Un pueblo como Macondo el de Cien Años de Soledad… Este fin de semana, Chicoral, Tolima, se volvió famoso en el país y en el mundo, llegaron por primera vez los y las ministras con el presidente, como cuando Melquíades llegó a Macondo, sorprendió a la gente y hubo agasajo y fiesta.
El discurso de Gustavo Petro estremeció:
“Hay que hablar del pasado porque quien no sabe su pasado no sabe para dónde va” o cómo quien dice “El que no conoce su historia está obligado a repetirla”. En otras ocasiones, el presidente ya había contado cómo le robaron las elecciones al general Rojas Pinilla. En aquel entonces tenía 11 años y en el colegio la Salle en Zipaquirá estudiaba matemáticas mientras daban el resultado de las elecciones, de repente se fue la luz, y cuando volvió, las cuentas que llevaba junto a su padre y su madre no coincidían con los resultados. Creyó que se había equivocado, pero su padre le dijo: “No, mi hijo, sumerce está bien, lo que no está bien es este país”.
El presidente saludó al público, donde se encontraba la farándula criolla de la izquierda y del gobierno, y al ver ondear la bandera del M-19, explicó su significado: “El azul es el conservador, el blanco es la paz y el rojo es el liberal”. Petro en su discurso fue más allá: “El rescate de la tierra es el rescate de la vida. La tierra y el agua son el planeta. La tierra y el agua son la vida y, por tanto, la humanidad. Porque nosotros no somos más que agua pensante en forma de energía condensada en nuestros cuerpos, dicen los físicos. Para el periodista que no quiera entenderme, se llama física cuántica”.
Filosófico y profundo, el mandatario explicó cómo el país se desbalanceó desde 1972, cuando el gobierno de Misael Pastrana Borrero enterró la reforma agraria el 9 de enero. Recordó que miles de campesinos marcharon a Bogotá para exigir acceso a la tierra, pero el país terminó entregado a tres o cuatro terratenientes a cambio de dádivas. El robo de tierras permitió que unas pocas familias se quedaran con mucho y millones con nada. Si bien el éxodo del campo a la ciudad comenzó a finales de los 50, con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, “un negro hermoso, abogado, escritor, políglota, con una voz impresionante” el desplazamiento que vino décadas después ha llegado a unas cifras desvastadoras, dejando millones de víctimas, viudas y huérfanos, la violencia política sumó liberales, conservadores, guerrilla, paramilitares y narcotrafico. Tal vez Petro se inspire en Gaitan, de ahí su oratoria, aunque su nuevo ministro de defensa si tiene mucho aire al caudillo.
Un evento que marcó la historia
El evento fue un triunfo para la popularidad del presidente y su nuevo gabinete. Y quienes asistieron a Chicoral contaron que no había hospedaje suficiente, muchos acamparon en zonas verdes, otros se fueron a El Espinal, Guamo o incluso hasta Ibagué. La organización se esmeró en la logística con aires del Tolima al son de bundes ofrecieron tamal con insulso y lechona.
Petro habló de la propiedad de la tierra, la legalización de las drogas y la desigualdad en el país. Reiteró su postura de que “el whisky mata más que la cocaína y el cigarrillo más que la marihuana”. Explicó que el whisky, licor de estatus, fue parte del contrabando y es consumido sin regulación, mientras que el cigarrillo tiene una relación directa con el cáncer. En contraste, la coca y la marihuana son plantas sagradas.
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Defendió la legalización de la cocaína y la marihuana, argumentando que en 1972 no había tráfico de coca ni laboratorios de procesamiento, solo rituales culturales indígenas. Dijo que el campesinado, antes labriego y madrugador, se volvió pobre porque el país empezó a importarlo todo, y dejó de comprar lo que produce la tierra.
El ejército colombiano, pretendío sofocar la violencia liberal conservadora, más la represión de los chulavitas los paramilitares de entonces, solo dejó cementerios y campos santos en los caseríos. Con este antecedente la meta es “Exorcizar la violencia y la desigualdad, porque ambas van de la mano. Hay que hacer la paz con todos y darse una segunda oportunidad”, dijo el presidente.
