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Confidencial Noticias 2025


La fortaleza mental, se construye con cada pequeño paso que damos hacia adelante… Respira, suelta y sigue, lo que hoy duele, mañana será aprendizaje.

La inteligencia emocional es un factor clave para el liderazgo, la productividad, la competitividad y la sostenibilidad de los equipos de trabajo de alto desempeño y rendimiento.

Imaginemos un lugar de trabajo en el que todos nos sintamos más sanos, más activos, más comprometidos, más alegres, más libres y realmente valorados, el bienestar de los empleados, puede hacer realidad esta visión. Mejorando el bienestar físico, mental y emocional de nuestros equipos y abordando problemas de salud mental específicos de manera eficaz, podemos reducir

las incapacidades por enfermedad en un 28% y aumentar la confianza en un 33%.
Sorprende que sólo el 46% de los trabajadores se sienten respaldados, a pesar de que el 80% de las empresas afirman contar con programas de salud mental. Salvar esa distancia que existe entre la mente y el cuerpo y crear espacios de trabajo sanos, ambientes saludables y entornos prósperos, solidarios y seguros para los equipos y sus familias es un imperativo, no podemos hablar de individuos cuando hablamos de salud mental e inteligencia emocional.

Entender las dimensiones de la inteligencia emocional, nos enseña que el bienestar emocional se centra en gestionar eficaz y eficientemente nuestros sentimientos, acciones y emociones. En el trabajo, este aspecto suele pasarse por alto. Se necesita mucha capacidad mental para seguir el ritmo del trabajo bajo presión, plazos estrictos, clientes exigentes, compañeros tóxicos y listas interminables de tareas pendientes incluidas las del hogar. ¿Cuál es el resultado? En el proceso, las personas descuidamos nuestro bienestar psicológico, físico, mental y emocional, lo que aumenta el burnout especialmente en la mujer por además abordar todos los temas relacionados con la economía del cuidado (una trampa en la productividad del bienestar), el agotamiento general y la falta de compromiso e interés. En este proceso debemos empoderar al equipo, asegurándonos de que se sientan seguros compartiendo sus temores y emociones. Fomentar la comunicación abierta, respetuosa y asertiva y dar apoyo para que todos se sientan valorados, comprendidos y confiados, es uno de los primeros pasos.

¿Cómo aprendemos sobre el lenguaje de nuestro cuerpo? ¿Cómo las emociones se manifiestan en el cuerpo (sensaciones, tensión, estrés, energía)?

La conexión entre pensamientos, emociones y acciones se puede equilibrar con ejercicios de escaneo corporal y mindfulness para identificar sensaciones físicas asociadas a diferentes emociones. Todos tenemos una representación corporal de nuestras emociones, fomentar la práctica del escaneo corporal diariamente y

prestar atención a cómo se sienten las emociones en el cuerpo, nos puede enseñar a entenderlo.
Cuando entendemos el propósito de cada emoción, trascendemos, así tomamos decisiones que van más allá de la sabiduría de la tristeza y el miedo. La tristeza tiene un propósito en nuestras vidas, nos enseña a procesar pérdidas y a pedir ayuda cuando la requerimos, el miedo también tiene un propósito, es una alarma, es algo que nos lleva a protegernos y a estar alertas, lo importante es que sepamos distinguir entre el miedo real y el imaginario y para esto es necesario desarrollar dinámicas de grupo sobre experiencias que hayamos tenido con la tristeza y el miedo desde un lugar seguro y respetuoso y diseñar e implementar estrategias iniciales para gestionar la preocupación excesiva y reflexionar sobre cuándo el miedo nos ha protegido y cuándo nos ha limitado.

La fuerza de la ira y la alegría también tienen un propósito superior en nuestras vidas, el propósito de la ira es establecer límites y detectar injusticias para gestionar la ira constructivamente y el propósito de la alegría es motivar, generar bienestar y crear conexiones y relaciones de valor que nos aporten como personas, miembros de equipos de trabajo, miembros de familia y actores activos de la sociedad. ¿Cómo cultivar más alegría? Estrategias como el brainstorming sobre formas saludables de expresar la ira, ejercicios de visualización para evocar alegría, identificar situaciones que generan ira y pensar en una respuesta alternativa, son la práctica perfecta para detectar «micro-momentos» de alegría que se basan en notar y apreciar pequeñas cosas, que suceden en nuestro día a día.

