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Etiqueta: León Sandoval

El precio de la dignidad

El combate pugilístico protagonizado por uno de los mejores boxeadores de pesos completos de la historia, Michael Gerard Tyson, más conocido como Mike Tyson (1966) y el influenciador avenido en boxeador profesional, Jake Joseph Paul (1997), evidenció marcadas diferencias entre los dos pugilistas, además de la técnica. El hambre hizo que Tyson se hiciera boxeador a temprana edad, no había otra alternativa para un huérfano busca pleitos callejero; Paul llegó al boxeo por morbo y placer, se trataba de una figura de redes sociales que ya era millonaria. La otra gran diferencia son los 30 años de edad de Tyson sobre Paul. Un cansino musculoso de 58 años que, pese a su atlética figura, está en la etapa donde todo empieza a mermar, frente a un veinteañero en plena vitalidad.

El show Tyson-Paul, parecía sacado de la Saga de Rocky Balboa. Fue presentado como un combate oficial y terminó en una singular pelea de exhibición pactada a ocho asaltos, cada uno de dos minutos, autorizada mediante licencia especial de la Comisión de Boxeo del Estado de Texas, otros estados habían negado la licencia dada la “tierna” edad de Tyson. El combate no resiste un análisis desde lo deportivo, se trató de un montaje megamillonario auspiciado por Netflix, la gran plataforma de streaming, para incursionar en el negocio de los eventos en directo con sus más de 250 millones de abonados en el orbe. Al absurdo punto que, hubo localidades junto al cuadrilátero por las que se pagaron hasta dos millones de dólares. Se estima que los organizadores recaudaron más de cuatro mil millones de dólares.

 

Muchos de los espectadores querían ver al Tyson de sus mejores épocas: Sonando las neuronas del bocón Paul, pero no fue así. Se vio un Tyson pugilísticamente acabado frente a un regular contendor, al cual no logró conectar, a diferencia de su contendor que, sí hizo blanco e hizo ver mal a Tyson. Los asistentes a la velada boxística, especialmente aquellos que vieron en directo a ese Joven Dinamita que enviaba a la lona a sus oponentes en par de rounds, fueron testigos de la debacle de quien fuera una de las figuras más rutilantes del deporte de las orejas de coliflor. Les quedó claro que, Tyson no es Rocky Balboa y, jamás volverá a un tinglado.

Que Tyson es un valiente por enfrentar a un joven vigoroso, o que Paul es un cobarde por enfrentar a un veterano decadente, ambas son ópticas válidas del prisma analítico. El meollo del asunto salta a la luz cuándo la dignidad se justiprecia. Se debería saber decir adiós preservando la dignidad. Paul, organizador del evento, recibió cerca de 40 millones de dólares, mientras Tyson, recibía 20 millones, el precio de su dignidad, lanzaba cieno en el ring. Algunos pensarán: “USD 20mm bien valen la dignidad”.

Poner fin a una carrera es aceptable y necesario. La dignidad no debería perderse, por el contrario, debería mayormente estimarse con el paso de los años, nunca ponerle precio. No es un juicio a Tyson, en últimas aumentó su billetera. Las canas, la debilidad física, junto a la perdida de agilidad debe ser aceptadas con orgullo como señales de que se ha vivido sólo compensadas con una vida buena, fructífera, honesta y sabia. De no ser así, todos los grandes campeones serían eternos. La vida terrena es efímera ¡La máquina Tyson de los Noventas quedará en la memoria, no volverá!

El combate Tyson-Paul fue una estocada a un precioso deporte que fue excluido recientemente para futuras Olimpiadas, empero se trata de uno de los deportes más antiguos, exigentes y meritorios. Ojalá reviva el deporte de las narices chatas. Larga vida a los boxeadores de todos los tiempos, entre ellos a Mike Tyson, y en especial, a todas aquellas personas que no han querido vender su dignidad.

León Sandoval

Donald John Trump

The Pennsylvania Gazette publicaría el 09 de mayo de 1754 una viñeta cuya autoría fue atribuida a Benjamin Franklin (1706-1790), compuesta por una serpiente cascabel dividida en ocho partes (representaba la organización administrativa de las 13 colonias británicas que darían lugar a los Estados Unidos de América) acompañada de la frase “Join, or die” (Únete, o muere) que, a la postre constituyó un símbolo de la lucha política de los colonos para declarar el 04 de julio de 1776 su independencia del Imperio Británico, y se convertiría en estandarte primigenio de la unión norteamericana.

La viñeta de Franklin sigue vigente, el reciente triunfo electoral de Donald John Trump (1946), viento fresco para el ciudadano promedio, llega en tiempos de desunión, no en vano, ganó en los condados profundos que muchas veces no aparecen en los reportes noticiosos de los mass media. Trump representa para muchos, lo que no desearían para sí y sus hijos, pero también, para otros millares de personas representa la recuperación de la Familia, la Tradición y la Seguridad, perdidas durante los últimos decenios. Hacer a Estados Unidos grande otra vez, es su consigna, los estadounidenses lo merecen. Trump tiene un grande reto, unir las porciones de la serpiente cascabel que el progresismo refulgente de las grandes universidades y Think tanks han fraccionado y llevado a la decadencia societaria con relativización de valores.

 

Estados Unidos tiene la última oportunidad para retomar la otrora grandeza y el respeto de la comunidad internacional. Trump está a la altura de Putin, Jinping, Erdogan y Netanyahu, no sólo por su colosal físico, también por su particular forma de abordar el mundo. El viejo empresario transformado en político de oficio es el único que puede recuperar Occidente. Si Yo fuese estadounidense, probablemente estaría feliz por su triunfo, no porque Trump sea un mago; Trump tiene el talante para devolver la grandeza a Estados Unidos y recuperar su liderazgo; Putin y Jinping lo ven como un homólogo para dialogar, conciliar y poner fin a los conflictos internacionales.

Trump enfrentará grandes retos: En el escenario doméstico, unir a los estadounidenses, catapultar la industria en tiempos de inteligencia artificial, dialogar y cohesionar a los estados progresistas del norte con los estados conservadores del sur, aunado a eliminar la exclusión y la pobreza que se han vuelto habituales en las grandes ciudades. Otro reto de Trump, no por ello menos importante, la restauración moral de la sociedad estadounidense frente a la cultura woke que tanto daño ha hecho a la identidad americana. Cada vez es menor el respeto por la vida, la precarización del sentido de lo estético y lo sublime. La vulgaridad es la regla.

En el concierto internacional, la seguridad y las relaciones exteriores serán torales para los Estados Unidos, apoyo incondicional a Israel con Michael Dale Huckabee (1955) y exopolítica. La nominación de Marco Antonio Rubio (1971) como secretario de Estado es una bocanada renovadora que, tiene en el político de ancestros hispanoamericanos una de las promesas del Partido Republicano, futuro presidenciable. Otro acierto, Peter Brian Hegseth (1980) como secretario de Defensa, aunado al pragmatismo de Elon Reeve Musk (1971) como asesor honorario del Departamento de Eficiencia Gubernamental. Trump es muy inteligente, sabe bien que es un hombre mayor y así garantiza el recambio generacional.

