Ir al contenido principal

Horarios de atención

De lunes a viernes:
8:00 AM – 5:00 PM

Whatsapp: (+57) 317 599 0862
Teléfono: (+57) 313 7845820
Email: [email protected]

Confidencial Noticias 2025

Etiqueta: Paz

Consejo de derechos humano de la ONU aprobó la resolución que pide dar mayor apoyo a la paz en Colombia

El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas aprobó la resolución en la que se solicita a la comunidad internacional un mayor apoyo para la debida y correcta implementación del acuerdo de paz firmado por Colombia y las extintas Farc.

En el texto se hace invitación a los países miembros y a los observadores a contribuir de manera más activa en llevar ese acuerdo de paz del papel a la realidad de los territorios que durante décadas enteras han padecido las consecuencias del conflicto armado.

 

En uno de los apartes se recomienda a la fiscalía general de la Nación investigar las denuncias interpuestas en 2023 por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en las que veía obstaculizaciones en casos como el de ‘Jesús Santrich’, quien reincidió y ayudó en la fundación de la Segunda Marquetalia.

Pide además que el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, vele para que asignen a la oficina del alto comisionado de la ONU para los derechos humanos Volker Türk los recursos necesarios para cooperar técnicamente con Colombia en la implementación del acuerdo de paz.

Gobierno inicia diálogos con la Segunda Marquetalia

El Gobierno dio inicio en Caracas a las primeras conversaciones de paz con la disidencia de las FARC Segunda Marquetalia, liderada por aquellos que se desligaron de los acuerdos de paz de 2016 dos años después por el incumplimiento de los mismos por parte del ejecutivo del entonces presidente Iván Duque.

La pasada semana, el presidente Gustavo Petro designó a su mesa negociadora, formada por seis delegados entre los que destacan el exmagistrado Armando Novoa, uno de los artífices de la Constitución de 1991, el exministro de Justicia Parmenio Cuéllar, y el coronel retirado Jaime Joaquín Ariza, entre otros.

 

Según declaraciones de Novoa, la mesa de diálogo no comenzaría con un alto el fuego, sino con una desescalada de las operaciones de la Segunda Marquetalia, que a diferencia de otros grupos armados no tiene como principal objetivo atacar directamente a los poderes del Estado.

Por su parte, la delegación guerrillera estará formada por doce delegados, entre los que sobresale José Vicente Lesmes, alias ‘Walter Mendoza’. Tras establecerse la mesa este lunes, el primer ciclo de los diálogos se prolongarán hasta este sábado, cuando está previsto que se anuncien las primeras conclusiones del encuentro.

La Segunda Marquetalia –que toma su nombre del lugar de origen de las FARC allá por 1964– mantiene una enconada disputa con otros grupos armados, especialmente con la otra disidencia del Estado Mayor Central (EMC), quienes no se consideran como tal, pues nunca se sumaron a los acuerdos de paz de La Habana.

Liderada por Luciano Marín Arango, alias ‘Iván Márquez’, él es el único de los cabecillas que tras renunciar a los acuerdos de paz y retomar la lucha armada sigue con vida. Las operaciones del EMC y del Ejército han dejado seriamente maltrecha al grupo, que cuenta, según algunas estimaciones, con unos 1.200 guerrilleros.

Se cree que la mayoría de los líderes de esta disidencia operan desde las zonas fronterizas en territorio venezolano, a donde incluso el Ejército colombiano ha llegado a penetrar para llevar a cabo operaciones con éxito contra el grupo.

A diferencia del EMC, no ha llegado a crecer tanto, aunque cuenta con una quincena de subestructuras en el suroeste de Colombia, llegando a tejer alianzas también con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), con quien también negocia la paz el Gobierno de Petro.

El Gobierno ha acogido con satisfacción la renuncia de la guerrilla a los secuestros como forma de financiación, su predisposición a negociar con ganaderos y grandes latifundistas a fin de lograr un reparto equitativo de las tierras –demanda original de las FARC–, así como su retórica a favor del medioambiente.

No obstante, queda todavía por fijar el marco legal en el que se situará al grupo, ya que podría haber perdido su estatus político –del que goza el ELN– al haberse desligado de los acuerdos de paz de 2016 y por tanto ser catalogado como organización criminal, lo que modificaría por completo el devenir del diálogo.

La negociación que se inicia este lunes en la capital venezolana es una nueva oportunidad para abordar un conflicto enquistado durante décadas y que en los últimos años se ha intensificado. El de Segunda Marquetalia será el tercer proceso de paz iniciado por Petro, después de los del ELN y el EMC.

Ahora Petro habla de implementar la paz por la vía de decretos

Durante el acto de posesión del contralor Carlos Hernán Rodríguez, el presidente Gustavo Petro habló de la necesidad de implementar el proceso de paz, especialmente en lo que se refiere a una reforma agraria, tema que debe pasar por la aprobación del Congreso de la República en donde el ambiente no le es favorable al Ejecutivo.

