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Confidencial Noticias 2025


No se si llegaron a ver esa película deliciosa de Frank Capra, You can’t take it with you, que traducido al español es Vive como quieras. Este largometraje está lleno de grandes momentos, pero lo que más me llama la atención es que en esa casa conviven locos y cuerdos en una armonía perfecta. Como en toda casa de bien.

En casa de mis padres, una casa grande y luminosa, es decir, numerosa y alegre, éramos tantas hermanas, todas de distinto carácter, que mi pobre hermano- que vivía en minoría- debía pensar que su futuro estaba abocado irremediablemente a la locura. Les adelanto que mi cuñada está tan loca como todas, tan cuerda como el resto, y entre los dos han formado una familia estupenda, numerosa y alegre.

Y es que mi casa, así como la de mis padres, la de cualquiera de mis hermanos y de muchos de mis amigos, es el lugar más libre del mundo. Uno llega y abre la puerta y salen los perros a saludar entusiasmados, coloca sus cosas y se acerca a la cocina- curioso porque allí siempre hay alguien- y se ponen al día del trabajo, de los estudios… llega alguien más y enseña un chiste de TikTok y otra muestra la última camisa que se ha comprado, de pronto todos escuchan el estruendo golpe a una puerta, hay un baño ocupado “busca otro” y hay truenos y relámpagos de voces, hasta que un adulto manda paz a esa tormenta de voces. Hay locura- de amor-, cordura – por el orden-.

El amor todo lo salva y lo supera, hasta el propio egoísmo, pero eso solo lo sabe el que ha tenido que renunciar incluso a sí mismo. A la luz del algoritmo veo que hay pocas familias que manejen bien la locura. Ésta siempre viene cargada de sentimientos y en esta sociedad de los sentidos, de manifestación exagerada de sentimientos, la locura está sobredimensionada. Lo arrasa todo y lo peor, lo rompe y destroza.

 Así veo a madres jóvenes que no dejan de quejarse de lo duro que es criar, a padres obsesionados con el descanso o peor, con que sus mujeres son otras desde que nacieron sus hijos. Y así, entre las jóvenes familias se extiende ese vicio de la queja, de que su renuncia no ha sido lo que esperaban y veo a muchos tristes a los que me encantaría invitar a mi familia. Y es que, sin orden, la locura es destructiva.

El orden pone paz, y armonía, y alivia ese momento de susto, de última hora, cuando toca entregar un documento en el banco, un trabajo en la escuela, pero sobre todo el orden pone en su lugar los sentimientos, para que no crezcan por encima de la razón, para que no magnifiquen los detalles que molestan evitando así que se acumulen en una bomba explosiva, iniciando de nuevo un caos. El orden, pone en relación los acontecimientos, relativizando lo que nos pasa, porque nada es para tanto, aunque tanto sea demasiado y, sobre todo, ha de convivir con la locura para que la rutina y el deber hacer no acaben con la sana armonía de la casa. Nadie quiere llegar del mundo a un hogar sin corazón.

A todos nos agrada llegar a una casa en la que nos esperan, cada uno haciendo lo suyo, pero capaces de dejar de hacer cuando oyen la llave en la puerta

Por eso siento que es triste este tiempo que vivimos, porque queriendo todos más o menos lo mismo, se menosprecia la locura, el orden y sobre todo el hogar y todo lo que ahí dentro se edifica: niños que serán adultos mentalmente sanos, que formarán y edificarán una sociedad justa, equilibrada, sana, con su ración de locura, con su ración de orden, una sociedad que será hogar y en la que querremos quedarnos.

Utopía, tal vez, pero realizable, seguro. Yo siempre quiero volver a casa de mis padres o viajar para estar con algunos de mis amigos. Son esas pequeñas sociedades que, si funcionan a pequeña escala, ¿por qué no a una más grande?

¿Y si no hay niños? Los niños son un fruto del matrimonio, el natural, pero no es el único, y eso les toca a cada dos, o a cada uno- en caso de los solteros-, encontrar y trabajar su propósito, mientras haya equilibrio de locura, orden y darse uno mismo. Qué tal vez cuando no hay hijos, esto sea el punto decisivo.

Almudena González

Almudena González Barreda

Periodista española especialista en tendencias, residente en Alemania desde hace una década, anteriormente vivió en Colombia unos años.

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