificada en contravía de los estándares éticos.

En este inicio del año de 2024 de la era cristiana, bien vale la pena invitar a reflexionar para que dentro de los propósitos del nuevo año: La vida buena sea uno de ellos. La vida buena entendida como la vida enmarcada en límites establecidos por una ética en la que la prudencia, la justicia, la templanza y la fortaleza al servicio de hacer lo correcto modelen cada uno de los 365 días del año, para lo cual, se requiere empezar por un día a la vez. Sólo por hoy hago lo correcto, y con el nuevo sol me mantendré en ello, sólo por hoy.

La vida buena no obedece a los patrones de consumo comercial y de los ingresos económicos, ni se evalúa por una vida de imágenes y video de redes sociales donde se enmarcan glamour, la apariencia y los lugares de moda, además de los bienes y servicios en furor. La vida buena tiene que ver con una conciencia tranquila al hacer lo correcto en el momento debido, pese a que lo correcto no necesariamente implique lo más popular o lo más atractivo para los semejantes. Muchas veces lo correcto es lo menos apetecido, pero en todo caso, siempre será lo debido.

Uno de mis propósitos para este nuevo año es que mi felicidad sea el resultado de hacer lo correcto, ese es el sentido de la vida buena: Hacer lo correcto. HaShem derrame bendiciones sobre mis queridos lectores y sus Familias.

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Escolios

Nicolás Gómez Dávila, nacido en Bogotá el 18 de mayo de 1913 y fallecido en la misma ciudad el 17 de mayo de 1994, se erige como el pensador colombiano más grande y universal. Su obra, por cierto, bastante desconocida en Colombia, es material de estudio en Universidades de Alemania e Italia. El profesor italiano Franco Volpi (1952-2009) le llamó el Nietzsche colombiano, y el poeta bogotano recientemente fallecido, Juan Gustavo Cobo Borda (1948-2022) refirió sobre la obra de Gómez Dávila: “(…) no sólo pulveriza las mentiras que nos rodean: la izquierda, la derecha, la política, la Iglesia, la educación, la técnica, sino que va más allá, mediante una cura radical de escepticismo, para depararnos la alegría de la inteligencia”, para unos, Gómez Dávila es el buen odioso, y para otros, es la versión colombiana del rumano filósofo Émile Cioran (1911-1995).

 

Gómez Dávila fue en gran medida un aristócrata bogotano que bien hubiese podido dedicarse a los negocios como lo demandaba su época para los jóvenes de su condición, prefirió el estudio y la lectura de los clásicos en su lengua original; hablaba francés, inglés, alemán, italiano y algo de ruso, además de leer en latín y griego, actividad que conjugó junto al comercio de paños en un céntrico local de Bogotá, además de ser cofundador de la Universidad de los Andes. Se dice que no tuvo educación universitaria y que su formación académica corrió por cuenta de tutores privados y su colegio benedictino en Francia, del cual se desconoce el nombre, país donde vivió desde los seis hasta los 23 años alternando con estancias veraniegas en Inglaterra. El resto de su vida, salvo un periplo semestral por Europa, transcurrió en la cachaca Bogotá.

Gómez Dávila fue un polímata y autodidacta, acérrimo crítico del boom latinoamericano. Su obra literaria no es prolífica en cantidad, pero sí en calidad. Escribió frases geniales como “Un escritor sin talento es un eunuco enamorado”. La obra Gómezdaviliana se hizo más conocida hacia el final de la vida del autor y especialmente en lo que va del Siglo XXI. La obra tiene una peculiaridad: Está edificada a partir del método aforístico, es decir, consiste en la compilación de aforismos cosechados por el autor a lo largo de su vida, en los que lanza profundas reflexiones filosóficas sobre todo lo habido y por haber. Crítico de la industrialización y la tecnología, de las revoluciones, de la política, de la Iglesia, del amor, entre variopintos temas. La obra escrita de Gómez Dávila se compone básicamente de Textos I, Notas (México 1954, obra no destinada a las librerías), Escolios a un texto implícito I, Escolios a un texto implícito II, Nuevos escolios a un texto implícito I, Nuevos escolios a un texto implícito II, y Sucesivos escolios a un texto implícito, obra completa que fuera publicada por Villegas Editores en 2005.

