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Etiqueta: León Sandoval

Mi maestro de latín y griego

Por: León Sandoval

 Nos conocimos una fría mañana de marzo de 1996 en La Candelaria de Bogotá. Su morada semejaba una sacristíabiblioteca monacal, en la que Jorge de Burgos encontraría gusto. Hube llegado tras la excitación provocada por un aviso de El Tiempo, donde el Profesor Camilo Orbes Moreno publicitaba su curso libre de Latín y Griego. Subimos por la empinada Calle 11 hasta la Universidad Externado de Colombia. El rector Fernando Hinestrosa generosamente cedía un aula para las clases del otro Maestro. Con los años descubriría que sus alumnos permaneceríamos siempre en el mismo nivel, tanto antiguos como nuevos. Nadie pagaba expensas, unos porque sus finanzas eran exiguas, otros porque Camilo rehusaba el pago de sus preciadas lecciones.

 

Nacido el 24 de octubre de 1935 en Pupiales (Nariño). Camilo era corpulento, vivaz, culto, de finos modales que permitían percibir esmerada crianza. Inmaculadamente vestido, traje de paño, corbata, gaban y sombrero. Su rostro de halo clerical adornado por gruesos lentes, dibujaba sonrisas preámbulo a una estentórea carcajada. Parecía un monseñor, profesó profundas convicciones cristianas, en especial marianas. Educado por los Salesianos en La Ceja (Antioquia), lo que explicaba su acento pupialeño con dejos de voceo. Aprendió Latín, Griego, Francés e Italiano junto a sus condiscípulos, el ilustre jurista Hernán Valencia Restrepo y el polémico sacerdote Bernardo Hoyos Montoya. Nunca ocultó vocación, una enfermedad ocular truncó su ordenación sacerdotal. Decía que provenía del ombligo del mundo porque Pupiales deriva de “pupo” que en Quechua significa ombligo. Su sueño: Grecia.

Destacó como filósofo, teólogo, historiador, antropólogo, curador de arte, poeta, editor y educador, oficio al que dedicó más de sesenta años, como él decía, era su “modus vivendi y comiendi”. Enseñó en Cali, Medellín y Bogotá; En las Universidades Externado, Libre, La Salle y San Martín, a estas dos últimas dedicó varios decenios. Su obra es prolífica, estudió a los Sindaguas como pueblo semejante a los Caribes o Mayas del mar Pacífico. A Francisco de Jesús Bolaños y Rosero, evangelizador del Reino de Quito, y escribió además la biografía de Fray Doroteo de Pupiales, quien fuera su pariente y fundador en 1902 de Florencia capital del Caquetá. Era el alma de la Academia de Historia Eclesiástica de Colombia.

Cercano a los presidentes conservadores desde Ospina Pérez, amigo personal de la maravillosa Berta Hernández de Ospina y de su hijo Mariano, de Pedro Medina Avendaño autor de la letra del himno de Bogotá, del jurista Horacio Gómez  Aristizabal, del sacerdote jesuita Manuel Briceño Jáuregui, del poeta, exgobernador  y fundador de El Frente, Rafael Ortiz González que le legó su amor por Santander, del exembajador Alejandro Ordóñez Maldonado y del socorrano Fray Martín Carlos Morales Flórez, fundador de la Universidad de la Salle; pariente por parte del padre del expresidente ecuatoriano Lenín Moreno, contertulio de “El Paisa” Serna y de un novicio crudivegano que llamaba “Fray Chuhuaco”, peruanismo para ayudante de cocina.

Firmaba poemas como “Olimac Sebro”. Su obra patriótica fue cumplir el cristiano amar al prójimo, amó tanto que fue padre de muchos que necesitaron uno. La primera semana de agosto en ciernes se cumplirán cuatro años desde su austera muerte. Como el coronel de García Márquez, pasó los últimos años esperando noticias de un enfadoso juicio para acceder a una merecida pensión. Murió preterido por la academia y sus copartidarios, pero en el amor de sus hijos. El buen samaritano encontró su partida en el Hospital La Samaritana. La sociedad que olvida así a sus educadores, entristece. El Gobierno Nacional mora en reconocer los aportes de Camilo Orbes Moreno. Su cuerpo yace inerte pero su legado permanecerá en la memoria de quienes le conocimos y en sus letras.

 

 

 

 

Mi japamala

El japamala o Yapamala es un instrumento ancestral de las tradiciones espirituales del hinduismo, budismo e incluso del sijismo, propias de los pueblos de Asia. Consiste en una serie de 108 cuentas o piezas esféricas diminutas que están entrelazadas por un hilo o pedazo de fina cuerda. Las piezas esféricas o bolitas generalmente eran de madera, hoy se les puede encontrar en piedras preciosas, semipreciosas y hasta de metal. El número total de pequeñas esferas es de 108, este número es uno de los números más poderosos y de mayor significado entre los pueblos de Asia.

El número 108 no es un número de coincidencias, es un número sagrado y fecundo, tiene una connotación profunda, por ejemplo, la distancia promedio entre la tierra y el sol, equivale a 108 veces el diámetro del astro rey, a su vez el diámetro del sol equivale a 108 veces el diámetro de la tierra. El alfabeto sánscrito tiene 108 letras, que equivalen a los 108 textos sagrados de los Upanishads, los libros sagrados de los hinduistas que datan aproximadamente de los Siglos VII y III a.C., son también 108 los puntos energéticos del yoga y la medicina ayurvédica.

 

Adicionalmente, en la mitología hindú cada Dios tiene 108 nombres, y en el tantra yoga hay 108 líneas energéticas que atraviesan el cuerpo y convergen todas en el corazón con punto de energía vital. Asimismo, la astrología védica habla de 12 casas y 9 planetas, lo que arrojaría de su multiplicación el resultado de 108. Como si fuese, mera casualidad, el famoso monumento de piedra conocido como Stonehenge en el Reino Unido, que constituye un centro energético muy importante, tiene una medida de 108 pies.

El japamala o yapamala se utiliza para orar, y especialmente recitar con cada cuenta un mantra hasta llegar a los 108 mantras. Un mantra es un vocablo, un sonido energético, con mucho poder, que traen protección a quien los pronuncia. Por medio del ejercicio de los mantras se pueden equilibrar energías, campos vibratorios, mentes, cuerpos y almas, trayendo reposo, paz y tranquilidad a quien los realiza.

En mi ejercicio personal con la ayuda de mi pareja, descubrí la maravillosa significancia de lo que es el japamala o yapamala y, su importancia para la meditación, la concentración y el logro de estados profundos de conciencia. Actividad que trae un descanso profundo y un bienestar interior difícil de describir en palabras. De hecho, no es tan fácil encontrar japamalas o yapamalas en los mercados colombianos, en ocasiones se encuentran en internet, lo que nos condujo a fabricar nuestros propios japamalas o yapamalas.

Mi japamala o yapamala es de piedra natural, sus cuentas son multicoloridas donde prevalece el verde de jade y el marrón del ojo de tigre, entrelazadas, luego de mucho experimentar, hasta dar con el hilo de resistencia más apropiada: El nylon empleado para las cañas de pescar, coronado por una borla o conjunto de hilos de tono verde profundo. En otras palabras, un japamala o yapamala es lo más parecido al tradicional rosario católico, instrumentos de meditación, de concentración, de oración y de regocijo espiritual por medio de mantras u oraciones.

