Dejaron de ser partidos, ahora son tribus. Las tribus luchan por la supervivencia. Las tribus tienen miedo de perder su lugar en el mundo. Para las tribus el poder es un desafío existencial. Las tribus han reemplazado a la comunidad política y están reorganizando el poder. Por eso los políticos ya no importan, porque no son los jefes de las tribus. Ya no hay ideología, ahora hay mitos, conspiraciones, rituales. Estamos presenciado una fuga masiva de la razón. Las elites están siendo sustituidas rápidamente por curanderos y brujos y creyentes en el poder de la palabra. Ya no importan lo hachos, solo el relato. Las tribus están recreando el mundo desde la fábula.
Los rentistas ilustrados que le dieron forma a nuestra republica colectivista, reaccionaria y antiliberal, están siendo arrasados por el pensamiento mágico. La tribu política proporciona identidad, destino, orgullo y moralidad. Las elites ahora son el otro. El enemigo por vencer. La narrativa de la polarización ideológica es una falsificación intelectual de la realidad. Lo que está sucediendo es una revuelta tribal contra las elites. Está surgiendo un nuevo orden en el que solo pueden cambiar o desaparecer. Se ven así mismos como la tribu elegida, pero en realidad son un vector viral que devora el presente y que falsifica el pasado para apropiarse del futuro.
John Locke en su Segundo Tratado Sobre el Gobierno Civil explica que «Cuando los legisladores intentan quitar y destruir la propiedad del pueblo, o reducirlos a la esclavitud bajo un poder arbitrario, se ponen en estado de guerra con el pueblo, quien queda absuelto de cualquier obediencia adicional.» Es precisamente ese “estado de guerra” creado desde elitismo el que generó la división tribal, al hacer invivible la sociedad la para los individuos provocó la formación de una moral comunitaria como herramienta imprescindible para sobrevivir. Por eso la tribu no surge como institución política, sino como institución moral. La tribu no tiene un plan, ni un proyecto, ni un programa, la tribu lo que tiene es un destino y por eso transforma la política en una especie de épica.
La creciente tribalización de la política es simplemente la confirmación de lo que decía Lord Acton: «El peligro no es que una clase particular sea incapaz de gobernar. Toda clase es incapaz de gobernar.» Esto significa que cualquier élite, incluidas la política, sea inherentemente apta para dominar. En el fondo se trata de una revolución cultural, del reconocimiento de que los ciudadanos como conjunto poseen más y mejor conocimiento que cualquier secta de políticos ilustrados. En gran parte las nuevas tecnologías han hecho posible este fenómeno, pero también el sentimiento de reivindicación frente a unas elites que hace tiempo traicionaron a la democracia. “Los mejores y los más capacitados” resultaron aliados de los violentos y los más armados y expulsaron los ciudadanos de la comunidad política.
Están sonando los tambores tribales. La tribu del Pacto avanza con sus rituales de venganza y sus médicos brujos y sus magos sacrificiales, pero ya no son la única tribu. Hay quienes piensan que para derrotar definitivamente a la tribu de los elegidos no es necesario destruir la aldea.
Jaime Arango
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