La palabra escolios viene del latín scholium, corresponde a las notas que se colocan al margen de un texto para explicarlo. El escritor payanés Juan Esteban Constaín (1979) en su maravillosa obra sobre Álvaro Gómez Hurtado (1919-1995), menciona que en algún momento éste le propuso a Gómez Dávila ser vicepresidente de Colombia, recibió como respuesta un rotundo No. Sus razones tendrían, “Características del colombiano: imposibilidad de lo concreto; en sus manos todo se vuelve vago; falta de moralidad; la noción del deber es desconocida; la única regla es el miedo del gendarme o del diablo; en su alma ninguna estructura moral, ni intelectual, ni social; ignora toda tradición; sometido pasivamente a cualquier influencia, nada lo marca; nada fructifica, ni dura en ese suelo de contextura informe, movedizo, plástico e inconsistente”. A Gómez Dávila sólo le faltó corregir que, los colombianos ni a la Policía ni al Diablo temen, razón tenía Jorge Luis Borges (1899-1986) cuando escribiera que “(…) ser colombiano es un acto de fe”.

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El sentido común

Por: León Sandoval

Se discute si los humanos sólo tienen cinco sentidos, los tradicionales sensores tacto, vista, oído, olfativo y gustativo, o si hay otros sentidos como la termorrecepción (percibir la temperatura), nocicepción (la percepción del dolor), equilibriocepción (percepción del equilibrio) y propiocepción (sentido del propio cuerpo); los estudiosos de la metafísica agregan muchos más sentidos, incluso popularmente se habla del sexto sentido en las mujeres, que seguramente los hombres también lo deben tener pero sin desarrollar. Cuántos son los sentidos humanos, pocos o muchos, siempre será motivo de debate y seguramente la ciencia lo esclarecerá. En lo que se debería coincidir es en el hecho incontrovertible de que el sentido común, es el menos común de todos los sentidos, y aunque se supone el más común, es el menos frecuente y probablemente se deba a que está asociado con la naturaleza humana, ¡Sí como todos los sentidos!

 

La naturaleza humana fue propuesta como una nueva ciencia hace más de doscientos años por el filósofo escocés David Hume (1711-1776), en los tres libros que componen el Tratado sobre la naturaleza humana, cuyo propósito era el de postular a la naturaleza humana como base para cualquiera otra rama del saber a partir de la experiencia y la observación, y en el plano de la ética poder medir las consecuencias del acto humano, lo que en el fondo implica la experiencia como tabla rasa para la asunción moral de la responsabilidad.

Probablemente sea por las mismas razones anteriores que el sentido común sea el menos común de los sentidos: Los humanos desconocen el sentido de la experiencia, el sentido de la responsabilidad y de lo que implica ser responsable, verbo y gracia, hacerse a cargo de los resultados de la conducta sin pretender trasladarlos en grado de corresponsabilidad a los semejantes. Cada persona debería atender las consecuencias de sus actos y no pretender hacer a los demás miembros solidarios. A diario en las ciudades colombianas, conductores de vehículos y motocicletas, carentes del más elemental sentido común, realizan maniobras altamente peligrosas en las vías de la Patria, incluso bajo el efecto de sustancias alterantes del estado de conciencia, acciones que ponen en riesgo no sólo sus propias vidas y también la de otros usuarios viales, otrosí de la destrucción de bienes materiales.

¿Qué sentido común puede tener un motociclista que en una vía pública decide levantar en una rueda su motocicleta exponiendo no sólo su integridad si no también la de sus semejantes? El sentido común debería ser suficiente para que nadie se atreviese a poner en riesgo la integridad de las personas de su entorno realizando ese tipo de prácticas. ¿Si el sentido común implica tener la experiencia para prever el potencial daño porqué es tan poco frecuente? ¿El egoísmo priva al humano del sentido común? ¿Qué peso tiene la autoridad y el respeto a la norma en la aplicación del sentido común? ¿Qué tanto influye un precario sistema educativo (Padres + Escuela, que no forma a los ciudadanos para ser responsables y mucho menos para la asunción de la responsabilidad) en la ausencia del sentido común?

