Fenómeno de El Niño y cambio climático

Se sabe que tengo desacuerdos con el profesor Gilberto Tobón Sanín. Pero ello no me impide señalar que Las Dos Orillas publicó una opinión suya sobre el fenómeno de El Niño y el cambio climático con la que tengo notables coincidencias, opinión que puede servir de base para enfrentar estas dos problemáticas ambientales.

Al opinar sobre el fenómeno de El Niño y los incendios fuera de control, Tobón Sanín dice que “Susana Muhamad, que es del corazón de Petro y que es la ministra de Ambiente, no hizo nada. Ni siquiera hay bomberos. ¿Cómo puede ser posible? Los recursos del Estado no estaban. El país está incendiado y no hay recursos, es decir, no hay política de Estado para enfrentar el fenómeno. Hay que decirlo con claridad (…) En un foro internacional hablar de medio ambiente y en su propio país no poder enfrentar un fenómeno que estaba anunciado (…) Me parece que la actuación de la ministra de Medio Ambiente es desastrosa. Bla bla bla bla en los foros internacionales, eso se llama carreta”.

Para completar el gran desenfoque del gobierno de Gustavo Petro frente al fenómeno de El Niño, los presupuestos nacionales para 2024 de los bomberos y de la Unidad de Atención de Desastres y Riesgos se redujeron en 32 y 17 por ciento, respectivamente, y eso que ya eran bajos en 2023.

Porque las posibilidades de que este intenso verano se presentara eran muy altas, dado que el fenómeno de El Niño –con veranos o inviernos muy fuertes– se presenta periódicamente, entre cada tres y siete años, y este se veía venir. Pero Gustavo Petro, que tanto habla de problemas ambientales, no usó sus 17 meses en la Presidencia para preparar la atención de un problema ambiental que Colombia no puede dejar de atender.

A la vista está que son muy escasos los bomberos y que carecen de las dotaciones adecuadas y que también son muy pocos los helicópteros y los aviones capaces de apagar incendios rurales –con frecuencia la única manera de enfrentarlos–, incendios que siempre se presentan en los Niños de altas temperaturas, dada la gran resequedad de la vegetación, y sin necesidad de que haya manos criminales.

Como los fenómenos de El Niño suceden desde hace 40 mil años –sí, esa es la cifra– y no van a dejar de ocurrir, lo único que puede hacerse en su contra es combatir sus efectos –sequías, inundaciones, incendios–, es decir, tomar medidas de adaptación a ellos. Adaptación es el concepto que usa el exministro de Ambiente Manuel Rodríguez Becerra como la política principal de Colombia frente al cambio climático, otro gran problema ambiental del país y del mundo.

Porque como no hay ninguna posibilidad de disminuir el calentamiento global en el corto plazo –y menos Colombia sola, con sus escasísimos aportes a los gases de Efecto Invernadero (GEI)– nos toca reducir, hasta donde se puedan, las causas de ese calentamiento y, a la par, adaptarnos a sus efectos negativos en cuanto sequías, inundaciones, enfermedades y demás.

El problema con Petro es su terquedad para tratar los asuntos ambientales con retóricas catastrofistas y poco o nada de medidas prácticas, tanto sobre el cambio climático como sobre el fenómeno de El Niño.

Pero ese es un esfuerzo que debe hacerse, porque los costos de ambas adaptaciones son altos y exigen un trabajo continuado que deben encabezar el gobierno nacional, las alcaldías y las gobernaciones.

Menos discursos en el exterior, que ya a nadie le interesan, y más trabajo continuo y paciente en Colombia.

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