El presidente recordó que hay iniciativas como estas por ejemplo, que no son del agrado de muchos de sus adversarios y que durante su debate encuentran un ambiente que amenaza con hundirlas y que por esto es necesario pensar en caminos que le sean alternos, como los decretos gubernamentales.

 

«El Acuerdo de Paz en el centro de esa discusión, dice como declaración unilateral de Estado. Para cumplir sus objetivos las altas partes contratantes harán un acuerdo nacional para que cambien las normas cuando se oponga. Esto no significa Asamblea Nacional Constituyente, en el discurso maniqueo de la prensa. Esto significa cambiar las normas, si es necesario, y el cambio de las normas tiene diversas instancias. A veces es un decreto gubernamental», dijo.

Dijo además que cuando habló de llegar a un Acuerdo Nacional no se refería a una Asamblea Nacional Constituyente.

ELN dice que el proceso de paz puede concluir en una Constituyente

Luego de finalizar su VI Congreso, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) responsabilizó al Gobierno Nacional por la crisis que atraviesa el proceso de paz y dice que esta no se superará hasta tanto la contraparte no rectifique su posición.

”En el momento actual, el proceso de conversaciones de paz atraviesa por una grave crisis producida por incumplimientos de acuerdos por parte del Gobierno, pero en la medida que se rectifique de manera cierta podrán reanudarse las actividades de la mesa”, subraya el comunicado.

 

La organización armada ilegal afirmó en su comunicado que continuará en la búsqueda de una salida negociada a la confrontación armada, luego de ver el surgimiento de un gobierno con una tendencia ideológica diferente a la clase dirigente del país.

Durante el VI Congreso fue ratificado Antonio García como su máximo comandante y vocero y además se celebró el acuerdo firmado para que la sociedad civil tenga participación en la mesa de diálogo. Dice además que este proceso de paz con una abierta participación de la sociedad civil puede ayudar en la celebración de una Asamblea Nacional Constituyente.

“Este proceso de paz, construido con la participación de la sociedad, al recoger las expectativas de cambio de las mayorías puede abrir o confluir en un proceso constituyente”, dice el texto.

Varios países no firmaron la declaración de la Cumbre de Paz sobre Ucrania

Varios países presentes en la Cumbre de Paz sobre Ucrania organizada por el presidente Volodimir Zelenski en Suiza no firmarán la declaración final de la reunión; una decisión que ha aceptado el Gobierno ucraniano, que ha puntualizado que uno de los objetivos del encuentro era el de dar voz a todo tipo de opiniones.

Según una lista preliminar de países firmantes de la declaración final — todavía no anunciada — India, Brasil, Arabia Saudí o México no han estampado su firma en el documento, recoge la agencia Bloomberg. Entre los no firmantes, por lo tanto, se encuentran varios países del llamado Sur Global, una región que el presidente Zelenski quería ganarse durante la cumbre de Suiza.

 

En respuesta, el ministro de Exteriores ucraniano, Dimitro Kuleba, ha reiterado que este evento quería impulsar «un diálogo franco» para «alcanzar las decisiones correctas». «Reunir a todo el mundo para que hablen al unísono sobre Rusia es precisamente la clase de evento que no gusta a Moscú», ha indicado.

La propia presidenta suiza y anfitriona de la Cumbre, Viola Amhard, reconocía este pasado sábado que no se hacía «ilusiones» sobre un posible «entendimiento final» en la reunión. «Pero es posible que sirva para que nos acerquemos a ese fin», quiso matizar.

El comisario de la Rada Suprema de Ucrania para los Derechos Humanos, Dimitro Lubinets, ha divulgado una foto de la sesión final del evento donde figuran los 80 países que sí han firmado la declaración, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, la Comisión Europea, Italia, Portugal y España, de acuerdo con la imagen publicada en su cuenta de Telegram.

Kuleba se ha referido a los primeros borradores de la declaración final, que apuntan a una posible mención sobre Rusia como interlocutor necesario para alcanzar la paz en Ucrania. El ministro, en este sentido, ha declarado que entiende «perfectamente» que llegará un momento en que será necesario dialogar con Moscú, pero siempre en igualdad de condiciones.

«Nuestra posición es muy clara: no permitiremos que Rusia hable el lenguaje de los ultimátums, como lo hace ahora», ha señalado Kuleba en declaraciones a los medios ucrania.

Presidente Petro asegura que la plata de la paz «se la robaron»

El presidente de la república, Gustavo Petro, ordenó al director del Departamento Nacional de Planeación, Alexander López, dar paso a una auditoría forense que investigue el destino que tomaron los recursos de los OCAD PAZ.

“Solo en un año, se les entregaron a diferentes organizaciones empresariales, alcaldes o al gobernador, 688 mil millones de pesos para Nariño”, advirtió el mandatario, quien señaló que la ejecución de proyectos como la electrificación que conecta el Pacífico alcanzó apenas el 1,4%.

