Colombia necesita menos consignas y más reformas bien diseñadas y políticas públicas serias. El debate público se ha concentrado en confrontaciones ideológicas mientras la productividad cae, la inversión se debilita y la confianza se erosiona. En ese contexto, Colombia Progresa 2630, un esfuerzo entre 6 centros de pensamiento, en el que tuve el gusto de participar siendo vicepresidente del Consejo Privado de Competitividad, es un intento serio de volver a discutir lo fundamental: cómo crear las condiciones para que el país crezca más y mejor entre 2026 y 2030.
No es un plan maximalista. No pretende cubrir todo. Se concentra en cinco frentes críticos: inclusión financiera y mercado de capitales, entorno competitivo, energía, salud y seguridad. Es decir, en los frentes de crisis que determinarán si la economía despega o se estanca.
Colombia no puede seguir creciendo con base en consumo y gasto público. La inversión privada está rezagada frente a niveles prepandemia y el mercado de capitales sigue siendo poco profundo. Sin ahorro canalizado a proyectos productivos no hay crecimiento potencial sostenible.
Por eso la agenda en inclusión financiera es clave. Revisar el cálculo del interés bancario corriente para ampliar acceso al crédito formal, desmontar gradualmente el 4×1000, avanzar hacia un modelo de datos abiertos financieros e implementar las recomendaciones de la Misión del Mercado de Capitales son decisiones que determinan si una microempresa accede a financiamiento formal o termina en el “gota a gota”. Determinan si las PYMEs pueden acceder a un portafolio amplio de financiación.
Segundo, el entorno competitivo. Aquí está uno de los mayores frenos estructurales del país. Exceso de trámites, duplicidad de reportes, régimen aduanero formalista, licenciamiento ambiental poco proporcional, cargas regulatorias que no distinguen entre riesgo alto y bajo.
Colombia Progresa 2630 propone pasar de un modelo basado en control ex ante rígido a uno basado en riesgo y supervisión inteligente. Simplificar estatuto aduanero, fortalecer el Operador Económico Autorizado, eliminar reportes redundantes, modernizar el régimen cambiario y racionalizar trámites ambientales no es desregulación irresponsable. Es mejorar calidad regulatoria. Sin reglas claras y proporcionales, la inversión se detiene. Y sin inversión, el empleo formal no crece.
Tercero, energía. El sistema enfrenta tensiones crecientes: caída de reservas de gas, retrasos en transmisión, señales regulatorias débiles. La transición energética necesita realismo fiscal y estabilidad normativa. No se puede financiar la transición destruyendo la base productiva que hoy genera ingresos fiscales. La agenda energética propuesta combina universalización del acceso, expansión oportuna de oferta y saneamiento financiero del sector. Es pragmatismo, no negacionismo climático.
Cuarto, salud. El sistema atraviesa una crisis de liquidez y confianza. La prioridad debe ser estabilizar financieramente antes de transformar estructuralmente. Sin flujo oportuno de recursos no hay reforma que funcione.
Quinto, seguridad. Sin control territorial y seguridad jurídica, cualquier agenda de desarrollo productivo fracasa. La competitividad no florece en contextos de incertidumbre institucional.
¿Qué diferencia a Colombia Progresa 2630 de otros documentos? Tres cosas.
Primero, identifica instrumentos normativos concretos. No se queda en el “qué”, aterriza el “cómo”.
Segundo, evalúa retos de implementación y costo fiscal. Eso obliga a priorizar y ser responsables.
Tercero, articula agenda proempresa con fortalecimiento institucional. No es Estado versus mercado. Es mejor Estado para un mejor mercado.
Estas reformas no generan aplausos fáciles. No movilizan emociones inmediatas. Pero determinan si Colombia entra en un ciclo de estancamiento prolongado o recupera un crecimiento sostenido cercano al 4%.
El país debe decidir si quiere seguir discutiendo símbolos o empezar a corregir incentivos. Colombia Progresa 2630 es una invitación a volver a hablar de productividad, inversión y reglas del juego.
No es una revolución ruidosa. Es una agenda disciplinada.
Y hoy, esa disciplina es exactamente lo que Colombia necesita. Esperemos que los candidatos a la presidencia y los que aspiramos al Congreso aprovechemos este gran insumo para recuperar la senda del progreso en 2026-2030.
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