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Confidencial Noticias 2025

Etiqueta: Venezuela

Venezuela libera un primer grupo de presos políticos

El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, ha anunciado este jueves la liberación de un «número importante» de varias personas encarceladas, incluidos tanto ciudadanos venezolanos como extranjeros, proceso de excarcelación que «está ocurriendo en este mismo momento».

Rodríguez, que no ha confirmado por el momento el número de personas beneficiadas por la medida, ha realizado este anuncio durante una rueda de prensa en la que ha señalado que se trata de «un gesto unilateral para afianzar» su «decisión inequebrantable de consolidar la paz» en el país y «la connivencia pacífica», sin distinción de ideología o religión.

 

«Considérese este gesto del gobierno bolivariano, de amplia intención de búsqueda de la paz, como el aporte que todas y todos debemos hacer para lograr que nuestra república continúe su vida pacífica y en búsqueda de la prosperidad», ha declarado el presidente del Parlamento venezolano.

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Donald Trump controlará a Venezuela por tiempo indefinido

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha señalado que su Administración mantendrá el control sobre Venezuela durante un periodo «largo» de tiempo, probablemente mayor a un año, hasta que se avance en una transición democrática, apuntando que las autoridades interinas lideradas por Delcy Rodríguez están dando «todo» lo que Washington «considera necesario».

«Solo el tiempo dirá. Vamos a usar el petróleo y vamos a tomarlo. Estamos bajando los precios del petróleo y vamos a dar dinero a Venezuela, que lo necesita desesperadamente», ha asegurado el presidente norteamericano en una extensa entrevista con el diario estadounidense ‘The New York Times’ sobre la intervención militar que desalojó del poder el pasado 3 de enero al presidente venezolano Nicolás Maduro.

 

Sobre los siguientes pasos en la transición democrática en Venezuela y los plazos que maneja Washington para unas elecciones en el país, Trump ha evitado fijar un calendario, limitándose a apuntar que «será mucho más largo» que seis meses o un año.

El presidente estadounidense ha centrado sus mensajes en la necesidad de «reconstruir» Venezuela de una forma que sea «muy rentable» para Washington, después de que la Casa Blanca se haya puesto como objetivo prioritario controlar el petróleo venezolano y asegurarse de que estos recursos naturales no van a parar a manos de China o Rusia, aliados estrechos de Caracas hasta ahora.

Washington ha confirmado su intención de tomar el control sobre las exportaciones de crudo venezolano durante un periodo indefinido como parte de un plan para la reconstrucción de la economía del país. En este contexto, Trump apuntó a un plan para hacerse con «entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo sancionado», en medio de su iniciativa para cambiar las alianzas en el sector energético mundial.

En todo caso, el propio Trump reconoce en el marco de la entrevista que recomponer la industria petrolera venezolana «llevará tiempo», toda vez Estados Unidos tendrá que realizar inversiones en repuestos, equipos y servicios para lograr su objetivo de estabilizar e impulsar la producción de crudo de Venezuela.

A este respecto, ha señalado que las autoridades interinas, con Delcy Rodríguez, hasta ahora número ‘dos’ de Maduro y figura clave del chavismo, a la cabeza, están resultando instrumentales para este efecto. «Nos está dando todo lo que consideramos necesario», ha indicado, apuntando a la buena cooperación con los nuevos dirigentes en Caracas tras la caída de Maduro.

El papel de María Corina Machado y Edmundo González

Respecto al papel que jugarán las figuras opositoras María Corina Machado, reciente premio Nobel de la Paz, y el candidato presidencial en los últimos comicios, Edmundo González, el dirigente estadounidense no ha ahondado en su decisión de mantener como jefa interina a una figura clave del chavismo y aparcar por el momento a dirigentes de la oposición democrática.

Trump asegurado eso sí que su Administración mantiene contactos «constantes» con Machado y que es el secretario de Estado, Marco Rubio, quien mantiene línea directa con la opositora venezolana, quien permanece fuera del país tras acudir a Oslo para recoger el premio Nobel de la Paz.

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Tampoco ha valorado que papel puede jugar González en el futuro de Venezuela. El que fuera candidato opositor de consenso frente a Maduro en las elecciones de julio de 2024 se encuentra en España donde ha defendido su investidura como presidente, después de que el Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE) proclamara el triunfo de Maduro sin publicar las actas electorales.

Unión Europea quitaría sanciones a Venezuela si Delcy Rodríguez «hace lo correcto»

El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha abierto la puerta a que la UE pueda replantearse las sanciones que pesan actualmente sobre Delcy Rodríguez toda vez que esta es ahora la «presidenta encargada» de Venezuela o si se producen pasos en la dirección correcta por parte del nuevo Gobierno después de Estados Unidos capturara al presidente, Nicolás Maduro, en una intervención militar el 3 de enero.

Así lo ha indicado en declaraciones a ‘laSexta’, recogidas por Europa Press, en las que ha reconocido que sobre Rodríguez, hasta ahora vicepresidenta de Venezuela, pesan sanciones que le prohíben la entrada en la UE. Dichas sanciones fueron impuestas en junio de 2018 y fueron reconfirmadas el pasado diciembre durante un año más hasta enero de 2027.

 

En la UE, ha recordado Albares, «tenemos una norma no escrita, pero una norma que solemos establecer, y es que nunca» se incluye en los paquetes de sanciones al presidente de un país para poder «mantener siempre un diálogo abierto», lo que explica que Maduro no estuviera entre los sancionados.

Las excepciones de la regla

«Así que tendremos de nuevo todos los europeos que volvernos a plantear esa situación», ha admitido, recordando en todo caso que caben las excepciones a estas sanciones y la propia Delcy Rodríguez fue autorizada a viajar a Bruselas para participar en la cumbre entre la UE y la CELAC en julio de 2023, precisamente bajo la presidencia de turno española de la UE.

Entró perfectamente, no solamente en el territorio de la Unión Europea y en Bruselas sino en el propio edificio del Consejo y estuvo representando a Venezuela», ha destacado, tras ser preguntado sobre si ahora podría viajar a Europa.

