Redacté hace 51 días una columna titulada: Contra la misoginia electoral. Lo hice porque las palabras o mensajes vulgares, el humor sarcástico y la estigmatización contra las mujeres inmersas en la agenda pública o en la caótica carrera por una credencial a presidencia, a Senado o a Cámara de Representantes, son vulgarmente constantes por parte de altos funcionarios públicos en ejercicio, opositores electorales o la diversa y ordinaria opinión pública de las redes sociales. El irrespeto por encima de los valores del ser humano.
Tres sonados casos -seguramente son más en el día a día- de candidatas posicionadas por sus respetables roles en la agenda política, sus partidos o movimientos y sus serias intenciones democráticas de pelear en un cara a cara contra los “varones electorales” o los “machitos” del ámbito digital llamaron nuevamente mi interés y un clamoroso llamado de alerta a las autoridades electorales, a los medios masivos y a los votantes responsables, para que exijan una contienda engalanada sobre todo con el respeto hacia el ser humano.
Los incómodos y virales mensajes comenzaron contra la candidata presidencial, Paloma Valencia por parte del reconocido caricaturista y candidato a senador del Pacto Histórico (Partido de gobierno), “Matador”, quien con trazo y mensaje en una caricaturesca pieza se “mofo” sin pudor del exceso de peso y volumen corporal de la aspirante. Como todo en las redes, el contenido se volvió tendencia, pero las críticas, más en contra que a su favor, degradan aún más la marca política del caricaturista quien está denunciado ante las autoridades por golpear a su ex pareja.
Y es que el acoso vulgar contra las mujeres políticas se volvió moda. Leí como un twittero (@locko1337x3) con su “lengua de fuego” escribió frases que van desde “…solo sos una puta más de la derecha…” contra una de las cientos de víctimas de Abusos y Crímenes de Lesa Humanidad por parte de las Farc y candidata al senado por el Partido Oxígeno, Deisy Dorelly Guanaro, quien en su (X-Twitter) pidió ayuda para denunciar la cuenta en mención y el “inadmisible” maltrato del que es objeto. Siendo respetuoso, con usted, amigo lector, ampliar los insultos del señor genera vergüenza. Arriésguese, si quiere, busque ese perfil y concluya por sí mismo…
El tema está tan caliente que ni siquiera la periodista y ex actriz porno, Amaranta Hank, candidata al senado, también por el partido de gobierno, recibe, según una de sus denuncias en (X) insultos severos tras su paso por la pornografía y su apuesta a defensa del trabajo sexual como una actividad legítima y no como una forma de explotación o trata. De nada me sirve citar las morbosas palabrotas contra una mujer inmersa y conocedora del mundo del entretenimiento sexual. Usted hombre o mujer puede intuir la clase de verborrea hacia este sector de nuestra vida social.
Por lo pronto, la acalorada discusión nos invita a reflexionar sobre las formas de los ataques verbales entre los aspirantes a cargos de elección popular -válido en una campaña electoral- , entendiendo que se deben realizar bajo la premisa del respeto, una narrativa argumenta con contexto riguroso, cuestionar sobre las agendas propositivas y sus posibilidades de ser realizables, y la coherencia de su candidatura para sacar a Colombia y los colombianos de este caos en lo social, económico y político. En eso, candidatas y candidatos, deben centrar sus debates o discusiones.
Recalco siempre en estas letras como nuestra democracia participativa y electoral está más viva que nunca por encima de los pesos pesados de la “cosa política” criolla. “El peso de Paloma Valencia está en su preparación, en su lucha, en su transparencia, en su firmeza, en la grandeza de su corazón”, dice Álvaro Uribe Vélez. Me arriesgo a hacer llegar esas mismas palabras para todas las candidatas, de todos los partidos y líneas políticas sin discriminaciones por raza, color, religión o identidad de género.
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