El silencio en tiempos de ruido es un valor. El silencio facilita la reflexión del individuo con su yo y el reconocimiento propio que permite avanzar en el proceso de autoconocimiento. Son tiempos en los cuales no existe la cultura silenciosa o mejor expresado, la cultura del silencio porque todo ha de ser ruido y escándalo. El ruido y el bullicio se han adentrado dentro de las capas sociales y son considerados sinónimos de felicidad y alegría. La algarabía y el mal gusto marcan los tiempos. Las sociedades son ruidosas, todo debe resonar y ser hecho público. No hay silencio porque no hay intimidad.
Las llamadas redes sociales amplifican el ruido, poco o nada hacen por el silencio. En el silencio se logran los más grandes logros de desarrollo humano, en el silencio está D-os, y se reconoce la vulnerabilidad humana. El silencio es una virtud en tiempos donde todo se amplifica y se considera que a mayor sonoridad mayor será el impacto, empero, la velocidad de la luz es mayor que la de la onda sonora. El relámpago se avizora en la lontananza y luego vendrá el estentóreo ruido del pavoroso trueno.
Trabajar en el silencio es un ejercicio de autodisciplina. Debería enseñarse a los niños desde la más tierna infancia sobre el valor del silencio como una forma de vida que, desde la introspección permitirá el desarrollo humano y social. Para las sociedades tropicales como la latinoamericana, el ruido y el escándalo son vistos como algo valioso y erróneamente se ha extendido tal idea como característica de la cultura latina en general que, incluye a la americana y a la mediterránea. Es impensable que esa peculiaridad fuese también propia de la cultura mediterránea. Los grandes artistas y pensadores grecolatinos no se forjaron entre el bullicio. De hecho, para la escuela pitagórica el silencio, denominado “Echemythia”, era presupuesto para el aprendizaje. Los cinco primeros años de todo pitagórico aprendiz transcurrían en silencio.
El silencio como virtud invita al autoconocimiento como valor intrínseco del individuo. En las instituciones educativas deberían ofrecerse cursos sobre el silencio, en los que, los estudiantes aprendiesen sobre el valor del silencio y su importancia para la vida individual y social. No se debe confundir silencio con ausencia de comunicación, el silencio también comunica y expresa. Sólo quien reconoce el silencio puede entender la grandeza que allí habita.
Existen sociedades que por naturaleza tienden al silencio, las condiciones ambientales y geográficas influyen en ello, al igual que su visión del mundo. Hay otras que, celebrar y felicidad van de la mano con el ruido, con el escándalo, con la gritería, como si no pudiese existir celebración en el silencio ¿Cuánto hace Usted, amigo lector, que ejercitó el silencio? El silencio se ejercita, se ejerce y se entrena como cualquiera capacidad. El silencio es tan poderoso que es visto como una amenaza, por el contrario, de dónde acá ¿La alegría se asocia al ruido y el silencio al malestar?
El silencio es el primer atisbo de personalidad e individualidad. Nadie se puede reconocer entre la bulla y el desorden; el silencio exige orden y disciplina. Es difícil ejercitar el silencio cuando las sociedades no valoran su ejercicio, por el contrario, prefieren el ruido porque el ruido no permite escuchar, ni ser escuchado y, apaga la voz de la conciencia.
Conciencia y silencio van de la mano. Aquella es el juez interno al que no se le puede engañar. Donde reina el ruido no puede haber felicidad verdadera. Donde hay ruido hay congoja disfrazada de felicidad. Cuando el individuo se encuentra en el silencio jamás lo querrá abandonar. Que el silencio sea benévolo en tiempos de ruido ¿Será mucho pedir?
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