Los accidentes de tránsito son indicadores en gran medida de la ausencia de sentido común, podría afirmarse categóricamente que el sentido común cede para ante la inexperiencia y la sinrazón que se pavonean orondas e indiferentes en las sociedades humanas, porque al animal no humano no se le pide sentido común. Particularmente, en sociedades como las latinoamericanas en las que cada vez más el discurso de los derechos va en contravía del discurso de los deberes.

Si el sentido común entraña un ejercicio de experiencia razonada previo a la acción, el sentido común es lo más natural que puede haber para los humanos, por ser un acto exclusivamente humano la capacidad racional, salvo que mañana los científicos que para todo tratan de buscar razonamientos hallen motivos para extenderlo a otras formas de vida no humana, o por qué no, hasta a las rocas. Si los seres humanos hicieran más y mejor uso del sentido común, sufrirían menos, habría sociedades más justas, ciudadanos más sabios y hombres con mayor prudencia al actuar. La desaparición del sentido común sería el primer indicador de la inviabilidad de la especie humana.

Sobre la tolerancia

Por: León Sandoval

François Marie Arouet (1694-1778), más conocido como Voltaire, publicaría su célebre Tratado sobre la Tolerancia (1763) con ocasión de la muerte del hugonote Jean Calas ordenada por un tribunal de Toulouse el 09 de marzo de 1762, quien, en términos de Voltaire, fue impunemente asesinado por mandato de la Justicia como presunto asesino de su hijo Marc Antoine. Jean Calas fue condenado a morir en la rueda, luego fue estrangulado y su cadáver incinerado pese al alegato de inocencia de Calas y sus familiares; su esposa y demás hijos fueron desterrados y sus propiedades confiscadas. Luego un Tribunal judicial en Paris revisaría la sentencia encontrando inocente a Jean Calas, dispuso la rehabilitación de su memoria y el restablecimiento de derechos para su familia. Este caso judicial inspiró a Voltaire para elucidar brillantemente sobre la intolerancia religiosa y colocarle en un punto muy alto del pensamiento. En suma, Voltaire, el polímata francés, invita a ejercer el libre pensamiento y examen de conciencia desde la tolerancia, para rematar su obra: Con el único que no se puede ser tolerante es con el intolerante.

 

El texto de Voltaire se hace más relevante cuanto en estos tiempos la intolerancia campea en la sociedad colombiana, verbo y gracia, en las Universidades poco o nada se debaten las ideas con diálogo y argumentos. El debate ha decaído y en su lugar lo que impera es la movilización, la protesta agresiva, el grafiti, las bombas caseras y el escrache, este último, es una nueva modalidad de violencia que consiste en el escarnio público junto a la expresión de odio contra quien se quiere eliminar socialmente y expulsar de un entorno en particular. La violencia, el odio y el resentimiento se han tomado los establecimientos educativos. Algunos docentes y algunos estudiantes simultáneamente son cocreadores y presas de una nueva forma de oscurantismo que termina permeando todo el entorno educativo: El fanatismo ideológico, así como hace más de doscientos años se condenó injustamente a Jean Calas ahora se hace lo propio contra aquel que en el ejercicio de la libertad de pensamiento y de opinión se atreva a criticar cualquiera de los “Ismos” de moda. Pareciera que sólo vale una única línea de pensamiento y para quien piense diferente, el cadalso.

¿Dónde queda la tolerancia cuando se quiere obligar a todas las personas a pensar igual y quien piense diferente debe ser callado e invisibilizado? ¿Desde cuándo la universidad tiene que estar al servicio de una única línea ideológica que debe ser aplaudida? ¿Por qué victimizarse es tan rentable, y cuando no hay argumentos para debatir, se elimina al contradictor por medio del improperio y la autovictimización? ¿Desde cuándo el profesor no tiene derecho a opinar y pensar diferente de la masa estudiantil? ¿Desde cuándo el papel del docente dejo de ser el de formador para convertirse en recreacionista de sus discípulos con la anuencia de las directivas universitarias? Antaño los discentes seguían el pensamiento de los docentes, hoy pareciera que son éstos los que deben ser áulicos de aquellos.

