Si alguna vez la televisión fue un medio educativo y cultural, dejó de serlo para dedicarse enteramente al entretenimiento; fue el principal pasatiempo para millones de personas durante los decenios de los años 70s, 80s y 90s. Con el Siglo XXI surgió un nuevo formato televisivo, la telerrealidad, “realities” por su vocablo en Inglés. Su propósito, exhibir al público vivencias diarias de sus protagonistas. Fórmula que, al parecer, ha sido muy rentable para los productores al punto que, los derechos del formato se comercializan cual franquicia para diferentes casas televisivas en el mundo, cada país tiene su propia versión del “reality”.
Los “realities” por sí mismos no son ni buenos, ni malos. La crítica se origina cuando se dedican a explosionar la miseria humana que genera adicción entre los televidentes. Se centran en la pornomiseria, de un cóctel de drama social, pobreza, ostentación, marginalidad, envidia, trampa, aspiracionismo y erotismo de cuerpos semidesnudos, entre más excéntricos resulten los protagonistas más darán de qué hablar y más interés provocarán entre los ávidos seguidores de este tipo de contenidos.
Fórmula que al parecer ha sido exitosa; de lo contrario, no tendría explicación que los dos principales canales de televisión colombiana, dediquen el espacio “prime” diario para emitir sendos “realities”. Uno de los cuales lleva más de un año al aire con los mismos protagonistas repitiendo pruebas atléticas televisando tensión sexual y engaños entre los participantes. A su vez, el canal enfrentado, proyecta un grupo de supuestos “famosos” encerrados en una casa que muestran lo más sucio y bochornoso de la convivencia humana. Programas que se alargan y se alargan, empero, son bodrios que bien podrían despacharse en un par de semanas.
Se podría pensar que esos programas son el reflejo fiel de la sociedad colombiana ¿Acaso los televidentes son atletas con cuerpos esculturales, mujeres mostronas e influenciadores tatuados con aparente popó en la cabeza? Ese tipo de producto televisivo produce adicción para quienes noche a noche consumen lo que estos nuevos héroes televisivos exhiben frente a las pantallas. Los protagonistas, a su vez, son invitados como estrellas en los programas bazofia matinales y se intercambian entre canales para protagonizar nuevos “realities”, incluso en el exterior.
Es tal el nivel de adicción que provoca el morbo que ofrecen entre el televidente promedio: El año antepasado todo el país se paralizó en vivo y en directo por una infidelidad televisiva entre una casada y su compañero de “reality”, empero, el marido cachón también se prestó para confrontarlos en horario prime ¡Cuánta humillación hubo para los padres de ese trio! ¿Es tan grave el problema de salud mental que, la televisión se lucra al explotarlo en “prime time”? ¿Hay tantos desocupados con afán de figurar que no les importa exponer intimidades frente al público con tal de lograr seguidores, “likes” y ser “trending topic”? ¿Tendrá el colombiano promedio un nivel muy bajo de autorrespeto, que termina adicto a programas de televisión que le malentretienen, mientras llega la hora de ir dormir? ¿Será qué a los directivos y productores televisión, poco o nada les interesa la salud mental ciudadana, con tal de asegurar “raiting”? ¿Será qué estos mismos directivos tienen unos principios cuando hablan de noticias y defensoría del televidente, pero tienen otros, en materia de “realities” y entretenimiento? Primero fueron novelas, chismes, deportes ahora, son desplazados por interminables “realities”.
El primer acto de amor propio de los televidentes debería ser, apagar el televisor una vez inicie un “reality” ¡Ya se explica, porqué votan por la clase de gobernantes que hay! Señores de la industria de la televisión por favor, no contribuyan más con la estulticia del colombiano promedio. No lo embrutezcan más con novelas, chismes, fútbol y ahora, “realities” basura.
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