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Etiqueta: León Sandoval

Decálogo de cultura política

León Sandoval

Deseo abordar una serie de ideas que, a título de decálogo de cultura política, aquí se burilan y probablemente no tienen autor en particular, o bien pudieran ser atribuidas a Kant, a Habermas o a cualesquier de los múltiples pensadores que han llenado de luces la historia de la humanidad. Este Decálogo es el resultado del ejercicio personal de compilación de las lecciones recibidas de boca del maestro Guillermo Hoyos Vásquez (1935-2013) en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, en parte, rendirle un pequeño homenaje a uno de los más grandes pensadores sociales latinoamericanos.

 

Para una mayor y mejor participación ciudadana en política este Decálogo de Cultura Política podría ser un pretexto para discutir sobre los principios capitales que más allá del mármol, merecerían ser grabadas en el ADN de los ciudadanos, no se trata de un ejercicio retórico, es la necesidad de la Ética en nuestra cultura política, en últimas, lo importante no es el mensajero sino el mensaje.

1.No todo se vale, el actuar humano requiere límites establecidos desde la ética. El fin no puede justificar los medios en política. 2. La vida no es un objeto más, es el principio que merece mayor atención y respeto en toda sociedad, nunca el acceso al poder debe vulnerarla. 3.Comprensión de la posición del otro, en los diálogos políticos se ejercita la habilidad para entrar en la dimensión del contradictor, bajo el entendido que las ideas no se combaten, se controvierten. Con el único que se debe ser intolerante es con el intolerante como lo mencionara Voltaire en su famoso Ensayo sobre la tolerancia. 4. La vida humana no debe instrumentalizarse, no propalar la idea que los semejantes son instrumentos para lograr fines y que el valor de la vida humana depende de su utilidad. Todo ser humano por el hecho de serlo tiene una connotación de sujeto moral. 5. Quien pretende jugar a Dios se excluye asimismo de la comunidad moral, los políticos no deben asumir el rol de dioses creadores, deben reconocer que su poder les viene de abajo. Nadie puede arrogarse ser divinidad.

6.Autocomprensión ética de la especie, todo acto debe estar enmarcado dentro de una reflexión ética sobre las consecuencias que genera. 7. Ser moral es un valor, la moral señala valores que deben ser conservados como la vida, la libertad, la propiedad privada, la familia. El ser humano es ser moral homo eticus antes que homo economicus. 8. La naturaleza humana no debe ser un objeto manipulable por la ciencia, el ser humano no es un sujeto para experimentos en tiempos de inteligencia artificial, ni ésta puede ser un medio para lograr votos que conduzcan al poder. La política y la ciencia deben estar al servicio de la sociedad. 9. La libertad es un presupuesto del quehacer político, si el ciudadano no es libre no puede tener responsabilidad moral alguna sobre el resultado de su voto. Sólo se puede exigir responsabilidad de quien es libre para decidir. La moral es la ratio cognoscendi de la libertad. 10. Confianza, la confianza sólo se construye entre quienes a partir de la ética se responsabilizan de sus actos y están dispuestos a rendir las cuentas a los ciudadanos. En suma, el voto como ejercicio político debe ser el más preclaro sinónimo de confianza ciudadana. No puede haber puntos intermedios en la responsabilidad del Gobernante. En últimas es un asunto de carácter, y el carácter se tiene o no se tiene. No hay punto intermedio.

Respeto a la autoridad

Por: León Sandoval

Las sociedades postmodernas son más complejas que las sociedades previas, su complejidad radica en aspectos geográficos, demográficos, desarrollo humano, crecimiento económico, justicia, acceso a necesidades insatisfechas, el inagotable catálogo de derechos humanos, la proliferación de manifestaciones individuales y socioculturales, y el exceso de democracia en un espíritu globalizador. La gobernanza cada vez se torna más difícil pese a que la inteligencia artificial se vislumbra como el elemento que permitirá un mayor control sobre la ciudadanía, para unos, y para otros, una forma de dominación despreciable. La escena social actual denota la crisis de autoridad que se vive en las calles de las ciudades, matizada por el derrumbamiento de valores, principios y tradiciones patrióticas al interior de la familia, de los planteles educativos y de las instituciones públicas y privadas; a penas natural de la era de Acuario, dirán algunos.

 

Se podría analizar la crisis de autoridad desde las teorías contractualistas del Estado, a partir de la obra del inglés Thomas Hobbes (1588-1679), que se erigen como una explicación a la organización social. El contractualismo parte del estado de naturaleza del individuo dominado por las pasiones, el egoísmo, la precariedad y la violencia, que requiere mediante la suscripción de un contrato social de un agente superior que administre el poder de los individuos en aras de mantener el orden y la paz en un marco de convivencia y armonía social. Ese acuerdo entre individuos y Monarca, luego sería sustituido por los ciudadanos y el Estado. El absolutismo contractualista de Hobbes sería superado por pensadores como el liberal inglés John Locke (1632-1704), el soberanista ginebrino Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), los estadounidenses John Rawls (1921-2002) y la teoría de la justicia, Robert Nozick (1938-2002) y el estado mínimo, y James M. Buchanan (1919-2013) con la teoría de la elección pública.

Las teorías contractualistas tienen un sentido lógico: El individuo debe ceder parte de sus libertades para que un ente superior las administre; bajo esta premisa se configura el ideal del Estado de derecho acompañado por el modelo democrático liberal. El contrato social que da origen al Estado permite el desarrollo de sociedades e implica per se el reconocimiento por parte de éstas de la autoridad en cabeza del Estado y sus agentes. Los ciudadanos en virtud de ese pacto social contraen la obligación de acatar la autoridad que la misma ciudadanía delegó en los gobernantes. Autoridad que se respalda y encuentra también sus límites en la Constitución Política y en la ley.

El ausencia de cultura ciudadana constituye una evidencia más del desconocimiento por parte de los ciudadanos de sus deberes surgidos de ese contrato social, y a su vez, consciente acto de desprecio hacia la autoridad y a sus conciudadanos en franca anarquía. Es habitual ver ciudadanos que golpean y retienen a servidores públicos, que intentan por medio del deber funcional hacer cumplir el mandato legal. Anochece para que las autoridades empleen los medios del poder de policía que las leyes le confieren. El uso de la fuerza es una potestad exclusiva del Estado. Los ciudadanos carecen de fuerza legítima, cuando pretenden ejercerla, en su lugar, ejercen violencia.

En las sociedades postmodernas de corte occidental existen más derechos que deberes humanos. Urge que surjan defensores de los deberes humanos. Los defensores de los derechos humanos abundan, aunque pareciera insuficientes, sería bueno equilibrar la balanza, y reconocer que por cada derecho humano hay también uno o más deberes humanos. Lo demás es simple retórica propia de estos tiempos, en los que ser rebelde, revolucionario y contestatario se ve como una virtud y casi una obligación. Resulta importante que padres y maestros encaucen la educación de los más jóvenes sobre las bases del respeto, la disciplina y el orden. El primer paso para una sociedad justa, inclusiva y decente es el respeto a la autoridad.

