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Confidencial Noticias 2025


Esta semana Bogotá vuelve a ser el epicentro de la política nacional, mientras el país se distrae con consultas presidenciales y pactos improvisados, en los pasillos de la Registraduría se juega una batalla decisiva: el cierre de listas al Congreso, cuyo plazo vence el 8 de diciembre. Allí no se define solamente quién tendrá curul, sino quién trabajará -o no- en nombre de Bogotá durante los próximos cuatro años.

El panorama inicial se concentra en que los partidos deben armar sus listas a las carreras, entre negociaciones nocturnas, vetos internos, pactos frágiles y miedos a quedar por fuera de la foto. La política llega tarde a su propia cita, y Bogotá, como siempre, termina reducida a campo de batalla de intereses nacionales.

Los bloques ya visibles lo confirman, cuando el Pacto Histórico lleva una lista definida por consulta interna, con figuras digitales como Carrascal y Lalis encabezando el voto duro urbano. La alianza Verde y En Marcha intenta recomponer su credibilidad con Catherine Juvinao en Cámara y Lucho Garzón en el Senado. Por su parte, ALMA (la coalición entre La U, Cambio Radical y Oxígeno) se posiciona con una oferta de centro-derecha basada en seguridad y gerencia urbana, encabezada por Carolina Arbeláez. Y arriba, en el tablero nacional, la coalición Ahora Colombia (Nuevo Liberalismo, Dignidad y MIRA) proyecta una lista al Senado que busca capturar el voto de opinión en las grandes ciudades.

La situación del liberalismo bogotano es más compleja, pues una megaciudad comparable en tamaño a Nueva York, Londres o Bangkok, con más de ocho millones de habitantes, hoy  tiene un solo representante liberal en la Cámara para que interprete y trabaje por las causas justas y los nuevos retos ciudadanos, pero éste único congresista lejos de defender los intereses de esta capital gigantesca, ha dilapidado su voz en riñas internas con el jefe del partido, a debates nacionales ajenos y a agendas políticas que no tocan las realidades de las localidades. Su energía se consume en guerras domésticas del liberalismo, mientras Bogotá (una ciudad del tamaño de las principales metrópolis del mundo) sigue sin un doliente claro en el Congreso para materializar la agenda social del partido que otrora realizó las grandes transformaciones sociales, culturales, económicas y políticas de la historia nacional.

Este vacío no es menor, pues distancia al Partido Liberal de las realidades bogotanas, lo aleja del territorio, de las comunidades y de una narrativa clara para la capital. Mientras los bogotanos claman por soluciones a problemas urgentes como la seguridad, movilidad, agua, energía, descontaminación, residuos, empleo juvenil, espacio público, deterioro urbano, gobernabilidad territorial y descentralización local,  su único representante liberal aparece desconectado de las agendas locales y absorbido por luchas internas que no resuelven nada para la ciudad. El resultado es evidente cuando deja a un liberalismo sin brújula en Bogotá, sin agenda territorial y sin presencia real en los barrios. Un partido histórico que, en lugar de reconstruir su identidad urbana, se resigna a participar en discusiones nacionales desconectadas de la ciudad que dice representar.

Ni siquiera los representantes del Pacto Histórico de izquierda, que reciben votos de sectores populares vulnerables, están hablando hoy de la ciudad. En vez de liderar debates sobre los problemas cotidianos de Bogotá se concentran en respaldar sin matices las propuestas más maximalistas del Gobierno como la renombrada constituyente exprés, mega-reformas y agendas de “salvamento planetario” que poco dialogan con las urgencias de las localidades. Bogotá necesita congresistas presentes, soluciones concretas y territorialidad real, no corifeos ideológicos ni operadores de agendas ajenas.

Al preguntar en las localidades de Suba, Bosa, Kennedy, Engativá o Ciudad Bolívar (las cuales tienen mayor población que las principales ciudades capitales de Colombia) ¿quiénes son los representantes a la Cámara?, la respuesta es casi siempre la misma: “No sé, nunca los he visto.” A diferencia de Bogotá, en las regiones los congresistas son visibles, activos y reconocidos porque cumplen un rol esencial pues llevan recursos, gestionan proyectos y defienden el territorio como bancada.

Luis Fernando Ulloa

Luis Fernando Ulloa

Abogado y analista en política criminal

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