Para verdades el tiempo, en cuatro años se sabrá qué tan bueno o qué tan malo fue el segundo mandato de Trump ¡Ojalá sea muy bueno! El Trump de hace ocho años, de shows y fakenews, se transformó en un hombre que hoy suma experiencia en el poder y conoce el amargo sabor de la derrota. Por el bien de todos, estadounidenses y no estadounidenses, que El Eterno le dé la sabiduría para decidir por lo correcto para el bienestar de su gente, y de paso, si le es posible, para el de toda la humanidad.

: León Sandoval Ferreira

Café doméstico

Frente a un café negro y sin azúcar hilvano las siguientes líneas aproximativas sobre la calidad del que se consume en Colombia, no sólo como hecho histórico desde que un afamado sacerdote jesuita, Francisco Romero Torres (1807-1874), colocaba como penitencia a sus prosélitos la siembra por centenas de matas de café en el Gran Santander por allá en el Siglo XIX, lo que lo hizo ser uno de los precursores de su siembra masiva y que llevó al Gran Santander a ser la primera región cafetera del País. Posteriormente, la economía cafetera tomó la puntera, convirtiendo a Colombia en el País Cafetero por antonomasia con el esplendor del Eje Cafetero como fuente de la bonanza económica de la segunda parte del Siglo XX.

Hoy por hoy Colombia goza de afamada reputación cafetera y sus preciados cafés se producen en casi en todo el territorio nacional; afamados por la mejor calidad y consumibles en todos los mercados del mundo. Entre sorbo y sorbo de un café caliente, amargo alimonado y cerrero, vale la pena preguntar ¿Si Colombia es un País cafetero no sólo por su producción masiva también por el consumo, por qué en Colombia se consume café de tan baja calidad?

 

Si un colombiano quiere tomarse un magnífico café con toda certeza no lo va a encontrar en una cafetería de barrio, ni en una de las grandes y poderosas cadenas multinacionales que tienen cafeterías en el País, deberá viajar al extranjero así sea a un país vecino y, también con toda certeza, allí podrá degustar un café de calidad ¿Será verdad el adagio aquel que en casa de herrero azadón de palo? Los colombianos se acostumbraron a consumir café de mala calidad. Más allá del manido argumento que, el mejor café se exporta y el de mediana-baja calidad se deja para el consumo interno, pareciera una penitencia no tener derecho a café de óptima calidad para el consumo interno.

Es cierto que hace rato Colombia dejó de ser un país productor de café. El cultivo de café ha sido desplazado por otros productos agrícolas entre ellos, las matas que matan, tan consumidas hoy recreativamente por muchos y tan preciadas por algunos sectores del poder, lo que no debería ser acicate porque por muy incívico que sea el colombiano promedio no debería ser castigado con café tan malo para el consumo interno. El colombiano es asiduo tomador de café. El primer hervor para muchos es el café desde la primera luz matutina hasta tarde en la noche, y para otros, el café es el único consuelo comestible en el día acompañado de un pan o una galleta de soda. Para los servidores públicos las grecas con café se desocupan entre taza y taza que se consumen burocráticamente. Debería haber un estudio sobre la influencia de la greca de café en la gestión del servidor público colombiano ¿Por qué se hace creer al colombiano que produce uno de los mejores cafés del mundo que, muchos jamás degustarán?

La dolorosa verdad, lo que toma la gran mayoría de colombianos y sabe tan delicioso, es aguapanela oscurecida con café, el sabor agradable de la panela termina disfrazando la mala calidad del café. Ojalá algún día los productores y comercializadores de café piensen que los colombianos de a pie, los del barrio, los de la tienda, los del termo rodante servido en vaso plástico deberían tener también derecho a consumir café de excelsa calidad.

En conclusión, algún día el colombiano viajará fuera de las propias fronteras y probará café que, al inicio le parecerá extraño, luego de la segunda taza despertará del engaño y, dirá: Carajo que mal café se toma en mi tierra, parte del nacionalismo es reconocer lo de la tierra primero, pero con calidad.

León Sandoval Ferreira

Tiempos postmodernos

Tiempos Modernos (1936) es el título de una de las más afamadas películas de Charles Chaplin (1889-1977), en la que crítica en tiempos de la Gran Depresión, al sistema de producción industrial y la precaria situación del obrero de factoría frente a la máquina que le desplaza en su labor. De una u otra forma, Chaplin por medio de su personaje icónico, Charlot, aborda la estulticia, que no tiene par, propia de la condición humana, y que aún brota en estos tiempos allende la modernidad: Postmodernos, donde la estupidez es monetizable y da estatus social. En otrora tiempos, el estúpido era marginado del grupo social y difícilmente, aceptado. En tiempos postmodernos al que hace estupideces como oficio se le cobija y hasta se le toma como referente a imitar. Las estupideces y los estúpidos están a pedir de boca; son tiempos postmodernos en los que la estupidez se ha disfrazado de “progreso”, que no es otra cosa que, una sumatoria de estupideces con línea transnacional.

Omitiré en esta columna listar cosas estúpidas para no ofender susceptibilidades y evitar autovictimizaciones, pero el lector tendrá en su mente muchas de las que hoy día se viven y forman parte del denominado “progreso”. Pensar diferente sigue siendo tan execrable como lo fue en antaño, de nada sirvió el sacrificio de Giordano Bruno (1548-1600) porque en aras de las libertades de pensamiento y de expresión la estupidez campea y todo el mundo tiene la razón, unos más que otros, pero todos la tienen.

 

Tiempos postmodernos en los que a la estupidez no se le puede llamar estupidez, y a quien actúa como estúpido no se le puede llamar estúpido porque se autovíctimiza. Autovictimizarse es un medio para obtener y mantener privilegios e incluso, se utiliza como instrumento de ataque. La autovictimización está de moda y cualquier motivo es aceptable, unos más frecuentes que otros. Tiempos postmodernos en los que argumentar no es permitido, exponer argumentos es causa para que la otra parte, en lugar de controvertirlo, se autovictimice. La autovictimización es el “argumento” final que derrota todo argumento. Chaplin jamás autovictimizó a Charlot.

El padre no puede corregir a un hijo, el jefe no puede llamar a un subordinado al orden, el policía no puede apremiar al transeúnte y el soldado no puede repeler al invasor porque lo apremiados se autovictimizan y se convierten en focos de atención mediática. La autovictimización es una falsedad que hace carrera a empellones y beneficia a quien a ella recurre. Es tanta la falsedad contagiada de estupidez que, no se puede hacer, decir, argumentar, ni expresar nada, lo mejor es dejar de hacer, callar, no argumentar, dejar de expresar y voltear la mirada porque todo es motivo de ofensa y puede ser material para una posible autovictimización. Autovictimizarse es un acto de estupidez supino que entraña falsedad, para que haya víctima se requiere victimario, cuando hay autovictimización no existe victimario, por ende, hay estulticia y mentira.

Alguien dijo que los tiempos difíciles hacen hombres duros, y los tiempos fáciles hacen hombres blandos, cuánta razón tenía. Los tiempos postmodernos son tiempos de blandengues, donde la cobardía es virtud y autovictimizarse deja réditos. Ojalá y no sea tarde, pero no debería prestarse tanta atención a la estupidez y al oficio de ser estúpido. No tengo pruebas, pero tampoco dudas sobre el hecho que todo aquel que se autovictimiza en el fondo miente, y cada vez más, las capacidades de razonamiento y de argumentación desaparecen bajo el estímulo de las emociones.