La vulnerabilidad de la vida

Por: León Sandoval

Las especies entrañan per se la fragilidad de sus individuos, condición que en los humanos los hace más responsables frente a la biodiversidad. La Vida en general bien sea humana, animal, vegetal, ameba, protozoaria o cualquiera otra manifestación, es vulnerable bajo cualquiera circunstancia. La Vida siempre ha estado bajo amenaza desde que la naturaleza es naturaleza, desde que el humano aprendió a usar sus manos como instrumento aprehensible y las piedras como herramientas, modelada por el advenimiento de la techné clásica hasta la implementación de nuevas técnicas y tecnologías de la postmodernidad. La tecnología y la técnica se ciernen como espadas de Damocles sobre la existencia de la Vida. La vulnerabilidad de la Vida tiene que servir para reflexionar profundamente sobre la responsabilidad humana en el uso, implementación y desarrollo de la técnica y la tecnología.

 

Durante los últimos cincuenta años las condiciones de vida han mejorado para los humanos en detrimento de otras especies, hay mayor acceso a alimentos, a tecnologías de comunicación, a la disposición de recursos desechables, incluso a recreación desbordada; lamentablemente ese avance se revierte directamente en la existencia de la misma Vida y sobre el entorno, se talan bosques para cultivar, se emplean semillas genéticamente modificadas, se ha incrementado los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos como las baterías de teléfonos celulares, de carros eléctricos, los desechos espaciales, se arroja basura en zonas silvestres y se destruye la flora nativa con la presencia humana invasora.

A partir del Siglo XIII inició la separación entre ciencia, moral y arte en contraposición a la Antigüedad en la que estaban unificadas por la religión. Surge entonces una nueva acción de dominancia sobre la naturaleza a través de la racionalidad técnico-científica para servirse de ella, explotándola para el beneficio humano. Se inaugura así el proceso de mercantilización de la naturaleza por parte de la especie humana en el marco de la instrumentalización de la ciencia moderna. Aparecen los conceptos de técnica y tecnología que sustituyen el concepto griego de téchne. La técnica contribuye a hacer del Universo una fuente de suministros que pueden ser calculados, extraídos y almacenados convirtiendo a la naturaleza en general y al hombre en particular en reservas de recursos como si se tratase de registros contables.

Para el filósofo alemán Hans Jonas (1903-1993) la ciencia, la técnica y la economía constituyen amenaza para la existencia, y lo que pretendía generar bienestar trae consecuencias desastrosas para el sostenimiento de la vida. El hombre es el constructor de su camino que le permite profanar la naturaleza y avanzar en lo que denomina civilización. Los hombres juegan a ser dioses. El poder del hombre ha desbordado los límites y las esferas del conocimiento, por lo que la ética de la responsabilidad tiene que estar presente las discusiones humanas. Jonas planteó una ética de la responsabilidad para el individuo actual, en el sentido que se debe obrar de tal manera que las consecuencias del acto sean compatibles con el sostenimiento de la Vida humana actual y de las generaciones futuras.

Jonas en su obra El Principio de la Responsabilidad, Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (Herder, 1995), estructuró el concepto de heurística del temor, en donde la misma situación del individuo humano le lleva a ser conservado del peligro, y no basta una supervivencia física, sino que debe ser conservado también en su esencia, ese mal que el hombre imagina sirve para descubrir el bien que debe ser preservado y proyectado hacia el futuro.

En suma, la Vida es defendible más allá de la propia existencia humana y su vulnerabilidad. Siempre deberá preferirse un perfecto equilibrio entre el humano, el medio que le rodea y todas las formas de vida que forman la biodiversidad, pese a que hoy el homo faber se sobrepone al homo sapiens. A mayor grado de vulnerabilidad de cualquiera forma de vida, mayor será el grado de responsabilidad que debe ser asumido. Los humanos son responsables directos para con las generaciones presentes y las generaciones del porvenir de la conservación de la casa común que habitan (Me incluyo).

Bioética y derecho: un objetivo común

Por: León Sandoval

En la Declaración Universal Sobre Bioética y Derecho de la Conferencia General de la UNESCO celebrada en octubre del 2005, sobre la protección de las generaciones futuras en el artículo 16 se señaló que “Se deberían tener debidamente en cuenta las repercusiones de las ciencias de la vida en las generaciones futuras, en particular en su constitución genética”. La Bioética y el Derecho pese a ser disciplinas distintas, autónomas e independientes, en contexto de dicha Declaración tienen un objetivo común y es el atender las diferentes inquietudes derivadas de los avances tecnológicos y científicos que tienen incidencia sobre la vida sin importar la forma de vida que se trate. La Bioética no tiene un objeto de estudio único, particular e individualizado, se encarga de estudiar problemas que por su naturaleza misma pueden ser complejos o simples, lo que conlleva de manera irreversible a relacionarse con diferentes ramos del saber, dentro de los cuales, el Derecho no puede ser la excepción.

 

El profesor español Manuel Atienza Rodríguez (1951) plantea entre Bioética y Derecho dos conexiones, una de carácter material y otra metodológica. La conexión material es necesaria en países de tradición jurídica romanogermánica en donde el derecho es escrito y parte del consenso del legislador, las leyes se quedan a la zaga para resolver problemas cada vez más complejos que implican juicios morales que se refieren a cambios científicos o tecnológicos que inciden sobre la vida. En la búsqueda de acuerdos deliberativos salen a relucir opiniones sesgadas que terminan en consensos sobre puntos mínimos, consensos que casi siempre son difíciles de lograr cuando está de por medio aspectos científicos o tecnológicos, juicios subjetivos de valor y en otras oportunidades hasta opiniones morales.

La conexión metodológica entre Derecho y Bioética planteada por Atienza hace referencia a la solución jurídica de las controversias previo concepto de los Comités de Bioética, con la interacción de estos dos saberes en forma complementaria; es claro que la norma no se basta a sí misma, no es suficiente realizar interpretaciones textuales o exegéticas de la norma, se requiere también un examen valorativo en contexto desde las razones de la expedición y el espíritu del legislador vertido en la norma. De esta manera el binomio Bioética – Derecho halla reciprocidad porque los jueces en la toma de sus decisiones que afecten la vida deben ir más allá de la interpretación de la norma y realizar un ejercicio bioético, y en sentido contrario, los Comités de Bioética deben tener en cuenta la norma y los precedentes judiciales en los análisis que lleven a cabo.

No se trata de asumir un enfoque reduccionista de la Bioética y por ende, “juridizar” la Bioética, fenómeno paralelo a “juridizar” la sociedad como bien lo plantea el chileno Fernando Lolas Stepke (1948), Director del Centro de Bioética de la Universidad de Chile y Vicepresidente de la Federación Mundial para la Salud Mental, e intentar reducir todas las relaciones sociales a relaciones jurídicas, ya que en el sentir del mismo Lolas “juridizar” la Bioética sería empobrecerla, puesto que, su enriquecimiento proviene del diálogo crítico con apertura disciplinaria. La Bioética como ciencia de frontera debe nutrirse de todas las disciplinas del conocimiento, he allí su riqueza.