Escribo esta columna porque quiero compartir con mis lectores este maravilloso hallazgo, tan personal y tan íntimo, que me permite conectarme con el Creador, y con la esencia de mi espiritualidad, además de permitirme meditar en pareja, me permite apaciguar la mente frente a tanto agite que bien podría terminar por sacarme de centro o de mi punto de equilibrio, empero los seres humanos están llamados no sólo por racionalidad, también por espiritualidad, a buscar, hallar, encontrar y mantenerse en punto de equilibrio, que nada les saque de control. Parece fácil, desde luego que no lo es, pero es posible con persistencia, paciencia y mucha, mucha meditación. Les invito a intentarlo.

León Sandoval

 

 

 

 

 

 

 

El poder de la aceptación

Por: León Sandoval

Quiero escribir desde el fondo de mi alma para todas aquellas personas que sufren y tienen dudas sobre el futuro. Hay tres grandes campos de preocupación humana que terminan por ser comunes a casi todas las personas: La salud física y mental, el aprovisionamiento y satisfacción de las necesidades materiales, y el relacionamiento emocional para con otras personas. Estos tres espectros sin lugar a duda, pueden constituir fuentes de profundo pesar. Desde mi experiencia personal considero que sí es posible gestionar las propias emociones, algunas veces por sí mismo y en otras con el apoyo de terapeutas capacitados e idóneos, para así restaurar poco a poco cada espacio de aflicción.

 

Una de las formas para superar la aflicción, la denomino el poder de la aceptación, que, en mi sentir, no es otra cosa que la capacidad natural de cada persona para aceptar que la vida no siempre es como uno quisiera que fuese, si no que la vida es como ella quiere que sea, lo que los antiguos estoicos llamaron amor fati, el amor al destino, por lo tanto, debemos aceptar la vida como es y no como quisiéramos que fuera. Por medio de la aceptación se pueden gestionar mejor las emociones y hacer frente a la realidad que, muchas veces por virulenta que pudiese ser, al final terminará. La vida, y la existencia personal es pasajera, lo importante es el aquí y el ahora.

Cuando acepto que hay situaciones y circunstancias que no van a cambiar, que carece de sentido luchar contra lo que no será, podré canalizar en mejor sentido mis energías y dirigirlas hacía aquello que sí depende de mí; lo que me permitirá redireccionar lo que me hace sufrir o me provoca dolor o nostalgia, verbo y gracia, la condición genética, la presión social, o en el territorio de las relaciones de pareja cuando se ama y se entrega lo mejor, sin que haya reciprocidad. Aprender a vivir en las circunstancias, aceptarlas y aceptarse a uno mismo como parte del aprendizaje de vida, siempre será preferible a sufrir y desdeñar de la “suerte”, entonces, la existencia será más amable.

Cuando no se acepta la realidad el sufrimiento aparece, con el paso de los años he aprendido que no siempre es posible cambiar el mundo, pero lo que sí se puede cambiar de poco a poco es la propia experiencia vital con actitud de excelencia y compromiso. He aprendido también que hay personas que luchan toda una vida por cambiar el mundo y, hay otras que luchan toda una vida para cambiar un mueble o un electrodoméstico, ambas luchas son igualmente válidas y aceptables. Las prioridades, necesidades y urgencias de todas las personas no siempre tienen por qué ser las mismas. Es tan lícito luchar por una sociedad justa, como también lo es luchar por tener el carro de moda o el sofá más cómodo. A estas alturas de mi vida, ya no me afana cambiar mi País y menos el Universo, ese no es mi trabajo hoy, lo que sí me interesa y me apasiona es ser instrumento de bienestar, paz, seguridad y tranquilidad para aquellas personas que cercanamente ingresan a mi vida y deciden hacerme parte de las suyas, lo que constituye parte de mi ejercicio personal de aceptación.

Quiero que mi experiencia vital aunada a los dones que el Universo me ha prestado, estén al servicio de los seres que se puedan beneficiar de ellos. Hoy me intereso por el camino, en este camino sólo quiero sonreír y si he de llorar, lo haré, pero con aceptación y agradecimiento totales, con la conciencia tranquila de que la vida es finita, y yo no seré la excepción.

 

 

 

 

 

 

 

 

El poder del agradecimiento

Por: León Sandoval

EL rey David, luego de Jesucristo, con toda seguridad, ha sido el hombre más amado por Dios, entre otras cosas, porque David encierra como los clarosobscuros del tablero de ajedrez, todos los vicios y las virtudes humanas. Fue un hombre valiente, corajudo, justo, decidido con alto valor, pero también fue un hombre que tuvo momentos de vida licenciosa, en la que se entrego a las pasiones, al licor, a la estupidez humana e incluso al amor irrefrenable, al punto que llegó a cometer actos oprobiosos de lujuria que sin lugar a dudas dejaron grandes consecuencias. Pese a lo anterior, fue de tal tamaño el amor de Dios hacia David, que no sólo lo ungió como rey en sustitución del rey Saul, le llamó de lo más sencillo del pueblo de Israel, y por amor a su nombre, no arrebató jamás la corona de su hijo y sucesor, el Rey Salomón. De hecho, cuando Dios puso en el corazón de David la necesidad de construir un templo para Dios, El Señor le dijo a David que sus manos habían derramado tanta sangre, que no sería la persona adecuada para construir un templo, le pidió en su lugar que aprovisionara todos los recursos necesarios para ello, y que, su sucesor sería, quien, con unas manos puras, sin mancha de sangre, edificaría el añorado templo.

 

El Rey David reunió en una sola persona todo el catálogo completo de pasiones, vicios, defectos, virtudes, bondades y emociones positivas y negativas que la naturaleza humana puede albergar, pero ¿Porqué que el Supremo Arquitecto del Universo le dispensó infinito amor y misericordia a un hombre perfectamente imperfecto?, la respuesta es fácil hallarla en las crónicas del profeta Samuel, en los libros de Reyes, y en los Salmos que el mismo Rey David compuso. Ante todo, David el pastorcillo, el jovenzuelo que se encargó de cuidar los ganados de su padre Jesé, luego el héroe que destruyó a Goliat, posteriormente el preferido del rey Saul, y finalmente, el líder amado por su pueblo que logró la unificación de las doce tribus de Israel bajo su mano, tuvo algo, y era el poder del agradecimiento, que le permitió hallar gracia para ante Dios.

David fue un hombre con defectos, seguramente un hombre de temperamento que oscilaba entre colérico y sanguíneo, siempre dispuesto a reaccionar inmediatamente muchas veces sin meditar, un hombre impetuoso y pasional, pero siempre agradecido. En boca de David siendo el hijo menor de su padre, el que no estaba llamado a heredar, o siendo el gran Rey que gobernó durante 40 años, siempre afloro la Gratitud. La palabra Gracias fue la palabra que siempre estuvo en boca de David, aún fastuoso por los títulos, siempre agradeció por todo y por nada.

El agradecimiento entraña un mantra de poder, una acción de visualización del pasado, del presente y del futuro. Quien agradece ora dos veces, agradecer en la mañana, al medio día, en la tarde, en la noche, y no dejar de agradecer. No basta simplemente, en leer textos como 1 Crónicas 17, 2 Samuel 22, o piezas tan hermosas como el Salmo 86 o el Salmo 144 para entender como de la boca, de las manos y de todo el Ser de David brotaba el agradecimiento perenne hacia su creador.