 

La solicitud fue hecha durante el cierre de la XXVII sesión de la Mesa de Concertación de los pueblos Pastos y Quillasingas en Nariño, desde donde ordenó contratar una auditoría especializada que investigue los recursos de años anteriores.

“Usted puede hacerle la veeduría más profunda posible para que en este Gobierno no se pierda un peso ni del OCAD ni del Sistema General de Regalías”, complementó en su solicitud al director del DNP.

Al referirse al segundo eje incumplido del Acuerdo de Paz con las Farc, el de la transformación del territorio, expresó que “este es el punto central en Nariño” y presentó cifras del OCAD PAZ, “que nadie ha querido investigar a fondo”.

Detalló que, en el año 2021, “solo en un año, se les entregaron a diferentes organizaciones empresariales, alcaldes o al gobernador, 688 mil millones de pesos para Nariño”. El mandatario sostuvo que esos dineros tenían como destino la realización de una serie de obras.

«Mientras las disidencias continúen con actividades ilícitas no habrá diálogos de paz», dice el primer mandatario

Al rechazar los atentados en Popayán (Cauca) y Jamundí (Valle del Cauca), el presidente Gustavo Petro advirtió a las disidencias que mientras continúen estos ataques y ellos no desistan de las economías ilegales, los diálogos de paz se mantendrán en el congelador.

«El Estado Mayor Central, EMC, en el Cauca, vive de la exportación de cocaína. Por eso quería un cese al fuego sin dejar de matar y controlar la población», escribió el primer mandatario en su cuenta de X.

 

Dijo además que la orden dada a la Fuerza Pública y a la Policía es la defender a la ciudadanía, mientras los grupos ilegales no desistan de las economías ilícitas que ejercen en territorios como el Cauca y el Valle del Cauca.

«Mientras no decidan desmantelar las economías ilícitas no habrá conversaciones de paz y la ofensiva del ejército será total. La orden es neutralizar el EMC en el Cauca y el Valle», puntualizó.

Nota relacionada: Recompensa por información que permita capturar a quienes atentaron contra el Comando de la Policía en Popayán

Y los ricos, ¿qué papel juegan en la paz de Colombia?

Un país con profundas desigualdades sociales como Colombia, marcado por el conflicto armado interno más prolongado del mundo, lo que a su vez genera polarización y debate, genera inevitablemente preguntas sobre el papel que cumplen o deben cumplir los ricos en la construcción de la paz y, por ende, en la superación de la pobreza y las inequidades. ¿Pueden ser los ricos aliados o enemigos en la construcción de una paz integral, duradera y estable?

No se puede negar que algunos ricos-ricos, muy pocos para mi gusto, pertenecientes al pequeño círculo de empresarios y de capital financiero, han contribuido con las intenciones de los gobiernos en la construcción de la paz. Sin embargo, aunque han apoyado con la inversión de capital y la implementación de proyectos en algunas zonas tradicionalmente afectadas por la exclusión y la pobreza, estas iniciativas han estado más enfocadas en los intereses del empresario que en las necesidades de las comunidades.

 

En la mayoría de los casos, la participación activa de las personas del común en las decisiones de la planificación y ejecución de los proyectos, o en la identificación de planes de responsabilidad social empresarial, que son fundamentales para la construcción de paz territorial y estabilidad social, ha sido periférica y en ocasiones nula. Limitándose exclusivamente al interés de la empresa en obtener una licencia ambiental.

Ahora bien, ante la profundidad del fenómeno de la violencia armada, ante la crisis de producción local y generación de empleo, como resultado de políticas económicas (cargas impositivas altas, escaso o nulo acompañamiento, respaldo y desarrollo tecnológico, etc.) que no distinguen a la hora de respaldar, promover o incentivar la economía, entre pequeñas y medianas empresas creadas por la clase media (alta, media o baja) y las creadas por los grandes capitalistas o el capital golondrina, y ante la crisis de las políticas económicas heredadas, que ha conducido a la exclusión y el empobrecimiento de millones de compatriotas, se requieren nuevas estrategias económicas y sociales que hagan posible una mayor certidumbre de quienes desde la iniciativa local promueven empresa y crean empleo.

El país demanda una política de generación de empresas (rurales y urbanas) inclusive para participar en la implementación de políticas públicas, más ligadas a la iniciativa colectiva, solidaria y popular, de la mano de las y los profesionales jóvenes y dueños de capital criollo, y requiere, de aquellos que se reconocen, por tradición y estatus heredado, como empresarios tomadores de decisiones, más compromiso, más generosidad, más oportunidades, menos espíritu monopolista, aunque esto represente, a corto plazo, una tasa de retorno de inversión más lenta o menos ganancias que las proyectadas.

