Presidente acabe con este horror

Por Hugo Acero

Hasta el 13 de enero de 2024 el Instituto Nacional de Salud reportó 1346 quemados por pólvora en la navidad y comienzo de 2023, que representa un 17% más de los casos que se reportaron 2022 y comienzos de este año. De estos casos, 426 las victimas son menores de edad, que representan un incremento del 19,3%.

Con estas cifras, sería el reporte más alto de quemados de los últimos catorce años, periodos durante los cuales el numero de quemados creció en un 90%, se pasó de 710 casos en la navidad de 2019 a 1346 en 2023, como se puede ver en la siguiente grafica:

En estos últimos catorce años (2010, 2023), según los reportes del Instituto Nacional de Salud, se han presentado 13.487 quemados por pólvora, que, si se les ponen los costos económicos por la atención en salud, que en promedio por paciente es de diez millones de pesos, se tiene que los costos totales superarían los 130 mil millones de pesos, sin contar el resto de quemados que suceden a lo largo de cada año.

Hay que anotar que estos son solo los costos en que incurre el sistema de salud, sin tener en cuenta otros que producen las lesiones y muertos por pólvora, como son los costos de rehabilitación, tales como cuidados en un sanatorio, terapia física, terapia de lenguaje, terapia ocupacional, gastos en el cuidado de los lesionados, ayudas de limpieza, conductores u otro personal de ayuda que no se necesitaba previamente a las lesiones, pérdida de ingresos debido a estar incapacitado, una reducción de ingresos debido a un cambio en la profesión causado por sus lesiones, dolor y sufrimiento, que tiene que ver con la incapacidad para asistir a la escuela, eventos sociales y vacaciones, también cohibición, dolor físico y el sufrimiento incurrido debido a discapacidades físicas o desfiguración y los costos por daños a propiedades.

Como se puede ver, los costos expuestos son una pequeña parte de los costos totales que producen las lesiones por pólvora. Esto sin contabilizar los cuantiosos recursos que invierten los distintos gobiernos nacionales y locales en campañas publicitarias para que los ciudadanos no utilicen pólvora. 

A nivel territorial, de 37 entidades territoriales reportadas por el Instituto Nacional de Salud, entre departamentos y principales ciudades, en la pasada navidad y comienzos de este año, en 20 aumentaron de manera considerable los quemados, en cuatro no hubo victimas y 12 disminuyeron, como se puede ver en el siguiente cuadro:

Otros efectos del uso indiscriminado de la pólvora.

Como bien lo expone Ricardo Correa en su artículo “Tiranos ruidosos” existen algunos otros efectos del uso de la pólvora, como es el caso del terror que produce el ruido de este material al utilizarse en algunos animales[1]

“Por mucho tiempo pensé que era su condición particular, que le «daba miedo» la pólvora. Hace unos años me enteré que no era nada particular esta reacción, que lo obvio y natural es que no solo a los perros, sino a muchos animales domésticos y silvestres, con un oído muchísimo más agudo y sensible que el humano, el estallido de la pólvora les causa un daño y un dolor enorme.

Está más que comprobado lo lesiva que es la pólvora para el sistema nervioso de muchos animales; también afecta el corazón, el sistema respiratorio e incluso los ciclos circadianos. Muchos pájaros abandonan sus nidos al momento de la detonación, algunos se pierden o mueren. Las aves nocturnas como los búhos se ven tremendamente afectadas, mientras el ganado puede llegar a padecer crisis de estrés, tanto como las aves de corral.

Muchas especies de insectos se ven gravemente perjudicadas y mueren por intoxicación debido al humo de la pólvora, humo que valga decir no es nada bueno para niños, enfermos y personas mayores, ya que puede causar complicaciones respiratorias. Pruebas del aire luego de exhibiciones de fuegos artificiales han llegado a mostrar incrementos de arsénico, cadmio, mercurio, plomo, bario radiactivo, perclorato y dioxinas hasta por quinientas unidades.

Hay más vicios ocultos relacionados con la pólvora, por ejemplo, buena parte de ella es producida de manera clandestina, en fábricas insalubres que exponen a sus trabajadores a contaminación por la toxicidad de sus compuestos. Por otro lado, mucha es producida en países como China, con condiciones que reprueban dramáticamente los derechos humanos y con alta incidencia de trabajo infantil abusivo”.

Qué hacer

Frente a esta grave situación, que parece no tener fin, es que se propone, por ahora, que el uso de la pólvora se limite a los espectáculos pirotécnicos, realizados por profesionales con todas las medidas de seguridad y no permanezca en manos de ciudadanos inexpertos que de manera irresponsable manipulan estos productos y producen lesionados y muertos, especialmente niños y niñas, hechos que no han dejado de aumentar, como lo registra todos los años el Instituto Nacional de Salud. El Presidente Gustavo Petro puede prohibir el uso de la pólvora por parte de los ciudadanos comunes y corrientes para el próximo diciembre, con once meses de anticipación. Es decir que en todo el territorio nacional solo se autorizarían espectáculos

pirotécnicos realizados por expertos. Con esto, los productores de pólvora tendrían casi un año para que, con el apoyo del Gobierno Nacional y las autoridades departamentales y municipales, puedan profesionalizarse o cambiar de actividad productiva.

Sin desconocer la problemática social, económica y política que puede provocar una solución de estas características, frente a los productores de artículos pirotécnicos y sus familias, el Estado nacional y territorial (alcaldes y gobernadores) pueden asumir, en el mediano y largo plazo, un proceso de reconversión laboral orientada hacia los productores que no van a seguir con la actividad como expertos productores de espectáculos pirotécnicos.

Seguramente se argumentará que esta solución es muy costosa, pero no lo es si se comparan los costos que produce la utilización indiscriminada de pólvora por parte de los ciudadanos comunes y corrientes, en términos de lesiones, vidas, los efectos sobre los animales, el medio ambiente y los daños materiales que se producen por incendios.

Frente a esta propuesta, estoy seguro, que algunos alegarán el derecho al trabajo y algunos otros el derecho al desarrollo personal y cultural “porque los colombianos celebramos con pólvora desde hace muchos años y es tradición desde los Chinos”. Sin embargo, hay que recordar que por encima de esos derechos están los derechos fundamentales a la vida e integridad de los niños y las niñas, sin los cuales no se pueden ejercer los demás derechos o se pueden ejercer de manera limitada cuando se pierde la vista, las manos o cualquier parte del cuerpo. Ojalá avancemos por este camino.

Encuentre aquí más columnas de Hugo Acero


[1]  Ver “Tiranos ruidosos” de Ricardo Correa en la Patria de Manizales Jueves, diciembre 14, 2017. http://www.lapatria.com/node/402658

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