Pocas veces un argumento concita emociones, pero la estupidez tiene la potencialidad para emocionar porque exhibe en su esplendor la falta de compromiso y de responsabilidad y, siempre será más fácil nivelar por el menor esfuerzo, propalando la idea que, la irresponsabilidad en todos sus matices, entre ellos, la carencia de sindéresis, es una virtud.  

León Sandoval

El derecho sustancial

Para Daniel. El Artículo 228 de la Constitución Política colombiana dispone que la Administración de justicia es una función pública, actuará de manera pública y permanente, los términos procesales exigen diligencia, habrá desconcentración, autonomía e independencia en la Administración de justicia y en sus actuaciones prevalecerá el derecho sustancial; en consecuencia, entre otros mandatos constitucionales, el derecho sustancial prevalece sobre el derecho procesal.

El derecho sustancial o sustantivo es el creador de derechos para los sujetos, su función es la de crear, declarar, constituir, extinguir y modificar situaciones de contenido jurídico. Se goza de los derechos gracias al derecho sustancial, verbo y gracia, la norma del Código de Comercio que indica las obligaciones del vendedor y del comprador en la compraventa mercantil. Por su parte, el derecho procesal o adjetivo es el encargado de reglar los procedimientos con los que se administra justicia, lo constituye el conjunto de reglas que regulan los procedimientos judiciales, por ejemplo, la norma del Código General del Proceso que fija los elementos de la demanda, o cuánto tiempo tiene el demandado para contestarla. En suma, el derecho sustancial es el Ser del derecho, el derecho procesal es el cómo hacer para que ese Ser se materialice en caso de disputa.

 

El Constituyente en sana lógica privilegió el derecho sustantivo sobre el adjetivo. Jamás las reglas procesales y la técnica jurídica deberían estar por encima de los derechos sustanciales. La expedición del Decreto 2.289 de 1989, antiguo Código de Procedimiento Civil, hoy derogado, abrió el camino para que el rigorismo jurídico y el procesalismo se impusieran sobre lo sustancial, lo que modificó la cultura jurídica. Gracias al celo ritualista, muchos togados han hecho de la acción constitucional de Tutela, que busca la protección de derechos fundamentales, un proceso judicial tedioso y complejo que, al debatir lo procedimental antes que lo sustancial, desdibuja el amparo constitucional.

¿Cómo es posible que acciones de tutela donde están de por medio la protección de los derechos fundamentales a la vida y a la atención integral en salud, derechos sustanciales incontrovertibles, queden sujetos al rigorismo de los jueces que privilegian las formalidades procedimentales, cuando cada día que transcurre para una persona que padece enfermedad catastrófica se reducen las posibilidades de vida? ¿Cómo es posible que los delincuentes queden libres no porque sean inocentes, sino porque no se cumplen los términos para hacer imputaciones o no se lleven a cabo las capturas en debida forma?

Hay dos responsables directos: La sacralización del derecho procesal por el exceso de garantismo jurídico, atribuido a los procesalistas del sistema romanogermánicocontinental que terminaron enseñando, redactando códigos y litigando por la forma, abandonando el fondo; y los mismos jueces, los antiguos porque se dedicaron a privilegiar el derecho procesal en protección de la abogacía antes que los derechos de los ciudadanos, y los jueces de las nuevas generaciones, que fueron formados en las escuelas de Leyes rindiendo culto al derecho procesal y a los procesalistas y, antes de cualquier análisis sustantivo, prefieren examinar lo adjetivo, porque siempre será más fácil descongestionar despachos con autos que decretan vicios procesales que con sentencias.

Es tiempo para que los honorables jueces, las Facultades de derecho, el Ministerio de Justicia y los sabios procesalistas pongan fin a tanto rigorismo. El Código General del Proceso no puede ser más importante que la Constitución o el Código Civil. El CPACA no puede valorar más los medios de control que lo administrativo. El Código de Procedimiento Penal no puede ser más relevante que el Código Penal.

El Derecho procesal o adjetivo desaparecerá en manos de la Inteligencia Artificial y el algoritmo sustituirá a los procesalistas. Cuando un ciudadano acude a la Administración de Justicia, depreca justicia, no busca el egocentrismo de sabios juristas que argumentan sobre la interpretación de normas procedimentales, si el estado se fijó y se desfijó. El derecho procesal no puede ser instrumento nugatorio de justicia ¡Es hora de cumplir la Constitución!.

León Sandoval

Las vías de Santander

El Departamento de Santander es tierra bella y fértil, con riqueza cultural envidiable que hace gala de una región de la cual, quien llega se enamora. El foráneo tiene maravillosa acogida, no en vano, la Constitución del antiguo Santander federal rezaba que todo aquel que pisara tierra de Santander era santandereano. El punto es que ese otrora mandato pronto será irrealizable, debido al horroroso estado de la malla vial que conduce al departamento. A ese paso, nadie podrá entrar y menos salir de Santander por vía terrestre.

Resulta increíble que la sede de la Facultades de Ingeniería y Geología más reputadas del Continente sumadas a otras tantas de las magníficas Universidades del departamento, tenga unas de las peores mallas viales del Continente. Vías que se quedaron en el pasado no sólo en extensión, trazado, cabida, calzadas, centros de servicios, también en su pavimentación. Atravesar Santander es una tortuosa aventura que difícilmente el mejor vehículo de doble tracción puede lograr, viajar por tierra en Santander es una velada invitación a dejar los rines en la vía.

 

El balance de los últimos 30 años de gobernadores y congresistas santandereanos son vías en mal estado y completo abandono, rutas que exhiben la peor imagen. La vía que conduce desde Bucaramanga a la Capital del País entre Sangil, Barbosa, Vado Real es un completo monumento al olvido; huecos cual serpentinas, baches, resaltos y tanta resignación que la bancada ida del camino es tolerada y parte del mismo. La “famosa” vía que conduce al municipio de Málaga, desde años sin memoria, se mantiene en pésimo estado, o los miles de millones malgastados en las absurdas vías a Barrancabermeja y hacía la vecina Pamplona, y qué no decir, sobre el estado de las vías que van a la costa norte bien sea por Rionegro o el Magdalena medio, entre otras de un largo listado.

El argumento para el mal estado de las vías de Santander no puede ser las condiciones geológicas y la topografía quebrada que hacen inviable mantener óptimas carreteras. Si eso fuera cierto Ecuador y Suiza deberían tener las peores vías del mundo. El problema vial de Santander es un problema de incapacidad humana, a secas. Los santandereanos de hoy somos incapaces de construir verdaderas autopistas que conecten a Santander con el resto de Colombia, por el contrario, nos acostumbramos a la deficiente malla vial y a su serpentino curso. Pareciera que, tener caminos horripilantes fuese sinónimo de santandereanidad. Qué equivocados están los que aceptan ese sino.

