Un precedente necesario: «Quien cree en la naturaleza no cree en Dios, porque la naturaleza es obra del diablo.» Esta es una idea de William Blake, anotada por Henry Robinson a propósito de una observación de Blake sobre la pasión romántica por la naturaleza en poetas como Wordsworth. Una variante más corta que también usó es: “La naturaleza es obra de satán”.
Peter Thiel, el empresario tecnológico y cofundador de PayPal, ha desarrollado una teoría sobre el Anticristo en una serie de conferencias impartidas en 2025, en el Commonwealth Club en San Francisco, y más recientemente en París en enero de 2026.
Plantea Thiel que el Anticristo explotaría los miedos colectivos a catástrofes tecnológicas o globales como la guerra nuclear, el cambio climático o la inteligencia artificial descontrolada, para unir a la humanidad bajo un control totalitario, prometiendo «paz y seguridad» a cambio de frenar el progreso. Una revisión básica de los nuevos luditas de la teoría del decrecimiento como Nicholas Georgescu-Roegen, o Serge Latouche le da la razón a Thiel. Existe una enorme corriente cultural que basada principalmente en el terrorismo climático promueve formas de gobierno totalitarias para “salvar al mundo”.
Para él, este enfoque anti-progreso representa una forma de «apocalipsis» cultural, donde la globalización, las regulaciones gubernamentales y el ambientalismo actúan como fuerzas que retardan el avance humano.
Pero lo anterior es una descripción puramente política, Thiel aborda su teoría del anticristo desde el punto de vista la teología y la filosofía, incorpora ideas de teóricos como René Girard y Carl Schmitt, y menciona el concepto de «katechon”, lo que retiene al Anticristo, sugiriendo que podría ser algo o alguien que pospone el fin. Es una verdadera lucha entre el bien y el mal. Thiel refiere incluso pasajes de la biblia cuando describe la estrategia del Anticristo para la toma del poder.
Este falso salvador actuaría como un “katechon” invertido, finge contener el apocalipsis mediante regulaciones y pacifismo global, pero en realidad acelera la decadencia y la violencia mimética reprimida, que explotaría en el caos total. El Anticristo emerge no como destrucción directa, sino como una falsa contención que promete paz, pero trae tiranía y estancamiento. Por eso Thiel ve el pesimismo tecnológico y el intervencionismo estatal como amenazas existenciales.
Para Thiel, el Anticristo está triunfando y sitúa como fecha de su ascenso al poder 1970. Es el momento del punto inflexión. En julio de 1969 se llegó a la Luna; tres semanas después empezó Woodstock. Para Thiel, esto marca el momento en que «los hippies ganaron». La contracultura de los 60s triunfó culturalmente en los 70s, imponiendo una ideología de paz, seguridad, ambientalismo y aversión al riesgo que frenó la ambición tecnológica. Lo que él denomina “el fin de la modernidad”.
El optimismo tecnocientífico del siglo XX dio paso a un pesimismo cultural e institucional que prioriza la «seguridad» y la contención sobre la audacia innovadora. Esto explica su famosa frase: «Queríamos autos voladores, pero nos dieron 140 caracteres». 1970 es como el momento en que las legiones del Rin y del Danubio dejaron de estar en situación de proteger el orden interior del imperio romano y todo se vino abajo y la oscuridad que le siguió duró un milenio.
En su ensayo de 2011 «The End of the Future», Thiel pone ejemplos concretos del estancamiento. Transporte aéreo y velocidad. Hoy no volamos rápido que en 1960. Energía nuclear y fusión. La fusión es apenas un experimento y la renuncia a la energía por fisión provocó un déficit crónico de generación que amenaza a todo el sistema económico. Exploración espacial y viajes espaciales tripulados. Medicina y cáncer. Los tratamientos son los mismos de los años 70s. Productividad y crecimiento económico general.
El crecimiento real de salarios e ingresos se estancó desde 1973. Y todo esto porque la cultura giró hacia el mito del paraíso perdido. El resurgimiento de un romanticismo reaccionario que fue necesario derrotar en el campo batalla durante la segunda guerra mundial, porque el nacismo fue eso: el romanticismo más los Panzer. Y es en este punto donde la idea de Blake cobra sentido. La tecnología, la ciencia, el quehacer humano de transformar la naturaleza es, en esa visión mística, la obra de Dios, Thiel ve el mundo como Blake, algo que está por hacer y es imperativo avanzar.
La vuelta a la naturaleza, detener el progreso, es un acto satánico. Pienso que Thiel debió ver la película de Lars von Trier, que se llama precisamente El Anticristo y que termina precisamente diciendo “la naturaleza es la obra de satán”
Jaime Arango
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