A lo largo de mi vida he aprendido que el agradecimiento es parte esencial de la existencia, no hay vitalidad sin agradecimiento. Una de las personas más maravillosas que he tenido la oportunidad de topar en mi vida, tiene tatuada la palabra Gracias, y así como está grabada en su piel, también la tiene grabada en su alma y me ha enseñado sobre el agradecimiento. No sé si aspirar a ser el rey David en tiempos de algoritmos sea posible, pero lo que sí sé, que es posible ser agradecidos por todo y por nada, así el mundo vaya en sentido contrario y sientas que todo va en contra tuya, da las gracias siempre y no dejes de hacerlo, porque como le diría el Rey David en sus últimas palabras a su hijo Salomón: “Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre”, al final es el alma agradecida la que queda…

 

 

 

 

De prejuicios y preocupaciones

Por: León Sandoval

La libertad es un valor universal que se ha convertido en ideal de las sociedades a lo largo de la historia, bajo el estandarte de la libertad se gestó la independencia de las colonias americanas. El ideal del individuo libre ha sido consigna permanente y gestor de todo tipo de movimientos sociales y políticos. Sin lugar a duda, todos quieren ser libres, parecer libres, en suma, ejercer la libertad. No obstante, en tiempos de determinismo moral, surge la pregunta ¿Si no hay libertades absolutas, por lo menos, los seres humanos son libres de prejuicios y preocupaciones?

 

La pregunta anterior resulta por demás retadora porque prejuicios y preocupaciones son modeladores de la conducta humana, permanentemente salen a flote en todo tipo de actividad, como si la experiencia previa determinara la consecuencia ineluctable de las acciones, aún esa consecuencia no esté presente o jamás ocurra. En otras palabras, los seres humanos son expertos en juicios de valor anticipados a partir de experiencias personales, y son también capaces de preocuparse, es decir, de ocuparse de temas y asuntos que jamás sucederán o cuya probabilidad de ocurrencia es remota.

El prejuicio no es otra cosa que arrimar conclusiones de manera anticipada sin tener elementos de juicio objetivo para ello, simplemente a partir de experiencias anteriores que fueron dolorosas o agradables. Verbo y gracia, creer que, si en un lugar sin iluminación se comete un crimen, en todo lugar sin iluminación se cometerán crímenes, y que, por haber personas que han cometido conductas desleales, ergo, todas las personas son desleales, como si el delito fuese un tema de lugares no iluminados, la deslealtad algo común a todos los seres humanos, y se debería necesariamente minar la confianza debida.

La preocupación, como su nombre lo indica, es ocuparse de los asuntos antes de su ocurrencia, ocuparse de lo que no existe, en otras palabras, dedicar energía, pensamientos y atención a cosas o eventos que por lo general no sucederán o es distante su ocurrencia, por el contrario, a mediano plazo producirán cuadros clínicos como depresión y ansiedad. De hecho, según la prestigiosa psiquiatra española Marian Rojas Estapé (1983) autora de los libros Cómo hacer que te pasen cosas buenas y Encuentra tu persona vitamina, el noventa por ciento de las cosas que preocupan a las personas jamás ocurren, ni ocurrirán.

Conductas como prejuzgar y preocuparse son innecesarias, especialmente, las manidas conductas de establecer juicios de valor a partir de experiencia subjetivas sin insumos objetivos suficientes, afanarse por resultados que tiene tan sólo un diez por ciento de probabilidades de ocurrencia carece de sentido. No puede ser libre la persona prejuiciosa o preocupada porque se convierte en esclava del prejuicio y la preocupación. El humano como ser moral subjetivo es dado a elaborar razonamientos inconscientes a partir de la experiencia personal previa modelada por situaciones externas, lo que hizo daño siempre será potencialmente peligroso, por ello se construyen estereotipos que recuerdan mucho el determinismo del médico criminólogo italiano Cesare Lombroso (1835-1909),  que afirmaba que la criminalidad dependía de las causas físicas y biológicas de los seres humanos, en su análisis, ciertos sujetos con características físicas particulares siempre serán delincuentes. Para Lombroso, una persona cuyo rostro se ajustase al patrón fisonómico mayoritariamente aceptado como bello poco o nada podría delinquir.

Dicen por allí que, cada persona es dueña de sus propios demonios, el prejuicio y la preocupación son dos demonios de marca mayor, mal se hace con criticar a las personas prejuiciosa o preocupadas, sus válidas y respetables razones tendrán. Muchas veces, al igual que lo acontecido en el mito platónico de la Caverna, se observa sólo sombras y a veces es la propia sombra la que se refleja, empero, el conocimiento real es diferente al aparente. Se debe buscar bajo la capa del corazón, no en vano, bien lo dijo El Zorro al pequeño Príncipe: “On ne voit bien qu’avec le coeur. L’essentiel est invisible pour les yeux.

 

 

 

 

La familia

La familia es la agrupación social más importante, no en vano es considerada la célula básica de la sociedad, y cumple a diferencia de las demás organizaciones sociales todos los fines y propósitos de vida del ser humano, desde lo espiritual, lo emocional lo material y hasta lo lúdico. La familia es un tesoro de inestimable valor. Quien tiene una familia goza de un privilegio que muchas veces no se comprende hasta que finalmente por la razón que fuere: La muerte de sus miembros, la traición o la cesación de efectos civiles se pone fin al vínculo formal de la familia. No pretendo dar una explicación sobre el origen de la familia, ni pretendo hacer una clasificación sobre los tipos de familia, simplemente quiero garabatear unas ideas sobre lo que entiendo por familia.

Lo primero que quiero señalar es que no es lo mismo un vínculo que una relación, muchas veces las relaciones carecen de vínculos, porque hay relaciones que son vacías y caen en la formalidad o en obligaciones, por lo tanto, se está obligado a pertenecer a una familia porque es lo mandado legalmente, en tanto que, existen vínculos que son conexiones del alma que van más allá de la sangre, o de un documento legal o de un simple hecho biológico. En astrología se dice que los seres humanos antes de su encarnación eligen a sus padres y la familia a la que desean pertenecer, como misión de vida para trabajar en esa existencia. Cuando se es consciente de ello, la vida se torna más fácil porque la lucha no es contra padre, madre, hermanos o parientes, a ellos no se les debe juzgar, especialmente al padre y a la madre porque fueron el vehículo que cada uno escogió para poder encarnar, por ese simple hecho, padre y madre cumplieron como instrumentos, y por ello sólo queda agradecer. Papá y Mamá cumplieron al brindarme lo mejor de su genética para permitirme estar aquí, no en vano, fue el mejor esperma de papá el que fecundó al mejor óvulo de mamá.

 

La familia no siempre es como yo desearía que fuera, porque la vida no es como yo quiero que sea, mejor es aceptar la vida como es. Muchas veces las familias se fundan en relaciones estereotipadas de padre, madre e hijos, pero no siempre ese modelo aplica para todas las familias; hay familias que se construyen a partir de quereres, donde muchas veces la biología pasa a segundo plano y es sustituida por el crisol de los afectos, de los cariños y de la intimidad. No siempre quien aporta el gen es miembro de la familia, así la tradición quiera enfocarse en la responsabilidad legal vincular a la familia a quien engendra vida. Hay ideales que se manifiestan en “El deber ser”, pero también hay “Ser”. Familias también son la de un solo progenitor con hijos, o las conformadas por una pareja o una trieja, hay familias sin progenitores, familias sin nexos genéticos entre sus miembros, hay también familias extensas y extensísimas, y familias que se construyen a partir de los afectos que surgen entre los hasta ayer desconocidos.