Más allá de lo estrictamente económico en términos de inversión de capital y generación de plusvalía, se requiere que tanto los ricos más ricos colombianos o con inversiones en Colombia (casi todos asentados en el extranjero), los ricos emprendedores y la franja de profesionales creativos, que se enfrenta día a día al poder monopolistas de los primeros y a las condiciones adversas que el Estado y el entorno le imponen, tomen la decisión, sin ambages, ni mezquindad, de participar en los escenarios que se abren a propósito del Plan de Participación acordado para sacar adelante el proceso de paz con las guerrillas del ELN. Allí se podrá opinar y proponer nuevas iniciativas de carácter político, tributario o económico que hagan posible el fortalecimiento de la economía criolla. No hay que tenerle miedo a la democracia directa y menos a la democracia participativa.

Las condiciones de inestabilidad social y política, las equivocadas decisiones de una oposición poco reflexiva, que considera a la paz como una bandera del gobierno a la que hay que oponerse sin consideración, requieren por parte del sector productivo y empresarial en todas sus expresiones, una actitud responsable con la sociedad, involucrando un verdadero y genuino compromiso político con la justicia social y la equidad; esto incluye necesariamente, su vinculación a la construcción, mediante un diálogo abierto y honesto, de un Gran Acuerdo Nacional que fortalezca la democracia, la justicia y el establecimiento de un sector empresarial robusto en términos de calidad, diversidad y cantidad.

Es urgente adelantar una cruzada nacional y territorial contra la corrupción privada y pública en todas sus expresiones, con ejercicios de rendición de cuentas sobre los recursos públicos que maneja el sector privado, una unidad de acción contra el contrabando, el lavado de activos, la evasión de impuestos, el narcotráfico, la minería ilegal y depredadora, el tráfico de especies y la trata de personas.

La implementación de soluciones a las problemáticas internas, no es una tarea solo del pueblo y de las clases medias tradicionalmente víctimas de las violencias. Los grandes y privilegiados tomadores y tomadoras de decisiones empresariales, que también dominan parte del escenario político y de medios de comunicación, así como velan con todo su derecho, por mantener vivas a sus empresas, también deben velar por la democracia y la participación ciudadana. No está bien que exijan compromisos a la nación mientras algunos son señalados de financiar campañas políticas para luego constreñir veladamente la independencia del Congreso de la República y, por esta misma vía, intervenir el poder ejecutivo y judicial.

La paz y la democracia claman por la implementación de la Reforma Rural Integral que haga productivo el campo, que armonice la labor del productor agropecuario con los intereses de los campesinos y campesinas; el país reclama más y mejores políticas de bienestar que garanticen salud y educación adecuadas para quienes habitan los cinturones de miseria en campos y ciudades; por más y mejor investigación científica que haga posible la soberanía nacional y el mejoramiento tecnológico y productivo de las empresas nacionales. El país requiere transitar hacia la producción de energías limpias amigables con el ambiente, apoyándose en el potencial hidrográfico de nuestros territorios.

La promoción de la inclusión social y el apoyo a políticas públicas que reduzcan las desigualdades, son pasos indispensables para el logro de la Paz. En momentos de crisis permanente como la que vive nuestra Colombia, solo el diálogo, el encuentro sincero y transparente podrán hacer posible que los fusiles se silencien. Unamos nuestras voces para construir país, rompamos los abismos que nos separan y hagamos posible una nueva democracia para que las deliberaciones amplias iluminen el oscuro salón donde se reunen la pobreza, la componenda y la corrupción.

Luis Emil Sanabria D.

El ELN responsabiliza al Gobierno de supuesto bloqueo al proceso de paz

La guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) ha emitido un último comunicado en el que ha acusado al Gobierno de Colombia de cometer «graves incumplimientos» de los acuerdos alcanzados hasta el momento, entre ellos el alto el fuego bilateral, y que, debido a ello, las conversaciones siguen congeladas.

El ELN ha señalado que a partir de junio se cumplirán doce meses de incumplimientos del Gobierno, que no ha retirado todavía a la guerrilla de su lista de Grupos Armados Organizados (GAO) y ha «torpedeado» el alto el fuego.

 

Ante la falta de un mecanismo de vigilancia y monitoreo de la tregua armada, el ELN denuncia que las Fuerzas Armadas colombianas han lanzado operaciones contra ellos, al tiempo que han apoyado y reforzado el despliegue de grupos paramilitares en aquellos territorios en los que la guerrilla está presente.

A pesar de todo, remarca, que el ELN seguirá «manteniendo su voluntad de paz» y respetando el cumplimiento de todos los acuerdos firmados, «que son de conocimiento de los garantes y acompañantes permanentes», así como de conocimiento público».

En ese sentido, ha condicionado el desbloqueo de la mesa de negociación al cumplimiento por parte del Gobierno de Colombia de aquellos acuerdos que a su juicio están siendo vulnerados.

El anuncio de la guerrilla se produce pocos días después de que ambas partes en la mesa de negociación establecida en Caracas alcanzaran un acuerdo para incluir en los diálogos a amplios sectores de la sociedad civil que se ha visto afectada por un conflicto armado que se vienen produciendo desde hace décadas.

