Un relato de incertidumbre, escasez y el acecho de la sombra del tesoro vacío
I. El viento de la inestabilidad y las profecías divergentes
La volatilidad del mercado, comparable al humor caprichoso de un dragón anciano, aterrorizaba a los mercaderes. Un día, sus arcas se llenaban de oro, gracias al favor efímero del comercio; al siguiente, se vaciaban con la misma rapidez, víctimas de la especulación y el pánico. Muchos recordaban con nostalgia el «enero, una barbaridad», un mes de abundancia desmedida, pero el recuerdo se convertía ahora en un aguijón de arrepentimiento, pues la sombra de la pérdida inminente oscurecía cualquier alegría pasada. Colombia, como una pequeña barca en un mar tormentoso, se veía arrastrada por las corrientes turbulentas de los reinos vecinos, especialmente la convulsa Latinoamérica, y los imperios lejanos, cuyos destinos influían inexorablemente en su propio devenir.
II. La disputa del salario: la batalla por la migaja de pan
La discordia más feroz se desató en torno al «salario mínimo», la paga otorgada a los siervos y trabajadores del reino. El Rey Petro, impulsado por consejeros ambiciosos, intentó alterar las reglas del juego, elevando la recompensa por el trabajo, con la promesa de una vida mejor para las clases bajas.
Las decisiones de los Jueces Reales, influenciadas por intrigas palaciegas y promesas oscuras, suspendieron la ordenanza, sumiendo a la población en una incertidumbre aún mayor. La «Plaga de los Precios», antes contenida, resurgió con virulencia, devorando el poder adquisitivo de los más desfavorecidos, mientras que la economía del reino se tambaleaba al borde del abismo.
III. La deuda creciente: el pacto con el gran prestamista del norte
Ante la necesidad acuciante de llenar las arcas reales, exhaustas por la mala gestión y los gastos extravagantes, el Rey Petro recurrió al «préstamo», firmando un pacto faustiano con el «Gran Prestamista del Norte». La ayuda financiera, aunque bienvenida en un principio, vino acompañado de condiciones onerosas. Las tasas de interés, exorbitantemente altas, pesaban como una losa sobre el reino, amenazando con hundirlo en un abismo de deuda perpetua.
IV. La invergenza invernal: el azote divino en córdoba
Como si la plaga, la hambruna y la guerra no fueran suficientes, una «invergencia invernal» azotó la región de Córdoba, sumiendo a sus habitantes en la miseria y la desesperación. Las inundaciones torrenciales arrasaron campos y aldeas, destruyendo las cosechas y dejando a miles de personas sin hogar. La escasez de alimentos se agravó, y la sombra del hambre se cernió sobre la población.
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