Aquí tenemos que hablar sin rodeos: Bogotá vive una crisis de basuras. Y mientras no la reconozcamos como tal, seguiremos atrapados en el mismo ciclo: calles sucias, ciudadanos incumpliendo las normas, habitantes de calle sin atención integral, recicladores abandonados y, sobre todo, una Administración Distrital que responde con paños de agua tibia…
El pasado 6 de febrero el alcalde Carlos Fernando Galán anunció con bombos y platillos que habían prorrogado los cinco contratos de concesión de las Áreas de Servicio Exclusivo de la ciudad, en el marco del seguimiento al cumplimiento de la sentencia T – 724 de 2003 de la Corte Constitucional. También informó que la prestación del servicio de aseo mejoraría, entre otras, con la llegada de 35 nuevos camiones compactadores y el fortalecimiento de la empresa Aguas de Bogotá.
Y es que el “fortalecimiento” de esta empresa en los últimos años ha sido evidente: su capacidad de recolección pasó de 180 toneladas diarias a más de 300, y desde el 11 de febrero de 2026 será de 1.000 toneladas diarias. Además, la UAESP y Aguas de Bogotá celebraron un contrato interadministrativo por un valor de $46.424.384.498, con el fin de garantizar la continuidad en la atención de puntos críticos y arrojos clandestinos.
Pero yo me pregunto: ¿la crisis de basuras se soluciona recogiéndole el reguero a los bogotanos? ¿O con campañas masivas de cultura ciudadana, atención integral a habitantes de calle, sanciones ejemplares a quienes incumplen la ley y debida remuneración a recicladores de oficio?
La crisis de basuras no la soluciona sola la UAESP. ¿Dónde está la Secretaría de Cultura liderando campañas masivas? ¿Dónde está la Secretaría de Gobierno, las alcaldías locales y la Policía imponiendo comparendos de manera consistente? ¿Dónde está la Secretaría de Integración Social atendiendo a habitantes de calle? ¿Dónde está la Administración Distrital actuando articuladamente?
La crisis de basuras de Bogotá no se resuelve celebrando contratos para recogerle el reguero a los ciudadanos, sino con un trabajo articulado de toda la Administración Distrital. Las soluciones no se logran desde un escritorio, sino desde la calle, desde la cuadra, desde la realidad cotidiana de los barrios y de los ciudadanos.
Esta situación es alarmante y, por eso, cité a la Administración Distrital a un debate de control político el próximo miércoles 18 de febrero en el Concejo de Bogotá, para que responda con claridad frente a lo que está ocurriendo.
Aprovecho además para hacerle una invitación respetuosa y formal al alcalde Carlos Fernando Galán: asista al debate y respóndale a la ciudad. Bogotá no está sucia solo por falta de recolección. Está sucia porque hay desarticulación institucional.
La Administración Distrital reporta avances con la disminución de puntos críticos, pero la realidad es indiscutible: Bogotá está sucia y seguirá sucia si no se toman decisiones estructurales.
La pregunta no es cuántos contratos se prorrogan, cuántos contratos se celebran o cuántas toneladas se recogen. La pregunta es si Bogotá decide enfrentar esta crisis con liderazgo, articulación y enfoque humano.
Porque esto no es solo basura. Esto es gobernanza y humanidad. Y la ciudad merece soluciones reales, no paños de agua tibia que resultan muy costosos para todos los bogotanos.
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