La intolerancia en Colombia pasa por la crisis de la universidad, es también la crisis de la juventud embebida de paz y de tolerancia, pero sus acciones se alejan de lo que dicen defender y representar. La tolerancia es aceptada pero sólo para con el que es par, no para con el otro que es contradictor.

Las libertades de pensamiento y de conciencia no tienen precio y no pueden ser compradas, ni endosadas. Son las preseas más grandes y las únicas y verdaderas libertades. ¿Por qué expresar lo que se piensa debe ser motivo de ataque personal y destrucción intolerante? La masa no piensa por sí misma, es reactiva y amorfa, es hija bisoña de la hiperdemocracia y del exceso de derechos frente al menoscabo de los deberes. Cada vez son menos los tolerantes y cada vez son más los intolerantes, todos dicen tener la razón, menos el contendor.

Epictecto (55-135 d.C) el esclavo avenido en filósofo y modelo del estoicismo, en su célebre Enquiridión, que, por cierto, fue escrito por uno de sus discípulos, señaló en la máxima 35º “Cuando hagas algo, qué según tu mejor criterio, debe ser hecho, nunca tengas vergüenza de que te vean haciéndolo, aun cuando todo el mundo pueda formarse una idea equivocada de lo que haces. Porque, si no has de obrar rectamente, desiste de la acción misma; pero si tu obrar es recto, ¿Por qué habrías de temer a quienes te juzgan de manera equivocada?”. Obrar rectamente es un deber moral, no hay temor, ni miedo para con la galería que es ignorante e inculta, y pese a ser masa, tiene a sus pies a quienes debería subordinarse. El inmortal Manco de Lepanto lo sentenció “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”

Utopía de un hombre que está cansado

Por: León Sandoval

Utopía de un hombre que está cansado es el título de un cuento escrito por el gran escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) publicado en su obra el Libro de arena de 1975. Allí el narrador del cuento relata su fantástica historia al encontrarse con un hombre del futuro que le refiere que en el mundo del futuro los Gobiernos cayeron poco a poco en desuso, entre otras cosas porque llamaban a elecciones, declaraban la guerra, lo que pareciera por estos días querer rusos, ucranianos y aliados de la OTAN, e imponían tributos, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura pero nadie en el Planeta los acataba, la prensa dejó de prestarles atención y por ende los políticos tuvieron que buscar oficios honestos, según el cuento, y se convirtieron en cómicos o en buenos curanderos, en lo que al parecer tuvieron éxito.

 

Por estos días sin querer hacerlo, dado lo reducido del espacio y mi imposibilidad para abandonarlo, debí escuchar una conversación entre dos jóvenes que a la sazón no creo tuviesen más de 18 años de edad, como algunos de los personajes de Borges. La conversación se centraba sobre la angustia que les provocaba el relacionamiento con la figura masculina representada por sus padres en sus vidas. Un joven le dijo al otro la siguiente frase: “- “-Le dije a mi Papá: Papá no tengo sexualidad definida, me gusta que me den pu’el culo”.

En el cuento Utopía de un hombre que está cansado, el hombre del futuro le comenta al narrador del cuento, representado por el personaje llamado Eudoro Acevedo, que en el futuro no hay conmemoraciones, ni centenarios, ni efigies de hombres muertos, y cada persona debe producir por su cuenta las artes y ciencias que necesita, así mismo, cada persona debe ser su propio Bernard Shaw (1856-1950), su propio Jesucristo y su propio Arquímedes (287 a.C.-212 a.C.), es decir en esa utopía futura que se describe en este cuento de Borges, cada individuo del futuro probablemente dejará de ser una persona para ser un sujeto único eligiendo qué quiere ser, cómo lo quiere ser y cómo se identifica.