La Bioética no se agota a sí misma, requiere del criterio y participación de otros saberes que la nutren y le dan su particular cariz de ciencia de frontera. El Derecho viene a ser modelador y determinador fundamental de este binomio porque recaba mediante la ley principios que sirven para colocar límites a la conducta humana en aspectos como innovación en tecnología y ciencia previa reflexión ética desde la Bioética y dar cumplimiento a la inquietud de la UNESCO en esta materia; especialmente, en temas que aún hoy día suscitan tanta controversia como las técnicas de reproducción humana asistida, eutanasia, interrupción del embarazo, el turismo sanitario, la experimentación científica en seres vivos, transhumanismo, la implementación de la Inteligencia Artificial o la intervención de la naturaleza con fines de aprovechamiento económico, para mencionar algunos campos en los que el profesional del Derecho debe abordar su análisis no sólo desde el campo jurídico sino también con el apoyo de otras ramas del saber como la Bioética.

A propósito de un cuento de Borges

Por: León Sandoval

Utopía de un hombre que está cansado es el título de un cuento escrito por el gran escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), publicado en su obra el Libro de arena de 1975. El relato del cuento se hace en primera persona por el personaje de Eudoro Acevedo que refiere un encuentro fantástico con un hombre del futuro. En ese encuentro Acevedo se entera, que en el mundo del futuro los Gobiernos cayeron poco a poco en desuso, entre otras cosas, porque convocaban a elecciones, declaraban guerras (lo que pareciera por estos días querer rusos, ucranianos y aliados de la OTAN), imponían tributos, expropiaban bienes, establecían privaciones a la libertad personal, censuraban, pero los ciudadanos no respetaban sus dictados. La prensa dejó de prestarles atención, por ende, “Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos”, según la narración, y algunos se dedicaron a la comedia o la curandería con algún éxito. En suma, pareciera que la desobediencia civil no organizada llevó a la desaparición de los gobiernos.

 

En la versión borgiana del futuro “No hay conmemoraciones ni centenarios ni efigies de hombres muertos. Cada cual debe producir por su cuenta las ciencias y las artes que necesita”. Cada individuo está en la necesidad de ser su propio Bernard Shaw (1856-1950), su propio Jesucristo, y su propio Arquímedes (287 a.C.-212 a.C.). En esa utopía futura, fruto del ingenio del autor, cada individuo deja su estatus ontológico de ser persona para tener sujeto único, elige qué tipo de sujeto quiere tener, cómo lo quiere tener y cómo identifica ese tener. De hecho, no conviene fomentar el género humano, según el hilo de la trama, con engendrar un único hijo basta.

El texto de Borges es premonitorio. La angustia existencial es frecuente entre los humanos de hoy, muchos carecen de definiciones sobre algo y, sobre todo. La sexualidad no importa definirla como género, sino ejercerla. Su ejercicio no implica un rol definido, para qué definirlo cuando lo que importa es disfrutarla. Los humanos actuales son probablemente los más comprometida con el Planeta, pero paradójicamente son los menos comprometidos para con el pasado que no es otra cosa que la memoria que conservamos, y que hace posible el presente. Son humanos que quieren vivir al tope como si su satisfacción personal fuese lo más importante. Disertan mucho sobre el otro y lo colectivo, pero poco o nada hacen para el otro y el colectivo. Entre ellos la individualidad como manifestación del libre desarrollo de la personalidad se ha potencializado pero el compromiso para con el otro ha mermado. No basta con ser único, diferente y original, se requiere tenerlo, hacerlo, expresarlo e imponerlo. Las reglas y los límites no tienen sentido para los humanos de hoy, especialmente para los más jóvenes; la pasión y el deseo personal de tener antes que ser justifican la existencia.

El hombre del futuro borgiano, como los humanos de hoy, no es bueno ni malo, correcto o incorrecto, simplemente es, sucede, acontece, vive y vida. Ser humano hoy pareciera no sustentarse en el ser que ha sido abandonado por el tener. Tener la sexualidad más indefinida, tener la belleza más única, tener la red de amigos más poderosa y tener la mayor cantidad de derechos frente a la inexistente lista, por no escribir nula, de deberes.

Como el personaje de Eudoro Acevedo en el cuento de marras, avergüenza la flaqueza humana. Lo que no se conoce aún: Si la flaqueza moral cada vez más, se acrecentará con cada generación de humanos hasta finalmente, desaparece.

La depresión

La depresión es un una de las enfermedades más frecuentes en las sociedades contemporáneas, muchas veces es un enemigo oculto que hace de las suyas y pasa silenciosamente arruinando la existencia de quienes la padecen y de paso la calidad de vida de su entorno personal y social. Es tan grave esta enfermedad que es un problema de salud pública en muchos países del mundo, y debe prestársele toda la atención del caso no sólo por parte de padres, educadores, gobiernos, autoridades sanitarias, también de el mismo paciente y su red de apoyo cercana.

La depresión es una enfermedad mental que afecta al paciente porque le coloca en estado de tristeza permanente o transitorio lo que le lleva a un rechazo por la vida, por la vida cotidiana, como en un estado de aislamiento y de incomunicación, donde se sufre demasiado especialmente en lo interno, y la mayoría de las veces quien la padece no encuentra sentido a la vida, ni motivo para sonreír o para tener una vida de provecho y fertilidad. Es tan voraz la enfermedad de la depresión, que el paciente puede terminar aislándose y actuando de maneras poco frecuentes, como con total inactividad, o en otros casos violentamente, o simplemente atentando contra su vida y la de otros, bien sea por conductas suicidas o dejándose morir poco a poco de manera interesada.

 

La persona con depresión puede caer en estados de desánimo, de incomprensión, de falta de aceptación y sobre todo de total carencia de amor y valoración propios, al punto de sentir que no pertenece a nadie, ni a ningún lugar, lo que le puede llevan a una inactividad y deseo de no vivir, mientras tanto el dolor interno es indescriptible, porque la traza de sufrimiento es muy cruel. Muchas veces se siente incomprendido y en la mayoría de las veces así lo es. La persona con depresión carece de energía, no se esfuerza por mantener sus funciones vitales, vive en el lamento y el reproche propio y de la sociedad.

La depresión esa enfermedad que no respeta sexo, religión, etnia, ni condición social o edad, es muy frecuente entre ancianos, pero también entre niños y adolescentes, muchos de los jóvenes suicidas han padecido cuadros de depresión. Hallar las causas de la depresión tiene diferentes motivos desde el funcionamiento fisiológico hasta el entorno dirán otros sapientes del tema, lo preocupante es que esta enfermedad debe ser un problema de política pública y los gobiernos deben tomar medidas para hacerle frente, como también las instituciones educativas desde las que atienden a la más tierna infancia hasta los más encopetados postgraduados.