La implementación del capítulo étnico en el 8 informe del Instituto KROC

Estos informes del Instituto KROC de la Universidad de Notre Dame, han servido para analizar el procesos de implementación en su integralidad con datos cuantitativos y cualitativos sistematizados en la Matriz de Acuerdos de Paz que analiza 34 Acuerdos de Paz en el mundo. Esto permite un ejercicio de análisis comparativo de avances y retrocesos de nuestro proceso de paz, a 7 años de su firma.

Se resalta la estrategia del KROC de desarrollar barómetros regionales en las subregiones PDET para ahondar en el análisis y seguimiento a la territorialización de la implementación, siendo el primer barómetro Urabá y Chocó (https://peaceaccords.nd.edu/barometer/colombia-reports?lang=es).

 

A nivel general el informe arroja que los Puntos 3 (Fin del Conflicto) y 6 (Implementación, Verificación y Refrendación) tuvieron mayores niveles de implementación; en contraste, los Puntos 1 (Reforma rural Integral) y 2 (Participación Política) que tuvieron menores niveles de aumento. En lo que se refiere a los Puntos 4 (Solución al Problema de las Drogas Ilícitas) y 5 (Acuerdo sobre Víctimas), se ubicaron dentro del promedio dentro del estado general del proceso de implementación. El informe analiza 578 disposiciones o compromisos y se cruzan don diferentes variables en una matriz.

En lo relacionado con el enfoque étnico, se mantienen rezagos en la dinámica de la implementación general. De las 80 disposiciones con enfoque étnico, no se había iniciado el 13% a noviembre de 2023. Se encontró en estado mínimo el 61%. En estado intermedio se ubicó el 14% y sólo el 13% se había completado.
Se resalta que a la fecha se adjudicaron para licenciamiento 68 emisoras étnicas.

El bajo nivel de implementación del Capítulo Étnico del Acuerdo Final de Paz (AFP) se evidencia en que de 13 compromisos que los componen, según la metodología del Instituto, dos no habían iniciado, ocho estaban en avance mínimo, dos en estado intermedio y solamente se completó uno. Esta es una tendencia similar en las otras 67 disposiciones del enfoque étnico y durante 2023 no se evidenciaron cambios cuantitativos con relación a 2022.

Así mismo, el Informe señala los hallazgos de la Contraloría General de la República con relación al bajo nivel de asignación de recursos para el enfoque étnico. Señala que entre 2018 a 2022 se destinó el 4,1% del total de recursos del Presupuesto General de la Nación al AFP. El Instituto insiste en “la necesidad de articular los instrumentos de planificación territorial” con el AFP, de manera integral.

Es de resaltar que sigue siendo clave el papel de la comunidad internacional para poder concentrar el respaldo político y financiero de la cooperación internacional en la implementación en acciones que fortalezcan la territorialización del principio de integralidad, mediante la formación de capacidades locales, de modo que la formulación y ejecución de los planes de desarrollo territoriales estén alineados con el Acuerdo Final. Esto es clave para territorializar la implementación en su integralidad, como quedó contemplado en el Acuerdo.

Finalmente, es clave señalar que los 8 conflictos territoriales que el Instituto señala afectan en gran medida a los pueblos étnicos y a la implementación en los territorios. De alguna manera la declaración de estado de cosas inconstitucional frente a la no implementación del Acuerdo le da un impulso a la implementación en estos territorios. Seguiremos luchando por que se cumpla lo pactado.

Pedro Baracutao

Unir nuestras voces, para descalificar las violencias

El 20 de mayo pasado, se cumplieron 60 años del envío de la carta de paz que los habitantes de la zona de Marquetalia (Tolima), en límites con Cauca y Huila, liderados por Manuel Marulanda Vélez (Pedro Antonio Marín), enviaron al entonces presidente de la República, Guillermo León Valencia (abuelo de Paloma Valencia). En esa carta, además de pedir inversión social, construcción de vías, escuelas y centros de salud, se solicitaba el retiro de las tropas del Ejército Nacional, que días antes habían ingresado a la región a sangre y fuego, en respuesta a las reivindicaciones campesinas acumuladas por años de violencia y abandono. La respuesta a la carta de un puñado de colombianos y colombianas fue la represión, el bombardeo, la guerra y la muerte. Este pasaje de la historia se enmarca en los orígenes de las llamadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Una decisión que privilegió el uso de la fuerza y de la guerra, en lugar de la respuesta oportuna, dialogada y eficaz del Estado, nos condujo, hasta la fecha, a más de sesenta años de violencia guerrillera (que no debió nunca suceder), confrontación social y polarización del país. Seis décadas de dolor que pudieron evitarse si quienes ostentaban el poder no hubieran preferido, bajo el amparo de la llamada Doctrina de Seguridad Nacional (que algunos exmilitares y políticos se resisten siquiera a evaluar), el camino de la guerra, en lugar de la reconciliación y el reconocimiento de las diferencias.

