El fiscal Fico Gutiérrez

Por Oscar Sevillano

En lo que llevo ejerciendo como periodista, jamás he visto que una alcaldía bien sea de una ciudad o de un municipio, termine con el 100% de su gestión a las mil maravillas como es lo deseable. Esto es algo que no sucede ni aquí ni en ningún lugar del mundo porque todas tienen acierto y también desaciertos.

Por lo anterior, considero que el alcalde electo, Federico Gutiérrez o Fico como lo conocen cariñosamente quienes acostumbran a limpiarle la solapa, no debería escupir tanto al cielo porque al final de su segunda administración podría ser medido con la vara inclemente que está midiendo a la administración del exalcalde Daniel Quintero a quien viene señalando todos los días desde que ganó la pasada elección para la Alcaldía de Medellín.

Ojalá que el alcalde electo recuerde lo que le pasó a Iván Duque y al Centro Democrático, quienes llevados por una sed de venganza política se dedicaron a desdibujar la gestión del Gobierno de Juan Manuel Santos, y a decir que el país estaba mal y que iba camino al desnucadero. Al final del período de Duque este salió del Palacio de Nariño acompañado de rechiflas y una desaprobación de más del 60%. Es más, fue el primer mandatario en Colombia en escuchar el sonido de la cacerola en medio de un estallido social.

Espero que Federico se tome unos días, reflexiones y analice si la actitud con la que ha asumido el proceso de empalme ha sido la mejor, y cambie ojalá unos días antes de que asuma el cargo porque no será nada sano para Medellín tener a un alcalde lleno de odio, liderando una gestión impregnada de inquina, cizaña y veneno.

Dialogando con algunos colegas periodistas durante la reciente semana, estos me decían que Medellín estaba mal y que la administración saliente había procedido de manera incorrecta, respondí que sí en realidad ellos creían eso porque una ciudad como la capital de Antioquia que recibió 1,3 millones de extranjeros durante el año 2022, un 49% más que en 2019, cuando llegaron 929 mil, aumentado de esta manera el turismo e incentivando la economía, no es precisamente el resultado de un mal liderazgo. Que además redujo la tasa de homicidio pasando de 509 a 302.

Claro que se presentaron fallas, como sucede en todas las administraciones sean locales o sea de carácter nacional, y Federico Gutiérrez también las tuvo al terminar su alcaldía en 2019, o se le olvidó que durante su mandato la tasa de homicidios no bajó, sino en un pírrico 23,8 en 2019, mientras que con Quintero se redujo en un 40%.

Lo que es peor, hay un hecho que no se nos olvida, y es el de la captura de su exsecretario de Seguridad, Gustavo Villegas, quien fue detenido por favorecer con información a bandas criminales y de una alianza con la Oficina de Envigado. Además, sería bueno recordar que en diciembre de 2018 la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip) reveló que la Alcaldía de Medellín gastó más de 130.000 millones de pesos en contratos de publicidad oficial durante los años 2016 y 2017, una cifra que, de acuerdo con la organización, «superaba ampliamente el mismo rubro en ciudades como Bogotá», pero lo que más llamó la atención de este informe es que, «buena parte de esos recursos se invirtieron en contratos cuya finalidad era promover la buena imagen del entonces mandatario«.

Por supuesto que su Alcaldía tuvo logros pero también tuvo desaciertos como les sucede a todas las administraciones públicas en el país y es por esto que no está bien que se ponga en el papel de juez o de fiscal, señalando a su antecesor de todo cuanto se le ocurre porque insisto, al final del camino, con la misma vara que mide será medido.

@sevillanoscar

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