Construir la paz desde la historia y el campo
” ¿Dónde está la desigualdad? Resolverla es construir la paz. Sería el final definitivo de 100 años de soledad, que ya van para 200. Dos siglos de violencia donde las mujeres han llorado a sus hijos, amantes y esposos”, reflexionó Petro. Sea como sea las mujeres siempre están en el discurso del presidente.
Recordó al único mandatario indígena que ha tenido Colombia, el general Melo, quien luchó contra la esclavitud al lado de Bolívar, enfrentando a Santander y a Borrero, quien despreciaba el mestizaje, allí comenzó la oligarquía nacional. El cuerpo de Melo está en Chiapas y pronto sus hijos y el gobierno de México lo traerán al Tolima donde su tierra lo espera.
Colombia, es un país de tierras fértiles, ha sido diezmado por las mafias del narcotráfico, a pesar de que se pueden cultivar yuca, plátano, frutas y hortalizas, pero este país tiene una cultura de consumo sin norte, un pueblo que fue saqueado, vendido y entregado a una élite que solo piensa en TikTok, Amazon y las redes sociales.
Es necesario promover procesos pedagógicos para mostrar la historia y la geografía que nos han negado. Eliminaron estas cátedras del bachillerato y con ellas la noción de la riqueza del país. Si reconociéramos nuestra historia y geografía, podríamos ver el campo con otros ojos. Entenderíamos el valor de cada hectárea y su propósito. Surgirían iniciativas de desarrollo tecnológico, zootecnia, agroecología y cuidado de la tierra, generando un sentido de pertenencia que hoy está ausente en los jóvenes.
El mundo mira a Colombia por sus tres cordilleras, valles, ríos, mesetas, nevados y cinco pisos térmicos. También por su gastronomía, una memoria viva de nuestra identidad. Pero es urgente sacar de la cabeza ese consumo insulso, light, traqueto y superficial. Hay que volver al campo, contemplar al hermano Sol y a la hermana Luna, beber del manantial y tomar solo lo necesario, respetando su vida y su causa.
“Me conecto con las palabras del presidente. Tal vez para muchos hable raro, pero entre raros nos entendemos”. ¿Qué tiene este gobierno que resulta tan extraño? Está cumpliendo el cambio, enseñándonos a valorar el agua y señalando a quienes la trafican y la venden. Está protegiendo a niños y niñas, porque no deben estar en la guerra ni deben existir zonas bombardeadas. “Para la vida, todo. Para la guerra, nada”.
Un país en segunda oportunidad
Yo realmente quiero un país libre y en paz. Quiero un acuerdo nacional donde se proteja lo fundamental, se cumpla la palabra y el progreso sea para todos. Quiero confiar en la política. Quiero construir, como diría Silvio Rodríguez, “un partido de sueños, donde se reparan alas de colibrí, donde se admiten tarados, enfermos y gordos sin amor”.
Y me gusta que Petro hable de segundas oportunidades. En un país que ha vivido tantas guerras, vale la pena hacer un pare, perdonar, olvidar y empezar de nuevo. A diferencia de la paz de Santos en Cartagena—llena de cubetriles y azahares, música clásica y cenas elegantes—la paz de Petro está en la reforma agraria en Chicoral, con el pueblo, con sus colores, con su bunde tolimense y su tamal.
Que esperamos un frente amplio que permita que la izquierda se una y se trabaje por el bien común.
Y con esto recordemos a Víctor Jara:
“Yo pregunto a los presentes si no se han puesto a pensar que esta tierra es de nosotros y no del que tenga más. A desalambrar, a desalambrar, que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel, de Pedro y María, de Juan y José.” Si molesto con mi canto A alguien que no quiera oír le aseguro que es un gringo o un miembro de este país. A desalambrar, a desalambrar, que la tierra es nuestra, es tuya y de aquel, de Pedro y María, de Juan y José.”
Marcela Clavijo