Asimismo, el ministro ha hecho hincapié en que «las sanciones son un instrumento para conseguir un fin, no un fin en sí mismo». «Lo que nosotros queremos no es que las sanciones duren, sino que desaparezcan lo antes posible porque querrá decir que la causa que las generó desapareció», ha puntualizado.

«Si el nuevo Gobierno de Venezuela da pasos en la dirección que nosotros deseamos deberían de desaparecer y yo me alegraré mucho de ello y seré el primero en solicitarlo, porque España siempre va a estar al lado de los pueblos hermanos de América Latina», ha rematado.

Sin contactos con EE.UU.

Por otra parte, Albares ha reconocido que la Administración de Donald Trump no se ha puesto en contacto con el Gobierno ni antes ni después de la operación en Venezuela, pero «tampoco me consta que lo esté en contacto realmente con otros gobiernos», ha añadido, señalando que solo tiene constancia de una conversación telefónica entre la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, y el secretario de Estado, Marco Rubio, durante el fin de semana.

Asimismo, ha reiterado la disposición del Ejecutivo ha hablar con el nuevo Gobierno de Delcy Rodríguez, igual que antes se hacía con el de Maduro, pero ha confirmado que por ahora no ha habido ningún contacto, más allá de la interlocución que mantiene la Embajada española en Caracas con las autoridades del país.

No obstante, ha confirmado que se ha remitido ya al nuevo gobierno venezolano una comunicación para exigir la liberación de los españoles que están «injustamente retenidos» en Venezuela. «Yo creo que sería un gran gesto y un gran arranque», ha valorado.

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Venezuela: Marco Rubio reveló la hoja de ruta tras intervención de EE.UU.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, ha explicado este miércoles que el plan de la Administración de Donald Trump para Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro pasa por tres fases, siendo la última la «transición» política en el país latinoamericano.

«Es un proceso triple (…) El primer paso es la estabilización del país. No queremos que caiga en el caos», ha declarado Rubio en declaraciones a la prensa desde Washington, agregando que para ello están incautando petroleros y que están «a punto de cerrar un acuerdo para retirar todo el petróleo atascado en Venezuela».

 

Según el jefe de la diplomacia estadounidense, la segunda fase, la llamada «recuperación», consiste en «garantizar que las empresas estadounidenses, occidentales y de otros países tengan acceso al petróleo venezolano».

«Al mismo tiempo, se comenzará a generar un proceso de reconciliación nacional en Venezuela, para que las fuerzas de la oposición puedan ser amnistiadas y liberadas de las cárceles o repatriadas al país y comenzar a reconstruir la sociedad civil», ha manifestado.

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Por último, ha indicado que la tercera fase «será de transición». «Algunos aspectos de estos se solaparán», ha matizado antes de sostener que dará «más detalles en los próximos días» pero que cree que están «avanzando de forma muy positiva».

Venezuela decreta una semana de luto por los fallecidos durante operativo de EE.UU. en Caracas

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha decretado siete días de duelo por las víctimas mortales durante el ataque efectuado el pasado sábado, 3 de enero, por Estados Unidos sobre Caracas y alrededores en la operación que terminó con la «captura», como la describe Washington, del presidente del país, Nicolás Maduro, y su mujer y primera dama, Cilia Flores.

«Un mensaje a nuestros jóvenes mártires, que dieron su vida en la defensa de nuestro país. Jóvenes mártires, he tomado la decisión de decretar un duelo de siete días en honor a los hombres y mujeres que murieron, que ofrendaron su vida defendiendo a Venezuela, defendiendo al presidente Nicolás Maduro», ha afirmado.

 

La mandataria ha señalado en las mismas declaraciones que «me ha perforado el alma ver las imágenes de los cuerpos, pero yo sé que ellos se martirizaron por los valores supremos en defensa de su patria».

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El Ejército de Venezuela ha hecho saber este mismo martes que al menos 24 de sus militares murieron durante el ataque efectuado el fin de semana por Estados Unidos la capital venezolana, lo que eleva a 56 los fallecidos confirmados por la incursión de Washington. Previamente, el Gobierno cubano anunció la muerte de 32 miembros de sus fuerzas de seguridad en la operación.

España se ofrece para mediar entre EE.UU. y Venezuela para superar crisis diplomática

El ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, ha insistido este miércoles en que los recursos naturales son parte de la soberanía de Venezuela después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, haya dejado claro su interés por el petróleo venezolano, al tiempo que ha reiterado el ofrecimiento de los «buenos oficios» de España para solventar la crisis venezolana.

«Los recursos naturales de Venezuela son del pueblo venezolano», ha sostenido tajante el ministro en una entrevista en ‘RNE’, recogida por Europa Press, tras defender que «la explotación de los recursos naturales es uno de los atributos más importantes de la soberanía de un Estado».

 

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«Lo dice el Derecho Internacional y desde luego es lo que nosotros vamos a defender», ha añadido, horas después de que Trump haya anunciado que Venezuela entregará entre 30 y 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos después de la operación militar del sábado en la que fue apresado el presidente Nicolás Maduro.

Respecto a esto, Albares no ha querido pronunciarse sobre si el mandatario venezolano está detenido o secuestrado. «Yo no le voy a poner calificativos», ha afirmado, esgrimiendo que como jefe de la diplomacia no debe hacerlo.

«Lo que sí le puedo decir es que se produjo el sábado en Caracas una acción ilegal desde el punto de vista del Derecho Internacional», ha puntualizado, en línea con lo que también ha manifestado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

En este sentido, y como también hizo la víspera el jefe del Ejecutivo, ha reiterado la disposición de España a ejercer una labor de mediación. «Nosotros lo que planteamos, lo planteamos inmediatamente el sábado, son nuestros buenos oficios y eso tienen que ser las distintas partes implicadas las que lo acepten», ha señalado.

«La disposición de España está ahí, y si las partes consideran que eso puede ser útil, nosotros estaremos, lo que no vamos a hacer por supuesto nunca, es una injerencia», ha puntualizado Albares, que ha indicado que la oferta de mediación es tanto entre el nuevo Gobierno que encabeza Delcy Rodríguez y la oposición venezolana como «entre distintos países de la comunidad internacional».

