
Oscar Sevillano

Ha llegado el momento en que tanto militares, como policías, min.Defensa y Presidente de la República, respiren hacia adentro, se tomen un vaso con agua y reflexionen si las órdenes e instrucciones dadas, son las que hoy por hoy necesita Colombia, no solo para combatir la ilegalidad, sino además para tratar desordenes en las ciudades cuando hay protestas y se presentan desmanes y actos de vandalismo.
Los hechos ocurridos en las últimas semanas, hacen pensar que algo anda mal en materia de estrategias de defensa del orden público nacional y seguridad ciudadana, que está provocando que soldados y uniformados de la policía actúen de manera descoordinada, sin medir las consecuencias, como si no se les enseñase protocolo alguno. Para colmo, las respuestas del ministro de Defensa y la del presidente Duque, se reducen al simple rechazo de los actos, sin reconocer que pueden existir errores al interior de las Fuerzas Militares y de la Policía que están llevando a estos hechos.
El primer de todos los errores que se está cometiendo es el de querer devolvernos a los tiempos en que desde el Ejecutivo se veía a todo aquel que no estuviese de acuerdo con alguna decisión que desde la Casa de Nariño, como enemigo potente y no se le dudaba en tildarlos de guerrilleros y terroristas.
No me cabe la menor duda de que es con esta intención, que se insiste en que el ELN y las disidencias de las Farc estuvieron detrás de los actos violentos en Bogotá, mostrando como evidencias audios y unos mensajes en una página de internet y en twitter, que a la hora del té, resultan ser pruebas bastante débiles para lo que se pretende demostrar. En pocas palabras, según el Gobierno Nacional, todo el que protestó los días 9 y 10 de septiembre, lo hizo obedeciendo órdenes de la ilegalidad.
Para colmo, al presidente Duque y al ministro de Defensa parece que les duele y les molesta la idea de pedirle perdón a la ciudadanía como lo ordenó la Corte Suprema de Justicia al fallar una tutela.
No fue nada buena la impresión que dejó el primer mandatario al rechazar la invitación a un acto de reconciliación organizado por la Alcaldía de Bogotá, para sí en cambio ir a una estación de Policía en la capital del país y vestir la chaqueta de la institución, no sé si con la idea de decirle a los colombianos, “el que manda, manda, aunque mande mal y si no les gustó, de malas”.
Reconocer que se cometen errores no es señal de debilidad, por el contrario, es de valientes, porque acepta que se puede estar equivocado y que es necesario corregir el rumbo. No entiendo porque a Duque y a su equipo de Gobierno les cuesta tanto tener un gesto de humildad con los colombianos. Da la impresión de que el presidente busca a como dé lugar que en las próximas elecciones los colombianos castiguen a su partido político.
Hoy Colombia no es la misma que existía mientras Álvaro Uribe Vélez fue presidente, la situación ha cambiado a pesar de que aún existe el conflicto armado y la ciudadanía no es la misma y aunque lo fuera, la capacidad de aguante es muy distinta. Es por esto que es necesario tener mucho cuidado con lo que se dice y medir cada paso que se va a dar, porque un error, por pequeño que sea, puede exaltar los ánimos y desencadenar hechos que lamentar.
Está comprobado que Iván Duque no conoce este país, pero lo que si no sabía es que tampoco conocía las palabras sencillez y humildad. Que pesar, porque estas son las palabras que hacen de un gobernante una persona excepcional y difícil de reemplazar.

Oscar Sevillano
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