De sufrir depresión no se escapa nadie, sobre todo, en un entorno donde la enfermedad mental está a pedir de boca. Factores como la contaminación ambiental, la desunión de las familias, la inseguridad, el miedo a lo desconocido, el estrés laboral y estudiantil, hasta las decepciones amorosas, sumadas al consumo de licor y sustancias psicoactivas pueden ser detonantes para esta enfermedad. Los padres de familia, los cónyuges, los hijos respecto de sus padres, están en la obligación de detectar los síntomas de la enfermedad para auxiliar a quien la padece, y ayudarles a solventar ese eterno dolor que pareciera no extinguirse y conduce al desespero a quien lo padece.

Debe haber más sentido de empatía hacia el depresivo y escucharle pacientemente; no siempre el consumo de medicamentos psiquiátricos para tratar la depresión es lo más favorable, pero es un mecanismo válido que está presente. Con esta columna quiero llamar la atención sobre esta enfermedad e invitar al lector a reflexionar sobre el tema, y antes de juzgar a quien sufre a tu lado, te pido que te detengas un instante para ser compasivo y estar dispuesto a escuchar. Porque el dolor que produce el sufrimiento es silente y no conoce fecha en el calendario. Que todo aquel que padece de depresión pueda superarla es mi palabra hoy.

León Sandoval

Feódor Dostoievsky, primer bicentenario

Por: León Sandoval

En 2021 se cumplieron doscientos años del natalicio y ciento cuarenta de la muerte del literato ruso Feódor Mijáilovich Dostoievsky, uno de los más grandes escritores de la literatura universal. Dostoiesvsky nació en Moscú el 11 de noviembre de 1821, según calendas gregorianas, y falleció en San Petesburgo el 09 de febrero de 1981; entre su prolija obra literaria destacan títulos de gran calado como, Pobre gente (1846), El doble (1846), La patrona (1847), Stepánchikovo y sus habitantes (1859), Memorias del subsuelo (1864), Crimen y castigo (1866), El jugador (1866), El idiota (1868-1869), El adolescente (1875) y Los hermanos Karamarazov (1879-1880), está última obra fue considerada por psiquiatra austriaco Sigmund Freud (1856-1939) como la más magnífica novela jamás escrita, y favorita de personalidades como el físico alemán Albert Einstein (1879-1955) y la escritora británica Virginia Woolf (1882-1941).

 

Dostoievsky caracterizó su pluma por la capacidad para trazar el alma humana mediante sus personajes cargados todos de consideraciones psicológicas de una humana imperfección; en donde la persona original es, en la mayoría de los casos, el individuo que se aparta de los demás, como bien lo anota el autor en su prólogo a Los hermanos Karamazov. A propósito del primer bicentenario natal, vale la pena rendir un homenaje, a quien, quizá ha sido una de las mejores plumas de la historia. Que las generaciones del presente vuelvan los ojos sobre otros autores rusos como Puhskin, Gógol, Tolstoi, Pasternak, Chéjov, Gorki, Bely y Bulgákov, que han dado lustre y brillo a las letras.

En la monumental novela Los hermanos Karamazov, Dostoievsky, mas allá del parricidio, devela la insatisfacción de una familia poco funcional, liderada por un padre déspota, truhan y vividor junto a tres hijos legítimos y un cuarto no reconocido, cada uno con sus propios dilemas, preocupaciones y rencillas personales. En el Libro Sexto se aprecia la biografía del maestro Zosimo, un starets en un monasterio ortodoxo al cual asiste Alexey Feodorovitch Karamazov; en ese texto se lee la pregunta ¿Podemos ser jueces de nuestros propios semejantes?, pregunta que toma mucho valor viniendo de la tinta de Dostoievsky, como quiera, que por subversivo fue condenado a la pena de fusilamiento por el Zar Nicolas I, y una vez frente al pelotón, le fue conmutado el suplicio capital por trabajos forzados en Siberia, posteriormente, redimido a la muerte del Zar, por su sucesor Alejandro II. Dostoievsky fue un hombre acechado a lo largo de su existencia por esa rueda de fortuna e infortunio, epiléptico y ludópata, con un rasgo de profunda humanidad y compasión, probablemente un incomprendido más de su época.

En tiempos actuales, juzgar al semejante desde los ojos de la superioridad moral es práctica frecuente, donde se es juez demoledor del otro, pero no se puede ser juez de sí mismo y menos aceptar a otro como juez, la respuesta a ¿Podemos ser jueces de nuestros propios semejantes? constituye bálsamo para el alma y confianza en la humanidad: “Recuerda que no puedes ser juez de nadie. Antes de juzgar a un criminal, el Juez debe saber que él mismo es tan criminal como el acusado, y quizá más culpable que nadie de su crimen. Cuando lo haya comprendido podrá ser Juez. Por absurdo que esto parezca, es la verdad. Si yo mismo fuese un justo, no habría criminales que se mantuviesen ante mí. Si puedes cargarte del crimen del acusado que juzgas en tu corazón, hazlo inmediatamente y sufre por él; en cuanto al criminal, déjale ir sin reproches. Y aunque la ley te haya instituido juez suyo, en todo lo que te sea posible, haz justicia con este espíritu; pues una vez que se haya marchado se condenará aún más severamente que tu tribunal. Si se aleja insensible a tus buenos tratos, no te impresiones; es que aún no ha llegado su hora, pero llegará, y en caso contrario, otro en su lugar comprenderá, sufrirá y se acusará a sí mismo, y la verdad se verá cumplida. Cree firmemente en eso, sobre ello reposan la esperanza y la fe de los santos”. La semilla debe morir para que dé fruto, Juan 12:24 ¡Viva Dostoievsky por siempre

Sonido de libertad

Sonido de Libertad es el título de una película producida por el mexicano Eduardo Verástegui (1974), coproducida por el estadounidense Mel Gibson (1956) protagonizada por Jim Caviezel (1968) mejor conocido por protagonizar también La Pasión de Cristo, y la joven colombiana Cristal Aparicio (2006), que fue filmada hace más de cinco años en locaciones de Estados Unidos, México y Colombia, y debido al tema tan polémico que aborda,  la trata de niños y niñas con fines sexuales, tuvo muchos obstáculos para llegar a las pantallas de cine y plataformas digítales, hasta que finalmente pudo ser estrenada recientemente a nivel mundial y esta semana en Colombia.

La película aborda de manera cruda y directa la problemática que gira en torno de la pederastia, cómo niños, niñas y adolescentes centroamericanos y en general latinoamericanos son utilizados como moneda de cambio y destinados a servicios sexuales por plataformas digitales, en situaciones directas que involucran a todo tipo de pederastas desde grandes empresarios, turistas, organizaciones criminales e incluso grupos armados al margen de la ley.

 

La película hace un recorrido denunciando como en Centro América son raptados niños, niñas y adolescentes para la prostitución infantil y luego son remitidos a diferentes países del mundo como Estados Unidos,  de Europa y por supuesto, Colombia no podía ser la excepción. La película más que una obra de arte, es una denuncia fílmica sobre la prostitución infantil y sobre como los seres más indefensos de la sociedad: Nuestros niños desde su más tierna infancia pueden ser explotados en servicios sexuales varias veces al día y por períodos de más de diez años. Cruda realidad que muchas personas se niegan a aceptar y reconocer como uno de los problemas más graves en el mundo, y los grandes estudios de cines prefieren dar vía libre a producciones más suaves e irreales.