No creo que las familias surjan por mandato legal, o por el hecho de la concepción y el parto, tampoco creo que se formen en un laboratorio de experimentación social, ni creo que las familias pertenezcan al Estado. Las familias se construyen como se levanta un muro, ladrillo a ladrillo. La familia se construye a partir de algo que se llama intimidad y complicidad entre dos o más miembros, sumado al afecto, al amor y al respeto entre quienes la conforman. No puede haber familia sin respeto.  Las familias no siempre se edifican sobre la base de la biología o del documento legal, puede haber familias sin apellidos comunes, y no por ello dejan de ser familias. El concepto de familia no debería ser definido por la ley, porque el amor siempre desbordará a la ley. No hay leyes que contengan al amor y no se puede imponer el amor a la fuerza, ¿Si la familia surge del Amor, porqué entonces leyes para la familia?

En resumen, la familia es ese lugar al que llamas hogar, y hogar es un concepto espiritual. La familia tiene que ver con lo espiritual y con el afecto, con el respeto, con el amor, con la protección y la compasión, no es sólo la casa cuatro del zodiaco que corresponde al hogar y a la madre, ni la casa diez que corresponde al padre. Es más que eso, la familia implica amor, afecto, confianza, respeto e intimidad, tranquilidad sin juzgamiento, sin lo anterior, yo no concibo a mi familia. Puedo estar muy equivocado con lo que expreso en este texto, pero reitero, no basta una relación para que haya familia, debe haber más que eso: Vínculo. La construcción de una familia es un acto voluntario, no es un mandato, ni puede ser una imposición de un legislador o un juez. Escribo estas líneas con afecto para Natalia, Cristian y su bebé, y para todos aquellos que en estos tiempos han decidido construir su propia familia, mi deseo para Ustedes es que su Familia sea fortaleza y fuente de todo lo bueno que la vida les depara.

 

 

 

 

Abandona el resentimiento

Por: León Sandoval

La violencia se ha enquistado como modelo de expresión en las sociedades humanas. No es posible afirmar con precisión que la violencia está presente en los animales no humanos como en los humanos. Los animales no humanos pocas veces acuden a la violencia, la fuerza en ellos es el florecimiento de un instinto de supervivencia que les conduce a atacar en rechazo de una agresión o por la necesidad de alimentarse. En los animales humanos el uso de la fuerza acompañado por la violencia es visceral, como si para el animal humano la violencia fuese necesaria para expresar su rabia, su ira, su crueldad y su maldad. La violencia es el común denominador en diversos lugares, campos, ciudades y también en el universo digital; ciudadanos que hacen de la violencia un vehículo para su rabia, su ira, su crueldad y su maldad, o todo junto quizás. Es como si en muchas personas el sentimiento de humanidad se hubiere resentido.

 

Para el filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) el ser humano era salvaje por naturaleza y necesitaba de un ser superior, el Leviatán que le administrara para que pusiera orden a la violencia emanada de los hombres, de esta forma se colocan las bases de las teorías contractualistas sobre el origen del estado. Por su parte, el polímata ginebrino Jean-Jacques Rousseau (1712-1778) argumentó que el ser humano es bueno por naturaleza, es un buen salvaje que la sociedad corrompe y le conduce a la violencia. Para el primero la violencia podría ser una condición propia del estado de naturaleza humano, para el segundo era el resultado de un proceso de descomposición social. Debate que aún continúa sin esclarecer y que podría ser explicado desde la psicología, la economía, la ciencia política, el derecho, la bioética y la sociología, incluso desde las ciencias de la nutrición, el hambre como generador de violencia.

En el fondo, la violencia puede explicarse desde el resentimiento, entendido éste como un sentimiento prolongado en el tiempo que entraña rabia, ira, enfado, disgusto hacía alguien o hacía algo, ese alguien puede ser otro sujeto moral, y ese algo puede tener la más diversa connotación una cosa o un conjunto de cosas, como por ejemplo una clase social, una organización o la misma sociedad. El resentido alberga deseos de venganza y de autosatisfacción que van alimentados por el permanente rumiar de odios, envidias y malquerencias. El resentimiento puede ser colectivo por compartir los mismos odios, envidias y malquerencias, o por el sembradío de inquinas en mentes ajenas que terminan cosechando cual océano, borrascas.

En el resentimiento se puede hallar la causa de todas las formas de violencia, entre otras, violencia de género, violencia política, violencia religiosa, violencia deportiva, violencia digital, violencia delincuencial, como si el violento per se no fuese un delincuente, o simplemente la violencia por la violencia, la violencia del que actúa por el simple placer de sentir la adrenalina que fluye mientras infringe dolor a otro.

El cenit de la violencia contemporánea está marcado por altas cifras de individuos resentidos que ven en otros a privilegiados sin merecimientos. El resentido apela a la violencia para convertirse en un superhombre que está dispuesto a todo por el simple prurito de equilibrar el sentimiento o al menos aminorar su enfado para con la injusticia de la que se cree víctima. Lo que ha generado un gran inconveniente en tiempos contemporáneos donde la cifra de seres humanos resentidos aumenta.  A mayor conexión digital, mayor información, pero también mayor resentimiento, lo que se traduce en mayores niveles de violencia. Es importante que padres y maestros desde la tierna infancia presten especial atención al desarrollo socio-afectivo de niños y niñas. Se requiere humanos con mejores sentimientos, que odien menos, que envidien menos, que juzguen menos, para que amen, cuiden y agradezcan más. La tarea para hoy: Abandonar el resentimiento, amar más.

 

 

 

 

Historia oficial del amor

Por: León Sandoval

El título de esta columna corresponde al nombre de un libro editado en marzo de 2016, autoría del escritor Ricardo Silva Romero (Bogotá, 1975). Es la historia de su familia narrada hacia atrás para desenredar la madeja. Una secuencia que inicia el jueves 01 de enero de 2015 hasta el viernes 15 de abril de 1932, para finalizar el viernes 25 de septiembre de 2015. Es la intimidad entre lo real y la ficción, el autor, su esposa, sus padres, abuelos y parentela extensa. Es la crónica de los hechos políticos y de violencia intestina acontecidos en Colombia durante los últimos ochenta años, cosida con hebras del más fino hilo del amor. Es un cruce en el camino de personajes tan humanos y tan colombianos para quienes el amor consciente o inconsciente lo es todo. Historia oficial del amor es una oda al amor. Como se lee a lo largo de la obra “Nunca en la historia del mundo un padre quiso tanto a una hija”, pero también nunca en la historia del mundo, una hija quiso tanto a un padre, un esposo a una esposa y un amigo a otro amigo.

