Un estado vasallo es un territorio o entidad política que está subordinada a otro estado más poderoso, reconociendo su supremacía mientras mantiene cierto grado de autonomía interna. Este concepto proviene del feudalismo medieval europeo, donde un vasallo juraba lealtad a un señor a cambio de protección, y se aplicaba a relaciones de desigualdad que incluían obligaciones como pago de tributos, asistencia militar o apoyo político.
Pero el vasallaje pasó a ser peyorativo y, desde el siglo XVIII, los ingleses lo hicieron popular bajo la denominación de protectorado: control estratégico sin anexión directa, expansión y proyección de poder. Para cualquier efecto práctico, Cuba fue un protectorado soviético, tanto como Egipto lo fue del Imperio británico, y Venezuela hoy es, de facto, un protectorado de los Estados Unidos.
Robert D. Kaplan plantea que el control del Caribe es para los Estados Unidos un imperativo geográfico, no un mero capricho imperial. El Caribe es para los americanos una extensión natural de su territorio continental. Estados Unidos se convirtió en una gran potencia geopolítica precisamente al dominar el Caribe. Esta dominación permitió a EE. UU. ejercer un control efectivo sobre el hemisferio occidental, lo que a su vez le dio la capacidad de influir en el equilibrio de poder en el hemisferio oriental.
Cuando se trata de influencia global, lo importante no es el estilo de gobierno, sino el grado de gobierno. En el marco de esa visión, Venezuela constituía un desafío: un estado en formación basado en la superposición de intereses de organizaciones criminales. No un narcoestado, sino un cartel-estado en el cual reclamaban control territorial organizaciones terroristas, desde el ELN hasta Hezbolá; cárteles mexicanos y colombianos; redes de tráfico internacional de petróleo y oro; sistemas complejos de lavado de activos; y extremistas políticos violentos. Algo solo comparable a la República Pirata que se instaló en Nassau, en la isla de Nueva Providencia, durante el siglo XVIII, y a la que puso fin la flota inglesa al mando del gobernador Rogers. Primero ofreció indulto y luego guerra a los rebeldes. En este sentido, la captura de Maduro no es diferente de la captura y ejecución de Barba Negra al final de esa “república”.
Estratégicamente, los Estados Unidos necesitan estabilizar el territorio venezolano y restaurar alguna forma de legitimidad política, pero, en primer lugar, es necesario expulsar a las potencias hostiles que amenazan sus intereses y su seguridad desde ese territorio. Irán, China y Rusia usaban a Venezuela como una plataforma para socavar la influencia de los Estados Unidos en el hemisferio occidental y, por lo tanto, su capacidad para consolidar su posición a nivel global. Por eso fue necesario transformar a Venezuela en un protectorado. Esta estrategia también impide que el modelo de gobernanza cartel-estado se exporte a Colombia, en donde se estaba conformando una entidad de esa naturaleza con éxito, liderada por Gustavo Petro. Una alianza territorial entre Colombia y Venezuela bajo esta nueva forma de gobierno habría producido una catástrofe humana y material sin precedentes en la región, con impredecibles consecuencias para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
“El hombre enfermo” ha sido convocado por el imperio para recibir instrucciones. Se equivoca si cree que lo han llamado para negociar. Le dirán que renuncie a su proyecto de gobernanza criminal; que no aceptan su propuesta de una hegemonía basada en su palabra; que es imperativo que permita la estabilización del país; y que continuar con su empresa demente tendrá consecuencias. Que, desde el protectorado, lo estarán vigilando; que tenga en cuenta que ya el territorio que gobierna no limita con Venezuela, sino con los Estados Unidos; que las organizaciones criminales en el poder no son objeto de reconocimiento de soberanía; y que la legitimidad, de ahora en adelante, será como la definió Kissinger: “La aceptación de un orden internacional por parte de las grandes potencias”.
El Protectorado de Venezuela será pronto un territorio de prosperidad y, después de “el hombre enfermo”, Colombia también. Es un alivio que el imperio esté de regreso.
Jaime Arango
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