Si los santandereanos no cambiamos de mentalidad continuará la debacle vial y el abandono o mejor, el autoabandono vial. No podemos esperar a que el Gobierno Nacional arregle las carreteras, ha de ser iniciativa de Nosotros los santandereanos, del capital privado que es el motor del País y, de los líderes con enjundia, no de los que proveen puestos a cambio de votos. Todas las vías de Santander tienen que ser revaluadas, no sólo en su trazado, deben ser ampliadas a tres y cuatro carriles en cada sentido. La breña no puede detener el avance, el cemento en armonía con el ambiente es sinónimo de progreso.

El viajero se da cuenta que entra a Santander no por los letreros de bienvenida, lo hace por el estado de las carreteras: Una bienvenida mal pavimentada. Eso sí, paradójicamente, Santander es uno de los departamentos que más peajes viales tiene. Son vergonzantes los peajes como los de Pescadero, Curití o Rionegro, esperpentos para justificar, no la buena calidad de las vías, mejor, para disimular la corrupción al sacarle la platica al viajero.

En suma, si los santandereanos no asumimos la reconstrucción de nuestras vías, uno de los primeros indicadores de crecimiento económico, Santander se convertirá en un destino olvidado de la cordillera de los Andes. Como canta nuestro himno, inspirado en José Antonio Galán Zorro: “Por eso, bravos Santandereanos, ¡siempre adelante, ni un paso atrás!”

León Sandoval

¿Cuántos ancestros tenemos?

Los latinoamericanos promedio no tenemos claro nuestro árbol genealógico. Nuestra ancestralidad es un misterio, a duras penas conocemos sobre un abuelo o un bisabuelo su procedencia y oficio. En Latinoamérica no existe una cultura genealógica cómo si la hay en otros lares, las culturas milenarias, por ejemplo. Que un latinoamericano tenga clara su ancestralidad es una excepción a la regla. Justamente, comentando con mi amada esposa sobre el tema, surgió la pregunta ¿Cuántos ancestros tenemos?  Si partimos de la base que todos provenimos del primer hombre y la primera mujer, podríamos formular varias hipótesis, a saber: Todos tenemos un mismo ancestro común. Que nuestros más antiguos ancestros se reprodujeron entre consanguíneos, lo que reduciría significativamente el número de ancestros. No obstante, fue interesante indagar un poco al respecto para tener una idea aproximada y tratar de desentrañar la complejidad de la pregunta.

En principio, desde las leyes de la naturaleza, sin considerar casos excepcionales de reproducción entre consanguíneos, ejemplo, hijos concebidos entre parientes directos. Todos los seres humanos tenemos como ancestros en orden ascendente a los siguientes humanos: 2 padres, 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos, y los choznos ascendientes: 32 trastarabuelos, 64 cuartos abuelos, 128 quintos abuelos, 256 sextos abuelos, 512 séptimos abuelos, 1.024 octavos abuelos, 2.048 novenos abuelos, 4.096 décimos abuelos,  hasta aquí hablamos que se requirieron 8.190 seres humanos remotos para que Ustedes y Yo llegáramos a la vida, lo que equivaldría a 13 generaciones y aproximadamente 500 años de historia, y las cuentas no paran ahí.

 

Los estudiosos indican que entre Abraham y Jesús hubo 42 generaciones. Los científicos concluyeron que entre la salida del Homosapiens desde el África han transcurrido 8.000 generaciones y 72.000 años. Para el amado pueblo Judío, que recientemente celebró Rosh Hashana para dar inicio al año 5.785, han transcurrido aproximadamente 192 generaciones desde Adam. De tal forma, queridos lectores, la aritmética está a pedir de boca.

Lo bonito de este ejercicio de reflexión es pensar sobre nuestra individualidad y la carga genética que soportamos productos del milagro de la reproducción. Debemos la existencia a personas que tuvieron sexo consentido o no, y ello permitió que el milagro de la vida floreciera, se replicara de individuo en individuo hasta llegar a nosotros; a su vez, cumplimos con la misma función al replicarnos en nuestros hijos en la cadena de la vida humana. Somos eslabones de la vida, eslabones que se abren para permitir que unos partan y se cierran para que otros lleguen para reemplazarlos, permitiendo así el milagro permanente de la existencia humana.

Nuestra identidad genética está conformada por miles y miles de personas que nos han precedido. De cada una en mayor o menor proporción conservamos su carga genética. Somos un caldo celular muy bien dispuesto por quienes nos han compartido su ADN. A partir de allí se empieza a definir nuestra propia individualidad. En igual forma, también transferiremos algo nuestro a nuestros descendientes.  En esencia, los seres humanos todos, compartimos uno que otro alelo, por ende, nos hacemos parientes remotos más allá de la cultura y lugar, La Especie Humana.

La matemática es una ciencia exacta que nos permitiría hacer cálculos a partir de hechos históricos. La Inteligencia Artificial permitirá dar una respuesta teórica con alguna aproximación de certeza a la pregunta que lleva por título este artículo. No obstante, lo importante de esta pregunta es el hecho que, permite tomar conciencia para entender la razón que le asistía al divulgador científico Carl Sagan (1934-1996) cuando decía que los humanos somos polvo de estrellas, no porque en su escepticismo teológico lo concluyera. Mejor aún, porque El Eterno bien lo sentenció en su promesa hecha a Abraham, tu descendencia será como las estrellas del cielo y como las arenas del mar. Somos constelaciones de estrellas, somos lo que fuimos y lo que seremos.

León Sandoval

Lo correcto

El Tanaj en el Nebiím Rishonim: Shofetim (Libro de Jueces), 17:6 refiere: “En aquellos días no había rey en Israel; cada cual hacía lo que era recto en sus ojos”, tiempos de jueces que gobernaban Israel, recién terminaban veinte años en los que Shimshón (Sansón) había ejercido la judicatura y veinte más de paz al destruir a los pelishtim (filisteos) entre las columnas, lo que dejó más de tres mil fallecidos. Los Israelitas se acercaban al Eterno por temporadas, en otras, se alejaban tras ídolos, quebrantando sus mitzvás (mandamientos). No había rey, cada quien hacía lo que le parecía recto a sus ojos.

Levantar estatuas para idolatrarlas estaba a pedir de boca, los hijos robaban a sus padres para edificarlas como lo hizo Mihayhu que, hurtó mil cien ciclos de plata de su madre, e instituyó como sacerdote a un joven de Bet Léjem (Belén). Cada vez que los israelitas tomaban rumbos “correctos” según sus pareceres, El Eterno infligía sufrimiento que, generalmente provenía de pueblos vecinos; cuando el pueblo de Israel imploraba la protección del Eterno, les compadecía y les vindicaba para aliviar sus cargas.

 

Hacer lo correcto es un imperativo moral. El problema con hacer lo correcto surge cuando cada quien tiene una versión propia de lo que es lo correcto; para muchos delincuentes y rebeldes, la delincuencia y la rebeldía son sinónimos de corrección, por ello hay quienes se levantan en armas contra el Estado y otros roban al rico para dar al pobre, bajo el sentir de que hacen lo correcto.