 

Algunos grupos armados, que se reivindican como FARC, alejados de la voluntad de paz del acuerdo firmado en 2016, quisieron recordar aquellos hechos dolorosos de mayo de 1964. Nada más distante de la lucha por los derechos sociales y políticos de los sectores populares que pretender que la toma a sangre y fuego de poblaciones, el asesinato y las amenazas contra poblaciones indígenas, afrodescendientes, obreras y campesinas, el uso del terror y el miedo, y estar vinculados a los negocios ilícitos de narcotráfico, la trata de personas, el tráfico de especies, o la extorsión a los mineros tradicionales y ancestrales, pueda considerarse parte de la lucha por un mejor país, y menos aún, una conmemoración en memoria de los y las campesinas rebeldes asesinadas en medio de la violencia conservadora-liberal y los planes de pacificación del Frente Nacional.

El país vive una situación diferente a la vivida durante las convulsionadas décadas de los años sesenta y setenta, cuando se conformaron los grupos guerrilleros revolucionarios de ideología de izquierda, tanto comunistas como socialdemócratas, indigenistas o socialistas. La sociedad colombiana tiene una Constitución Política (1991), más garantista e inclusiva, diferente a la vetusta y conservadora constitución de 1886 impuesta con dolor y muerte, que debe ser desarrollada y aplicada a cabalidad. Se cuenta, por primera vez en la historia, con un gobierno de transición progresista, no ligado a las tradicionales esferas de poder. Se plantean inversiones sociales en educación, salud e infraestructura que beneficien a las comunidades y se comienza a desarrollar la eternamente aplazada Reforma Rural, que forma parte de las causas estructurales que originaron el conflicto armado interno.

Lo más revolucionario, en toda la amplitud y generosidad que esta palabra encierra, es comprender que la sociedad colombiana clama, suplica, resiste y lucha para que la paz sea una realidad. Más allá del apellido que se le ponga a la paz, sea este la Justicia Social, Total, Integral, Transformadora, Territorial, etc., lo que la gente quiere es la paz que finalmente silencie los fusiles; la paz para poder hablar, para poder dialogar, para concertar y ejecutar las políticas, los planes, programas y proyectos que hagan posible una Colombia nueva, pacífica, democrática, incluyente y justa, para que nunca más, por ningún motivo, a un compatriota se le ocurra apuntar o disparar un arma contra otro compatriota.

El pueblo caucano, así como algunos habitantes de Nariño, Valle, Chocó, Putumayo, Antioquia, Córdoba, Bolívar, Norte de Santander y Arauca, sufren a mayor escala el rigor de una confrontación impuesta por los mercaderes de la muerte, por los dueños de las economías ilegales ligadas a la minería del oro y al narcotráfico, por quienes, bajo el pretexto de las difíciles condiciones de pobreza y exclusión impuestas por el modelo privatizador y la economía de mercado, se empeñan en sostener una violencia armada demencial y profundamente dolorosa, ya sea para mantener privilegios económicos o como estrategia política.

El Gobierno Nacional y los gobiernos locales deben hacer uso de todas las herramientas políticas que hagan posible la construcción de la paz. Nada puede ser subestimado o desechado cuando se trata del bien preciado de la vida; en estas regiones es claro que se deben co-construir acuerdos de territorialidad para la paz, vinculando a todas las fuerzas políticas, económicas y sociales, los cuales deberán quedar contemplados en Pactos por la Paz y la Vida, en donde se conjuguen estrategias claras que comprometan a la sociedad civil, ligadas a acuerdos de inversión estratégica en materia de salud, educación e infraestructura vial. Para ello se requiere una mayor coordinación interinstitucional, estrategias territoriales para la superación de las economías ilícitas y la instalación de cadenas productivas y de crecimiento económico que beneficien a todos y todas, unido a la generación de una cultura de paz, derechos humanos, reconciliación y protección a la vida, a partir de estrategias pedagógicas, comunicativas, de autocuidado y autoprotección, que fortalezcan los valores, los derechos y los deberes de la ciudadanía.

No estoy proponiendo con esto que el Estado renuncie al uso legítimo de la fuerza para proteger la vida y los bienes públicos y privados, labor que se hace más necesaria en tiempos de crisis y de ataques indiscriminados que infringen el Derecho Internacional Humanitario. Al igual que muchos y muchas, estoy convencido de que la sola estrategia de fortalecimiento del pie de fuerza, buscando vencer a los grupos armados por la vía militar o el sometimiento a la justicia, ya hace rato se comprobó, que no nos conduce a la paz. Puede que estas estrategias instalen un superficial clima de tranquilidad, como en otras ocasiones ha ocurrido; sin embargo, la llama de la violencia seguirá encendida, hasta que vuelvan a darse las condiciones para perpetrar otros ataques armados y la muerte violenta vuelva a transitar por campos, veredas y calles.

Las comunidades queremos la paz, pero esta no emergerá si no nos comprometemos a construir las condiciones para que eso ocurra. Hay que juntarnos, unir nuestras voces, movilizarnos, dialogar y construir compromisos posibles y realizables a corto, mediano y largo plazo, para descalificar las violencias. El Gobierno Nacional y los gobiernos locales deben continuar por la ruta de la participación con poder de decisión y avanzar hacia una estrategia territorial más sostenible e incluyente, más deliberativa y democrática, a todos los niveles y con todos los actores sociales, para hacer posible la ampliación y el fortalecimiento del tejido social y político que resiste, persiste e insiste en la Paz.