 

El escritor destaca personas anónimas para la masa, seres humanos notables que dejaron un legado esencial para para quienes los conocieron; al morir se continúa vivo en la memoria de quienes conservan el recuerdo. La vida después de la muerte se proyecta en el recuerdo del otro. La obra es un relato sutil y homenaje sincero a Marcela Romero de Silva, abogada defensora de causas justas, conciencia jurídica del presidente Virgilio Barco; mujer que, con su condición humana y profesional contribuyó con la elaboración de normas que permitieron acciones gubernamentales en esa difícil crisis de los años Ochentas y Noventas del siglo pasado.

Destaca también el padre del autor, profesor y rector universitario, Eduardo Silva Sánchez; educador que consagró su vida desde la Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito en la formación de tantos ciudadanos. Físico y humanista que a través de sus artes exotéricas y esotéricas predice parte de ese futuro contado hacía atrás.

La figura de su tío materno Alfonso Romero Buj, abogado laboralista, defensor de derechos humanos y militante del Partido Comunista; asesinado en pleno centro de Bogotá luego de haber renunciado a su activismo político por sus antiguos camaradas, disidentes del comando subversivo Pedro León Arboleda, según algunos estudiosos, germen del Ejército Popular de Liberación.

El abuelo materno es la arteria de la obra, pareciera que con él todo inició. El gran caribeño Alfonso Romero Aguirre, el liberal radical “(…) nítido en lo público pero oscuro en lo privado”, autor de la Historia del Partido Liberal. Ocupó casi todos los cargos públicos de elección popular de su época, sólo le hizo falta la presidencia de la República, y no la logró por su condición de hombre radical. Ajeno a las gabelas del poder, su férrea oposición al Frente Nacional, su admiración por el General Gustavo Rojas Pinilla y su frontal enfrentamiento con la élite liberal del centro del País, cooptada, entre otros, por el presidente de la época, Carlos Lleras Restrepo.

Finalmente, emerge el amor infinito, el silencioso abuelo paterno Antonio Silva Hernández, el linotipista del Diario El Tiempo. Un hombre bueno, decente y laborioso como pocos; víctima del plomo en el intento de vencer al linotipo, como relata el autor.

Historia oficial del amor, es el amor en potencia, es el amor en familia, el amor que se cuece en los peroles de la sangre y los afectos. El amor bonito, el amor sanador y salvador. Bien vale la pena leer la obra de Ricardo Silva Romero. Gracias por estas líneas “Todo hombre debe haberse divorciado una vez antes de casarse de verdad”. Cada quien tiene derecho a tener su historia oficial del amor.

 

El deseo interior

Los seres humanos somo seres en diferentes dimensiones, somo seres integrados e integrales, integrados por cientos de células que son la representación de la naturaleza misma. Los seres humanos somos infinitamente extensos y también somos el reflejo del exterior lo que nos hace integrales. Sin duda alguna, como el célebre astrónomo Carl Sagan (1934-1996) lo afirmara, somos polvo de estrellas, pero también somos espíritu, alma, mente, razón y corazón. Somos el fuego interior que nos hacer arder el corazón. Ese ardor interno en el corazón, ese fuego interno constituye el deseo interior. El deseo interior es el pegamento de los sueños, de las visiones y las metas.

Los seres humanos en muchas ocasiones desviamos la atención de ese fuego interior, de ese deseo interno, y nos centramos en aquellas cosas o eventos que nos dan una sensación de placer. El problema del placer no es lo efímero, fugaz y pasajero, el problema real es el placer por el placer. En múltiples ocasiones perdemos de vista el verdadero deseo interior por dar prioridad al deseo exterior, a la liberación de dopamina, serotonina, endorfinas y demás sustancias químicas que una vez evacuadas o satisfechas conducen al vació nuevamente, y el ciclo vuelve a empezar, de allí la adicción a sustancias y eventos que pueden ir desde la ingesta de alcohol y de barbitúricos hasta la ludopatía y la pornografía.

 

La atención que pareciera no ser nada, es fundamental para el deseo interior. Donde esté tu atención ha de estar tu corazón, tu energía, tu fortaleza, tu visión y tú propósito de vida. La atención debe posarse sobre ese deseo interior. Alguna vez te has preguntado ¿Porqué algunas personas son más exitosas que otras en la consecución de propósitos de vida? Muchas veces, no basta con la disciplina, la constancia, el empeño, la dedicación, el tiempo, la buena fortuna para lograr las metas. La atención es definitiva para que los sueños sean realidad, y aviven el deseo interior. Veamos un ejemplo, muchas personas sueñan con tener sus cuentas bancarias a reventar de dinero que les permita la libertad financiera y laboral. ¿Pero alguna vez esas personas se han preguntado si son creadoras de dinero? La respuesta a la pregunta anterior puede definir muchas cosas en el futuro de una persona. ¿No sería preferible ser atento recolector de algo que ya ha sido creado y de esa manera poder disfrutar mejor el viaje?

El deseo interior es lo que te mueve, lo que te da razones de vida, lo que hace que cada mañana sonrías y quieras salir a enfrentar incluso a tus propios demonios y miedos. La vida es la manifestación del deseo interior, que la atención se enfoque en tu deseo interior, en ese fuego que te hace arder el pecho, en aquello que tu ser te señala que debes hacer, aún sin esperar recompensa alguna o reconocimiento, ya sea en el más alto cargo directivo o desde la placidez de un pequeño espacio físico viendo las palomas levantar vuelo.

No se trata de fórmulas mágicas para explotar nuestro deseo interior, pero sí somos conscientes del primer paso a seguir: La atención en nuestro ser interior que, sin lugar a dudas nos llevará a tomar conciencia, una vez detectemos nuestro fuego interior, nuestras vidas jamás volverán a ser las mismas, y por supuesto, no seremos las mismas personas.

El deseo interior nos catapulta hacia la autorrealización y al éxito en todos los campos de la vida, somos hombres y mujeres exitosos en la medida que nuestro fuego interior arda y le avivemos con amor propio, autodisciplina, constancia y por sobre todo con atención. Fue el fuego en el corazón lo que permitió a Geppetto darle vida a un muñeco, las hadas existen, pero ellas miran tu corazón antes de actuar. Que el Dios Todopoderoso nos permita atender y materializar nuestro deseo interior. Bendiciones.

León Sandoval

 

 

 

 

 

 

 

La sociedad impersonal

El sociólogo polaco-británico Zygmunt Bauman (1925-2017) tenía razón al argumentar que la vida social se ha transformado en vida electrónica o cibervida, escenario acentuado con la Pandemia del Sars Cov-2 que sirvió para acelerar el proceso de la ciberactividad. La sociedad humana ha dejado de ser una sociedad de personas para convertirse en una sociedad de sujetos de derechos mediados por los algoritmos que, no son más que un listado de instrucciones que le indican a un dispositivo electrónico qué hacer en una mina de datos bajo el reinado de la Inteligencia Artificial.

Las relaciones interpersonales heridas de muerte, agonizan entre un desenfreno de datos que marcan el compás del devenir social en la manera como las personas se relacionan en la recreación, la educación, los deportes, el gobierno, la banca, la empresa, la salud y hasta en el sexo. Qué épocas aquellas cuando el interlocutor era otra persona y se podía ir a un punto geográfico para dialogar, para quejarse, para divertirse, para aprender, para llorar por el ausente o simplemente por el placer de ver o escuchar al semejante.