Obrar lo correcto es hacer lo debido de la mejor manera. No se trata de categorizar entre lo bueno y lo malo. Se debería obrar en busca de lo correcto, evitando siempre lo incorrecto. Lo correcto tendrá un solo accionar, no hay diversidad de correcciones. Lo correcto implica esfuerzo, disciplina y grandes dosis de obediencia. En gracia de discusión, para Israel lo correcto emana de los mandatos de El Eterno Creador. En las sociedades contemporáneas no siempre lo correcto está en la ley, en razón a que ley humana es humanamente imperfecta como lo son sus legisladores, quienes suelen trasladar pasiones e intereses personales a las leyes que profieren, lo que aplica en todos los Estados.

Hacer lo correcto no siempre encarna per se el principio de legalidad, verbo y gracia, en muchas sociedades casar niñas con hombres mayores, consumir heroína y prostituirse es legal, pero no por ser legal es lo correcto. Sólo cuando las comunidades construyan consensos sobre lo que es correcto, habrá justicia y paz. Hacer la guerra en muchos estados es ilegal y la paz es un deber, no obstante, hay casos donde la guerra es lo correcto y se justifica. La única paz verdadera es la paz que se logra con las armas, así ha sido desde los inicios de la misma humanidad y lo será por lo que resta de humanidad.

¿Cuál es el racero para determinar qué es lo correcto? No siempre es la ley. Las sociedades contemporáneas se han alejado del Creador, han reinterpretado sus mandatos para ajustarlos a los intereses de la época. Cuando la ley moral pasa a segundo plano porque resulta “insuficiente” o “vetusta” para determinar lo correcto, es plausible apelar al menos común de los sentidos: El sentido común.

El sentido común fue dado por el Eterno a los hombres para que ejercieran el libre albedrio y pudiesen discernir entre lo correcto y lo incorrecto. El sentido común se ejercita, se precisa para gobernar un estado y también para elegir el alimento. Sentido común es lo que menos abunda, porque poco se valora. Obrar estúpidamente y sin sentido es la consigna de esta época de rebeldía y nueva era. Todos los actos de barbarie pudiesen haber sido evitados si se hubiese optado por hacer lo correcto.

León Sandoval

Vehículos e inteligencia artificial

La Inteligencia Artificial es un avance tecnológico que permitirá mejorar la calidad de vida en materia de movilidad. Su dominio en el sector será absoluto, todos los medios de transporte serán operados por Inteligencia Artificial. Habrá total autonomía en coches, trenes, aviones, motocicletas, bicicletas, barcos y patinetas. En los años setentas se dieron los primeros intentos por robotizar automóviles, en el año 2019 las compañías Tesla y Wayve, fabricantes de vehículos autonomizados, lograron un hito en esta materia al lanzar sus prototipos. No son los únicos, los fabricantes chinos BYD, Changan, BAIC han logrado grandes avances en coches eléctricos autonomizados nivel 3, vehículos que se conducen y se parquean solos. Todos los vehículos diseñados en el año 2024 tienen algún componente de Inteligencia Artificial, no obstante, no todos tienen “Deep learning”, vehículos con la capacidad para aprender por sí mismos y paulatinamente mejorar las funciones de autonomía en conducción, marcarán diferencia en el mercado automotor.

Actividades como conducir y pilotear desaparecerán como otras muchas, un computador mediado por un software se encargará de dirigir los automotores. Transportarse dejará de ser una experiencia activa, todos serán pasajeros como la vida misma. Los accidentes en transportación provocados por fallas humanas serán cosa del pasado, las fallas en adelante, serán atribuidas a los yerros del algoritmo y a los sistemas autonomizados. Con toda seguridad, las infracciones de tránsito serán asumidas por la Inteligencia Artificial que, pese a tanto ingenio, jamás será perfecta.

 

Las empresas de transporte serán las primeras interesadas en aplicar Inteligencia Artificial a sus procesos, ya no tendrán la carga laboral que representan los conductores y pilotos humanos, en su lugar, serán sustituidos por ingenieros mecatrónicos y de desarrollo de software que se encargarán de garantizar que los “sistemas inteligentes” no se pifien. Así las cosas, surgen nuevas y novedosas preguntas sobre la asunción de la responsabilidades civil y penal por las consecuencias resultantes de los fallos de la Inteligencia Artificial ¿Deben ser trasladadas al propietario del vehículo? ¿Deben asumirlas la compañía desarrolladora de la Inteligencia Artificial? ¿Hay solidaridad entre unos y otros? ¿Se podría pensar en responsabilidad civil y penal de la Inteligencia Artificial bajo el entendido que tiene “Deep learning” y capacidad para autorregenerarse? ¿Cómo serán los amparos de riesgos que ofrecerán las aseguradoras?

Se harán necesarios nuevos marcos regulatorios en materias de responsabilidad civil y penal del transportista; elementos de responsabilidad del medio autonomizado serán relevantes, con toda seguridad, habrá teorías sobre la responsabilidad de las cosas, relevando la responsabilidad basada en la voluntad, la culpa y la negligencia de los humanos. China tiene el mayor número coches autonomizados, y como en el País de Mao impera el hermetismo, no hay estadísticas verdaderas sobre los índices de accidentalidad que involucren vehículos autonomizados. Lo cierto, las redes sociales están llenas de videos de vehículos autonomizados causantes de todo tipo de accidentes viales.

Hay también defensores a ultranza de este tipo de vehículos, algunos informes indican que son más seguros que los vehículos tradicionales, como se observa en reciente estudio de Nature Communicatios (2024) https://www.nature.com/articles/s41467-024-48526-4. Dadas las bondades de la Inteligencia Artificial y su influencia en todo el quehacer humano; resulta cierto también que, los humanos son cada vez más incompetentes en habilidades prácticas, verbo y gracia, en un futuro no muy lejano, conducir o pilotear un vehículo será una habilidad innecesaria gracias a la Inteligencia Artificial, tanto como montar a caballo, lo que se hace por diversión y pocas veces por labor. La misma razón por la que, entre las nuevas generaciones realizar operaciones aritméticas básicas se hizo una habilidad innecesaria, todo lo hacen con la app de un teléfono dizque, inteligente.

En suma, hay inmensa incertidumbre en materia de Inteligencia Artificial, no siempre el pasado fue mejor, pero tampoco nadie puede garantizar que el futuro con la mediación de la Inteligencia Artificial lo será.

León Sandoval Ferreira

Los héroes paralímpicos

Terminaron los Juegos Paralímpicos en Paris (Francia) con un saldo maravilloso en medallería para Colombia, 28 medallas, entre las que se cuentan siete medallas doradas. Sudamérica obtuvo 145 preseas, cifras muy importantes y superiores si se les comparan con el medallero obtenido por los deportistas que representaron a los países de la región en los recientes Juegos Olímpicos, también escenificados en la Ciudad Luz; otrosí del valor y temple que muestran los atletas paralímpicos, más allá de los resultados en las justas, son verdaderos héroes. Personas que se sobreponen a la adversidad y muchas veces a la sinrazón para darlo todo en un torneo en pro del verdadero espíritu Olímpico, que no está en ganar, sino en competir con lealtad y honestidad.