Ejemplo de lo anterior es la película de Barbie que recientemente vio la luz en las salas de cine para enviar mensajes que van en contra de toda realidad, que tienen una carga de estupidez y tratan de distorsionar la realidad para embelesar a cientos de espectadores en el mundo por medio de publicidad. Donde los diálogos son tan vacíos e inanes que terminan direccionando toda una niñez y juventud en formación atacando el sentido de la familia, célula básica de la sociedad. En tanto que en la película El Sonido de Libertad en inglés “Sound of Freedom” es una obra maestra a la denuncia que pone el dedo sobre la llaga y da una bofetada al espectador que preocupado por el día a día, por la liga de fútbol o el cantante de turno deja de lado la realidad dolorosa y preocupante del tráfico infantil con fines sexuales.

Sonido de Libertad no es sólo una oda a la denuncia, es también una reivindicación de la figura masculina, del padre protector que da la vida por sus hijos, que defiende a sus hijos y lucha por su familia. Sí la familia, célula básica de la sociedad, y sin la cual, no es posible construir comunidad. En tiempos donde ser hombre pareciera un delito, reconocer la figura masculina como articulador de derechos de los niños, niñas y adolescentes es un aliciente a esa masculinidad tan perdida en estos tiempos.

Sonido de Libertad merece ser vista, analizada y comentada en todos los escenarios, no simplemente entre los cineastas y consumidores de material fílmico de entretenimiento, también entre los medios académicos, judiciales, autoridades gubernamentales, trabajadores sociales, psicólogos y educadores infantiles, además de padres y madres, en toda la comunidad, porque la pederastia es una enfermedad que está devorando las entrañas de la sociedad. Es uno de los mayores males de la humanidad en tiempos donde los organismos encargados de analizar problemas como las migraciones, mencionan que los mayores índices de esclavitud en el mundo son los tiempos presentes.

Les invito a ver Sonido de Libertad como un elemento de reflexión sobre la pornografía infantil, la pederastia, el abuso y maltrato infantil creciente y real en tiempos de hiperdemocracia e hiperderechos, donde se quiere equívocamente que niños y niñas sean tratados como adultos, reconociendo en ellos derechos al ejercicio sexual temprano, con el simple ánimo velado de incentivar al pervertido y devorador sexual de menores que abundan ocultos en las redes sociales y calles de nuestras ciudades. La pederastia y la prostitución infantil deben ser denunciadas y eliminadas. Los niños, niñas y adolescentes deben de ser protegidos y los perpetradores de este tipo de crímenes deben ser penalizados con las más altas infracciones permitidas por las leyes sin beneficio alguno, porque los niños, niñas y adolescentes son hijos de Dios y los hijos de Dios no están a la venta.

Por: León Sandoval

El maestro y el aprendiz

Por: León Sandoval

Cuentan que un domingo de 1579, los miembros de la guilda concurrieron para dar gracias al Creador, por el buen año de labor mercantil, a la Iglesia de San Lorenzo (Sint Laurenskerk) erigida en el bello puerto de Róterdam de los Países Bajos. En penumbra y en el silencio acogedor de esa majestuosa edificación, un novel aprendiz de nombre Dankjewel le preguntó a su maestro Totziens Von Rotterdam: -¿Maestro, qué debo hacer para estar más cerca de Dios?, el maestro de la guilda, un anciano mercader judío que había abrazado el protestantismo, lo miró con ceño fruncido en evidente señal de desagrado, y respondió: -No te puedo decir qué debes hacer para estar más cerca al Gran Hacedor del Universo, pero sí te puedo decir las palabras que el padre de mi padre le enseñó: Seis consejos te daré, átalos a tu corazón:

 

Ama, ama como nunca has amado, no dejes de amar. Ámate a ti para que amándote puedas amar a tu Creador. Ama también a tu semejante, ama al otro, al que piensa como tú y también al que parece diferente. Ama al cercano y al distante. No dejes de amar. Ama la noche en su oscuridad y al día en su claridad. Ama la bestia y ama la flor. Ama al río Mosa (Maas) pero también a la mar. Amar te dará el valor de ti mismo y de los demás.

Cuida, cuida como si nunca hubieses cuidado, no dejes de cuidar. Cuida de ti para que cuidándote puedas cuidar tu corazón, reposo de Dios. Cuida también de tu semejante, cuida de todo aquel que piensa como tú y también del que parece diferente. Cuida al otro, al cercano, al distante y del que te hiere. Cuida el sol, cuida la lluvia. Cuida tu casa, tu entorno y el universo que asimismo es tu casa. Cuida desvalidos pero también fuertes. Cuida cada pensamiento y cada palabra que fluya de tu boca. En el cuidado reconocerás a tu Dios.

No juzgues, juzgar es oficio de Dioses. Deja que los Dioses hagan su tarea. Tú hombre, acepta tu realidad. Cada carga tiene sus propios tiempo y lugar. Cada vez que juzgas te estás llenando de lo que imputas. El que juzga será juzgado. Deja que la justicia transcurra en su propio devenir. Cada cual ha de rendir cuentas de su accionar. Cambia el juicio por benevolencia y compasión. Cada quien tiene su propia sed de justicia.

No odies, odiar te envilece y afeará tu alma. Aborrecer es la sinrazón de quien ha perdido el amor. No se puede abominar y amar al mismo tiempo porque al final el odio terminará por destruir al amor. Detestar te hará opresor de pesado yugo. Si alimentas tu ego dejarás de ser Tú para ser esclavo de otro. El que desprecia jamás será libre. Odiar enceguecerá tu vista, será el más cercano camino a la perdición.

No envidies, cada quien tiene lo que merece. Cada quien tiene lo que es capaz de soportar, ni más, ni menos. Hay hombres boyantes que no pegan ojo en la noche como sí lo hacen desarrapados hombres. Deja el resentimiento al resentido. Regocíjate con el triunfo del otro, algún día el otro lo hará contigo. Cuando albergas rencor el fuego de la venganza te consumirá sin darte cuenta.

Agradece, da gracias por todo y por todos, por el bien y por el mal. Todas los instrumentos te son dadas para hacer frente a la adversidad. Agradece la mañana y la noche. Agradece al entrar y al salir. Agradece por ser y por no ser, por estar y por no estar, por tener y no tener. Muta el juicio, el odio y la envidia en Agradecimiento.

El viejo maestro Totziens le miró y dijo – Ahora mis palabras son tus palabras, Adiós. El joven aprendiz Dankjewel, sólo atinó a decir – Gracias.

Un llamado a lo positivo

Por: León Sandoval

Con la proliferación de las nuevas tecnologías de comunicación impulsadas por el internet y la inteligencia artificial se dio acceso masivo de los ciudadanos a las redes sociales digitales, se creyó que el anhelo generalizado de democracia por fin se materializaría. La información dejaría de ser exclusividad de unos cuantos. Si la información es poder, el poder se redistribuiría entre los miembros de una ciudadanía mejor informada y más consciente, que tomaría mejores decisiones en materia política, por ende, la democracia se consolidaría como un bien global; más y mejor democracia que repercutiría directamente en mejores gobiernos, mejores sistemas de justicia en sociedades más prósperas y felices.