Así, ha recordado que el Gobierno ha venido hablando tanto con el régimen de Maduro como con la oposición desde hace tiempo y también él mismo habló el sábado con Edmundo González, el candidato opositor en las presidenciales de 2024 y que la oposición asegura que fue el ganador de los comicios, si bien no ha hablado en los últimos días con María Corina Machado, la principal líder opositora y Nobel de la Paz.

«Si los buenos oficios de España sirven para poder ayudar a avanzar en esa solución que nosotros queremos dialogada, negociada, entre venezolanos, pacífica y democrática, estaremos dispuestos a hacerlo», ha recalcado el jefe de la diplomacia, esgrimiendo que en Iberoamérica España busca siempre «tender puentes» y no «atizar fuegos».

Por otra parte, Albares ha insistido en que lo ocurrido en Venezuela «es un precedente muy peligroso para el orden mundial basado en reglas» por el que apuesta España y que hay que posicionarse del lado del Derecho Internacional.

Inconclusiones (Venezuela)

Cuando uno ha perdido todo por culpa de un tirano, cualquier derrocamiento sirve” y “qué importa que se roben el petróleo, si ya se lo estaban robando, y al menos ahora tendremos libertad”. Dos ideas, no textuales, de lo que expresó un muchacho venezolano en las redes (hay decenas) sobre sus sentimientos de hoy (de corto plazo con la euforia inicial). Comprensible su júbilo. E incluso comprensible su negación frontal y pendenciera contra todo aquel que ponga peros a la extracción de Maduro.

Probablemente pasado mañana será diferente. Y no solo por lo evidente, que el régimen chavista estructuralmente no ha sido cambiado y no está claro aún cómo será el tutelaje de Estados Unidos (Sachs, 2026)(Macgregor, 2026) (El Espectador, 2026), sino porque, una vez estabilizado el país, todos volverán a pensar en que nadie le debe robar nada a su nación; y menos porque hasta el último recurso será necesario con urgencia para la reconstrucción. Es una inconclusión* entendible (* situación donde ninguna de las salidas disponibles es moral, legal o civilizatoriamente satisfactoria, y difícilmente tendrá conclusión nítida).

 

La escena de la extracción forzada no puede ser más reveladora: cuando el matón del barrio descabeza al matón de la cuadra, no se puede esperar que sea por justicia, sino por poder (apelando a metáforas deliberadas). De hecho, en las alocuciones de Estados Unidos no se habla de democracia, libertad o bienestar de los venezolanos, que debería ser la prioridad; se habla de petróleo, incluso de su petróleo (de Estados Unidos) (Hausmann, 2026). Esto resume la inconclusión generalizada de la situación local.

La intervención de Estados Unidos no es una liberación (El Espectador, 2026) pero hay que reconocer que sí es una solución para millones de venezolanos que habían perdido la esperanza (salvo los afines al régimen). Ya habían intentado todo lo posible, desde manifestaciones de protesta con muertos y apresados resultantes, varios intentos fallidos en elecciones, incluyendo la de 2023 que Maduro logró volver a falsear e ignorar, hasta las innumerables y permanentes súplicas al mundo por ayuda para acabar el sufrimiento de todo un pueblo. Nada funcionó. Ellos no pudieron resistir el poder de su propio ejército y de los violentos “colectivos” (paramilitares al servicio de régimen). Y el mundo no actuó.

Los hechos de la madrugada del 3 de enero han abierto una verdadera explosión de opiniones, análisis, preocupaciones y temores, que en su mayoría no lamentan que los venezolanos estén felices por haberse quitado de encima al tirano (al menos por ahora), sino por las tremendas repercusiones e implicaciones sobre el mundo entero, incluida la misma Venezuela. Toda una miríada de inconclusiones. Quien confunde estas dos aristas en una sola problemática cae elementalmente en un falso dilema.

La gran preocupación sobre la operación de extracción de Estados Unidos es sobre su ilegalidad. Tanto dentro de su país, por no tener aprobación del Congreso, como no tener aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Sachs, 2026)(Ignatieff, 2026)(The New York Times, 2026). La mirada a cualquiera de los dos elementos de esta frase abre una caja de Pandora. Empecemos por la segunda.

Las Naciones Unidas vienen siendo borradas del poder mundial efectivo, especialmente por las tensiones que se vienen incrementando en torno a la emergencia de dos retadores, China y Rusia, a la hegemonía de Estados Unidos tanto en lo militar como en lo financiero y comercial. Terminar de acabar con el más avanzado instrumento de civilización alcanzado después de la segunda guerra mundial es un retroceso fundamental porque puede estar dejando al mundo ad-portas de una nueva confrontación militar mundial, con las implicaciones del nuevo contexto basado en tecnologías muy avanzadas para la destrucción, incluso total.

Los hechos de Venezuela habilitan, quiérase o no, a Rusia a terminar con Ucrania y a China a tomarse a Taiwán (lectura extendida entre analistas) (Ignatieff, 2026). Pero también, conlleva con la doctrina Donroe (Monroe 2.0) que cualquier país en América sea considerado el coto de caza cuando lo necesite Estados Unidos y su presidente; este mensaje fue ampliado un día después como advertencia para el mundo: Estados Unidos puede tomarse por la fuerza el país que considere que necesita. Es apenas normal que México (drogas, inmigración), Dinamarca (por Groelandia), Canadá (estado #51), Cuba y Nicaragua (por su dependencia del crudo venezolano), Colombia (si no protege la frontera), el mismo Venezuela (por las fases siguientes anunciadas), y en general, los demás países del mundo estén preocupados. Otra enorme inconclusión.

Y no es una cuestión de amistad con el presidente Trump como podrían estar pensando presidentes como Milei, Bukele y otros afines ideológicamente (en la superficie) puesto que ya se sabe que aplica una especie de fuzzy logic (lógica difusa, incluso explícita en el documento de noviembre del departamento de Estado) en la que él mismo determina lo que hay que hacer o decir, en cualquier momento, sin considerar más allá de sus propios intereses, y sus alfiles (el secretario Rubio a la cabeza) posteriormente van recogiendo y acomodando todo a algo que suene razonable a alguna lógica de último momento (Macgregor,2026).