Lo demostrado en Paris por todos y cada uno de los atletas que tomaron los partidores en las diferentes disciplinas paralímpicas es digno de admiración, respeto y valoración. Los deportistas paralímpicos son el reflejo de la humanidad proveniente de diferentes lugares del globo terráqueo, diversas culturas, razas, credos de fe y cosmovisiones que comparten historias de vida únicas; historias de superación personal, de dificultades congénitas o surgidas en su transcurso vital. Lo que para el común de los humanos sería el quiebre y la derrota definitiva, para ellos constituye un nuevo reto para darlo todo por la victoria.

 

El deportista paralímpico es un humano común y corriente avenido en héroe y heroína, que ha sacado su pundonor para transmutar el cansancio físico, la enfermedad y la adversidad en una nueva oportunidad para ante lo desconocido. Tras de un deportista paralímpico hay esfuerzo, dolor, dedicación, sacrificio, llanto y fatiga. Algunas veces son apoyados por las empresas privadas, en otras por los Estados, pero casi siempre son familiares, amigos, entrenadores y personal médico los que hacen posible que personas con dificultades motrices compitan y destaquen en pruebas que los hacen héroes de carne y hueso sin capa, pero héroes de verdad.

Las personas con discapacidad deben enfrentar las barreras que les representa el mobiliario urbano, los retos de la exclusión motriz y de movilidad, la ausencia de escenarios y condiciones particulares para la práctica deportiva y recreativa, pese a ello, logran vencer todos estos obstáculos para estar en la línea de partida. No todos llegarán primeros, no todos estarán en el podio, pero por el simple hecho de estar allí son ganadores, son triunfadores de la vida. Cuando un deportista paralímpico pasa por una pista, una pileta, o una prueba atlética, no se trata de un humano más el que va, es la humanidad entera la que pasa en un acto de grandeza.

Respeto, admiración y reconocimiento para todos y para cada uno de los deportistas en condición de movilidad reducida o limitaciones motrices porque hacen grandioso el género humano. Los estamentos de la sociedad deben prestar mayor atención y apoyo al deporte y a la recreación paralímpica. Este quehacer competitivo da incentivos de vida a personas que normalmente la sociedad margina, les niega su valor y la importancia que merecen. Si se examinase la historia de los 4.400 deportistas paralímpicos que participaron de las justas de Paris 2024, habría allí 4.400 historias de vida diversas y dolorosas, pero en el fondo con comunes denominadores: La pujanza, el compromiso, la enjundia, la disciplina, la resistencia y el éxito. No importa si las marcas de los deportistas paralímpicos son comparables con las de los otros atletas, las marcas de la vida están en sus cuerpos, sus almas y sus mentes. El simple hecho de practicar una disciplina deportiva ya los hace merecedores de la presea dorada de la vida. Gracias al ejemplo de estos héroes, cada vez más y más niños y niñas con dificultades motrices o cognitivas se levantarán para luchar por ser los mejores ¡Enhorabuena Campeones!

León Sandoval

Jorge

Jorge es sueño del niño que hace algo más de cuatro decenios en una carta le decía que quería ser escritor. Razón de tantos espacios copados y ausentes, respuesta a la pregunta sobre qué es el amor, la seguridad, la protección y el cuidado. Jorge como tantos de su generación no la tuvo fácil: Niño campesino del periodo de entreguerras en una vereda suramericana, donde todo escaseaba y también todo abundaba.

Jorge fue testigo presencial de la violencia partidista que campeó por Colombia a finales de los años cuarenta del siglo pasado, vivió en carne propia los vejámenes de una lucha fratricida entre godos y liberales que, incrementó las brechas de pobreza y aportaría material humano para los cordones marginales las florecientes ciudades. Colombia dejaba de ser un país rural.

 

Las razones de la sinrazón le llevaron a perder su padre a temprana edad, a alejarse de la protección materna que debía priorizar a sus hermanas, solitario debió afrontar el mundo; alguna vez, le escuché decir que se vio obligado a tomar agua con barro y eructó barro. Volvería a ver a su madre siendo un muchacho volantón con pelo en cara, de aquel niño que vieron partir, no quedaba nada.

Presenció el Gobierno del Teniente General Rojas Pinilla, la paz “se logró” con los acuerdos de las guerrillas liberales de los Llanos Orientales, revulsivo para la violencia partidista. Una nueva Colombia en Paz fue también la de Jorge. Jóvenes como él, excluidos del sistema educativo, se vieron abocados a emplearse en cuanta labor hubiere, el impulso del desarrollo vial fue campo de empleo para miles de jóvenes que como Jorge soñaron con un mejor destino.

Llegó el Frente Nacional, el clientelismo hizo de las suyas, un cuatrienio los liberales, otro los conservadores, alternaban la nómina estatal y las obras públicas. La repartija burocrática fue la cereza para pacificar el País. La violencia partidista era cosa del pasado, hubo acuerdos para que las castas políticas se repartieran el Estado. Jorge fiel a sus convicciones liberales, se negó a fingir ser conservador para asegurar un laburo. Como muchos jóvenes de los 60s y 70s que formaban familias, la bonanza petrolera del vecino hermano País, fue alternativa y alimentó de la migración de aquellos que buscaban un mejor futuro, qué paradoja, hoy vienen los vecinos.

Jorge hizo patria, dedicó largos años de trabajo arduo, sacrificó tiempo con su esposa e hijos en pro del sustento familiar. Por fortuna, la vida le permitió fundar familia con una mujer excepcional, fuerte y trabajadora como pocas, que pudo también compartir las riendas del hogar. Jorge hizo de la honestidad, la decencia y el decoro estandartes en su vida. Su trabajo fue honesto y correcto. Hizo literal aquello de ganarse el pan con el sudor de su frente, como él lo decía, al rayo del sol, a la intemperie, abriendo vías contra todo y todos, para evitar fatigas a sus hijos.

Cuando la bonanza terminó en el vecino hermano país, porque la economía es de ciclos, crecimiento y decrecimiento, su alternativa fue volver a casa. La felicidad de Jorge de volver a su hogar no se comparaba con la felicidad de sus hijos de tenerle en casa para que nunca más volviere a partir en busca del sustento.

Como la vida es sabia y hay caminos que sólo El Eterno conoce, Jorge volvería definitivamente para un viaje más. La dureza de sus condiciones de vida, le habían pasado cuenta de cobro en su salud. Completado medio centenario del ciclo vital, la enfermedad afloró y logró su cometido. Jorge partiría hacia la presencia del Eterno y cerraría el libro de su vida, cuarenta años atrás en un día como hoy que se publican estas líneas. Gracias Jorge por su vida. Gracias Papá por la vida, por tanto amor y por la maravillosa madre que supo escogernos.

León Sandoval

De azúcar y harinas

Es alarmante el número personas que padecen cáncer en Colombia. Cada vez más jóvenes son diagnosticados con esta enfermedad, al punto que el Gobierno Nacional se vio en la obligación de impulsar la ley 2.360 de 2024, por medio de la cual a los pacientes diagnosticados con cáncer y a las personas que sospechen estar enfermas, se les declarará sujetos de protección especial constitucional. El cáncer es curable si se detecta tempranamente, la demora en el inicio de los tratamientos hace que la enfermedad tome ventaja. Entre los factores que inciden en su aparición, entre otros están, los antecedentes genéticos, psicosociales, ambientales, y por supuesto nutricionales; azúcar y harinas son los grandes percutores que pueden contribuir con la aparición de cáncer.