 

Lo anterior no se cumplió pese a haber mayor acceso a la información. Cualquiera persona con un dispositivo electrónico puede ser un comunicador social en potencia. La tecnología cambió el volumen de la información, los datos se tomaron el mundo, pero no han logrado comprender la naturaleza humana. No se puede afirmar con propiedad que hubo más empatía en el siglo pasado antes de la mediación de las actuales tecnologías de la información, no obstante, sí se puede aseverar que las nuevas tecnologías contribuyen con la formación de una masa que no ha logrado sobreponerse a la condición humana, si es que se puede de por sí, sobreponer el ser humano a la condición humana.

El Universo es una sumatoria de contrastes, de aparentes contradicciones que hacen que la vida fluya y que el misterio de la muerte esté aún por resolver. Sin Dios no hay demonio, sin muerte no hay vida, sin sufrimiento no hay alegría, sin salud no hay enfermedad, se requiere de la maldad para que haya bondad, la justicia se recrea en la injusticia. La unión de los opuestos caracteriza la existencia, por ello no vale la pena quedar sólo con lo desfavorable de las plataformas digitales, como escenarios de odio, donde a los odiadores se les denomina “haters” y cualquier motivo puede ser materia de malas vibraciones. Una competencia deportiva hasta el más sesudo debate sobre ciencias o política terminan siendo pretexto para que el odio se esparza como aglutinador social. Los ciudadanos más informados de la Historia gracias a la mediación tecnológica, paradójicamente, terminaron siendo los peor informados e incapaces de construir relaciones humanas saludables. Ese es el resultado del ejercicio: Mayor información, a su vez, menor calidad en la comunicación.

Es el momento para hacer un llamado a lo positivo, para ver el mundo desde el aprecio, desde el valor propio que se refleja en el valor del otro, del semejante y del diferente. Es el momento para que ese odio que exultan los ciudadanos en las mal denominadas redes sociales, que no son otra cosa diferente a plataformas digitales, se torne en bien decir. Es el momento de ver lo bueno, lo valioso, lo válido, lo provechoso, lo vulnerable como dones. Un llamado a una actitud positiva frente a la vida y reconocer lo bueno de la condición humana, aún en lo adverso, en lo incómodo, en lo molesto. Un llamado para buscar lo bueno que hay en la desesperanza, en el dolor y aún en la crueldad. Un llamado a entender que por muy difícil que sean los tiempos, el tiempo no es más que una sucesión de presentes que serán momentos.

El Universo es bueno, la ciudadanía es buena, los gobiernos y los estados son buenos, en el hombre habita la bondad. La vida es mucho mejor vista desde lo positivo, no desde la escasez sino desde la abundancia. No se trata de pensamiento positivo, sino de quejarse menos de la suerte o de la existencia y apreciar más, siempre habrá más por apreciar y valorar que lamentar. La Vida bien merece ser vivida, un Llamado a lo Positivo.

 

En defensa de la propiedad privada

Por: León Sandoval

La propiedad privada uno de los principios del derecho natural que ha servido para cimentar las sociedades occidentales se encuentra riesgo. Nuevos vientos apuntan hacia la sustitución de la propiedad privada por la propiedad colectiva. Cada día se dan más reflexiones desde la academia y los foros políticos para asignarle a la propiedad privada funciones, sociales, ambientales, culturales e históricas, adicionales a la natural función económica que le corresponde por naturaleza como elemento del patrimonio individual. La debacle de la propiedad privada es también la hecatombe de la autonomía individual.

 

El filósofo inglés John Locke (1632-1704) en el Segundo tratado sobre el gobierno civil (1689) concibe la propiedad como un todo que recae sobre la vida, la libertad y los bienes. La propiedad sobre los bienes constituye la máxima expresión de la autonomía individual, postulado que han defendido tanto liberales clásicos, conservadores, liberales modernos y libertarios.  La propiedad privada es socavada lentamente como se evidencia por parte de regímenes de partido único que, proponen lograr la prosperidad común de la mano del estado para el año 2050 lo que implicará mayores restricciones a la libertad y a la propiedad privada. Buscar la prosperidad común no es inconveniente, el inconveniente surge cuando para lograrlo se atenta contra las libertades individuales y se prioriza la propiedad colectiva sobre la privada. Estados que se erigen como las únicas superpotencias que terminarán por imponer su modelo y visión del mundo.

En Europa está el caso de Alemania cuya Constitución Política dispone en el artículo 15 con fines de socialización que, el suelo, los recursos naturales y los medios de producción puedan ser situados bajo un régimen de propiedad colectiva u otras formas de gestión colectiva mediante una ley que fije el modo y el monto de indemnización, norma que en más de cincuenta años no ha sido aplicada.

En Colombia el proyecto de unificación de los Códigos Civil y de Comercio presentado por la Universidad Nacional, en curso en el Congreso de la República, contempla artículos polémicos como el 24, 259, 268, 270, 271 y 272 que disponen entre otros aspectos, la asimilación de la posesión a la tenencia, la función social, ecológica, cultural e histórica de la propiedad privada que autorizarían al estado para expropiar, el desconocimiento de la propiedad privada por parte de las comunidades que consideren tener derecho sobre los bienes en disputa, el deber de conservación de predios rurales y urbanos so pena de abandono y transferencia de la propiedad al Estado. Proyecto legislativo que en el fondo tiene tintes de una potencial reforma constitucional, como quiera que modificaría el modelo económico dispuesto en la Constitución Política de 1991.

La propiedad privada está bajo amenaza, las señales de los tiempos conducen a su sustitución por la propiedad colectiva. Como afirmara el también filósofo inglés Roger Scruton (1944-2020) en su libro Cómo ser conservador (2014), los conservadores respetan la propiedad privada porque creen en la autonomía de los individuos. Atentar contra la autonomía individual en búsqueda de sociedades igualitarias es sumamente riesgoso, porque como dice Scruton, todo el mundo tendría lo mismo porque nadie tendría nada.  En suma, sin propiedad privada no hay autonomía individual y sin autonomía individual no hay propiedad privada. Es prioridad conservarlas.

La obediencia y el amor

 Oseas fue un profeta que vivió en Israel hacia el siglo VIII antes de Cristo, de hecho, hay un libro tanto en la Tanaj como en la Biblia que narran la misión profética de este hombre de Dios que, para los estudiosos de temas proféticos, es considerado como uno de los profetas menores. No obstante, del debate sobre si se trató de un profeta menor o mayor, vale la pena dedicar estar líneas al hombre que encarna dos valores: La obediencia y el amor, en ese orden.

