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Confidencial Noticias 2025

| Rafael Fonseca |

El gobierno Petro nos ha acostumbrado a que todas las semanas hay debates intensos y es difícil llevar el ritmo. Esta semana fue el aumento sorprendente del salario mínimo. Sin embargo, por esa misma dinámica, parece que no hay tiempo para discutir a fondo los movidos temas.

El debate reciente sobre COLFUTURO se ha reducido, como suele ocurrir, a una disputa política: de un lado, quienes defienden el programa como una inversión estratégica en capital humano avanzado; del otro, quienes lo cuestionan por reproducir privilegios en un país profundamente desigual. Ambas posiciones tienen algo de cierto. Pero ambas se equivocan cuando pretenden agotar toda la discusión con una argumentación simple. La educación es un sistema complejo dentro del sistema país (muchos elementos, muchas interacciones entre esos elementos, muchas implicaciones a otros sistemas (social, economía) y muchas implicaciones de fondo para el futuro de las personas y del país). La educación es un componente especialmente clave si quisiéramos esforzarnos para ser un país desarrollado.

COLFUTURO no es una política pública integral. Es más bien una herramienta. El verdadero vacío no está en la existencia o no de esa herramienta, sino en la ausencia de una arquitectura nacional coherente que articule educación, conocimiento, productividad, competitividad y su desarrollo como un sistema, de largo plazo.

El debate actual es un falso dilema: competitividad versus oportunidades

Mirado desde la competitividad país, COLFUTURO cumple la función de financiar formación avanzada de alto nivel, principalmente maestrías y doctorados, para fortalecer el capital humano técnico necesario para aumentar productividad, sofisticar productos y exportaciones, y mejorar la capacidad de agregación de valor de la economía. Desde este enfoque, no pertenece a una política social ni redistributiva, y no fue diseñada para serlo. Pero si sus logros fueran de amplio espectro, la mayor competitividad finalmente llevaría a mejorar el bienestar de todos los colombianos, directa o indirectamente.

Cuando el análisis se hace desde la igualdad de oportunidades, el panorama cambia radicalmente. Los datos de distribución por estrato muestran una desviación extrema frente a la demografía nacional: los estratos 1 y 2, que concentran la mayoría de la población, tienen una participación marginal en el programa; mientras que los estratos 4, 5 y 6 concentran la mayoría de los beneficiarios. El cálculo de probabilidades relativas es contundente puesto que un joven de estrato 6 tiene mucha probabilidad proporcional de acceso que uno de estrato 1.

Esto no es una anomalía menor ni una simple correlación. Es un fenómeno estructural bien conocido en la educación como el Efecto Mateo, donde las ventajas acumuladas generan más ventajas. El diseño de la herramienta filtra por resultados previos, como inglés avanzado, universidades de élite, capacidad de presentar codeudores solventes, que están fuertemente correlacionados con el origen socioeconómico. El sistema no descarta el talento, descarta la falta de capital económico y de capital cultural (siguiendo a Bourdieu, Fonseca, 2025).

Plantear este hecho no es populismo ni asistencialismo. Es reconocer una propiedad del diseño institucional. Si se superaran las carencias de los estratos mas bajos, finalmente se subiría el capital humano técnico que haría atractiva la generación de empresas de agregación de valor, lo que propiciaría mayor competitividad, con mejor bienestar para los colombianos.