Padecemos de adaptación al exceso de confianza, esto implica que tenemos tendencia a sobreestimar nuestras habilidades, subestimar los riesgos y muchas veces ignorar las señales de peligro, desarrollando estrategias como la búsqueda activa de retroalimentación negativa, evaluación objetiva de riesgos, apoyo en datos y hechos (no solo guiarnos por nuestra intuición) y aceptar que somos susceptibles a cometer errores, fomenta nuestro aprendizaje, evitando la toma de decisiones precipitadas y nos ayuda a mejorar nuestro rendimiento personal y profesional.

Sobrestimar nuestras capacidades y/o conocimientos propios, es un sesgo cognitivo que se soporta en experiencias pasadas: Creemos que «como no ha pasado nada antes, no pasará ahora», ignoramos irresponsablemente alertas y riesgos y por no tener experiencias negativas que nos enseñen, tenemos dificultad para reconocer errores y nos adaptamos a ello, como consecuencia, tomar malas decisiones, omitir alertas, avisos y normas de seguridad, cometer errores en el trabajo y tener comportamientos poco éticos sin darnos cuenta, puede ser una constante. Para superar este sesgo, debemos tener plena conciencia y consciencia de lo que afecta nuestros entornos y nuestra vida.

Cuando somos capaces de evaluarnos críticamente, cuestionamos nuestras propias decisiones y suposiciones y buscamos evidencia que contradiga nuestros

punto de vista que no tienen la verdad absoluta, cuando basamos nuestras decisiones en hechos y situaciones reales, casos de éxito, estadísticas y datos y no solo en nuestra intuición, nos permitimos gestionar los riesgos identificándolos y evaluándolos de forma realista y responsable y no minimizándolos. Valorar el aprendizaje continuo y aceptar la retroalimentación, nos lleva a buscar progreso y desarrollo y reconocer que siempre hay algo nuevo que aprender que complementará positivamente nuestra existencia.

En mi experiencia la humildad y no pensar que me las sé todas, me han llevado a adoptar una mentalidad paralela de que «algo siempre puede salir mal», especialmente en tareas habituales, que deberían ser mecánicas en todo sentido, por eso soy tan estricta y perfeccionista en los procesos de revisión y análisis de todo lo que hago.

Planificar, ser realista y responsable me ha enseñado a usar herramientas como el asesoramiento entre pares, desarrollar un business case para todo lo que hago, estructurar presupuestos y simular cada caso para tener una visión más objetiva de mis metas y recursos propios, tener claras mis limitaciones me ha llevado a entrenarme realizando ejercicios de valor que me exponen a escenarios de riesgo y me obligan a evaluar alertas y peligros. En el ámbito laboral la cultura de seguridad fomenta un ambiente donde se discuten los peligros sin temor a represalias, y donde la prudencia no es vista como falta de confianza, sino como responsabilidad y profesionalismo.

Las soft skills y las emociones están intrínsecamente ligadas a través de la inteligencia emocional, actuando como competencias socioemocionales que nos permiten gestionar, entender y expresar los sentimientos propios y ajenos, son fundamentales para que interactuemos, nos comuniquemos asertivamente y colaboraremos eficiente y efectivamente, lo que nos permite regular nuestras emociones en entornos estresantes.

Una investigación de la Universidad de Harvard indica que el 85% del éxito en el desempeño de un profesional se debe al buen manejo de sus emociones y al buen desarrollo y uso de sus habilidades blandas y personales. Si bien las habilidades blandas son innatas ya que cualquier persona está en capacidad de desarrollarlas por estar fuertemente ligadas a la inteligencia emocional, hablamos de personas amables, colaboradoras y empáticas, que tienen facilidad para relacionarse, trabajar en equipo, comunicarse, organizarse y desarrollar relaciones sociales y profesionales prosperas y duraderas en el tiempo.

María Eugenia Saldarriaga O.

María Eugenia Saldarriaga | Opinión

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