 

Las organizaciones de toda índole han echado mano de la novedosa interacción digital en todas sus presentaciones, bajo el amparo del argumento de la correcta prestación de sus servicios a un menor costo operacional llegan a sus usuarios y a todo aquel que demande de sus servicios. Ya no se trata de una sociedad de personas, sino de sujetos de derechos que establecen relaciones cada vez menos dialógicas frente a una pantalla. Los otrora establecimientos utilizados con el fin de contactar personas para atender inquietudes en la materia que fuere, son utilizados para que las personas asistan a interactuar con dispositivos digitales, raramente se encuentra allí una persona, en su reemplazo hay sujetos de derechos que han sido entrenados para responder según un flujograma de información. Los humanos se hacen cada día más máquinas, las máquinas, más sujetos.

La sociedad humana se desmorona sin ser consciente de ello, es menos colectivo de personas en su sentido ontológico moral. Las personas son reemplazadas por sujetos de derechos y de deberes regidos por la ley; ley que poco a poco será sustituida por algoritmos. Pareciese que nadie lo notase o silentemente se aceptase el mezquino destino de la humanidad. Las organizaciones fracasan en la consideración moral para y con las personas. Los éxitos empresariales van en detrimento de la persona en favor del ciudadano digital. No importa la persona, importa el consumidor que se manifiesta en estadísticas representativas de satisfacción. Pareciera que las empresas, entre ellas, las encargadas de prestar servicios personales fundamentales como la educación, la salud, la religión, la energía, el agua potable no fueran regentadas por personas, en su lugar hubiese humanoides tras los hilos directivos para quienes el éxito se traduce en aparentar con la mediación de dispositivos electrónicos la satisfacción de las necesidades de sus consumidores.

Bauman en la Introducción de su libro El Arte de la Vida (2009) sobre la pregunta ¿Qué hay de malo en la felicidad? señalaba que son las etiquetas, logos y marcas los términos del lenguaje de reconocimiento que han dado imagen a la identidad y que las personas huyen de sí mismas para llegar a ser otras personas fabricadas a su medida. Valdría la pena añadir que esas personas hechas a su medida son diseñadas por el digitalismo bajo el imperio de la Inteligencia Artificial. Las personas desaparecen para ser sustituidas por la mejor versión de sujetos de derechos que los “likes” pueden crear. Gran responsabilidad atañe a los dirigentes de lo público y de lo privado frente al ocaso de la sociedad de personas. Se está frente a la sepultura de la sociedad personal, en su lugar, se gesta la sociedad impersonal.

 

 

 

 

Cinco principios

El Reiki es un sistema terapéutico ancestral originada en el lejano este, consistente en el manejo de la energía universal y su canalización por medio de la imposición de manos para llevar salud, armonía y bienestar físico al cuerpo, la mente, y el espíritu. Su impulsor moderno fue el japonés Mikao Usui (1865-1926). Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el Reiki se extendió por Occidente de la mano de los estadounidenses que tuvieron la oportunidad de iniciarse en los misterios del Reiki en tierras del Imperio del Sol. En el año de 1995 La Organización Mundial de la Salud lo reconoció como una práctica terapéutica complementaria a la medicina tradicional, pero no su reemplazo, ni substituto.

Mikao Usui empezó a buscar las razones por las cuáles muchas de las personas tratadas con Reiki no lograban reestablecer completamente su salud física, no obstante, experimentar cierta mejoría, para concluir que no bastaba con sanar el cuerpo físico, era necesario sanar en primer lugar el alma y el espíritu. Esta experiencia le sirve al maestro Usui para proponer cinco principios que condensan la filosofía del Reiki, los cuales demandan un día a la vez: “Sólo por hoy”.

 

Primer principio, sólo por hoy no te enfades. No permitas que la ira, el odio y el desamor tomen el control de tus pensamientos para que no albergues emociones indeseables que, posteriormente podrían desencadenar en acciones reprochables. Sólo por hoy, controla la volatilidad de tu temperamento y no permitas que sentimientos de molestia, incomodidad y de rencor hagan de las suyas.

Segundo principio, sólo por hoy no te preocupes. Por más que te afanes y te cargues, hay circunstancias, dificultades y problemas cuya solución no dependen de ti, o del momento en particular; dependen de otros actores e incluso del paso del tiempo. ¿Qué obtienes preocupándote por cosas que a veces no tienen el efecto nocivo esperado? En lugar de preocuparte: Ocúpate, ponte en acción, actúa según tu leal saber y entender, confía en tu sabiduría interior. Jesucristo, bien lo dijo, por más que lo intentes muchas veces no puedes agregar una medida a tu cabeza, pero sí puedes gestionar la voluntad para obtener acciones que a mediano o largo plazo podrán darte mejores resultados.

Tercer principio, sólo por hoy sé agradecido. Agradecer es el acto más importante, es un acto tan sublime como amar. El agradecimiento es el marco de la vida y a partir de allí empieza la abundancia. Agradecer por todo, por lo mucho, por lo poco, por lo escaso, por lo suficiente y lo insuficiente, por lo bueno y por lo no tan bueno. Todo es aprendizaje. Agradecer forma parte de sí mismo para reconocer qué tanto se avanza en la vida para sortear y aprender de las dificultades diarias. Quien agradece ora, sin lugar a dudas, ora dos veces.

Cuarto principio, sólo por hoy trabaja honrada y diligentemente. El trabajo honrado y diligente es la máxima del reikista. Hacer las cosas de manera honesta, decente y juiciosa. Cada momento es único y merece total atención. Cumplir para con las obligaciones, y especialmente, no sólo las físicas, como el aseo y el cuidado personal, o un trabajo con remuneración económica, también el trabajo espiritual, álmico e interno es supremamente importante en el proceso de reconstrucción y de crecimiento personal. Meditar, reflexionar o simplemente dejarse ir “no pensamiento” es una manera maravillosa de construir un mejor porvenir y una sociedad más amorosa y equitativa.

Quinto principio, sólo por hoy sé amable con todas las personas y con toda la creación. La amabilidad es el acto de aceptar que el otro es un sujeto moral que merece especial consideración, respeto y aceptación. En el otro nos reflejamos y nos proyectamos. Toda persona tiene su propia lucha, su propia batalla y su propio camino que enfrentar. Ser amable para con el otro es un acto de respeto, de valoración superior y de reconocimiento inequívoco de que el otro es un ser inestimable, valiente y digno de admiración y respeto. Cada quien atraviesa su propio campo minado.

Cuando tomes conciencia del sólo por hoy, vivirás un día a la vez, sabrás que cada día tiene su propio afán y circunstancias, entonces, la vida será más llevadera, más soportable, más amorosa y con mayor sentido. Te invito, a que sólo por hoy, te atrevas a mirar el mundo con otros ojos desde la energía universal del amor.

León Sandoval 

 

 

 

 

La lentitud y el rito

El hombre postmoderno desechó el rito porque el rito implica orden. Las sociedades humanas no tiempo para rituales porque los rituales no son rápidos y toman tiempo. El orden ha cedido frente a la eficiencia entendida como hacer lo que se espera para obtener el resultado deseado a la mayor brevedad, de ser posible con eficacia, ésto es, con los menores recursos posibles. Para ser eficientes y eficaces no puede haber pausa. La economía del presente ha de ser circular donde todo debe aprovecharse hasta el más mínimo átomo. Los seres humanos deben “autorreciclarse” si quieren mantenerse en pie. El rito no permite la reutilización del recurso, menos la instrumentalización del ser humano. El deseo por vivir más y mejor para mantener el ritmo de las circunstancias es una constante. No hay cabida para los lentos; la lentitud debería ser una virtud, mas no síntoma de anormalidad.