Sin olvidar todo esto tan importante, hay que regresar a asuntos previos esenciales. El presidente de Venezuela, desde 2013, era un tirano acusado en el concierto internacional de múltiples barbaridades contra su pueblo, desde represión sangrienta, presos políticos, supresión de la prensa libre, y una enorme corrupción, incluyendo narcotráfico (que fue la base de la extracción). El mundo no escuchó las súplicas del pueblo venezolano (el pueblo que se oponía al régimen que, a juzgar por los resultados no oficiales de las elecciones de 2023, era mayoría) durante al menos toda una década (Ardila, 2026).

Es probable que, si Estados Unidos hubiese acudido al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a pedir permiso para la incursión armada en Venezuela para remover al tirano, actuando como adalides de la democracia y la libertad, hubiera sido bloqueado por Rusia y China, no por razones de humanidad, sino por poder, por la actual lucha geopolítica por el poder mundial que ha enrarecido la vida de hoy para cualquier humano.

Aquí hay la mayor inconclusión, del mundo entero. La esencia de las Naciones Unidas que debiera representar la negociación pacífica y el derecho internacional para solucionar los problemas entre los países, es decir, el imperio supranacional de la justicia conjunta, en la realidad no funciona. Y esa es una realidad desde hace tiempo, pero recientemente oficializada con los casos de Ucrania, Gaza y Venezuela. Ni para ayudar a solucionar un problema que podría ser comparativamente menor (una tiranía como la de Maduro) ni para evitar que la fuerza sea la que determina lo que se puede y lo que no. En otras palabras, la democracia mundial, si alguna vez se soñó, no existe.

El falso dilema planteado por los venezolanos de a pie termina dándoles una razón simple pero brutal: al no haber ninguna posibilidad de restablecer la justicia, hasta una ilegalidad, pero conveniente, sirve. Tan grave como reconocer que no hay equilibrio de fuerzas mundial, que ha sido realmente una ficción. El peligro es latente, basta con que una de estas acciones (determinadas por una sola persona predominantemente basado en su emocionalidad; véase análisis recientes del New York Times sobre el estilo de toma de decisiones presidenciales de Donald Trump y su impacto en política exterior e Ignatieff) se encuentre con una desavenencia fuerte de parte de China o Rusia, o ambos, que sería lo más probable, para desatar la hecatombe. A dónde pueda conducir todo esto es la mayor inconclusión que vive el mundo en estos momentos.

Ahora enfoquemos la mirada sobre la primera parte de la preocupación, su ilegalidad dentro de los Estados Unidos por no tener aprobación del Congreso (The New York Times, 2026). Entendiendo la dimensión de la amenaza que significa que un país, con el mayor poder militar del mundo, se comporte omnímodo, es varias veces más grave si su líder tome decisiones emocionalmente, con base en sus intereses, sin intermediar el control legal y razonado de su propio país, que, pese a que no necesariamente sería una garantía total, si es una esperanza de garantía.

Hay que recordar que el presidente Trump enfrenta múltiples problemas en su propia cancha, que van desde varios judiciales aún inconclusos incluyendo el caso Epstein, la caída judicial de medidas controversiales que ha tomado en contra de muchos países entre los cuales hay aliados históricos provocando una guerra comercial generalizada que probablemente no va saliendo bien, hasta problemas políticos por tener que enfrentar la perdida de popularidad y del apoyo de figuras de su propio partido republicano. Todo ello, fácilmente lo lleva, como ya lo ha demostrado, a mezclar la conflictividad mundial autoprovocada para manejar la popularidad local, lo cual, sumado a America first y America great again, a su lógica difusa, y a la ausencia efectiva de control político, arma un coctel demasiado explosivo. Nadie sabe hasta dónde puede llegar ni hasta dónde nos puede conducir (al mundo entero). Una inconclusión casi metafísica. Es inexplicable cómo había tantos agujeros y debilidades en la configuración y organización política de los Estados Unidos para llegar a semejante condición actual.

En cuanto a Venezuela, por lo pronto, lo realmente importante debería ser encontrar cómo el pueblo venezolano puede reencontrar paz, justicia, democracia y derecho como lo explica claramente Hausmann (Hausmann, 2026). Pero al mismo tiempo, este deseo superior se erige también como la mayor inconclusión a hoy, ya que en cualquier momento puede emerger un conflicto interno, guerra civil, más ataques extranjeros, y violencia generalizada, desviando completamente ese objetivo de vida y de nación próspera que compartimos con todos los venezolanos.

(PD: hay miles de referencias importantes que no he citado para no saturar el texto, pero el lector las puede encontrarlas fácilmente en un buscador o una ayuda de IA).

Rafael Fonseca Zarate

Venezuela, una transición imprevisible

Los venezolanos, entre la esperanza y el desconcierto, asisten atónitos al enésimo sainete de una estafa prolongada durante generaciones. Un fraude político, económico y moral sostenido por un régimen que ya no cree en sí mismo, ni en su revolución, ni en nada; pero que se aferra camaleónicamente al poder como una poderosa mafia imposible de desmontar de un día para otro.

El chavismo dejó de ser ideología hace muchos años, incluso antes de la muerte de su padre político. Hoy es solo un mecanismo de supervivencia de una maquinaria podrida. Y en esa máquina, Delcy Rodríguez no es una líder, es una simple operadora. Una pieza necesaria para una transición diseñada fríamente junto al ‘enemigo’ del norte para que nada cambie en el corto plazo.

 

En la historia más reciente, los cambios radicales de poder impulsados por los estadounidenses no les salieron bien. Si no echemos un vistazo a lo que pasó en Vietnam, Afganistán, Irak o Siria. Ojalá, esta vez tenga un mejor final. Y aquí se presenta la primera de las grandes incógnitas que muchos nos preguntamos. ¿Hasta cuándo Donald Trump tiene previsto mantener este sainete de chavismo de cabeza gacha? Solo él y quizás Marco Rubio lo sepan.

