Empezábamos la semana con vítores del occidente hispanoamericano a un puertorriqueño que no hay quien entienda si uno es mayor de treinta. Vítores por empoderar, odio esa palabra, a los latinos, es decir, aquellos hispanos afincados de un modo u otro en el norte del continente americano. Lo cierto es que, al no ser latina, no comulgar con la estética y no percibir esa cultura del perreo como propia no me emocionó el asunto. Soy más de los ritmos hispanoamericanos que sí reconozco y gusto bailarlos: la cumbia, el vallenato, el tango, el bolero o la ranchera.
Sin embargo, terminamos la semana escuchando el discurso de Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, y no puedo más que aplaudirlo: hay esperanza para occidente, retorna el sentido común o al menos ese ha sido el eje de discurso pronunciado en la MSC, conferencia de seguridad de Münich.
Rubio estuvo en Alemania para tender lazos entre América y Europa, pero pidió naciones aliadas fuertes: de fronteras rígidas que combatan la inmigración masiva, gran peligro de para la identidad nacional de los pueblos; de industrias potentes que son núcleo de la dignidad colectiva y Estados que recuperen su razón principal de ser, que no es otra que la protección de sus ciudadanos. Tres grandes ejes de una doctrina política basada en el sentido común.
Apeló a la memoria, a la historia, a la cultura y a las raíces de la fe cristina. Esa fe que conforma y cimienta la sociedad occidental desde la noción misma de persona pasando por las ideas de libertad individual, de responsabilidad moral, de verdad objetiva hasta la existencia de una ley superior al poder. Fe que en Europa ha quedado relegado a lo escondido porque durante años de progresismo se ha eliminado de la esfera pública por miedo a ofender al de fuera, o al que no comulgara. Porque la izquierda que nos ha desgobernado ha creído que para unir lo mejor era esconderla y al esconderla Europa y América se han quedado sin fuerza, sin rumbo, sin sentido común, ese que nos hizo grandes. A cambio, nos vendieron división, víctimas y minorías, culto climático y gestionó países en ruinas faltos de ideas creativas e innovadoras que lideraran el mundo. Nos dejamos adelantar por China, y vivimos atemorizados por Rusia e Irán que desestabilizan a occidente.
Y al terminar, la sala – que estaba llena- le aplaudió por minutos porque los presentes escucharon a todo un líder que sabe al menos el rumbo que hay que tomar para volver a ser luz, pioneros y competitivos en este siglo XXI en que parece que la política, cambia de rumbo.
Ojalá, Europa, despierte y tienda esa mano a América, liderada por Estados Unidos, y deje de hacer el idiota gastando tiempo y dinero en medidas que no sirven de nada ni a las personas ni a las naciones que las conforman.
Almudena González Barreda
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