El hombre no tiene derecho a ser ritualista porque el ritual es sinónimo de anacronismo. La calma y la quietud acompasadas de lentitud no son deseables. Los ciclos vitales consisten en ganar una carrera de corto aliento en la que la obligación es derrotar al tiempo. La razón de la existencia pareciera ser producir para ser feliz. El rito pareciera reñir con la felicidad y con la productividad porque el rito no parte del desear sino del ser y la quietud en la que halla la calma. El rito desconoce la pompa y el boato porque el rito no es igual a la ceremonia. La ceremonia es vacuidad. Lo ceremonioso cae en la superficialidad frente al rito pletórico de profundo significado que desborda la naturaleza humana como lenguaje, a veces indescifrable, que conecta con el Creador.

 

El tiempo no es para rituales, enseñan los gurúes motivacionales de hoy; en su lugar, predican que el tiempo debe ser empleado para lograr la consecución de fines tangibles susceptibles de reconocimientos mediante bienestar físico y emocional. Reconocimientos loables que jamás suplirán el sentido de estar acorde con el orden. El rito entraña repetición y habitualidad, lo que exige tiempo suficiente para acción lenta y consciente sobre la necesidad de acatar las reglas que conducen al orden. Hoy no hay tiempo para reglas, ni para el orden y menos para la lentitud en los actos. Todo debe ser ágil, rápido e inmediato; ya no hay tiempo de espera para la riqueza y menos por el trecho largo.

El deseo marca el sentido de esta época, obtener lo deseado lentamente parece ser el peor negocio. El filósofo surcoreano de nacionalidad alemana Byung-Chul Han (1959) en su obra La desaparición de los rituales (2020) refiere que el capitalismo se basa en la economía del deseo por lo que es incompatible con la sociedad ritual, ya que el rito no se basa en el en el placer tan prioritario en la sociedad actual. No sólo el capitalismo, el socialismo y el comunismo también son incompatibles con la sociedad ritual transformada en sociedad de afanes sin cabida para el rito, en la que el reloj es su cancerbero.

La sociedad busca la felicidad en el consumo y en el descanso porque sólo allí hay placer; pareciera que la vida placentera es la vida de molicie. El rito se opone a la molicie y a lo rápido porque el rito no demanda consumo. El rito es parte del Ser y de su despertar, de allí su habitualidad y permanencia. El rito requiere tiempo, pausa y lentitud acompasadas, calma, reposo, claridad mental, constancia, permanencia y conciencia, atributos éstos que los hombres de estos tiempos perdieron y otros desconocen. Los adultos deben permitir que los niños recuperen los ritos mediante el juego para las generaciones por venir.

Por: León Sandoval

 

 

 

 

 

 

 

El arte de dar

La educación para la acumulación enseña que en todo acto humano debe haber un beneficio, un “quid pro quo” es decir, dar una cosa por otra, entregar algo a cambio de algo. En la mayoría de ocasiones, se da lo que se tiene en exceso, lo que sobra, lo que abunda en un sentido lógico, generalmente, de lo que no se considera esencial, pocas veces se da lo que es esencial, lo que se aprecia, lo que se valora en grado sumo. Incluso, se da aquello de lo cual se quiere deshacer porque significa “carga”. Dar no debe de ser un acto de sacrificio, dar ha de ser un acto de alegría y felicidad, de saber que dar entraña también compartir y entregar para el beneficio de quien recibe.

Recién termina la Semana Santa, tiempo de reflexión en el cual la Iglesia cristiana en general y la católica en particular conmemora uno de los eventos más significativos de la esencia del cristiano: El acto superior del Dios Todopoderoso que permite que su hijo amado hecho carne y hueso sea entregado, horadado y maltrecho por el amor a la humanidad, por el perdón de quienes, como yo, cometemos yerros en nuestro actuar, por la esperanza de una redención que a veces pareciera imposible.

 

Dar un hijo a cambio de la redención de la humanidad, no sólo es un acto de amor supremo, es también un arte, es saber que se da a cambio de no recibir nada para sí, consciente que no hay contraprestación mayor que el beneficio de quien recibe. Muchas veces, no sé dar y menos sé recibir, si dar es un arte, recibir también lo es. Dar y recibir son las caras del flujo constante de la energía, el movimiento de las fuerzas de la vida. Una ola en la mar es una caricia para la tierra que da el agua dulce del río que, presuroso irrumpe para continuar con el ciclo energético.

Habría cientos de verbos que permiten conjugar la acción de dar, tales como: entregar, abandonar, renunciar, compartir, transferir, donar, regalar, obsequiar, legar y amar. Dar es quizás el acto más grande y significativo porque no sólo se trata de cosas materiales, también se trata de tiempo, afectos, emociones, sentimientos, palabras, abrazos por el simple hecho de hacerlo a cambio de nada. En muchas ocasiones el ser humano da, y se cuestiona porqué si da tanto no recibe lo mismo, probablemente aún no es consciente de lo mucho que recibe, o simplemente, no ha tenido la paciencia suficiente para saber que la ola que choca contra la tierra, no perece, se transforma.

Dar implica abundancia, sólo quien da es abundante, y no se trata de medir la abundancia por el inventario de cosas, lo cual no es per se negativo, sino por necesitar menos inventarios para ser plenos. Dar consiste en la abundancia del alma, es un pensamiento superior, un estado de riqueza mental, un deber moral que activa los flujos superiores de energía y vitalidad, un imperativo para actuar decente y correctamente en beneficio propio y del otro. No necesariamente, es más generoso el que da mayor cantidad de cosas materiales porque tiene más, si no aquel que teniendo menos da más.

¿Cómo es posible que aquel que carece de algo pueda dar lo que no tiene? Justamente, porque esa es la magia y el milagro del arte de dar, no esperar que la bolsa esté a reventar, el secreto está en dar desde el vacío para que la bolsa pueda estar llena. No resulta fácil entenderlo y menos de explicarlo, pero la física lo resuelve desde el vacío que trata de ser llenado. Dar es un privilegio que embellece la existencia. Dar es el primer acto de agradecimiento y el acto más grande amor. Jamás considere que dar es acción de tontos, muchos intentan imitar al Maestro, pero pocos pueden seguirlo. No se trata de dar para que el otro dé, se trata de dar porque amo, y me amo en primer lugar, doy lo que soy con defectos y virtudes, con vicios y pasiones. Dios le bendiga estimado lector, que a mi ya me bendice en abundancia y felicidad.

León Sandoval 

 

 

 

 

La palabra

Refiere la filóloga española Irene Vallejo (1979) en su maravillo libro El infinito en un junco (2019) que en el siglo V a. C., Gorgias (483-375 a. C.) el sofista, escribió: «la palabra es un poderoso soberano; con un cuerpo pequeñísimo y del todo invisible, ejecuta las obras más divinas: quitar el miedo, desvanecer el dolor, infundir alegría y aumentar la compasión»”.  La Palabra tiene valor y poder pese a lo diminuta que en apariencia es, según los fonemas que la componen; su grandeza está más allá de los fonemas. La palabra es aliento en tiempos de dificultad, llena de vigor y felicidad, e incluso sirve para expresar solidaridad para con el otro que sufre. La palabra construyó el Universo a partir del verbo, que es la palabra en acción.

