Mauricio Toro mostró su espíritu emprendedor desde la infancia. A los ocho años fabricaba alcancías en guadua que vendía a vecinos y amigos mientras vivía en Armenia, en la finca cafetera de su padre. Tras la separación de sus padres se trasladó a Cali con su madre y su hermano menor, Sebastián, y allí fortaleció su deseo de generar sus propios ingresos. Ahorraba para apoyar en casa, financiar pequeños viajes y comprar regalos, entendiendo desde temprano el valor del esfuerzo y la independencia económica.
Durante su etapa escolar también intentó emprender al ofrecerse, junto a un compañero, para lijar los pupitres de sus compañeros a cambio de un pago. Aunque recibió un llamado de atención por parte del colegio, aquella experiencia le dejó una lección más profunda: las normas existen, pero si parecen injustas, es necesario trabajar para transformarlas. Esa reflexión, impulsada por su madre, sembró en él una conciencia crítica que más adelante influiría en su vocación política.
Al llegar a Bogotá mantuvo intacta su mentalidad trabajadora. Siendo aún menor de edad, pintó locales gracias a los conocimientos adquiridos en un curso de albañilería. Más adelante consiguió empleo en una fábrica de muebles; pese a la dureza de la jornada, decidió perseverar y valorar el sacrificio detrás de cada salario. Paralelamente, asumió un papel de guía y apoyo para su hermano Sebastián, fortaleciendo un vínculo cercano y solidario.
Mientras estudiaba Ciencia Política en la Pontificia Universidad Javeriana, creó una empresa de accesorios y bisutería que logró exportar a dos países. Posteriormente vendió su participación y fundó una consultora dedicada a promover la creatividad y la innovación en organizaciones públicas y privadas. Su experiencia lo llevó a cuestionar el funcionamiento de iNNpulsa, entidad estatal de apoyo al emprendimiento, donde terminó ocupando cargos directivos durante dos años. Allí comprendió la necesidad de dar mayor representación a los pequeños empresarios dentro del Estado.
Su paso al Congreso significó un cambio radical en su vida personal y profesional. La exposición pública, la pérdida de privacidad y la presión mediática se convirtieron en parte de su rutina. No obstante, ha procurado actuar con responsabilidad y coherencia, manteniendo como bandera el emprendimiento y la equidad. Abiertamente gay, afirma que su orientación sexual no define su trabajo ni sus principios, y continúa proyectando su carrera política, es por eso que busca su regreso a la Cámara de Representantes por Bogotá, un ciclo en su vida laboral que se vio interrumpido al no lograr el número suficiente de votos durante el período actual.
¿A qué se dedicó en los últimos cuatro años?
Mauricio Toro tuvo la oportunidad de dirigir el ICETEX durante el primer año del gobierno de Gustavo Petro. Posteriormente renunció para regresar al sector privado y dedicarse a asesorar en temas de emprendimiento, un campo que se ha convertido en una de sus grandes pasiones. En ese periodo viajó por todo el país, compartiendo con miles de jóvenes y escuchando sus propuestas sobre cómo debería transformarse la educación en Colombia.
Esa etapa coincidió con un momento personal muy difícil: la muerte de su padre, a quien describe como una persona “lindísima”. Su partida le produjo un profundo dolor y marcó un antes y un después en su vida.
El regreso a la empresa privada también le permitió confirmar que su verdadera vocación es el servicio público y que nada lo motiva más que trabajar por los demás. Asimismo, aprovechó ese tiempo para reencontrarse con amigos de toda la vida, con quienes mantiene una relación cercana y sólida.
En el plano personal, reconoce que prefiere mantener en reserva la identidad de su pareja sentimental, no solo por privacidad, sino también para proteger su integridad frente a los actos de intolerancia que aún persisten en el país.
Entre sus principales propuestas desde la Cámara de Representantes está la defensa del presupuesto que la Nación asigna a Bogotá, el cual suele verse reducido durante la discusión del Plan Nacional de Desarrollo en el Congreso. También plantea abrir el debate sobre la posibilidad de que Bogotá cuente con su propia fuerza policial y considera fundamental que la bancada de la Cámara por la ciudad mantenga un diálogo permanente con el Concejo de Bogotá.
En su sede, ubicada en la Calle 47 con Carrera Séptima, en Chapinero, recibe a todo el que desea conversar sobre política en medio de un café y unas crispetas. Agradece el cariño de quienes lo recuerdan por su labor como congresista y como director del ICETEX, y asegura que, de regresar al Congreso, su trabajo será el doble o incluso el triple de intenso que en su primera etapa legislativa.
Oscar Sevillano
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