La nueva presidenta, Delcy Rodríguez, no está ahí para democratizar, ni para reconciliar, ni para reconstruir el país. Está ahí para administrar un sistema colapsado, intentando tapar agujeros de una nave que se hunde. Y por qué no decirlo, también está ahí para salvar su propia cabeza. No ha tenido escrúpulos en vender a Maduro para no acabar en la misma cárcel a riesgo de que pasará a la historia como la ‘traidora’ de la revolución bolivariana.

Quien aún se crea que el régimen, por voluntad propia, permitiría una transición cordial hacia la democracia es más ingenuo que otra cosa. El chavismo solo concibe los cambios mientras sean para mantener su estructura de poder y privilegios. Cambiar para seguir hacia adelante sin desmontar el tablero. Hay que ver hasta dónde se lo permitirá Estados Unidos y la siempre latente amenaza de otro ataque de los Delta Force. Quien sabe.  

Para los próximos meses se espera una larga partida de trileros. Los norteamericanos mandando a la distancia, los chavistas mandando pero sin mandar ante la amenaza de acabar en Nueva York si no se hace lo que dicte el ‘tío Sam’; y finalmente, la oposición de María Corina Machado y Edmundo González intentando levantar la mano para buscar un protagonismo que moralmente y por las urnas merecen, pero que nunca han tenido en el poder fáctico real del país. Y por eso están donde están, porque la moral tiene menos poder que la fuerza.

Como nos movemos en el plano de geoestrategia internacional, conviene abandonar las fantasías idealistas. Trump no es un salvador. Es un pragmático que entiende el mundo como un tablero de contrapoderes. América es su patio, o eso se cree. Si Venezuela vuelve a su radar, será por el petróleo, por recuperar peso en la Región en favor de China, o simplemente, por cálculo electoral en favor del voto latino. Presionará si gana algo a cambio; negociará si el negocio es mejor que lo que tenga en ese momento. No nos engañemos, a pesar de que la caída de cualquier tirano como Maduro siempre es motivo para celebrar, la democracia venezolana no es una prioridad para Trump. Ni hoy, ni mañana, ni nunca.

Quizás una de las claves esté en Marco Rubio. Mientras siga manteniendo el beneplácito de su jefe, puede que haya alguna esperanza para la libertad en Venezuela y Cuba. Rubio tiene entre ceja y ceja el comunismo. Conoce al régimen, entiende su capacidad de transformarse para perpetuarse, y no se deja engañar por populistas de discurso ramplón.

Ningún venezolano (no adepto al régimen) entendería esta situación prolongada en el tiempo. Salir de Maduro para entrar en los hermanos Rodríguez es un chiste sin gracia. No es menos cierto que Rubio tampoco apostaría por un cambio improvisado sin un liderazgo real en amplios sectores sociales, incluidos los que tienen las armas. Esa transición sería un fracaso. Por eso toca desmontar el régimen desde el propio régimen. Y han pensado que Delcy es la única que puede hacerlo. El tiempo lo dirá. No será fácil ni en pocos meses.

Desde el 3 de enero se ha hablado mucho de transición, de cambio de rumbo, de democracia o de presos políticos… pero hay un tema capital del que poco o nada se ha debatido y que para mí es otra de las grandes incógnitas del laberinto venezolano: ¿Qué va a pasar con el negocio de la droga? Aparentemente la intervención de Estados Unidos se sustentó en poner freno al ‘Cártel de los Soles’ y a los (presuntos) nexos de Maduro con los narcos mexicanos de Sinaloa, puerta de entrada de la droga a Estados Unidos y Europa. ¿Pero quién pasará a manejar el mercado? Es muy ingenuo pensar que la cocaína y el fentanilo se vayan a evaporar de un día para otro. En el mundo real, la droga no se destruye, se transforma y cambia de manos. Hasta ahora, ni una palabra sobre esto. Sorprende.

El futuro próximo de Venezuela no será un camino de rosas. Lamentablemente, hay demasiada sangre, odio, sufrimiento, torturas y miseria guardadas en la retina de millones de personas para pasar página sin más. Conociendo a Trump y sus repentinos vaivenes, auguro por lo menos un par de giros radicales del guion que nadie imagina, y si no, tiempo al tiempo.

Y hasta aquí, seguimos sin noticias del sufrido pueblo venezolano. Asustado, escondido en sus casas y suspirando porque queden pocas fechas en el calendario del socialismo del Siglo XXI que les robó sus vidas en el siglo XXI. Algún día espero que se le escuche. Hoy ese pueblo sigue sin tener peso en las decisiones de su propio destino. Si alguien les preguntara, hay pocas dudas de que ese destino pasaría por una presidencia de María Corina Machado, su heroína en la sombra para recomponer un país roto.

Toda transición exige tragarse algún sapo, llegar a acuerdos, por inmorales e injustos que les parezcan a sus protagonistas. Mientras tanto, la gente en Caracas, Valencia o Maracaibo sigue esperando a que pase algo, como desde hace 20 años. Me temo que si no dan un paso al frente, poco pasará. Alguien seguirá decidiendo por ellos como hasta ahora. Llegará ese día en el que el pueblo tenga que salir a la calle a expresarse frente al mundo. Los venezolanos no pueden resignarse a elegir entre Maduro o Delcy.

Marcial Muñoz

Galán de telenovelas tuvo romance con la hoy presidenta (E) de Venezuela Delcy Rodríguez y reveló detalles

Fernando Carrillo, uno de los galanes más recordados de las telenovelas latinoamericanas de los años noventa, volvió a ocupar titulares, esta vez lejos de los sets de grabación. El actor venezolano sorprendió al recordar públicamente el romance que mantuvo durante varios años con Delcy Rodríguez, actual presidenta encargada de Venezuela y figura clave del chavismo.

