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Confidencial Noticias 2025


Cuando uno ha perdido todo por culpa de un tirano, cualquier derrocamiento sirve” y “qué importa que se roben el petróleo, si ya se lo estaban robando, y al menos ahora tendremos libertad”. Dos ideas, no textuales, de lo que expresó un muchacho venezolano en las redes (hay decenas) sobre sus sentimientos de hoy (de corto plazo con la euforia inicial). Comprensible su júbilo. E incluso comprensible su negación frontal y pendenciera contra todo aquel que ponga peros a la extracción de Maduro.

Probablemente pasado mañana será diferente. Y no solo por lo evidente, que el régimen chavista estructuralmente no ha sido cambiado y no está claro aún cómo será el tutelaje de Estados Unidos (Sachs, 2026)(Macgregor, 2026) (El Espectador, 2026), sino porque, una vez estabilizado el país, todos volverán a pensar en que nadie le debe robar nada a su nación; y menos porque hasta el último recurso será necesario con urgencia para la reconstrucción. Es una inconclusión* entendible (* situación donde ninguna de las salidas disponibles es moral, legal o civilizatoriamente satisfactoria, y difícilmente tendrá conclusión nítida).

La escena de la extracción forzada no puede ser más reveladora: cuando el matón del barrio descabeza al matón de la cuadra, no se puede esperar que sea por justicia, sino por poder (apelando a metáforas deliberadas). De hecho, en las alocuciones de Estados Unidos no se habla de democracia, libertad o bienestar de los venezolanos, que debería ser la prioridad; se habla de petróleo, incluso de su petróleo (de Estados Unidos) (Hausmann, 2026). Esto resume la inconclusión generalizada de la situación local.

La intervención de Estados Unidos no es una liberación (El Espectador, 2026) pero hay que reconocer que sí es una solución para millones de venezolanos que habían perdido la esperanza (salvo los afines al régimen). Ya habían intentado todo lo posible, desde manifestaciones de protesta con muertos y apresados resultantes, varios intentos fallidos en elecciones, incluyendo la de 2023 que Maduro logró volver a falsear e ignorar, hasta las innumerables y permanentes súplicas al mundo por ayuda para acabar el sufrimiento de todo un pueblo. Nada funcionó. Ellos no pudieron resistir el poder de su propio ejército y de los violentos “colectivos” (paramilitares al servicio de régimen). Y el mundo no actuó.

Los hechos de la madrugada del 3 de enero han abierto una verdadera explosión de opiniones, análisis, preocupaciones y temores, que en su mayoría no lamentan que los venezolanos estén felices por haberse quitado de encima al tirano (al menos por ahora), sino por las tremendas repercusiones e implicaciones sobre el mundo entero, incluida la misma Venezuela. Toda una miríada de inconclusiones. Quien confunde estas dos aristas en una sola problemática cae elementalmente en un falso dilema.

La gran preocupación sobre la operación de extracción de Estados Unidos es sobre su ilegalidad. Tanto dentro de su país, por no tener aprobación del Congreso, como no tener aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (Sachs, 2026)(Ignatieff, 2026)(The New York Times, 2026). La mirada a cualquiera de los dos elementos de esta frase abre una caja de Pandora. Empecemos por la segunda.

Las Naciones Unidas vienen siendo borradas del poder mundial efectivo, especialmente por las tensiones que se vienen incrementando en torno a la emergencia de dos retadores, China y Rusia, a la hegemonía de Estados Unidos tanto en lo militar como en lo financiero y comercial. Terminar de acabar con el más avanzado instrumento de civilización alcanzado después de la segunda guerra mundial es un retroceso fundamental porque puede estar dejando al mundo ad-portas de una nueva confrontación militar mundial, con las implicaciones del nuevo contexto basado en tecnologías muy avanzadas para la destrucción, incluso total.

Los hechos de Venezuela habilitan, quiérase o no, a Rusia a terminar con Ucrania y a China a tomarse a Taiwán (lectura extendida entre analistas) (Ignatieff, 2026). Pero también, conlleva con la doctrina Donroe (Monroe 2.0) que cualquier país en América sea considerado el coto de caza cuando lo necesite Estados Unidos y su presidente; este mensaje fue ampliado un día después como advertencia para el mundo: Estados Unidos puede tomarse por la fuerza el país que considere que necesita. Es apenas normal que México (drogas, inmigración), Dinamarca (por Groelandia), Canadá (estado #51), Cuba y Nicaragua (por su dependencia del crudo venezolano), Colombia (si no protege la frontera), el mismo Venezuela (por las fases siguientes anunciadas), y en general, los demás países del mundo estén preocupados. Otra enorme inconclusión.

Y no es una cuestión de amistad con el presidente Trump como podrían estar pensando presidentes como Milei, Bukele y otros afines ideológicamente (en la superficie) puesto que ya se sabe que aplica una especie de fuzzy logic (lógica difusa, incluso explícita en el documento de noviembre del departamento de Estado) en la que él mismo determina lo que hay que hacer o decir, en cualquier momento, sin considerar más allá de sus propios intereses, y sus alfiles (el secretario Rubio a la cabeza) posteriormente van recogiendo y acomodando todo a algo que suene razonable a alguna lógica de último momento (Macgregor,2026).