Se dice que previamente a Gorgias, Pitágoras (569-475 a. C), el célebre filósofo y matemático de la Escuela de Crotona, imponía a quienes serían aceptados en su escuela un rígido régimen de silencio, consistente en callar durante cinco años, con el ánimo de aquietar la mente y abrir la conciencia. En ese escenario la palabra se silencia o al menos no existe en boca del candidato a la iniciación, sólo circula la palabra creadora del maestro. El candidato calla y escucha con atención, ausculta la palabra, medita sobre ella y en ella en el sonido del silencio que le rodea. Probablemente su voz interior también acalla. Esos profanos eran llamados “Acoustici”, que sólo escuchaban y no tenían contacto visual con el maestro. Una vez superada esa ardua prueba del silencio, el candidato pasaba a ser discípulo, en adelante “Mathematici”, momento a partir del cual le era posible ver al maestro. El silencio y la escucha se complementaban con la visión ocular.

 

Superada la etapa del silencio, el candidato convertido en discípulo se adentraba en el aprendizaje del mundo pitagórico de la mano del maestro, quien, mediante la palabra y los números, hilaba lentamente un proceso de depuración en la vida del aprendiz que ávidamente buscaba la respuesta o quizás la palabra perdida en el marco de la vida. El maestro, fiel a sus discípulos, usaba la palabra para enseñar, pero también para corregir y sentenciar. La palabra en Pitágoras además era preceptora; el precepto cuida, guarda, protege e inculca. Se dice que Pitágoras les indicaba a sus alumnos el aprendizaje de la armonía de los cuerpos celestes antes que en los acordes de la lira. La misma armonía debería existir entre la preparación del alimento y su consumo.

También, se menciona que la palabra pitagórica edificaba, Pitágoras invitaba a encontrar la armonía entre el cuerpo físico y “la psyché” o alma humana, en armonía con la naturaleza y los dioses. Invitaba a edificar casas modestas para no tener que conservar en ella cosas innecesarias, la que debía de ser un lugar de paz, y no desear exclusivamente la paz de la tumba. El maestro Pitágoras desechaba la tiranía e invitaba a ser compasivo frente a la debilidad humana, que era la debilidad del otro y también la propia, y así mantener la confianza en la especie humana por perversa que pudiera ser. En algún momento la humanidad entenderá que no todo se vale y menos la guerra.

El maestro invitaba para que la palabra no fuese sólo látigo de la razón, sino también pebetero del corazón. La divinidad está acompañada de la Palabra que edifica, sana, cura, compone y revive. No en vano, una palabra es suficiente para sanar al hombre, una palabra enhebra Al Corán. Una palabra del Dios vivo. La palabra para Pitágoras es el acto de la divinidad, manifiesto en un círculo que tiene un centro en todo lugar y una circunferencia en ningún sitio. La Palabra es espíritu, vida y materia.

León Sandoval

 

 

El ADN cósmico

De la misma manera como los seres vivos tienen un ADN que está asignado por la naturaleza y la carga genética que reciben de sus ancestros, determinante de los caracteres biológicos y las particularidades únicas de cada individuo, que influye en el desarrollo biológico y cuyos estudios datan desde 1869 con los descubrimientos del biólogo suizo Johan Friedrich Miescher (1844-1895); existe también un ADN, no asociado con la naturaleza biológica y la carga genética de cada individuo, resultante de la ubicación y la influencia de  cada cuerpo celeste al momento del nacimiento de los seres, otros dirán desde el momento de la concepción, que influye en la psiquis humana y en la forma como cada individuo abordará los diferentes eventos de su existencia. Éste es el ADN cósmico, que está supeditado a la astrología y que se constituye en su materia aplicada de estudio.

Para el mundo Occidental y particularmente en las academias racionalistas del Siglo XX y XXI, muchas veces desconectadas de la espiritualidad, la astrología ha sido considerada como la hermana ilegítima de la astronomía; de hecho, se reconoce a la astronomía como una ciencia con todos los ribetes y reconocimientos, mientras que la astrología se estigmatiza como un oficio nada científico, “digno” de “augures” y “adivinos”. Empero, muchos desconocen que la astronomía deviene de la astrología y no al contrario. Si hubo una hermana mayor: Esa fue la astrología. No en vano, grandes astrónomos de la edad media como Tycho Brahe (1546-1601), Galileo Galilei (1564-1642) y Johannes Kepler (1571-1630), entre otros tantos, practicaron la astrología en sus respectivas cortes, y el mismo Nicolás Copérnico (1473-1543) estudió astronomía en la Universidad de Cracovia y luego astrología en la Universidad de Bolonia. En efecto la astrología se aprendía en las universidades de la época a la par de la astronomía, la física, la matemática, la medicina, la teología y el derecho.

 

La astrología es tan antigua como la misma historia de la humanidad y ha estado presente en todas las civilizaciones. Se dice que el origen de la astrología se remonta a la antigua Mesopotamia. La astrología ha estado presente en todas las culturas: China, himalaya, mongola, india, griega, romana, egipcia, maorí, africana, maya, azteca, muisca e inca. Se atribuye a Alejandro Magno (356-323 a.C.) permitir la propagación de la astrología oriental en Occidente. Desde siempre los seres humanos han mirado a la bóveda celeste para explicar sus vidas y sus orígenes para luego mirar hacia dentro y entender por qué son polvo de estrellas como lo pregonaba el astrónomo escéptico estadounidense Carl Sagan (1934-1996).

La astrología busca desentrañar el ADN cósmico, entendido como la configuración de habilidades psicoemocionales con las que cada individuo está dotado, y sobre cómo, a través de un proceso de toma de conciencia, se pueden gestionar esas habilidades para hacer frente a los desafíos de la existencia personal y colectiva. El llamado destino, toda esa serie de eventos que un individuo deberá enfrentar a lo largo de su existencia terrenal. En otras palabras, cómo por medio de autoconocimiento se puede gestionar ese cúmulo de habilidades, talentos, dones, carencias, zonas grises y sombrías para articularlas desde un ejercicio de la psiquis y desde la espiritualidad en el trinomio pensamiento, emociones y acciones.

Si toda persona fuese consciente de su ADN cósmico y del libreto que le corresponde desempeñar en cada encarnación, habría menos odio, enojo, ignorancia, depresión, envidia, fracaso, crímenes, suicidios, enfermedades e ira. Habría en su lugar seres humanos mejor desarrollados, empáticos, autónomos, emocionalmente inteligentes, autovalidados, exitosos, alegres, plenos y con mayor gusto por la existencia. El ADN cósmico es una realidad, es una manifestación de que lo seres humanos no sólo son seres biológicos y psíquicos, son también seres espirituales conectados con el Todo y con la Nada. Seres cuya existencia no sólo se remota a un plano terrícola, también son hijos de las estrellas. Son lo más maravilloso y perfecto de la creación. Llegará el momento en el que la astrología volverá a ser motivo de enseñanza en las universidades más encopetadas del mundo y será vista como una herramienta transdisciplinaria que unirá lo exterior y lo interior. El ADN también es cósmico.

León Sandoval