La historia va así, el pueblo de Israel estaba siendo infiel a su Dios, dedicado a seguir a otros dioses. Por ello, Dios le pide a Oseas que profetice al pueblo sobre la infidelidad que comete y los castigos que vendrían, pero le pide, además, en un acto de coherencia personal, que despose a una mujer fornicaria llamada Gomer y se haga a cargo de los hijos que ella tenía fruto de actos de prostitución. Del matrimonio nacerían tres hijos, los que se llamarían: Jezreel que significa Dios siembra, Lo-ruhama que significa no compadecida, y Lo-ammi que significa no es mi pueblo.

 

Dios también le dice a Oseas, que su mujer lo abandonará e irá tras sus amantes porque le dan pan y vino, lino y aceite, y que también pondrá mucho dolor en la vida de la mujer, que seguirá a sus amantes y no los hallará, entonces, decidirá volver a su primer marido porque con él le iba mucho mejor. Esa mujer es el pueblo de Dios. Como efectivamente lo sentenció Dios, Gomer abandonó a su marido e hijos para huir detrás de sus amantes y dedicarse a la prostitución, como, según Las Escrituras, el pueblo de Israel hacía en búsqueda de otros dioses.

Dios le ordena a Oseas que vaya y busque a su mujer. Oseas en un acto de obediencia y también de amor, pese a cargar en su casa con la vergüenza y la afrenta a su honor conyugal, decide buscarla, la encontró convertida en una esclava que era rematada al mejor postor. En un acto infinito de obediencia y amor Oseas compra a Gomer y paga por ella 15 ciclos de plata más un kilo y tercio de cebada, lo que para la época equivaldrían a unas 30 monedas de plata, curiosamente el mismo valor que ocho siglos después pagarían a Judas Iscariote por entregar a Jesús, y que hoy tendrían un valor aproximado a cincuenta y un millones de pesos colombianos, según cálculos de este columnista.

Dios puso a prueba a Oseas e hizo con él lo que tenía previsto para Israel. Oseas vilipendiado por su condición de marido burlado y con cuernos advertidos, compró a Gomer para liberarla y restituirla en su casa con todos sus parabienes, y le dijo que serían exclusivos el uno para el otro, y no fornicarían con otras personas, y que lo mismo sucedería para con los hijos de Israel cuando volviesen a su Dios.

Oseas encarna dos principios fundamentales en la vida humana, Primero, la obediencia como acatamiento absoluto de la autoridad y la ley, pese a que muchas veces acatar la ley y a la autoridad implique el propio sufrimiento; y Segundo, el amor, porque para hacer lo que Oseas hizo por Gomer, debió haberla aprendido a amar intensa y profundamente.

Por dolorosa e ilógica que puediese ser la historia de Oseas, y más aún la del pueblo de Israel, Dios ordena en Oseas 3:1 “Ve, ama a una mujer amada de su compañero, aunque adúltera, como el amor de Jehová para con los hijos de Israel, los cuales miran a dioses ajenos, y aman tortas de pasas”, lo que evidencia que Oseas, pese a todo, amó con todo su corazón a su esposa adúltera, porque primero obedeció y la obediencia lo llevó al amor. Hay cosas, que racionalmente y desde la lógica humana no tendrían sentido, pero Dios es sabio en su sabiduría y por sus misterios son insondables para los humanos. Obediencia y amor, dos pilares fundamentales en la vida para hallar paz personal.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La lealtad

Por: León Sandoval

A parte del rey David, uno de mis personajes favoritos de la Biblia es Urías el Heteo o el Hitita, perteneciente a un pueblo aliado a los judíos en tiempos del rey David. Es breve la aparición de Urías en la Biblia, aparece en el Segundo Libro del profeta Samuel en el Capítulo 11, pero no por ello menos profunda, al punto que, me inspira a escribir las siguientes líneas sobre la lealtad.

 

Urías era un guerrero valiente que se encontraba bajo el mando de Joab, el comandante supremo de las tropas del rey David, en tiempos de guerra contra los amonitas. Mientras los guerreros se batían, el rey David paseaba en su residencia en Jerusalén y ve a la distancia una mujer muy bella de nombre Betsabé, la hace llamar a su aposento a sabiendas de que era casada y la seduce. Una vez enterado el rey que ha concebido con Betsabé, decide “enmendar” su error, para lo cual utilizará varías estrategias:

Primero, hace venir a Urías desde el campo de batalla, pensando que se acostaría con Betsabé, su esposa y “lavarían” la procedencia del nasciturus. Lo que no contempló el rey David, fue que, Urías y sus hombres, decidirían dormir frente a la casa del rey, y no visitar sus casas, por considerarlo indebido, ya que el Arca del Pacto y el pueblo está bajo tiendas y los soldados en el campo, y Urías consideraba indigno dormir en su casa. El rey David, decide como segunda estrategia, invitar a comer y a beber a Urías para embriagarlo, y así enviarlo con Betsabé, plan que también fracasa, porque pese a haber libado con Urías hasta embriagarlo, éste tampoco fue a dormir con su esposa, y pasó la noche o lo que quedaba de ella frente a las puertas del palacio del rey.

El rey David, atónito ante el valor y la lealtad de Urías, finalmente, decide redactar una nota a Joab, la que enviaría por la misma mano de Urías, en la que le pide a Joab que coloque a Urías en la zona más cruenta de la batalla para que muera en combate. Urías muere en combate como el valiente y leal hombre que fue. Betsabé lo llora, hace luto, y pasado el luto, es desposada por el rey David, que aprovecha la viudez, por él planeada, para hacerse cargo del hijo concebido en deslealtad e infidelidad. Dios conocedor a fondo del corazón, por medio del profeta Natán, amonesta a David le hace caer en la cuenta de su yerro y le dice que ese niño concebido con Betsabé morirá. Como en efecto acontece como consecuencia de una enfermedad.

Urías es la encarnación misma del valor, la fidelidad y de la lealtad, fue leal hasta el final, no sólo a su rey, al pueblo y a Dios, incluso pasando sobre su propia persona. Urías por medio de su vida nos enseña el valor de la lealtad y de la fidelidad, y sobre cómo los principios deben estar siempre por encima de los placeres, del gusto, del sosiego y aún del beneficio personal.

La lealtad entraña un nivel superior de compromiso para consigo mismo, para con otra u otras personas, para con la sociedad y para con Dios. La lealtad se prueba día a día porque corresponde al valor de la palabra dada, al compromiso adquirido y a la confianza que otra u otras personas han depositado. Las consecuencias de la deslealtad son múltiples, no sólo encarnan dolor y sufrimiento para quien la sufre, también para quien la práctica. De hecho, la consecuencia de la deslealtad del rey David, fue la vida de sus descendientes puesta en el filo de la espada.

La lealtad tiene que ver con principios superiores, con propósitos de vida en pareja y en grupo, con la búsqueda de la felicidad y del desarrollo humano. La lealtad es saber que siembras tu rodilla, y no la mueves de allí así un huracán venga sobre ti.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El camino

 

Por: León Sandoval

 

Los seres humanos en su proceso vital son caminantes que emprenden un trayecto, en ocasiones planificado, conocido y controlado, en otras oportunidades, sin planificación, desconocido y fuera de control. Algunas personas a ese camino lo llaman el destino, u otros simplemente dicen el camino de la vida que todos deben de trasegar en diversos puertos y momentos sorteando todo tipo de dificultades, desde las más sentidas hasta las más llevaderas. Al final, siempre habrá un destino, la muerte o desencarnar, en últimas nadie sale vivo del camino de la vida.