La desbordada ingesta de azúcar y harinas ultraprocesadas por la población colombiana produce particular preocupación. Es increíble cómo en muchas poblaciones, dentro de un radio de 100 m2, se puedan hallar múltiples expendios alimenticios de bebidas dulces, comidas azucaradas, harinosas y alcohol, particularmente, todo tipo de bollos, panadería y bizcochería que tienen como ingredientes a estos dos grandes enemigos de la salud:  azúcar y farinaceas. Desde las cafeterías más sencillas hasta las grandes marcas como el arriero con la mula y la diosa-sirenada casi la totalidad de sus productos contienen azúcar y harinas. Promotores silenciosos del cáncer, son todos, sin importar el nivel del negocio alimenticio, contribuyen con la cultura cancerígena del excesivo consumo de azúcar. Amigo lector, visite un supermercado o una tienda de barrio y compruébelo, poco sirven los avisos de “Exceso de azúcares” en los envases.

 

Contiguo a un coliseo o a una sala de cine, siempre habrá un expendio de azúcares y harinas. Ahora hasta la crispeta es azucarada. ¿Hay consciencia entre los colombianos sobre la incidencia de la ingesta de azúcar en la aparición de diversos tipos de cáncer? ¿Son conscientes los emprendedores de la industria alimenticia sobre el hecho de que el azúcar es una sustancia adictiva? ¿Son conscientes las personas que se puede vivir sin azúcar, pero no sin sal? Hoy hasta las carnes las preparan con azúcar. Pareciera ser un asunto de inconciencia e irresponsabilidad social.

Las anteriores preguntas deberían provocar una profunda y seria reflexión sobre la forma cómo se alimentan los colombianos. Se ha malvendido la idea que, el azúcar es propulsor de la felicidad, y es habitual ver en series televisivas al despechado de turno consumiendo helados por montones, o ingiriendo licor que, en el fondo, es otra forma de azúcar para aliviar la pena. Combatir la adicción al consumo de azúcar y harinas no es fácil, sobre todo en una cultura donde no pueden faltar el pan, la arepa, la papa, la yuca, el plátano, la pasta y el arroz, acompañados de una bebida dulce disfrazada de jugo natural.

No se trata de demonizar el azúcar y las harinas, pero sí preguntarle al lector de esta columna ¿Es Usted consciente que cada vez que consume azúcar y harinas contribuye a enfermarse con un potencial cáncer?

La libertad de empresa todo lo permite, qué viva la libertad de empresa, por cierto. La libertad de empresa también es idear, innovar y ofrecer productos alimenticios de calidad que contribuyan a la buena salud y al bienestar. No hay derecho a que todo sea azucarado. No se puede creer que Colombia va a lograr el anhelado desarrollo humano a punta de panes, amasijos y todo tipo de chucherías endulzadas. Consumir azúcar seca el cerebro y afecta negativamente las funciones cognitivas, así muchos digan lo contrario. El problema real es la oferta exagerada de productos azucarados que no dan alternativa diferente a un consumo adictivo, excesivo e inconsciente de azúcar y harinas. El colombiano promedio es adicto a comerlos. Seguramente el dicho en adelante será “Pan y azúcar al pueblo” ¿Hasta cuándo?

León Sandoval

Pesos olímpicos

Culminaron los Juegos Olímpicos de Paris. Colombia tuvo una decepcionante participación, puesto 12º entre 15 países latinoamericanos y caribeños que enviaron atletas a las justas.  Las medallas obtenidas son reflejo del esfuerzo aislado de los deportistas, sus familias y entrenadores. Las meritorias medallas obtenidas por el jovencísimo gimnasta nortesantandereano y la luchadora vallecaucana, plata y bronce respectivamente, son sin duda, un reconocimiento a dos trabajadores del gimnasio que han vertido con creces sus esfuerzos que seguramente, depararán mayores gestas deportivas.

Colombia una nación a pesar de sí misma, es el título de un libro de David Bushnell (1923-2010), allí el historiador estadounidense hizo un recorrido cronológico por la historia colombiana desde la Colonia hasta el proceso constituyente de 1991, bien podría servir como título para esta columna. Pesos olímpicos es la historia de Colombia, historia de peso o mejor de cargas para sus habitantes. No en vano, desde siempre, la violencia y la vida dura se enquistaron en la sociedad colombiana y han sido su constante, aún antes de la Republica. La violencia y la desidia permean todos los sectores de la sociedad. Lo que ha hecho de los colombianos, personas dispuestas a cargar el peso de la vida pese a todo, el deporte no podría ser la excepción.

 

La halterofilia es la disciplina olímpica con la que Colombia ha destacado durante los últimos decenios, motivo de alegría ante la escasez de distinciones en otras disciplinas. Los pesistas colombianos siempre han obtenidos medallas en las Olimpiadas del Siglo XXI; lo que hace de Colombia, un referente en el arte de los fierros en América: Dos doradas Urrutia 2000 y Figueroa 2016; seis plateadas Salazar y Solís 2008, Figueroa 2012, Mosquera 2020, y las recientes de López y Sánchez 2024; tres bronceadas de Mosquera 2004, Valoyes 2012 y Mosquera 2016, para un total de once preseas olímpicas. Balance deportivo destacable para un País cuyos deportistas son el resultado de procesos espontáneos, personales y no de proyectos institucionales debidamente concebidos, y en el que, el fútbol concita el interés nacional sin ganar algo relevante, precedido por el ciclismo que de vez en cuando, arroja a las pistas doradas generaciones.

El levantamiento de pesas es el deporte colombiano del Siglo XXI, bandera para exhibir a nivel mundial. Generalmente, se trata de atletas de raza negra, de zonas apartadas del País, que, con su fuerza bruta y su hipertrofia muscular, peso a peso sudan lágrimas y derraman dolores no sólo para hacerse un sitial en la historia olímpica, también para aspirar a una casa propia, a un empleo estable y a un espacio inclusivo en la sociedad. La penuria les ha fortalecido, les ha hecho ganar la vida y ser triunfadores. Es como si el peso de la existencia ruda y fuerte, se acompasara con el peso del metal forjado, cual titán Atlas que carga la bóveda celeste sobre sus hombros; como si cada envión fuese el peso del sufrimiento de todos los colombianos marginados y excluidos. Como si empujaran el País avante, como si sólo la fuerza bruta domada hiciese de Colombia un lugar mejor.

Ante la falta de apoyo gubernamental, la carencia de líderes de talla internacional, y el gobierno de turno trepado en el carro de bomberos cada vez que alguien triunfa, es hora de construir una verdadera política deportiva competitiva y trascendente. Política que trabaje por igual cuerpo, alma y mente, para que un País con 50 millones de habitantes pueda dar miles de campeones dorados, y, no sea el peso de la vida, levantado a empujones, el que ponga a sonar cada cuatro años una que otra medalla, de hasta entonces, desconocidos que, permitirán al criollo colombiano, hinchar el pecho y decir los Yeison, Marías, Leivis, Ubaldinas, Mábeles, Luises y Óscares también son Colombia, la Colombia que vive de levantar el peso de la vida.