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Carrillo, quien alcanzó fama internacional por producciones como Rosalinda, junto a Thalía, y María Isabel, con Adela Noriega, concedió varias entrevistas tras la reciente juramentación de Rodríguez como mandataria interina. En ellas, no solo reiteró su respaldo político al oficialismo venezolano, sino que también habló de un capítulo íntimo de su vida que hasta ahora había permanecido en reserva.

Según el actor, su relación con Delcy Rodríguez se extendió por aproximadamente tres años, tiempo en el que —asegura— llegó a conocer de cerca a quien hoy ocupa el Palacio de Miraflores. Carrillo fue enfático en desmentir versiones que señalaban a la dirigente como responsable de la captura de Nicolás Maduro en una operación internacional, calificando esos rumores como infundados.

«Fue mi pareja y estoy seguro de que la traición no vino por allí (…) Imposible. Si hay alguien chavista es Maduro, y si hay alguien madurista, es la vicepresidenta Delcy Rodríguez. No he conocido a una mujer más fiel, leal y valiente», concluyó.

Justificación de EE.UU. para operación en Venezuela no fue suficiente para la ONU

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk, ha denunciado este martes que el ataque de Estados Unidos contra Venezuela «socava» los principios del Derecho Internacional sobre evitar el uso de la fuerza para resolver las disputas y ha rechazado las justificaciones de Washington para estas acciones.

«La operación militar estadounidense en Venezuela socava un principio fundamental del derecho internacional: los Estados no deben usar la fuerza para promover sus reivindicaciones territoriales o demandas políticas», ha afirmado, después de un ataque que se saldó con decenas de muertos y la captura del presidente venezolano, Nicolás Maduro.

 

Así, ha recalcado que «la sociedad venezolana necesita sanar» y que «el futuro del país debe ser decidido por su gente», después de que la hasta ahora vicepresidenta, Delcy Rodríguez, ha asumido ya el cargo de presidenta encargada a raíz de la captura de Maduro, quien el lunes compareció ante un tribunal de Nueva York acusado de cargos de narcoterrorismo.

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En esta línea, la portavoz de la oficina de Turk, Ravina Shamdasani, ha afirmado que Turk está «profundamente preocupado» por la situación en Venezuela tras la «operación militar» estadounidense y ha reiterado que «está claro» que la misma «socava» el citado principio del Derecho Internacional.

«Estados Unidos ha justificado su intervención alegando el prolongado y atroz historial de Derechos Humanos del Gobierno venezolano, pero la rendición de cuentas por las violaciones de Derechos Humanos no puede lograrse mediante una intervención militar unilateral que viola el Derecho Internacional», ha argüido.

Shamdasani ha hecho hincapié en que «el pueblo venezolano merece rendición de cuentas mediante un proceso justo y centrado en las víctimas» y ha lamentado que «los derechos del pueblo venezolano hayan sido violados desde hace demasiado tiempo». «Tememos que la inestabilidad actual y una mayor militarización del país a causa de la intervención estadounidense solo empeore la situación», ha explicado.

En este sentido, ha alertado de que «el estado de emergencia declarado por las autoridades venezolanas, que entró en vigor el sábado, genera preocupación al autorizar restricciones a la libre circulación de personas, la confiscación de bienes necesarios para la defensa nacional y la suspensión del derecho de reunión y de protesta, entre otras medidas».

Por ello, ha reclamado a Estados Unidos y Venezuela, «así como a la comunidad internacional» a «garantizar el respeto total del Derecho Internacional, incluidos los Derechos Humanos», al tiempo que ha insistido en que «el futuro de Venezuela debe ser determinado únicamente por el pueblo venezolano, con respeto total a sus Derechos Humanos, incluido el derecho a la autodeterminación y la soberanía sobre sus vidas y recursos».

Venezuela: Revelan la identidad de 32 cubanos que murieron durante captura de Maduro

Las autoridades de Cuba han confirmado este martes la identidad de los 32 miembros de sus fuerzas muertos durante el ataque perpetrado el sábado por Estados Unidos contra Venezuela, que se saldó con la captura del presidente del país sudamericano, Nicolás Maduro, quien compareció el lunes ante un tribunal de Nueva York.

Los nombres y fotografías de los muertos han sido publicados por el diario oficial ‘Granma’ en un artículo titulado ‘¡Honor y gloria!’, en el que destaca la labor de las «víctimas de un nuevo acto criminal de agresión y terrorismo de Estado» por parte de Estados Unidos contra «la hermana República Bolivariana de Venezuela».

 

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Así, el artículo, compartido por el Ministerio del Interior cubano en su cuenta en la red social Facebook, destaca que todos ellos «perdieron la vida en acciones combativas y tras férrea resistencia» y ha agregado que «cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos» de Venezuela.

De esta forma, especifica que 20 de los fallecidos eran «combatientes del Ministerio del Interior» –entre ellos dos coroneles, un teniente y cuatro mayores–, así como doce «combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias» –entre ellos un capitán, un primer suboficial y un suboficial mayor–.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, confirmó el domingo la muerte de 32 cubanos durante el ataque estadounidense, que incluyó bombardeos contra la capital, Caracas, y los estados de Aragua y La Guaira, y que dejó decenas de muertos. Además, declaró «dos días de duelo nacional» y ordenó que la bandera cubana ondee a media asta.

Díaz-Canel destacó que los combatientes cubanos en cuestión «cumplieron dignamente con su deber y cayeron, tras férrea resistencia, en combate directo contra los atacantes o como resultado de los bombardeos a las instalaciones y supieron poner en alto, con su actuación heroica, el sentir solidario de millones de compatriotas».

Prudencia presidente Petro, el negocio de Trump es el petróleo

A estas alturas, la interpretación central de la coyuntura internacional ya no admite ambigüedades, pues el petróleo (y por extensión, la energía que sostiene la industria bélica y tecnológica) constituye el eje real del proyecto de poder de Donald Trump, aunque sus recientes declaraciones contra Colombia, pronunciadas ante la prensa internacional con un tono que mezcla desdén moral y pulsión imperial, no deben leerse como exabruptos aislados ni como simples provocaciones electorales. Son, más bien, piezas coherentes de una doctrina que vuelve a colocar a América Latina en la condición de “patio trasero”, funcional a los intereses estratégicos de Washington.