Esa narración fantástica de Borges es premonitoria de lo se observa hoy, los nuevos ciudadanos, encarnan las nuevas ciudadanías, la actual generación es la generación probablemente y simultáneamente la generación más comprometida con el Planeta, pero paradójicamente es la generación menos comprometida para con el pasado que no es otra cosa que la memoria que conservamos, y sin esa memoria no hay Planeta. Es una generación que quiere vivir al tope como si sus deseos, caprichos y satisfacción personal fuese lo más importante. Se habla mucho del otro y lo colectivo, pero poco o nada hacen para el otro y el colectivo, y sólo piensan en sí mismos. La individualidad personal como manifestación del libre desarrollo de la personalidad se ha potencializado pero el compromiso para con el otro se ha reducido. Ya no basta con ser único, diferente y original, sino que se quiere tenerlo, hacerlo, expresarlo e imponerlo. La norma pareciera no tener sentido para el hombre del futuro que vive más por la pasión y el deseo personal de tener antes que ser. Para el contexto de la conversación de los jóvenes que reseño no se es un sujeto sexual con definición, sino que no se tiene una sexualidad definida y como no se tiene, se aspira a tenerla.

Lo anterior no es bueno, ni es malo, no es correcto, ni incorrecto, simplemente es, sucede, acontece y cada vez más las generaciones de hoy no se sustentan en el ser, lo han abandonado para tener, tener la sexualidad más indefinida, la belleza más única, la red de amigos más poderosa y la mayor cantidad de derechos frente a la inexistente lista por no decirlo nula de deberes.

Como el personaje de Eudoro Acevedo en el cuento de marras, nos avergüenza nuestra flaqueza, lo que no se sabe es si es nuestra flaqueza moral cada vez se va acrecentando generación tras generación hasta finalmente desaparecer.

Historia oficial del amor

Por: León Sandoval

El título de esta columna corresponde al nombre de un libro editado en marzo de 2016, autoría del escritor Ricardo Silva Romero (Bogotá, 1975). Es la historia de su familia narrada hacia atrás para desenredar la madeja. Una secuencia que inicia el jueves 01 de enero de 2015 hasta el viernes 15 de abril de 1932, para finalizar el viernes 25 de septiembre de 2015. Es la intimidad entre lo real y la ficción, el autor, su esposa, sus padres, abuelos y parentela extensa. Es la crónica de los hechos políticos y de violencia intestina acontecidos en Colombia durante los últimos ochenta años, cosida con hebras del más fino hilo del amor. Es un cruce en el camino de personajes tan humanos y tan colombianos para quienes el amor consciente o inconsciente lo es todo. Historia oficial del amor es una oda al amor. Como se lee a lo largo de la obra “Nunca en la historia del mundo un padre quiso tanto a una hija”, pero también nunca en la historia del mundo, una hija quiso tanto a un padre, un esposo a una esposa y un amigo a otro amigo.

 

El escritor destaca personas anónimas para la masa, seres humanos notables que dejaron un legado esencial para para quienes los conocieron; al morir se continúa vivo en la memoria de quienes conservan el recuerdo. La vida después de la muerte se proyecta en el recuerdo del otro. La obra es un relato sutil y homenaje sincero a Marcela Romero de Silva, abogada defensora de causas justas, conciencia jurídica del presidente Virgilio Barco; mujer que, con su condición humana y profesional contribuyó con la elaboración de normas que permitieron acciones gubernamentales en esa difícil crisis de los años Ochentas y Noventas del siglo pasado.

Destaca también el padre del autor, profesor y rector universitario, Eduardo Silva Sánchez; educador que consagró su vida desde la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito en la formación de tantos ciudadanos. Físico y humanista que a través de sus artes exotéricas y esotéricas predice parte de ese futuro contado hacía atrás.

La figura de su tío materno Alfonso Romero Buj, abogado laboralista, defensor de derechos humanos y militante del Partido Comunista; asesinado en pleno centro de Bogotá luego de haber renunciado a su activismo político por sus antiguos camaradas, disidentes del comando subversivo Pedro León Arboleda, según algunos estudiosos, germen del Ejército Popular de Liberación.

El abuelo materno es la arteria de la obra, pareciera que con él todo inició. El gran caribeño Alfonso Romero Aguirre, el liberal radical “(…) nítido en lo público pero oscuro en lo privado”, autor de la Historia del Partido Liberal. Ocupó casi todos los cargos públicos de elección popular de su época, sólo le hizo falta la presidencia de la República, y no la logró por su condición de hombre radical. Ajeno a las gabelas del poder, su férrea oposición al Frente Nacional, su admiración por el General Gustavo Rojas Pinilla y su frontal enfrentamiento con la élite liberal del centro del País, cooptada, entre otros, por el presidente de la época, Carlos Lleras Restrepo.