Luis Emil Sanabria

Delegaciones del Gobierno y del ELN cierran primer punto de acuerdo de paz

Las delegaciones de paz del Gobierno Nacional y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), firmaron un acuerdo sobre la participación ciudadana en la construcción de los acuerdos de paz.

“Este ya es un consenso para la mesa de diálogos y, por ello, en la búsqueda de la mayor participación posible para las transformaciones necesarias. Adelantamos un proceso histórico sin precedentes”, aseguró Rodrigo Botero, integrante de la delegación del Gobierno.

 

El pacto destaca la conformación del Comité Nacional de Participación (CNP), que llevó a cabo 78 preencuentros y encuentros , con la participación de 8.565 representantes de organizaciones sociales de 30 sectores, así como 3.217 organizaciones en todas las regiones del país.

Nota relacionada: ¿Por qué Lafaurie se separa del próximo ciclo de conversaciones con el ELN?

Se desarrollaron además se desarrollaron los ejes de diálogo sobre régimen político, modelo económico, política ambiental, educación y cultura.

Vera Grabe, destacó el cierre de este acuerdo porque -consideró- no es fácil encontrar «el camino a la paz» y de la «superación de tantos años de guerra, de violencia». Pablo Beltrán por su parte, señaló que la mesa de diálogo quiere aportar a los cambios que «urgen» en Colombia, 

La democracia en los siglos XX y XXI y sus conflictos

Detrás de cada conflicto, siempre hay una causa. Una pretensión de justicia, de un mundo mejor. Un ideal consustancial que tiene la función de dar sentido y, en últimas, legitimidad. El fin, que justifica –o no- los medios, creyendo tendenciosamente que es posible separar estos de aquellos.

Causas las hay unas más nobles y loables que otras, algunas más bien instrumentales y oportunistas, ventajistas. Pero cuando una idea toma forma, cuando hace séquito y comienza a ser parte de la agenda pública de una sociedad, merece ser tramitada.

 

La democracia del siglo XX se consolidó alrededor de la representación política, bien con mecanismos institucionales a través de corporaciones públicas con mecanismos de elección popular, o bien mediante dispositivos de participación civil, “alternativas” frente a sistemas políticos que operan con lógicas selectivas de participación, sistemas excluyentes. Precisamente estas democracias cerradas fueron el caldo de cultivo que justificó y validó la vía armada y, por ahí derecho, la insurrección frente al Estado-Nación.

El asunto espinoso es que estas causas siempre reclaman la construcción narrativa de un sujeto desvalido a nombre del cual se reclama. Grupos organizados, alzados en armas, se reclaman como representantes legítimos “del pueblo”, de los “sin voz”, de la “voluntad popular” o incluso de “la sociedad civil”. Los esgrimen, instrumentalmente, para dotar de validez sus medios.

Pero la democracia que madura, llega al siglo XXI con la pregunta de ¿quién habla a nombre de los marginalizados? ¿y por qué?

La crisis de la representación política no solo encubre a las instituciones públicas y a los cargos de elección popular. Llega también a las organizaciones y movimientos sociales, y con especial contundencia a los grupos alzados en armas. La ciudadanía, actor cada vez más activo en la apertura democrática, no permite que se le utilice. Nos muestra lo difícil que es ahora mismo tomar la voz por los otros, y reclama una participación directa.

Siempre hay algo de grosero en comparar guerras, que debe ser compensado con la bondad que hay al comparar experiencias de construcción de paz. Tal sea el faro que guie el camino de estas líneas.

Santiago Sánchez Jiménez

Sociólogo-Antropólogo

¿Llego la hora de renegociar el Acuerdo de Paz?

Una polvareda levantó el presidente Gustavo Petro esta semana. Esta vez con relación al cumplimiento del Acuerdo Final de Paz entre la Ex guerrilla de las FARC y el Estado Colombiano. “Yo no puedo decir mentiras”, sentenció. Advirtió que iría él mismo a la Organización de Naciones Unidas para reconocer que “el Estado de Colombia no quiere cumplir el Acuerdo de Paz que firmó”. Y remató afirmando que “Se trataría del primer país en el mundo en incumplir una declaración unilateral de Estado suscrita ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas”. El presidente enfatizó en los incumplimientos en el papel de la Jurisdicción Especial para la Paz como tribunal de cierre del conflicto en materia de verdad y justicia; y lamentó la lentitud en la implementación de la jurisdicción y la reforma agraria.