El problema real no es la ausencia de políticas sino la fragmentación sistémica

Colombia sí tiene políticas en educación, ciencia, tecnología, innovación y productividad. El problema no es la inexistencia, sino la falta de un sistema que permita su articulación para múltiples propósitos simultáneos, y con coherencia en el largo plazo.

a. Falta de articulación sistémica

Las políticas existentes parecen operar en silos. La educación básica no conversa con la educación superior; ésta, a su vez, tiene vínculos débiles con la política de ciencia y tecnología; y ésta última está escasamente conectada con la productividad sectorial, la política industrial o la estrategia exportadora. No existe un hilo conductor explícito que conecte la formación de capital humano con un modelo de desarrollo.

b. Horizonte corto y discontinuidad política

La acumulación de capacidades requiere décadas. Sin embargo, en Colombia las prioridades cambian cada cuatro años. Programas se renombran, se reorientan o se desmontan. La falta de estabilidad impide consolidar resultados. Los países desarrollados hacen lo contrario: blindan sus políticas educativas y científicas del ciclo político.

c. Ausencia de una cadena de valor del conocimiento

Colombia no tiene claramente definido qué conocimiento quiere producir, para qué sectores estratégicos y con qué retorno social esperado. De ahí derivan síntomas conocidos: doctores sin inserción laboral adecuada, producción académica con bajo impacto productivo y una brecha persistente entre inversión en educación y crecimiento de la productividad.

El problema no es que los instrumentos individuales fallen. Es que no hay un sistema completo.

No es una opinión, es un diagnóstico reiterado

Este diagnóstico ha sido formulado de manera consistente por organismos internacionales y por el propio Estado colombiano. La OCDE, señaló la débil articulación entre educación, innovación y productividad en Colombia (OCDE,2024). El Banco Mundial ha advertido sobre la limitada traducción del capital humano en crecimiento sostenido y desarrollo productivo (OCDE-BM, 2021). Y el mismo DNP a través de CONPES de productividad y capital humano, reconoce problemas persistentes de coordinación interinstitucional (CONPES 3866, 2016)(CONPES 4129, 2023). Que este diagnóstico se repita desde hace décadas indica un problema estructural, no coyuntural.

La experiencia de los NICs (Países Recientemente Industrializados, sigla en inglés) en ASIA en sus tres “temporadas”, 1) Corea del Sur, Taiwán, Hong Kong, Singapur (1960-1990), 2) Malasia, Tailandia, Indonesia, Filipinas (1975-1997), 3) China, Vietnam (1978-hoy), exitosos en su mayoría, se basaron en general en fuerte inversión en educación técnica e ingeniería,  industrialización orientada a exportaciones, Estados planificadores y disciplinados de políticas de largo plazo, enlace explícito entre educación, industria y comercio exterior (sistema).

Como debería plantearse el debate correctamente

La pregunta no es si COLFUTURO debe existir o desaparecer. La pregunta es qué rol cumple dentro de qué sistema, que hoy no existe pero que debería existir.

COLFUTURO debería mantenerse como herramienta orientada a la competitividad país, sin forzarlo a cumplir funciones redistributivas para las que no fue diseñado. Eso sí, su operación debería alinearse de manera precisa con las necesidades estratégicas de desarrollo, seguramente con criterios de selección sofisticados definidos a nivel nacional, y con evaluaciones rigurosas de beneficio-costo socioeconómico del uso de recursos públicos (normal).

Pero la política verdaderamente redistributiva, la que construye capital humano técnico y amplía oportunidades reales, debe empezar mucho antes: en la primera infancia, en la nutrición, en la educación básica y media, en el fortalecimiento de las universidades públicas y en programas de formación avanzada diseñados estratégicamente en todos los campos del conocimiento.

COLFUTURO como síntoma, no como causa

El error del debate actual es cargar sobre COLFUTURO responsabilidades que no le corresponden. El programa refleja las fallas de un sistema más grande: un país que invierte de forma fragmentada, sin una visión integral de desarrollo, y que pretende corregir desigualdades estructurales con instrumentos tardíos.

Si Colombia quiere salir del subdesarrollo, necesita dejar de discutir herramientas aisladas y empezar a construir, con seriedad y continuidad, una política nacional de educación, conocimiento e industrialización que articule oportunidades, productividad y desarrollo como un propósito colectivo de largo plazo, estudiando los ejemplos disponibles como el de los NICs.

Ese es el verdadero debate pendiente.

Rafael Fonseca Zárate

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