Cuando Trump afirma que Colombia está “liderada por un hombre enfermo” y sugiere que el país es complaciente con la producción de cocaína, el mensaje no es únicamente retórico. Se trata de una narrativa que legitima, ante su electorado y ante sus aliados, una política de intervención selectiva bajo el ropaje de la lucha contra el narcotráfico. Esa coartada (conocida y reiterada) permite justificar presiones económicas, sanciones diplomáticas e incluso acciones de carácter militar, sin que el verdadero objetivo quede expuesto en sentido de asegurar el control de los flujos energéticos y de los mercados estratégicos en el hemisferio occidental.

 

En ese contexto, la aparente obsesión de varios gobiernos latinoamericanos con la renta del narcotráfico revela una profunda miopía geopolítica. Mientras los carteles continúan creyendo que la cocaína es el negocio más rentable del planeta, Trump y su entorno han dejado claro que el verdadero poder se juega en el terreno minero-energético (que no entienden, ni entenderán los narcos) , reforzado ahora por corporaciones tecnológicas basadas en inteligencia artificial que alimentan la logística, la información y la capacidad predictiva de la industria militar. Es allí donde se define la correlación de fuerzas con los únicos actores que realmente inquietan a Washington: Rusia, China e Irán.

No resulta casual que los mensajes más agresivos del trumpismo se dirijan hacia esas potencias, ni que en los últimos años, se hayan normalizado operaciones militares de alto impacto simbólico y tecnológico. La señal es inequívoca desde los Estados Unidos cuando en época de Trump se preparan para una competencia de largo aliento por la hegemonía global, y para ello necesita asegurar energía abundante, barata y políticamente controlable. Por parte de América Latina debemos anotar que vuelve a ser útil en el radar actual del tablero internacional por sus riquezas en hidrocarburos, minerales estratégicos y corredores logísticos, así sus miopes mandatarios no lo valoren, pero es la realidad.

Es en este punto donde la política exterior del gobierno de Gustavo Petro entra en una zona de riesgo evidente. La llamada “Paz Total”, al privilegiar el diálogo sin resultados verificables con estructuras armadas profundamente imbricadas en economías criminales transnacionales, se percibe desde Washington como una desviación de la línea dura que exige la doctrina Trump. La cercanía política e ideológica con el régimen de Nicolás Maduro, señalado reiteradamente por su connivencia con redes de narcotráfico y grupos armados, agrava esa percepción y debilita la posición estratégica de Colombia.

Desde una perspectiva fría (que es la única que opera en la geopolítica real), el problema no es moral sino económico y de poder. El narcotráfico sigue siendo un negocio social y políticamente ilegítimo a escala global. No ha alcanzado, ni parece cercano a alcanzar, el grado de tolerancia que hoy tienen industrias como el alcohol o el tabaco. Apostar, directa o indirectamente, por su normalización coloca a cualquier Estado en una posición de desventaja frente a un orden internacional que, con todas sus contradicciones, continúa penalizando severamente esa economía ilícita.

De allí que la advertencia sea clara en persistir en una política ambigua frente a los carteles y sus aliados regionales que no solo tensiona la relación con Estados Unidos, sino que deja a Colombia mal ubicada en la gran disputa que se libra entre potencias; toda vez que en un escenario de escalada imperial, los márgenes de autonomía para países en vía de desarrollo (o mejor medianos) se reducen drásticamente, y los errores estratégicos se pagan caros, a veces durante décadas.

Conviene concluir con una advertencia que Colombia no puede darse el lujo de ignorar: el negocio de Donald Trump no es la cocaína, sino el petróleo, la energía y el control de los recursos que permiten movilizar su gigantesco aparato militar, naval, aéreo y nuclear, base material de la promesa formulada a su electorado bajo el lema “America First”. En esa lógica, el discurso antidrogas no constituye un fin en sí mismo, sino un instrumento funcional para disciplinar territorios, reordenar alianzas y asegurar ventajas económicas y geopolíticas en un mundo inmerso en una abierta competencia por la hegemonía.

Persistir, entonces, en una política exterior ambigua, ideologizada o desconectada de esa realidad coloca a Colombia en una posición de vulnerabilidad estratégica innecesaria. La prudencia que hoy se reclama al presidente Petro (incluida la posibilidad de encauzar esta tensión por vías institucionales, como la convocatoria de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores con los expresidentes) no debe interpretarse como un gesto de sumisión, sino como un ejercicio de inteligencia estatal frente a la comprensión adecuada  del tablero, anticipar los movimientos del poder y actuar con sensatez para evitar que el país quede atrapado entre discursos morales y decisiones ajenas. En el escenario que se está configurando, la retórica puede satisfacer convicciones internas; solo una lectura fría del interés nacional permitirá preservar márgenes reales de autonomía y estabilidad.

Luis Fernando Ulloa

Incertidumbre en Venezuela: drones, disparos y detonaciones en Miraflores

La noche de este lunes 5 de enero estuvo marcada por momentos de tensión e incertidumbre en Caracas, luego de que se reportaran disparos y detonaciones en las inmediaciones del Palacio de Miraflores, sede del Gobierno venezolano. Los hechos generaron alarma entre los residentes del centro de la capital y una rápida difusión de imágenes y testimonios en redes sociales.

De acuerdo con versiones preliminares recogidas por las agencias EFE y AFP, las detonaciones habrían sido producto de una respuesta de las fuerzas de seguridad ante el presunto sobrevuelo de drones no identificados en cercanías del palacio presidencial, después de las 8:00 de la noche, hora local. Hasta el momento, no se ha emitido un pronunciamiento oficial por parte del Gobierno.

 

Testigos señalaron que, además de los disparos, se escuchó el tránsito constante de numerosos motoristas en la zona, mientras que videos difundidos en plataformas digitales muestran el Palacio de Miraflores a oscuras y lo que parecen ser proyectiles trazadores en el cielo. Asimismo, se observó presencia reforzada de cuerpos policiales alrededor del complejo gubernamental.

