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Confidencial Noticias 2025


Los venezolanos, entre la esperanza y el desconcierto, asisten atónitos al enésimo sainete de una estafa prolongada durante generaciones. Un fraude político, económico y moral sostenido por un régimen que ya no cree en sí mismo, ni en su revolución, ni en nada; pero que se aferra camaleónicamente al poder como una poderosa mafia imposible de desmontar de un día para otro.

El chavismo dejó de ser ideología hace muchos años, incluso antes de la muerte de su padre político. Hoy es solo un mecanismo de supervivencia de una maquinaria podrida. Y en esa máquina, Delcy Rodríguez no es una líder, es una simple operadora. Una pieza necesaria para una transición diseñada fríamente junto al ‘enemigo’ del norte para que nada cambie en el corto plazo.

En la historia más reciente, los cambios radicales de poder impulsados por los estadounidenses no les salieron bien. Si no echemos un vistazo a lo que pasó en Vietnam, Afganistán, Irak o Siria. Ojalá, esta vez tenga un mejor final. Y aquí se presenta la primera de las grandes incógnitas que muchos nos preguntamos. ¿Hasta cuándo Donald Trump tiene previsto mantener este sainete de chavismo de cabeza gacha? Solo él y quizás Marco Rubio lo sepan.

La nueva presidenta, Delcy Rodríguez, no está ahí para democratizar, ni para reconciliar, ni para reconstruir el país. Está ahí para administrar un sistema colapsado, intentando tapar agujeros de una nave que se hunde. Y por qué no decirlo, también está ahí para salvar su propia cabeza. No ha tenido escrúpulos en vender a Maduro para no acabar en la misma cárcel a riesgo de que pasará a la historia como la ‘traidora’ de la revolución bolivariana.

Quien aún se crea que el régimen, por voluntad propia, permitiría una transición cordial hacia la democracia es más ingenuo que otra cosa. El chavismo solo concibe los cambios mientras sean para mantener su estructura de poder y privilegios. Cambiar para seguir hacia adelante sin desmontar el tablero. Hay que ver hasta dónde se lo permitirá Estados Unidos y la siempre latente amenaza de otro ataque de los Delta Force. Quien sabe.  

Para los próximos meses se espera una larga partida de trileros. Los norteamericanos mandando a la distancia, los chavistas mandando pero sin mandar ante la amenaza de acabar en Nueva York si no se hace lo que dicte el ‘tío Sam’; y finalmente, la oposición de María Corina Machado y Edmundo González intentando levantar la mano para buscar un protagonismo que moralmente y por las urnas merecen, pero que nunca han tenido en el poder fáctico real del país. Y por eso están donde están, porque la moral tiene menos poder que la fuerza.

Como nos movemos en el plano de geoestrategia internacional, conviene abandonar las fantasías idealistas. Trump no es un salvador. Es un pragmático que entiende el mundo como un tablero de contrapoderes. América es su patio, o eso se cree. Si Venezuela vuelve a su radar, será por el petróleo, por recuperar peso en la Región en favor de China, o simplemente, por cálculo electoral en favor del voto latino. Presionará si gana algo a cambio; negociará si el negocio es mejor que lo que tenga en ese momento. No nos engañemos, a pesar de que la caída de cualquier tirano como Maduro siempre es motivo para celebrar, la democracia venezolana no es una prioridad para Trump. Ni hoy, ni mañana, ni nunca.

Quizás una de las claves esté en Marco Rubio. Mientras siga manteniendo el beneplácito de su jefe, puede que haya alguna esperanza para la libertad en Venezuela y Cuba. Rubio tiene entre ceja y ceja el comunismo. Conoce al régimen, entiende su capacidad de transformarse para perpetuarse, y no se deja engañar por populistas de discurso ramplón.

Ningún venezolano (no adepto al régimen) entendería esta situación prolongada en el tiempo. Salir de Maduro para entrar en los hermanos Rodríguez es un chiste sin gracia. No es menos cierto que Rubio tampoco apostaría por un cambio improvisado sin un liderazgo real en amplios sectores sociales, incluidos los que tienen las armas. Esa transición sería un fracaso. Por eso toca desmontar el régimen desde el propio régimen. Y han pensado que Delcy es la única que puede hacerlo. El tiempo lo dirá. No será fácil ni en pocos meses.

Desde el 3 de enero se ha hablado mucho de transición, de cambio de rumbo, de democracia o de presos políticos… pero hay un tema capital del que poco o nada se ha debatido y que para mí es otra de las grandes incógnitas del laberinto venezolano: ¿Qué va a pasar con el negocio de la droga? Aparentemente la intervención de Estados Unidos se sustentó en poner freno al ‘Cártel de los Soles’ y a los (presuntos) nexos de Maduro con los narcos mexicanos de Sinaloa, puerta de entrada de la droga a Estados Unidos y Europa. ¿Pero quién pasará a manejar el mercado? Es muy ingenuo pensar que la cocaína y el fentanilo se vayan a evaporar de un día para otro. En el mundo real, la droga no se destruye, se transforma y cambia de manos. Hasta ahora, ni una palabra sobre esto. Sorprende.

El futuro próximo de Venezuela no será un camino de rosas. Lamentablemente, hay demasiada sangre, odio, sufrimiento, torturas y miseria guardadas en la retina de millones de personas para pasar página sin más. Conociendo a Trump y sus repentinos vaivenes, auguro por lo menos un par de giros radicales del guion que nadie imagina, y si no, tiempo al tiempo.

Y hasta aquí, seguimos sin noticias del sufrido pueblo venezolano. Asustado, escondido en sus casas y suspirando porque queden pocas fechas en el calendario del socialismo del Siglo XXI que les robó sus vidas en el siglo XXI. Algún día espero que se le escuche. Hoy ese pueblo sigue sin tener peso en las decisiones de su propio destino. Si alguien les preguntara, hay pocas dudas de que ese destino pasaría por una presidencia de María Corina Machado, su heroína en la sombra para recomponer un país roto.

Toda transición exige tragarse algún sapo, llegar a acuerdos, por inmorales e injustos que les parezcan a sus protagonistas. Mientras tanto, la gente en Caracas, Valencia o Maracaibo sigue esperando a que pase algo, como desde hace 20 años. Me temo que si no dan un paso al frente, poco pasará. Alguien seguirá decidiendo por ellos como hasta ahora. Llegará ese día en el que el pueblo tenga que salir a la calle a expresarse frente al mundo. Los venezolanos no pueden resignarse a elegir entre Maduro o Delcy.

Marcial Muñoz

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