León Sandoval Ferreira

Pensar bonito

Si se parte de la premisa que pensar bien y bonito es el primer paso para lograr el éxito en la vida; el amor es el condimento especial que debería sazonar todo acto humano en la búsqueda de la realización superior. Pensar bien y bonito al igual que el amor son excluyentes con todo pensamiento que apunte hacía el odio, la envidia y el juzgamiento. A mayor calidad del pensamiento, mayor será su fluidez en aras de la materialización de lo que se busca para el éxito en la vida. Para que una idea sea considerada diamante, es decir una idea trascendente e impactante, debe tener la posibilidad de materializarse en algo favorable, tangible, palpable, medible y cuantificable.

Pensar bien y bonito debe implicar la idea de dar, de entregar lo mejor de cada uno siempre sin esperar recompensa. Se debe estar dispuesto para compartir no sólo recursos materiales, también el conocimiento, la generosidad y hasta el alma. Pensar en dar conlleva tener la capacidad de ser una fuente de bendición y provisión permanente para otros seres y mundos. Pensar en dar es reconocerse como manantial que puede regar con acciones las vidas de otros para construir un mundo si no mejor, al menos más justo y armonioso.

 

El pensamiento de dar es correspondiente con el pensamiento de recibir. Recibir también es un arte que se debe ejercitar, recibir es la consecuencia natural de dar. Muchas veces al recibir el agradecimiento por parte de otra persona se responde con un simple “De nada”, como sí lo que se hubiese dado careciese de valor. Recibir es también un acto de autorrespeto, de amor propio y autoafirmación. Recibir es conectar con el ciclo vital, se recibe la vida y se da la vida. Se recibe alegría y se da alegría. Siempre que se da, le corresponde por ley natural el recibir. Recibir es también el reconocimiento de ser un ser especial que merece. No hay recibo inmerecido, el acto de recibir es la materialización del pensamiento de recibir.

Pensar para el éxito lleva anejo un pensamiento para con el propósito de vida a partir de las siguientes preguntas: ¿Qué se desea hacer? ¿Hasta dónde se quiere llegar? ¿Cuál es la meta deseada? Está demostrado que las personas que tienen propósito de vida generalmente logran vidas de mejor calidad. La vida no es el simple sostenimiento diario de las necesidades básicas, es también la proyección de un propósito a lo largo del tiempo. Del inolvidable Dr. Joseph Murphy (1898-1981) se dice que, (autor entre otros libros, de El poder de la mente subconsciente, un clásico sobre el pensamiento positivo y la ley de la atracción), siendo octogenario le invitaban a dar conferencias, siempre las iniciaba compartiendo con el auditorio su propósito de vida para los próximos años, lo cual, es digno de admiración e imitación en tiempos en los que muchas personas, al llegar a la edad de jubilación creen que sus vidas han perdido sentido, como si jubilarse significare sentarse a esperar la muerte.

Pensar para el éxito es el equivalente a quien abona el terreno para la siembra, con la certeza de que esa tierra algún día permitirá que de sus entrañas brote la cosecha y se expelan los más dulces aromas junto a frutos dignos de selectos paladares. Pensar para el éxito precede a la acción que permitirá que la prosperidad, que la abundancia, que la salud, que el amor y miles de maravillosas cosas se materialicen. El éxito persigue a quien piensa bien y bonito. Sólo resta por preguntar: ¿Estás pensando bien y bonito hoy? La vida es bella y vale la pena vivirla. Bendiciones sin fin.

León Sandoval

Juegos Olímpicos y batalla cultural

La batalla cultural la gana el movimiento denominado progresismo, que muchas veces se ha caracterizado por mover la línea ética; la cultura woke triunfa, término utilizado por algunos conservadores y políticos de centro para denominar a los movimientos de izquierda radical o progresistas que rayan en la rabia para imponer una nueva visión del mundo y una nueva manera de enfrentar la vida. La batalla cultural es un proceso de ideologización para combatir el capitalismo y los valores que tradicionalmente representa y le son asociados: La vida, la propiedad privada, la familia, la patria, la libertad, el derecho a la legítima defensa y la libertad de empresa, entre otros.

Antonio Gramsci (1891-1937) periodista italiano, fue el progenitor de la idea de la batalla cultural, al escribir que el triunfo del marxismo no se daría por el empleo de medios violentos para la toma del poder, se haría mediante un proceso de ideologización por medio de la educación, el periodismo, la cultura, hoy podemos añadir las redes sociales. La batalla cultural de Gramsci es redituable, el marxismo veladamente, se ha beneficiado de la ignorancia de las masas y de manifestaciones culturales minoritarias que son impuestas hasta normalizarce.

 

En este sentido, la Organización de los Juegos Olímpicos en Paris (Francia, 2024) ha cumplido a cabalidad su tarea. Lo exhibido el pasado 26 de julio durante la ceremonia de inauguración fue lo más cercano a un pandemonio, entendido como un lugar agitado con mucho ruido y confusión. El protagonismo propio y debido de los atletas olímpicos que navegaban por el río Sena, los verdaderos merecedores de la atención mundial, fue menoscabado por un espectáculo escatológico de luces, música y puesta en escena de un discurso ideológico de cultura progresista o woke. Un performance tan bizarro que colocó en la misma escena a sátiros con infantes, cuerpos cuasidesnudos que, en algún caso mostraba parte de la genitalidad, no obstante parodiar la mitología greco-latina y las creencias cristianas. Sumado a un espectáculo grotesco de figuras dismorfas y un sin rostro cabalgante apocalíptico.

Fue tan grotesco lo de Paris, que la contaminación del río Sena se disimuló con la turbiedad del mensaje de la puesta en escena de la inauguración olímpica. París entregó al mundo la representación de un bacanal acompasado por la presencia de menores en brazos de adultos semivestidos ¿Qué mensaje hay detrás de ello? ¿Buscarán normalizar la pedofilia? Resultó tan asqueante la puesta en escena parisina que más de uno apagó el televisor, ante el reflejo decadente de la que alguna vez fue la Ciudad Luz, ahora convertida en un muladar, con altos niveles de inseguridad y desorganización.

El mundo en vivo y en directo fue testigo de la decadencia y el colapso de la cultura europea. Lo de Paris no tiene nada de estético, bello o sublime. Seguramente Gramsci desde su tumba, debe estar refocilándose. Vienen tiempos durísimos para Europa, donde la debilidad de sus ciudadanos será confrontada por la fortaleza de los orientales. Europa se desdibuja y será presa de Oriente. La cultura woke caerá por su propio peso, llevando por delante a Europa que buscará amparo en el fundamentalismo religioso e ideológico oriental como bálsamo para su decadencia. Como justificante se dice que es una nueva era que entraña el cambio de patrones culturales, ¿Al punto de volver lo perverso en bueno?

¿Qué estaría sucediendo si los parisinos en lugar de parodiar la célebre obra de Da Vinci sobre la Última Cena y la mitología greco-romana hubiesen hecho alusión a algún pasaje del Corán? Europa preocupa, Paris está enferma, hoy no pueden ser ejemplos de luz para el orbe. En suma ¡No hay temor de Di-s! Las Olimpiadas están ideologizadas, ni Hitler en las de Berlín (Alemania, 1936) se atrevió a tanto.

León Sandoval