El camino de la vida es de por sí fascinante porque se hace camino al andar como diría el poeta Antonio Machado, los vivos son caminantes de la vida, y en últimas, cada quien escoge ese camino a transitar, cómo lo desea hacer y con qué mecanismos cuenta para ello. Muchas veces el camino de la vida pone compañeros de viaje, personas que vienen a recorrer trayectos y sendas similares, ya sea por largos trechos o recorridos muy breves. Puede haber quienes acompañan a lo largo de todo trecho de la vida, y otros que en la primera salida que encuentren en la vía deciden tomarla, dejando a veces con pena ese camino, pero en últimas, el camino es un acto individual que al ser recorrido en compañía se hace más llevaderos y sorteables los obstáculos que el camino presenta.

Los obstáculos del camino son para sortearlos, para superarlos y seguir adelante, ya sea esquivándolos, pasándolos por alto, por lo bajo, o en muchas oportunidades simplemente haciendo un alto y reposando hasta que el obstáculo por sus propios medios sea removido. Jamás un obstáculo en el camino podrá ser un pretexto para renunciar al camino, porque el camino pudiendo ser claro, diáfano o muy incómodo, siempre conducirá a un puerto final; el camino no termina cuando el caminante lo desee, sino cuando el Dios del Universo y su energía más allá de lo que los ojos ven, decida que la caminata ha terminado.

Hay caminantes de la vida que desean poner fin al camino por sus propios medios para desafiar el camino trazado, y no lo logran porque esa decisión está mediada por un ser superior que le permite al caminante ponerle fin al trayecto. El caminante no es un solitario que traza pasos, es también un sujeto moral y con sentido de lo divino que se mece al vaivén de los tiempos y las circunstancias, llámenlo como le quieran llamar: La divina providencia, Dios, El Gran creador del Universo, sin su voluntad el camino se torna difícil.

Pareciera que el camino del caminante no es su elección consciente, cierto es que, sí fue elección de cada caminante desde antes de encarnar, y se viene a aprender del camino. No siempre el camino lleva al caminante a donde éste desea ir, ahí es cuando amar el camino es un don poderoso, amar lo que se va recorriendo por gélido, caluroso, solitario o abundante que fuese. Amar el camino es amar el aquí y el ahora, disfrutar de la vista de ese recorrido. Lo que el caminante recorrió en pasos anteriores, en jornadas pasadas, sucedió y queda la memoria.

Una actitud de agradecimiento y de bendición resultará sanadora para quién, por más que lo intente, no le será permitido reducir pasos o millas de ese camino personal. Amar el camino es amar la vida, amarse a sí mismo y al tiempo que acontece, es también amar a los otros, al semejante y al diferente. Caminar sobre los propios pasos es un deber, no sobre los que ya fueron recorridos, ni sobre los que aún no han llegado. Por más oscura que sea la noche, siempre saldrá el sol. “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar” (Machado).

Sanando a los padres

Por: León Sandoval

En diferentes consultorías que he tenido la oportunidad de llevar a cabo en campos como la astrología, el reiki, la radiestesia y en general, como mentor de vida, he hallado un aspecto bastante frecuente entre mis consultantes, que personalmente he experimentado también: Las heridas de infancia, muchas de ellas ocasionadas desde la gestación misma; lesiones que en muchos casos son atribuidas a ambos o alguno de los progenitores, que dejan honda huella en el futuro adulto, al punto, que salen a la luz con el paso de los años y, perfectamente, pueden explicar mucho de la futura personalidad, del desarrollo ulterior del adulto como ciudadano, y sobre el manejo de las emociones por parte de ese niño en su vida adulta.

 

No existe un manual que enseñe al individuo a ser padre o madre. Sólo se aprende a ser hijo cuando se es padre o madre, y muchas veces, ese curso también se reprueba. La paternidad y la maternidad son asignaturas prácticas que sólo se pueden llevar a cabo desde la experiencia personal y difícilmente son susceptibles de exámenes de habilitación o de segunda oportunidad, porque en ocasiones el daño sobre la futura personalidad del hijo ya está hecho, y no es posible retrotraer el tiempo en el calendario, pero sí se puede trabajar en el presente con la consciencia para restañar las heridas por lejanas que sean.

He podido experimentar en mi propia persona el proceso de sanidad de heridas de la infancia para sanar a mis padres, y también en muchos de mis consultantes, para concluir que, no sólo es posible sanarse a sí mismo y a los padres, también es un imperativo moral sanar las heridas de la infancia, así alguna de las partes en fricción halla desencarnado. Hay heridas que son fantasmas del pasado y pueden perseguir al individuo hasta el final de su vida. El proceso de sanidad de los padres, no es otra cosa, que el proceso de sanidad del hijo. En la medida que el hijo se sane por sí mismo o con la ayuda de otro, sanará también a sus padres. No se trata de esperar a que papá o mamá cambien o den el primer paso, generalmente, ellos no lo darán primero, esa tarea inicialmente, debe partir desde el estado de consciencia del hijo.

Le corresponde al hijo cambiar, si espera el cambio de sus padres. Al hijo no le corresponde cuestionar, juzgar o censurar a sus padres, esa no es la tarea del hijo, lo he aprendido con la madurez de los años. Lo que sí me corresponde como hijo es agradecer a las personas que escogí por padre y madre por el hecho de haber facilitado sus células vitales para mi encarnación en este plano, por ese simple hecho, me ha de bastar y he de ser agradecido. Lo demás, si se trató de un mal o buen ser humano, un padre o madre responsable, no es mi tarea evaluarlos, simple y llanamente, mi agradecimiento a ese padre y esa madre puede ser el primer paso y muchas veces, resulta suficiente para empezar a sanar. No se trata de entender a papá y mamá, se trata de agradecerles. Siempre pienso que mi materialidad habitaba en una gónada de mi padre, luego mi madre facilitó un óvulo para que yo estuviese dentro de Ella durante cuarenta semanas, lapso en el que me alimenté de su cuerpo, de su amor, de sus emociones, de su sensibilidad, y un día alguien cortó el cordón material que nos unía.

Yo soy el hijo que decidió escoger a mis progenitores como parte de esta vida. Ellos son mis maestros de vida ya sea por acción u omisión, pese a sus defectos, aciertos, dramas, y karmas positivos y negativos, se eligieron a ellos y yo los elegí a los dos para que yo estuviese aquí. Al sanarme a mí mismo, he sanado a mis padres. Sólo me resta decirles desde el alma: Gracias Papá, Gracias Mamá. Los amo, me costó años entenderlo y saberlo, pero finalmente lo logré. Estamos en paz, nada me deben, nada les debo. Los libero, me libero. Cierro el ciclo. Hecho está.