Petro, los nuevos gobernantes territoriales y el 2024

Por Antonio Sanguino

Junto al 2023 terminan los gobiernos territoriales elegidos a mitad del gobierno Duque. Entran en escena los gobernantes elegidos en la era Petro. Los que se van gobernaron al ritmo de la agenda politica de un Uribismo que retornaba al poder para desmantelar La Paz, conservar privilegios, ahondar desigualdades sociales y territoriales, reprimir violentamente la protesta social y popular, perseguir a la oposición política, negar el cambio político y alienarse internacionalmente con Trump para derrocar a Maduro como prioridad en nuestra política exterior. Estos gobernantes, algunos con mayor diligencia y acierto como los alternativos, debieron sortear los estallidos sociales del 2019 y el 2021, y el inesperado riesgo global de la pandemia del COVID 19.

Los gobernantes que llegan a gobernaciones y alcaldías deben comprender que están frente a un nuevo escenario. Los que ejercieron el poder en el pasado y retornan ahora, se equivocan si se repiten mecánicamente en su segundo capítulo en el gobierno; quienes representan reelegidas estructuras políticas tradicionales o clanes familiares se equivocan si creen que todo será igual en su relación con los ciudadanos y con el gobierno nacional; y quienes, como en Antioquia y Santander, abrazan agendas de la derecha dura, castigarán a sus gobernados si caen en la tentación de convertir sus gobiernos en trincheras de oposición política a Petro. Hasta los gobernantes de la orilla alternativa, la misma del gobierno nacional, están conminados a leer adecuadamente la feliz ocasión de contar con un gobierno nacional aliado para adelantar cambios y transformaciones en sus territorios.

Los nuevos mandatarios dedicarán el primer semestre del próximo año a la formulación y aprobación de su plan de desarrollo que, como lo ordena la ley, debe estar en coherencia con el plan de gobierno votado por la ciudadanía en las elecciones de octubre. Pero sería imperdonable que no le peguen una leidita al Plan Nacional de Desarrollo para identificar las prioridades nacionales del gobierno y las líneas de inversión que esta hoja de ruta ha identificado para sus respectivos municipios, departamentos y regiones. Resultaría una torpeza que no se enteren de las 8 prioridades que en el Consejo de ministros de esta semana identificó el presidente Petro para el 2024, pues renunciarían a obtener victorias tempranas en sus primeros 100 días de la mano del gobierno nacional. Y colocarse una venda en los ojos para no ver los compromisos internacionales de Colombia en materia ambiental, liderados por el propio jefe de Estado, sería un acto de chovinismo anacrónico y contraproducente.

No se trata de que alcaldes y Gobernadores caminen como borregos detrás del gobierno nacional. Que se dediquen a la diplomacia de rodillas, la del cepillo y adulación a ministros y directores de las entidades públicas del orden nacional; o peor aún, que acudan a congresistas amigos y turbios como los del escándalo de “Las Marionetas” del gobierno Duque, para obtener proyectos y recursos. Lo que se esperaría de gobernadores y alcaldes comprometidos de verdad con sus territorios y sus gentes, desde la defensa de la descentralización y autonomía territorial, es su capacidad para liderar agendas propias de sus municipios y departamentos, pero en dialogo con las prioridades y énfasis del gobierno nacional. La Paz y la seguridad, las urgencias y derechos sociales, y las acciones de mitigación y adaptación al cambio climática, resultan insoslayables como referentes para su acción gubernativa.

El Gobierno Nacional tiene en el 2024 y 2025, dos años electoralmente tranquilos, para acelerar la ejecución de su Plan Nacional de Desarrollo “Colombia Potencia Mundial de la Vida” y profundizar los cambios en marcha. Su gabinete y equipos de gobierno deben pasar de la narrativa del cambio a la acción transformadora en los territorios; y deben saber comunicar sus propósitos y prioridades a la opinión pública, comunidades y gobiernos locales. Con los gobiernos afines, elevar exponencialmente el impacto y sostenibilidad de las acciones de gobierno; y con los menos próximos ideológicamente, practicar con destreza la cohabitación política. Estos días de fin de año son propicios para pensar en ello.

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