Sin olvidar todo esto tan importante, hay que regresar a asuntos previos esenciales. El presidente de Venezuela, desde 2013, era un tirano acusado en el concierto internacional de múltiples barbaridades contra su pueblo, desde represión sangrienta, presos políticos, supresión de la prensa libre, y una enorme corrupción, incluyendo narcotráfico (que fue la base de la extracción). El mundo no escuchó las súplicas del pueblo venezolano (el pueblo que se oponía al régimen que, a juzgar por los resultados no oficiales de las elecciones de 2023, era mayoría) durante al menos toda una década (Ardila, 2026).

Es probable que, si Estados Unidos hubiese acudido al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a pedir permiso para la incursión armada en Venezuela para remover al tirano, actuando como adalides de la democracia y la libertad, hubiera sido bloqueado por Rusia y China, no por razones de humanidad, sino por poder, por la actual lucha geopolítica por el poder mundial que ha enrarecido la vida de hoy para cualquier humano.

Aquí hay la mayor inconclusión, del mundo entero. La esencia de las Naciones Unidas que debiera representar la negociación pacífica y el derecho internacional para solucionar los problemas entre los países, es decir, el imperio supranacional de la justicia conjunta, en la realidad no funciona. Y esa es una realidad desde hace tiempo, pero recientemente oficializada con los casos de Ucrania, Gaza y Venezuela. Ni para ayudar a solucionar un problema que podría ser comparativamente menor (una tiranía como la de Maduro) ni para evitar que la fuerza sea la que determina lo que se puede y lo que no. En otras palabras, la democracia mundial, si alguna vez se soñó, no existe.

El falso dilema planteado por los venezolanos de a pie termina dándoles una razón simple pero brutal: al no haber ninguna posibilidad de restablecer la justicia, hasta una ilegalidad, pero conveniente, sirve. Tan grave como reconocer que no hay equilibrio de fuerzas mundial, que ha sido realmente una ficción. El peligro es latente, basta con que una de estas acciones (determinadas por una sola persona predominantemente basado en su emocionalidad; véase análisis recientes del New York Times sobre el estilo de toma de decisiones presidenciales de Donald Trump y su impacto en política exterior e Ignatieff) se encuentre con una desavenencia fuerte de parte de China o Rusia, o ambos, que sería lo más probable, para desatar la hecatombe. A dónde pueda conducir todo esto es la mayor inconclusión que vive el mundo en estos momentos.

Ahora enfoquemos la mirada sobre la primera parte de la preocupación, su ilegalidad dentro de los Estados Unidos por no tener aprobación del Congreso (The New York Times, 2026). Entendiendo la dimensión de la amenaza que significa que un país, con el mayor poder militar del mundo, se comporte omnímodo, es varias veces más grave si su líder tome decisiones emocionalmente, con base en sus intereses, sin intermediar el control legal y razonado de su propio país, que, pese a que no necesariamente sería una garantía total, si es una esperanza de garantía.

Hay que recordar que el presidente Trump enfrenta múltiples problemas en su propia cancha, que van desde varios judiciales aún inconclusos incluyendo el caso Epstein, la caída judicial de medidas controversiales que ha tomado en contra de muchos países entre los cuales hay aliados históricos provocando una guerra comercial generalizada que probablemente no va saliendo bien, hasta problemas políticos por tener que enfrentar la perdida de popularidad y del apoyo de figuras de su propio partido republicano. Todo ello, fácilmente lo lleva, como ya lo ha demostrado, a mezclar la conflictividad mundial autoprovocada para manejar la popularidad local, lo cual, sumado a America first y America great again, a su lógica difusa, y a la ausencia efectiva de control político, arma un coctel demasiado explosivo. Nadie sabe hasta dónde puede llegar ni hasta dónde nos puede conducir (al mundo entero). Una inconclusión casi metafísica. Es inexplicable cómo había tantos agujeros y debilidades en la configuración y organización política de los Estados Unidos para llegar a semejante condición actual.

En cuanto a Venezuela, por lo pronto, lo realmente importante debería ser encontrar cómo el pueblo venezolano puede reencontrar paz, justicia, democracia y derecho como lo explica claramente Hausmann (Hausmann, 2026). Pero al mismo tiempo, este deseo superior se erige también como la mayor inconclusión a hoy, ya que en cualquier momento puede emerger un conflicto interno, guerra civil, más ataques extranjeros, y violencia generalizada, desviando completamente ese objetivo de vida y de nación próspera que compartimos con todos los venezolanos.

(PD: hay miles de referencias importantes que no he citado para no saturar el texto, pero el lector las puede encontrarlas fácilmente en un buscador o una ayuda de IA).

Rafael Fonseca Zarate

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