El año comienza con un dictador caído y con un régimen en pausa. Venezuela, si pudiera, celebraría la captura del narco dictador Nicolás Maduro y su familia con un gran postre Tres Leches, ese delicioso bizcocho que se deshace en la boca, y daría de comer a vecinos de toda Caracas, como ese anuncio de lavavajillas en el que se da de comer a dos pueblos. Si pudieran…
Les confieso que me entusiasma la noticia, se lo había confesado antes de las fiestas navideñas, deseaba la caída del régimen y con él espero ansiosa la caída de Rodríguez Zapatero, nuestro ex presidente observador internacional de los comicios electorales robados, único en ver ahí cierta legitimidad. Pero este ex presidente, que no tiene ni tres leches, es escurridizo como la anguila y habrá que esperar más tiempo, digo yo, pues la que negocia todo con Estados Unidos no es otra que Delcy Rodríguez, la de las maletas llenas de pasta, la misma que tuvo prohibida la entrada a la Unión Europea y el gobierno de Sánchez le dio entrada , y mucho me temo que la señora habrá puesto a salvo su futuro y el de sus más íntimos colaboradores; ahora sabremos cuál es el grado de amistad, colaboración y sumisión de Zapatero al régimen venezolano, pues es en estos momentos tan turbios es en los que se conoce a los amigos o se padecen terribles amnesias, como las de Pedro Sánchez que no conoce tanto a sus amigos de partido, de vida y de campaña.
Los líderes europeos hablan del Derecho Internacional, de proteger el marco que nos hemos dado, y sí, podríamos hablar en esos términos pero lo cierto es que parece que hablan con la boca pequeña, a todos conviene un petróleo más bajo, una Venezuela libre y alejada de Cuba, China, Irán… un giro en el eje mundial.
Maduro está muy bien lejos de Venezuela, apresado como un narco y Estados Unidos ha hecho lo que más le convenía; y sin que el matón del patio sea un héroe ha provocado una ola de esperanza en cientos de miles de millones de venezolanos y amigos al apresar de un plumazo a la rata que tenía a todos atemorizados en el rincón del arenero. Sí, lo hace porque quiere estabilidad, un orden económico nuevo, que le favorezca y eso le quita toda la heroicidad al asunto, pero al menos ahora hay esperanza de cambio en una Venezuela que anhela libertad y prosperidad económica y eso es más grande si se hace bien: dejando que los venezolanos voten, reconstruyendo una democracia que hace más de 20 años quedó terriblemente dañada, separando los poderes, garantizando la seguridad, liberando a los presos políticos del régimen del loco de Maduro, trabajando por un futuro próspero para todos.
Pero aún no termina de arrancar el año y la Navidad sigue dando sorpresas y junto al anuncio de que Su Santidad el Papa visitará España este junio de 2026, Francisco no quiso visitarnos, las mujeres y hombres de Irán protestan quemando sus vestimentas, exigiendo más vida y libertad, y yo no puedo más que alabar esa valentía y esperar que los Reyes Magos traigan frutos de esas protestas que se alzan en oriente.
Pendientes siguen las causas contra los amigos de Sánchez, contra su hermano y contra su mujer, las de los Pujol -12 años desde que saltara a la escena pública la corrupción de la famiglia catalana por excelencia por despecho de una exnovia que tuvo a bien declarar en 2012 ante la Audiencia Nacional los vaivenes dinerarios de la familia al paraíso fiscal andorrano-, las acusaciones contra Negreira -que falta de deportividad oiga-, y lo que nos deparará de nuevo la UCO y los jueces que son los nuevos héroes de la democracia española.
2026 promete como año y yo les seguiré contando.
Almudena González Barreda
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