No le falta razón al jefe de Estado en su preocupación por los incumplimientos del Acuerdo de Paz más abarcativo, ambicioso y completo de los firmados en Colombia y quizás en América Latina. Para algunos resultaría exótico que un Estado en palabras de su propio jefe con resignación reconozca su impotencia e imposibilidad para honrar ante el mundo un Acuerdo de esta magnitud. El Magistrado Roberto Vidal, presidente de la JEP, reaccionó calificando la declaración de Petro como una “autoincriminación”. “Es como un auto denuncia, que produce un estado de desconcierto en la comunidad internacional”. Sin embargo, más allá de las responsabilidades que pueden ser atribuibles al gobierno nacional, las instituciones y funcionarios encargadas de cumplir lo pactado con la ex guerrilla, el presidente Petro seguramente hace alusión a las resistencias, frenos de mano, contraordenes y saboteos que ocurren al interior de un aparato estatal que sigue siendo un campo de batalla ideológico y político entre el cambio y el pasado.

 

Y no es para menos. El octavo informe del Instituto Kroc de la Universidad de Notra Dame de mayo del 2024, entidad designada por las partes en el Acuerdo como soporte técnico para el monitoreo y seguimiento al cumplimiento de los mismos, advierte que, aunque la de implementación de las 578 disposiciones o compromisos que se derivan del texto del Acuerdo Final de Paz no se ha detenido, su estado actual merece especial atención. Según el informe, en noviembre del 2023 y a 7 años de su firma, solo el 32 % de las disposiciones del pacto de paz completaron su implementación, el 19% se encuentra en estado intermedio, el 30% en estado mínimo y el 10% no había iniciado su cumplimiento. “Es decir que luego de 7 años, el 49% de los compromisos se encuentran en nivel mínimo y no iniciado, sobre los cuales no se cuenta con evidencias que demuestre su viabilidad para ser completados antes de que se venza el plazo establecido para ello”, advierte el Instituto Kroc en su informe.

Puntualmente, en el punto de tres de “Fin del Conflicto”, registrado por la misma fuente como uno de los de mayor avance, los compromisos de Cese al Fuego, desmovilización o dejación de armas por parte de las exFARC se cumplieron en un 97%, mientras que los compromisos en reincorporación económica, social y política, aunque alcanzan un destacado nivel de ejecución del 66%, un 34% continuaba en proceso de implementación (en estado mínimo, intermedio o sin iniciar). Llama la atención que se afirme en este reporte que “durante el último año de implementación se han mantenido niveles muy similares a los del cuatrienio Duque (1998-2022), el presidente que se propuso “volver trizas los Acuerdos”.

El presidente y su Gobierno en el marco de su Política de Paz Total, contrario al Uribismo, han dado muestras de su compromiso con el Acuerdo de Paz. El Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026 Colombia Potencia Mundial de la Vida ordena la articulación de sus 5 ejes transformacionales con los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial pactados en el Acuerdo y asigna la cifra sin precedentes de 50.4 billones de pesos. También se avanzó en la Unidad para la Implementación del Acuerdo Final de Paz para articular toda la acción institucional orientada a una mayor celeridad en su cumplimiento.

El presidente Petro debería repensar su mensaje ante las Naciones Unidas. Más bien debería incrementar el compromiso estatal con el Acuerdo de Paz. Una especie de renegociación o ajuste del Acuerdo en la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación CSIVI, a instancias de la comunidad internacional (ONU y países garantes) podría permitir aclarar dudas y precisar los alcances de la JEP como tribunal de cierre, comprometer al conjunto del Estado y todos los poderes públicos en acelerar el cumplimiento del mismo en materia de desarrollo rural, derechos de las víctimas, reforma política, nueva política de sustitución economías ilícitas o transformar las caóticas 120 mil iniciativas de los 170 municipios PDETs heredados por este gobierno en proyectos de transformación territorial en las zonas de violencia financieramente viables y mayor impacto.

Antonio Sanguino

¿Por qué Lafaurie se separa del próximo ciclo de conversaciones con el ELN?

El presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, señaló en su columna de opinión que no asistirá a la próxima ronda de negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

«Por compromisos gremiales en el exterior no estaré presente en la ronda de negociaciones con el ELN que inicia el 20 de mayo en Caracas, en la cual el Consejo Nacional de Participación, CNP, deberá someter a consideración de la Mesa de Diálogos los tres entregables previstos en el Acuerdo de Participación (Acuerdo 9) para esta primera fase de diseño: Un modelo de participación, unas recomendaciones y un Plan Nacional de Participación», afirmó el líder gremial.

 

Al parecer, Lafaurie no está de acuerdo con el esquema planteado en la mesa de negociación para dar una amplia participación a la sociedad civil en las conversaciones de paz con el grupo armado.

«Sin menoscabo de mi respeto por lo acordado, el problema viene desde el Acuerdo 9, que así lo estipuló (numeral 4.1.), o más bien, de la obsesión del ELN por que todo sea resultado de una participación, en este caso innecesaria; participación amplia que debería reservarse para las fases posteriores, ya no instrumentales, sino temáticas, de diagnóstico, formulación de propuestas y construcción del Plan Integral de Transformaciones, cuya culminación está prevista para mayo de 2025», señala Lafaurie en su columna de opinión.