Finalmente, emerge el amor infinito, el silencioso abuelo paterno Antonio Silva Hernández, el linotipista del Diario El Tiempo. Un hombre bueno, decente y laborioso como pocos; víctima del plomo en el intento de vencer al linotipo, como relata el autor.

Historia oficial del amor, es el amor en potencia, es el amor en familia, el amor que se cuece en los peroles de la sangre y los afectos. El amor doloroso, el amor sanador y salvador. Bien vale la pena leer la obra de Ricardo Silva Romero. Gracias por estas líneas “Todo hombre debe haberse divorciado una vez antes de casarse de verdad”. Cada quien tiene derecho a tener su historia oficial del amor.

Trazas culturales

Por: León Sandoval

 

En mi reciente columna sobre cultura política escribí que la vida humana no debe instrumentalizarse. Las vidas de los hermanos indígenas congregados en minga están siendo instrumentalizadas, así como lo fueron en el siglos pasados, la historia se repite con diversos actores como si se trasase de una traza cultural.

La palabra minga tiene su origen en la palabranquechua Mink’a, cuyo significado es compromiso o convenio para un trabajo entre el trabajador y la persona que necesita sus servicios (Diccionario SIMI TAQUE Academia Mayor de la Lengua Quechua, 2º Edi., Cusco, 2005). La esencia de la Minga es el trabajo comunitario; el esfuerzo personal que no busca una remuneración o dádiva, sino un beneficio común, el beneficio de todos. La minga fue un modelo productivo incaico en el que prevalecía el bien común y la satisfacción de los mingados, presente en muchas de las comunidades nativas de la Cordillera de los Andes, desde Chile hasta el sur colombiano; en términos de economía política el modelo de minga se asemejaría más a un modelo productivo colaboracionista que explotacionista.

La minga del siglo XXI es muy diferente a la figura comunitaria ancestral, ha mutado desde su forma original, abandonó su esencia de organización de trabajo comunitario para convertirse en un modelo de acción política operado por grupos de interés previo a los procesos electorales. Lo que explica la participación de la minga en vías de hecho como bloqueos, paros y el papel parapolicial de la denominada guardia indígena que colocan su cuota de afectación al sistema económico productivo, la libre movilización de los conciudadanos y el daño al patrimonio cultural que no los identifica, cuando lo creen pertinente como medio de presión política y social, avalado por algunos grupos de interés.

¿Todos los mingueros pertenecen originariamente a las comunidades indígenas que dicen representar? Llama la atención que sean algunas personas ajenas a la minga las que toman los micrófonos en los encuentros de los mingueros para elevar arengas reivindicacionistas. Tras de ellos, muchas veces van crédulos que romantizan la minga como un acto cultural de cariz étnico vindicatorio de derechos, y no como lo un instrumento político de movilización ciudadana de minorías étnicas. La minga como institución antropológica agonizaba, según algunos académicos, porque muchos de los miembros de las comunidades indígenas se negaban a aportar al trabajo comunitario sin un jornal de por medio, aspecto documentado en investigaciones como la realizada por el Profesor Óscar López Cortés de la Universidad Libre de Colombia (2018).

La minga se reinventa en instrumento ideológico para ser impuesto como modelo de acción política y económica por parte de los retóricos de las nuevas ciudadanías. En efecto, hay quienes señalan que la minga ya no debe quedarse solo en la movilización indígena, sino que debería ser la minga del pueblo colombiano, este tipo de expresiones lo que logran es instrumentalizar un fenómeno cultural exclusivo de algunas regiones del País. La minga debería conservar el natural devenir de la cultura a la que pertenece, no debe ser instrumentalizada, ni impuesta. La minga no forma parte de la cultura de muchas regiones del país como por ejemplo, para algunas lo es el cooperativismo que ha cimentado profundas raíces en el nororiente andino colombiano. La Insurrección Comunera de 1781 tuvo motivos fiscales, no pretendió derrocar al rey, fue precursora de los hechos iniciados en 1810 que desencadenaron las primeras brasas de lo que sería la independencia. En suma, pensar y opinar diferente no ha de ser inconveniente, feliz día amigo lector.