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El turismo de naturaleza se está convirtiendo en uno de los nuevos motores del sector en Colombia y en el departamento de Caldas (centro), que tiene el 42 % de las especies de aves del país, el «aviturismo» se abre paso como gran atractivo para quienes visitan esa región.

En la finca Tinamú, en la aldea de San Peregrino, que hace parte de Manizales, la capital departamental, pasaron de recibir 172 huéspedes en 2016 a más de 1.000 en lo que va del año y Mauricio Londoño, el propietario, está orgulloso de ello.

La familia de Londoño adquirió la finca hace más de cincuenta años y plantó café en ella, hasta que su hermano decidió dejar de atender las matas y plantar árboles para atraer aves, y a partir de entonces, Tinamú se convirtió en un vergel.

Este empresario y diputado de la asamblea departamental quiere que su finca sirva de ejemplo «de lo que se puede hacer en Caldas», y dice que no le motivan las ganancias sino la generación de empleo.

Londoño señala que el 82 % de los visitantes de Tinamú son extranjeros, principalmente holandeses e ingleses, aunque reconoce que en los últimos tiempos ha aumentado el número de asiáticos.

Lo que hace especial al departamento de Caldas es su orografía, que va desde los 150 metros sobre el nivel del mar hasta los 5.200 y permite encontrar desde frondosos bosques hasta yermos páramos y nevados.

El secretario de Desarrollo del departamento de Caldas, Miguel Trujillo, explicó a Efe que el Gobierno regional prevé que el turismo de naturaleza aporte hasta el 5 % del PIB regional en un futuro.

«Estamos en la zona más biodiversa dentro de la biodiversidad», resume entusiasmado este joven político en uno de los sofás que tiene la finca.

Para Trujillo, el turismo de naturaleza es clave para conservar los ecosistemas de la zona, así como para reducir las desigualdades sociales.

También incide sobre el campesinado local, pues las diez personas que trabajan en Tinamú son agricultores de los alrededores que han encontrado en esa finca una fuente adicional de ingresos.

Luis Fernando Galvis, guía local de la reserva, se considera como «uno de los pocos privilegiados» que trabaja en aquello que lo apasiona: la ornitología.

Reconoce que su experiencia como cazador le facilita el trabajo pero confesó que hace mucho no lo hace.

«Algo cambió dentro de mí al saber que estaba haciendo algo que no era bueno», explicó Galvis, quien cambió la escopeta por la cámara de fotos.

Lo primero que llama la atención de Tinamú es la naturalidad con la que las aves se acercan hasta la hacienda.

Para lograrlo, Galvis rellena unos pequeños abrevaderos con agua y azúcar, el alimento favorito de los colibríes, que se cuentan por centenares.

La finca cuenta con cuatro senderos que recorren las más de 15 hectáreas de terreno para facilitar el avistamiento de pájaros.

Allí habitan un total de 257 especies distintas de aves, lo que la convierte en la que más tipos distintos alberga de todo Colombia.

«Llegas aquí y quedas absorto en la diversidad», dijo José Ituriel Arango, un avistador con más de una década de experiencia que se ha acercado a Tinamú para completar su particular lista, pues le faltan sólo diez especies por avistar.

Un 20 % de las aves que habitan en Tinamú son pasajeras, es decir, que sólo se pueden encontrar en determinadas épocas del año, como el colibrí, ausente en marzo y agosto.

«Por más veces que salga, siempre habrá una especie por conocer», dice Hernán Echeverri, otro avistador, quien agregó que «no se hace monótono salir a pajarear, esto es lo que permite disfrutar la variedad de especies de esta zona».

Es habitual que los avistadores vayan a Tinamú en busca de un ave en concreto.

La más buscada es el tinamú, que le da el nombre a la finca, seguida de la paloma común, que resulta muy difícil de observar debido a su naturaleza esquiva.

Aun así, para Galvis, el guía, la especie más difícil de avistar es el tororoi dorsiescamado, al ser un pájaro que pasa la mayor parte del tiempo en el suelo: «Uno puede estar oyéndolo cerca, pero no alcanzar a verlo».

El avistamiento de aves requiere paciencia porque encontrar pájaros es cuestión de suerte y no es extraño que muchas de las salidas sean infructuosas: así se genera un círculo vicioso que alimenta la esperanza de los pajareros, siempre deseosos de encontrar la especie que les falta para completar su colección.

Por Santiago José Sánchez para nuestro portal aliado ElEconomistaAmerica.com

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