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Pese a la inquietud inicial, vecinos del sector y una fuente cercana al Gobierno indicaron a la agencia AFP que la situación se encontraría bajo control, aunque no se han ofrecido mayores detalles sobre el origen ni el alcance del incidente.

Estos hechos se producen en un contexto político altamente sensible para Venezuela. Horas antes, Delcy Rodríguez fue juramentada como presidenta encargada, tras la captura de Nicolás Maduro el pasado sábado 3 de enero. Rodríguez asumió el cargo por orden del Tribunal Supremo de Justicia, convirtiéndose en la primera mujer en encabezar el Ejecutivo venezolano.

Maduro y su esposa, Cilia Flores, fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo ante la justicia estadounidense, acusaciones que ambos han rechazado. El exmandatario sostiene que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela y ha calificado su captura como un “secuestro” ejecutado por Estados Unidos.

Según la información conocida, la extracción de Maduro se realizó en medio de un operativo ordenado por el presidente estadounidense Donald Trump, que incluyó bombardeos en Caracas y en varios estados del norte del país, en la región costera del Caribe, profundizando la crisis política e institucional que atraviesa la nación.

Mientras se esperan explicaciones oficiales sobre lo ocurrido en Miraflores, la comunidad internacional sigue con atención el desarrollo de los acontecimientos en Venezuela, en un escenario marcado por la inestabilidad, los cambios abruptos en el poder y la creciente tensión en materia de seguridad.

Colombia rechaza el uso de la fuerza en Venezuela y defiende una salida diplomática ante la ONU

Colombia reiteró ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas su rechazo al uso de la fuerza en Venezuela y reafirmó su compromiso con la paz, el respeto al Derecho Internacional y la protección de los derechos humanos, en medio del debate global por la reciente incursión militar de Estados Unidos en territorio venezolano.

Durante una sesión extraordinaria del Consejo de Seguridad, la embajadora de Colombia ante la ONU, Leonor Zalabata, fijó la posición del país y subrayó que la defensa de la vida, la soberanía y la integridad territorial de los Estados debe prevalecer sobre cualquier acción militar. En su intervención, aseguró que Colombia mantiene una “convicción firme” de actuar bajo los principios de la Carta de las Naciones Unidas y ofreció los buenos oficios del país para facilitar una salida diplomática a la crisis venezolana.

 

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La reunión fue convocada luego de que Colombia asumiera su rol como miembro no permanente del Consejo de Seguridad, con voz y voto, y se dio tras la propuesta realizada por el presidente Gustavo Petro a través de su cuenta en X. El encuentro contó con la participación del pleno del Consejo, que analizó los hechos ocurridos en la madrugada del 3 de enero en Venezuela.

Zalabata agradeció al secretario general de la ONU, António Guterres, por su disposición a activar mecanismos de mediación y facilitar el diálogo entre las partes involucradas. Destacó la importancia de buscar una solución política liderada por los propios venezolanos y de brindar asistencia humanitaria a la población que lo requiera.

En su pronunciamiento, la embajadora condenó de manera expresa las acciones militares, calificándolas como violaciones a la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de Venezuela. Enfatizó que no existe justificación alguna para el uso unilateral de la fuerza ni para actos de agresión, y advirtió que estas conductas constituyen una grave infracción al Derecho Internacional y a los principios fundamentales de la Carta de la ONU.

Asimismo, cuestionó el impacto que estas actuaciones tienen sobre el sistema multilateral, especialmente cuando provienen de Estados que integran de manera permanente el Consejo de Seguridad. En ese sentido, alertó sobre el riesgo de que prevalezcan los intereses del más fuerte por encima del diálogo, el derecho y los acuerdos internacionales construidos colectivamente.

La representante colombiana también recalcó que la democracia no puede ser promovida mediante la violencia o la coerción, ni subordinada a intereses económicos externos. Afirmó que Venezuela tiene derecho a vivir en paz, con un gobierno definido soberanamente por su pueblo y sus instituciones, y reiteró los llamados de Colombia a abrir caminos democráticos bajo la voluntad popular.

Finalmente, Zalabata instó a todas las partes a desescalar las tensiones, actuar con máxima contención y priorizar los canales diplomáticos. Señaló que será fundamental el acompañamiento de las Naciones Unidas y de los organismos regionales para evitar nuevas violaciones al Derecho Internacional y preservar la paz y la seguridad internacionales.

Cerca de 14 periodistas fueron detenidos durante la instalación de la Asamblea Nacional de Venezuela

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa de Venezuela (SNTP) ha denunciado que hasta 14 periodistas y trabajadores de medios de comunicación han sido detenidos durante la jornada del lunes, coincidiendo con la sesión inaugural de la nueva Asamblea Nacional venezolana.

«Sube a 14 el número de periodistas y trabajadores de la prensa detenidos este 5 de enero: Once son de medios y agencias internacionales y uno de medios nacionales», ha informado el Sindicato en un comunicado publicado en redes sociales.

 

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De los detenidos, cuatro han sido ya liberados y los otros diez siguen detenidos, «algunos en situación de desaparición forzosa», según el SNTP.

El sindicato asegura que durante la sesión inaugural de la Asamblea Nacional no se ha permitido a los periodistas transmitir en directo o grabar o hacer fotogrfías. «Allí, al menos tres fueron detenidos por funcionarios de la DGCIM (Dirección General de Contrainteligencia Militar), trasladados al comando de la Guardia dentro del Palacio Legislativo y, como parte del procedimiento, revisaron sus teléfonos celulares, exigieron las claves de acceso y entraron a las fotos, contactos, conversaciones, notas de voz, cuentas de Instagram, correos electrónicos y archivos almacenados en la nube», ha denunciado.

El SNTP menciona en particular el caso de Daniel Álvarez, periodista de Televen, a quien le fue incautado su teléfono durante un tiempo. «Este tipo de actuaciones no solo vulnera la privacidad y el secreto de las fuentes, sino que configura un patrón de criminalización del ejercicio periodístico», ha denunciado el sindicato.