El problema de la ejecución

Por Laura Bonilla

Recientemente en PARES publicamos un informe sobre el desempeño del gobierno en el año 2023. En medio de las noticias y escándalos de la semana, mucha de esta información quedó sepultada en un país que literalmente se quemaba entre los incendios forestales y los consabidos escándalos de corrupción.

Sin negar la importancia de estos hechos, he estado toda la semana dándole vueltas al problema de la ejecución gubernamental y a las narrativas que lo explican. Algo no me cuadra del todo. Evidentemente, ministerios con más experiencia y menos zozobra tienen un mejor desempeño, especialmente Mineducación, cuyo gasto está expresado en una porción importante de recursos que se transfieren a los municipios, o Mindefensa. Pero esta idea de que todo se debe a un gobierno incapaz de ejecutar no solo es contraevidente, sino también peligrosa. Equipara ejecución con buen gobierno y no necesariamente es así.

Es cierto que, por ejemplo, en el caso de la Presidencia de la República hay falencias internas señaladas por amigos, detractores, comunidad internacional y sociedad civil que hacen que los recursos de inversión no se ejecuten correctamente. También es cierto que hay una transición entre varios programas que pasarán al Ministerio de la Igualdad y que no se sabe muy bien qué va a pasar con la Unidad de Implementación del Acuerdo de Paz. Pero es igualmente verdad que en gobiernos pasados, las redes de corrupción, como la que recientemente confesó Mario Castaño, se apropiaron de los recursos de la paz con una ejecución impecable. Si hay algo en que los corruptos colombianos sean expertos, es en manejar con guante de seda la Ley 80 de contratación.

Por ejemplo, en los diferentes Programas de Alimentación Escolar (PAE), en eterna crisis de corrupción, la ejecución de los recursos solamente se limita a contratar. Con eso, ya se cumple. O, por ejemplo, en el caso de las vías terciarias o en cuanto programa público esté contemplado en los recursos de inversión. Mucho de ese dinero había ido a engrosar los bolsillos de las redes de políticos locales, ya sea para su enriquecimiento personal o para financiar campañas. Estoy convencida de que también hay mucho de ello en algunas crisis de ejecución, y conozco de primera mano los dramas de muchos funcionarios de hoy que literalmente no encuentran con quién contratar.

Les voy a decir otra razón: la corrupción política de décadas, casi de siglos, ha creado un mercado perverso, donde no hay oferta de bienes y servicios, sino una profunda red de coimas y contratos. No hay sistema que sobreviva a esto. Hasta el sistema de salud, que funciona bastante bien en las ciudades capitales, ha estado capturado por estas redes políticas y sus empresas fachada. Basta recordar a Sol Salud de Luis Alberto Gil o aquellas bajo el control del Bloque Norte de los Paramilitares a principios de la década del dos mil. El sector privado solo funciona donde hay un mercado suficientemente fuerte y regulado.

Para que me entiendan mejor: muchos ministerios, unidades de gestión, etc., inventaban programas para financiar sus redes políticas. Estos los contrataban con sus amigos, donantes, etc., y posteriormente recogían la ganancia. Gran parte del presupuesto de inversión se iba en contratar por prestación de servicios las cuotas políticas respectivas. Y eso hace que no haya suficiente capacidad en las regiones para poder ejecutar.

Lo paradójico de esto es que, si el gobierno quisiera hacer mal, con las mismas prácticas de siempre, no tendría prácticamente ningún problema. Pero limpiar el pantano de la contratación pública que prácticamente compite en recursos con cualquier economía criminal va a tardar mucho más que un par de años. Conozco de primera mano funcionarios que se han encontrado en importantes licitaciones con un vacío por querer operar honestamente programas fundamentales, o incluso por intentar incluir y fortalecer el mercado local.

Digo todo esto porque esta semana la economista Mariana Mazzucato estará en Colombia y su tesis del Estado Emprendedor va mucho más allá del debate espurio de Estado vs Mercado, y plantea que es fundamental la cooperación para que lo virtuoso de un estado fuerte se conjugue con la importancia de un mercado igualmente estable. Valdría mucho la pena escucharla.

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